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Opinión

31 de Marzo de 2022

A la calle

La imagen muestra a Carolina del Campo en las calles frente al metro república

Si dejamos la calle, abandonamos a todos los que no pueden dejarla. Una ciudad vacía es mucho más insegura que una colmada de gente. Propongamos que la calle sea de los peatones y vivamos esta experiencia como una forma peatonal colectiva.

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Los últimos días nos hemos visto enfrentados a mucha información sobre la inseguridad del Barrio Universitario, por eventos de robos y asaltos. Esto ha generado una reacción inmediata de las universidades —desde la institucionalidad y las federaciones de estudiantes—, que han activado canales de comunicación con la Municipalidad de Santiago y también con Metro de Santiago, quienes, junto con  Carabineros tienen el deber de dotar de mecanismos de seguridad al barrio y lograr que se restituyan sus bondades.

En este panorama, aunque se confíe en las medidas institucionales, también puede surgir, entre los individuos que habitamos a diario este barrio, la opción del miedo, que nos hace replegarnos y empezar a pensar en medios de movilización alternativos a la colectiva y peatonal. Esta opción nos dejaría en un mal escenario: menos deporte, más inversión en locomoción y mayores tiempos de traslado. Ese es un mal escenario individual, pero lo que es peor, también es negativo en términos colectivos.

Si dejamos la calle, abandonamos a todos los que no pueden dejarla. Una ciudad vacía es mucho más insegura que una colmada de gente. Propongamos que la calle sea de los peatones y vivamos esta experiencia como una forma peatonal colectiva.

Si dejamos la calle, esta se mantendrá en mal estado, porque no habrá nadie que haga exigencias sobre el espacio público, estaremos preocupados de las autopistas y de los semáforos. 

Tal como propone el colectivo “La Reconquista Peatonal”, se debe reivindicar la caminata como forma de habitar y moverse en la ciudad, no sólo porque es un derecho el caminar tranquilo, sino porque es un deber buscar formas de transporte más sustentables. Una columna de la arquitecta Rosanna Forray, profesora asociada del FADEU de la PUC,  ahonda en cómo retomamos la ciudad post pandemia y plantea que “caminar finalmente es entrar en política. Ver la ciudad que dejamos y la que reencontramos”.

Si dejamos la calle, esta se mantendrá en mal estado, porque no habrá nadie que haga exigencias sobre el espacio público, estaremos preocupados de las autopistas y de los semáforos. 

Es fundamental sentir que podemos disfrutar nuestro Barrio Universitario, acompañarnos y vivir la ciudad postpandemia, que debe volver a ser de los peatones. Caminar no sólo por llegar, sino para sentir con el cuerpo que nos corresponde un lugar seguro en la ciudad. Caminar pensando en que estamos realizando un gesto político, la recuperación de un derecho, un motor de desarrollo colectivo y social.

*Carolina del Campo es directora Escuela de Arquitectura de la Universidad Diego Portales. Arquitecta y magíster en Crítica y Proyecto de la Universidad Politécnica de Catalunya.

También puedes leer: Columna de Martín Tironi: Diseñar futuros posibles, hacia ciudades del cuidado


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