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Entrevistas

19 de mayo de 2022

Francisco Cox y el avance del crimen organizado: «¿Hay análisis financiero para ver dónde se está lavando el dinero? Todavía estamos muy en pañales respecto a la investigación del narco»

La arremetida de la violencia y de un eventual avance del narcotráfico, han encendido todas las alarmas. El abogado Francisco Cox conoce bien cómo opera el crimen organizado y cómo va expandiendo sus tentáculos en la institucionalidad. “El Estado debe recuperar territorio”, advierte.

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En las últimas semanas se ha configurado una galería de escenas que alarman a la ciudadanía. Balaceras a rostro descubierto y a plena luz del día. La trágica muerte de Francisca Sandoval, una reportera de 29 años tras disparos en el bandejón central de la Alameda. Ajustes de cuentas en distintos barrios y regiones del país. Armas de fuego de altísimo calibre. Menores de edad que protagonizan violentas encerronas. Se repiten palabras que antes eran poco frecuentes, como sicarios y secuestros.

¿Qué pasó? ¿Es un fenómeno nuevo o sólo emergió algo que se venía incubando hace tiempo? ¿Estamos ante la presencia brutal del crimen organizado? 

El abogado Francisco Cox sabe del tema. Se ha quemado las pestañas leyendo estadísticas y modus operandi sobre cómo funciona el narco en la región. Pero también porque lo ha visto de frente. Le ha seguido las huellas en México, en El Salvador, en Guatemala. De hecho, en el 2014 fue nombrado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA como uno de los cinco expertos encargados de investigar la desaparición de 43 estudiantes mexicanos en Ayotzinapa. 

De esa experiencia queda el crudo aprendizaje de cómo actúan las bandas criminales y también una bandera mexicana que le regalaron los papás y mamás de esos jóvenes desaparecidos. Esa bandera está enmarcada y colgada en su oficina.

Este abogado penalista, socio de Balmaceda, Cox y Piña, es el único chileno que ha litigado ante la Corte Penal Internacional. Aquí analiza y advierte sobre los peligros que acechan.

-Sabes cómo opera el crimen organizado. ¿De eso estamos hablando en Chile cuando vemos lo del barrio Meiggs o las cifras sobre violencia y homicidios? ¿Te sorprende?

-No me sorprende. Creo que esto se veía venir… Se venía armando desde hace unos años, pero ahora está empezando a aparecer más claramente. Hace rato que algunos fiscales te contaban que en la zona sur de Santiago habían cambiado los homicidios. Generalmente, en Chile, eran producto del alcohol y con cuchillo. Pero desde hace unos 7 u 8 años, algunos fiscales también te decían que había sicariato y que muchas muertes eran con armas de fuego, con balas. 

-¿Muertes ligadas a ajustes de cuentas por drogas?

-Cuando me postulé a fiscal regional y me fue como me fue, vi las estadísticas. Chile estaba dentro de los tres países con mayor incautación de drogas en Rotterdam, Holanda. Ese tipo de datos te indican que esto viene de antes.

Tienes que estar muy encima de las comisarías territoriales, especialmente de las que están cerca de donde podrían estar las bandas. El cuidado es que ahí es donde pueden darse focos de corrupción”, Francisco Cox.

-¿Se puede decir que en Chile ya opera el crimen organizado? 

-Hay indicios. Lo más importante de entender es que el crimen organizado, sea narco o no, busca el control territorial. Su objetivo es hacerse dueño de un territorio. Eso es clave para dimensionar el problema. El otro día escuché al subsecretario del Interior, Manuel Monsalve, que decía: “Hay que volver a recuperar el territorio con presencia del Estado”. Bueno, exactamente eso es lo que hay que hacer. Está mandando el mensaje correcto. 

-¿El Estado tiene que salir a pelear su espacio?

-Más que nada, hay que  poner el foco donde importa: el control territorial. Según estadísticas de la policía, los secuestros extorsivos han aumentado. Eso tiene que ver, justamente, con el control territorial. Por lo tanto, al menos desde el discurso, Monsalve está en la línea correcta. También en la decisión de intervenir el barrio Meiggs. Se necesita  tomar el control. 

-Pero también hay quienes consideran que no basta con tomar el control. Que se requieren medidas más sistémicas. 

-Por supuesto que hay que desplegar muchas medidas simultáneas, pero me preocupa el foco con que estamos observando este fenómeno. 

-A ver…

-Lo que pasó en el barrio Meiggs. La imagen de un hombre disparando y que –no sé si antes o después- aparece estar hablando con Carabineros. Al menos en redes sociales, la gran mayoría de las personas estaba preocupada por una cosa ideológica. Pero el gran problema es por qué un policía no detiene a una persona armada. 

-¿Qué sospechas?

-Más que sospechar, una explicación posible es que pueda haber corrupción de la policía que circula en el barrio. O sea, que esa persona armada tenga protección e impunidad. Lo planteo porque en México, la primera línea que se corrompe es la policía municipal que está en contacto cotidiano con la gente y la que debe ejercer el control territorial. 

-¿La solución?

-Tienes que estar muy encima de las comisarías territoriales, especialmente de las que están cerca de donde podrían estar las bandas. El cuidado es que ahí es donde pueden darse focos de corrupción. Otra cosa que me llama profundamente la atención es que, según reportan los fiscales, las estadísticas de envíos de droga desde Chile son altísimas. 

-¿Cómo?

-Hasta hace poco, figuraba entre los tres primeros del mundo en envío de droga a Holanda, que es la puerta de entrada a Europa. Si eso es así, llama la atención que no conozcamos casos de funcionarios públicos formalizados por corrupción. Chile es un país con buena reputación. Los cargamentos que salen de aquí son revisados más fácilmente. Eso significa que están corrompiendo a alguien. Porque, cuando estos tipos mandan un cargamento de ese nivel, es porque ya tienen la línea aceitada o corrompida. No se arriesgan. Una pérdida así se paga con la vida. Por eso, hay que mirar bien la estructura del crimen organizado.

-¿No se está haciendo?

-Otro de los problemas que tenemos en Chile es que estamos enfocados más en la estadística que en la estructura del problema.

Hasta hace poco, figuraba entre los tres primeros del mundo en envío de droga a Holanda, que es la puerta de entrada a Europa. Si eso es así, llama la atención que no conozcamos casos de funcionarios públicos formalizados por corrupción”.

MÁS INTELIGENCIA

-¿Y cuál es la estructura del problema? 

-Tenemos una policía muy poco capacitada en términos de inteligencia. Chile tiene todas las herramientas para poder hacer análisis criminal de estructura, de comportamiento, de contexto, de cómo se desarrollan y corrompen las organizaciones. No es necesaria una ley para hacerlo. Hay que aplicar esas herramientas.

-¿Cuáles?

-Usar agentes encubiertos, pero para eso necesitas capacitar a las policías. También existe la opción de la colaboración eficaz, pero hay que ver qué estaríamos dispuestos a perdonarle a una persona que ayuda en la entrega de información. En México, para resolver ciertos casos, están dispuestos a darles beneficios a quiénes están en la cadena de mando para que te revelen cómo funciona. 

-¿Crees que en Chile falta una buena estrategia investigativa?

-No quiero ser injusto, porque no lo sé. Quizá lo están haciendo. Lo que es claro es que el crimen organizado requiere abordarse con muchos tipos de investigación y análisis de redes. En el caso de Ayotzinaga, por ejemplo, pudimos encontrar gente gracias a Facebook y a las amantes de los tipos. Tienes que hacer análisis de cómo se comportan, quiénes son, dónde están coincidiendo.

-En México, el mapa del crimen organizado es más claro también. Saben dónde manda el cartel de Sinaloa, los Zeta, etc. Aquí no hay esa claridad…

-Exacto. Ni siquiera sabemos los nombres de las bandas. El último grupo que me acuerdo son los Cara de Pelota, pero no sabemos quiénes son los que hoy distribuyen éxtasis, quiénes distribuyen marihuana y quiénes distribuyen cocaína. ¿Sabemos si hay trata de personas en la frontera? ¿Sabemos quiénes son esas bandas? Generalmente, todo está mezclado por el tema del control territorial. Tu pusiste el ejemplo de los Zeta…

-Sí, porque son como icónicos en ese sentido.

-Claro. Ahí hay información súper interesante. Durante mucho tiempo, la droga era como un extra para los Zeta. Su trabajo era el control territorial, la extorsión. Muchas veces, estos grupos operan como una macro criminalidad y tiene que ver con los niveles que logran corromper en las instituciones. Entonces, hay que estudiar el fenómeno, pero no académicamente. Hay que estudiarlo desde la perspectiva de la persecución, de cómo se comportan, cuáles son sus sellos particulares. Generalmente, estos grupos quieren el reconocimiento, porque eso es lo que les da poder. 

-¿En Chile estamos a ciegas?

-…Me llama profundamente la atención que, en todos estos años que llevamos funcionando con un Ministerio Público con unidades especializadas en narcotráfico, nunca se haya formalizado a un funcionario público. Es imposible ejercer influencia y tener poder adquisitivo sin que nadie lo sepa. ¿Dónde están los traspasos de plata? ¿Hay análisis financiero para ver dónde se está lavando el dinero? En ese sentido, todavía estamos muy en pañales respecto a la investigación del narco. Hay muy poco de análisis de estructura, de comportamiento. 

LA BATALLA TERRITORIAL

-¿Qué rol han jugado los gobiernos en esta batalla?¿No quisieron saber? ¿No pudieron actuar? ¿No les importó demasiado?

-Es un fenómeno tan complejo que, quizá, lo subestimaron. Cuando vino el estallido, todo se mezcló y el debate se ideologizó. Si alguien te decía que “los narcos están quemando los supermercados”, otros replicaban: “Ese es un discurso fascista que está negando el descontento social”. Pero eran dos cosas totalmente compatibles. O sea, que hubiese un descontento social que explicara el estallido y que el narco se aprovechara de esa situación para ganar control y poder en las calles. 

Hay un desfondamiento de la legitimidad de Carabineros que ahora hace muy difícil que la gente pueda confiar. Y otra cosa más: que les pueda entregar información”.

-¿Faltó coraje para abordarlo?

-Faltó preocupación en términos de dirigir y poner este tema como una prioridad. No sólo en el discurso, en los debates y en la tele. Aquí había que hacer cambios de prácticas importantes.

-¿La legitimidad de Carabineros también influye? 

-Absolutamente. No son fenómenos disociados. Cuando perdiste la legitimidad por los casos de corrupción en Carabineros, y después viene el estallido social y dejas a toda esa gente herida ocularmente, hay un desfondamiento de la legitimidad de Carabineros que ahora hace muy difícil que la gente pueda confiar. Y otra cosa más: que  les pueda entregar información. Eso es fundamental. Los vecinos y vecinas son una fuente esencial.  En ese sentido, creo que la alcaldesa de La Pintana, Claudia Pizarro, es como un faro. 

-¿Por qué ha dado la batalla?

-Y porque es la única persona que intenta de forma abierta y directa implementar políticas públicas para dar la batalla en serio. Pero está luchando bastante sola. Ese tipo de liderazgos hay que apoyarlos con fuerza para que la legitimidad que tiene frente a sus vecinos y vecinas pueda servir también para investigar cuáles son los canales de corrupción. 

-¿Esa sería una acción concreta de cómo el Estado podría recuperar territorio?

-Te lo respondo así:  el otro día la alcaldesa Pizarro inauguró un skate park en su comuna. Un espacio bonito, iluminado, para convocar a los jóvenes. Eso es ocupar y recuperar territorio. Pero necesitas una doble presencia. Por un lado, elegir a personas como ella para encarnar la presencia del Estado y, por otro, un ente investigativo en serio para la persecución del delito. 

-¿El camino es un acuerdo nacional como lo planteó el Presidente Gabriel Boric? 

-Necesitamos un acuerdo nacional en serio y que incluya a las instituciones financieras, que no sea sólo el tema político. ¿Qué exigencias le estamos haciendo a los distintos sectores financieros para que no sean usados como vehículo de paso de esas platas? Eso es clave. 

-Hablas de la necesaria legitimidad de Carabineros para dar la pelea con el narco. ¿Qué tipo de reforma crees que habría que hacer? 

-Hay que hacer una reforma a Carabineros que incorpore controles civiles. Es decir, que haya una comisión mixta que vele por los abusos policiales, por los excesos, y que cuando se reciben  denuncias, éstas se investiguen con todas las herramientas disponibles. Pero los protocolos son fundamentales.

-¿Para delimitar la cancha?

-Y porque marcan instrucciones muy concretas que incluyen también la defensa de los derechos humanos. No puedes dar una instrucción y decir: «Vamos a ir a recuperar este territorio a como dé lugar». Pero es muy distinto si dices: “Tenemos información para entrar a investigar esta operación”. Por eso la inteligencia es fundamental. Tienes que infiltrar, tener agentes encubiertos, entregas vigiladas. Usar todo eso que está en la ley.

Necesitamos un acuerdo nacional en serio y que incluya a las instituciones financieras, que no sea sólo el tema político. ¿Qué exigencias le estamos haciendo a los distintos sectores financieros para que no sean usados como vehículo de paso de esas platas? Eso es clave”.

-Pero si están las herramientas, ¿qué explica que no se hayan usado?

-Por lo que se ve públicamente, hay una subutilización de esas herramientas. Y también hay un poco de burocratización de las instituciones que investigan, un  adormecimiento. Aquí estamos todos medios achanchados. Debemos atender la urgencia. Pero lo primordial es que hay que fortalecer y relegitimar la policía.

-Eso se viene diciendo desde hace rato. ¿Cómo le devuelven la legitimidad a Carabineros? 

-Poniéndoles control. Es urgente contar con una policía que haya recuperado su credibilidad.

-También hay fenómenos sociales en torno a lo que se llama la cultura narco. ¿Qué habría que leer allí para evitar la expansión del narco?

-Primero, un colchón social que permita tener una vida digna. Muchos jóvenes entran en ese mundo por tener un buen auto, las mejores zapatillas. Terminan convertidos en soldados, pero también saben que su vida vale poco. Y un poco en esa línea… La otra vez leí algo que decía que el problema del narco era que vivíamos en una cultura patriarcal. Me pregunto: ¿Qué hace el Ministerio Público con eso? ¿Qué hace la policía con eso? ¿Esperar a que cambiemos el eje y pasemos a ser una cultura matriarcal? ¿Y mientras tanto, cuántas generaciones perdemos? Puede ser interesante como tesis para un doctorado, pero en términos concretos necesitamos enfrentar este problema con todas las herramientas que tengamos a mano.

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