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Entrevistas

7 de Julio de 2022

Ricardo Núñez, histórico PS, y su mirada hacia el Plebiscito: “Gabriel Boric tiene que enfrentar el hecho de que este país se va a polarizar enormemente”

Aunque es crítico de varios de los puntos de la nueva Constitución, el ex senador y figura insigne del socialismo chileno, dice que irá por el Apruebo porque el otro escenario es mucho más incierto. “Mi temor –dice- es que el 4 de septiembre en la noche no exista la capacidad de contener la indignación que pueda provocar el Rechazo”.

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En estos días, la mirada ha girado hacia aquellas figuras que constituyeron la ex Concertación, ese mundo político que a fines de los años 80 se puso de acuerdo para conducir al país hacia la democracia. Esas figuras que parecían radicadas en el pasado o desterradas por una nueva generación han retomado el protagonismo en la discusión sobre la nueva Constitución.

De esa galería de personajes emblemáticos, Ricardo Núñez es una figura icónica en la historia de la izquierda chilena. En 1955, entró a militar en el Partido Socialista. Después del golpe de Estado, fue detenido y llevado al Estadio Nacional. Se iría al exilio. En 1979, regresó a Chile para trabajar en la reorganización y renovación del PS. Por esos años, el partido estaba quebrado en dos bandos: el que lideraba Clodomiro Almeyda y el de Carlos Altamirano.

Núñez no sólo fue clave en la vida interna del partido, sino también en la construcción de la alianza política que dio vida a la Concertación.

Hoy, desde fuera de la primera línea, el ex senador y ex presidente socialista analiza aquí el momento político actual que genera la discusión sobre la nueva Constitución.

-¿Apruebo o Rechazo?

-Estoy absolutamente convencido de que es necesario aprobar el nuevo texto constitucional. Tengo muchas dudas. Vivo en la incertidumbre. Me hago preguntas, como tantos otros, pero dentro de las alternativas que plantea la actual coyuntura el apruebo es lo más responsable si pensamos en lo que podríamos enfrentar desde el 5 de septiembre en adelante.

-¿Por qué el 5 de septiembre se ha convertido en la fecha que todos los políticos ponen en el horizonte? 

-Porque en este mundo de incertidumbres, la obligación de todos los políticos y de quiénes quieren reflexionar acerca del futuro del país, es plantearse lo que va a pasar después. En ese sentido, creo que el Presidente de la República tiene la obligación política y moral de plantearse, seriamente, los distintos escenarios. O sea, más allá de su vinculación con el apruebo y con una nueva Constitución que le puede servir a su gobierno, Gabriel Boric  tiene que enfrentar el hecho de que este país se va a polarizar enormemente. 

-¿Advierte un aumento en la polarización para los próximos dos meses de campaña?

-Así es. Y si en la campaña presidencial pasada vimos una gran polarización, ahora se va a agudizar. Estos próximos dos meses son determinantes para el futuro del país. 

-¿Qué es lo que se pone en juego, además de la nueva Constitución?

-Que vamos a salir de la lógica del estallido social y nos vamos a tener que enfrentar al futuro. La gran crítica que yo le hago a la Convención Constitucional es que fue más hija del estallido que del futuro de Chile. La mayor parte de ellos no pensaron en el impacto que iban a provocar sus resoluciones y las formas con que algunos funcionaron. Faltó política en el sentido más profundo.

La gran crítica que yo le hago a la Convención Constitucional es que fue más hija del estallido que del futuro de Chile”.

Usted dice que lo responsable es votar apruebo, pero…

-Perdón, mi opinión es que lo más responsable es votar apruebo, pero no digo que lo otro sea irresponsable.  No. Mi postura es que votar Apruebo es recoger un conjunto de normas de enorme valor que sí contiene el texto constitucional que se entregó. Es cierto que tiene muchas falencias que me llenan de dudas…

-¿Por ejemplo?

-El tema de la plurinacionalidad y el impacto que pueda tener más adelante. Siempre saco a colación la situación de España cuando, a partir de Moncloa, discutieron una nueva Constitución. Nunca pensaron que 40 años después, un porcentaje importante de catalanes iban a decir que no formaban parte de la hispanidad, de su Constitución. Eso nos podría pasar perfectamente. Sobre todo porque las dimensiones en que se fue trabajando este concepto plurinacional, están más abocadas a resolver los problemas históricos que a resolver los problemas del mañana. Eso me preocupa. 

-Pero, si tiene esas dudas, ¿por qué apoya el Apruebo?

-Porque estoy absolutamente convencido de que el Rechazo puede generar tal incertidumbre que podríamos tener situaciones muy complejas de resolver. 

-¿Cómo cuáles…?

-Me preocupa que se pueda instalar un clima que pueda hundir más a este país, que ya está sometido otros fenómenos como la inflación, la delincuencia o lo que está pasando en la Araucanía. Todas esas consideraciones me hacen pensar que es más responsable aprobar. A partir de ahí, se pueden generar los consensos necesarios para que la etapa que se abre a partir del 5 de septiembre, sea un período constructivo. Necesitamos un nuevo pacto social para que todos los sectores políticos, sociales, culturales, se reflejen de mejor manera. 

-Varios están hablando de que hay que generar un nuevo pacto, pero ¿cómo? ¿Cuál sería la salida?

-He estado pensando en cuál podría ser la instancia capaz de abrir ese espacio. No es fácil. Por un lado, tenemos un grave problema de legitimidad con el Congreso. La gente considera que ahí está reflejando lo peor de la política. No es mi opinión, pero así se percibe. Y, por otro lado, la Convención no terminó bien. La imagen que se tiene es que ahí se generaron situaciones inéditas, incontrolables y que se dio una suerte de revanchismo político  y social. Un intento por darle mayor identidad a los grupos que habían sido marginados. Sin embargo, esas son las únicas instancias que tienen voto popular. Los únicos que han nacido del voto ciudadano. No hay otra.

-¿Un comité de expertos no cumpliría con el requisito de redactar un texto que genere más consensos?

-No, no lo cumple.  He pensado –quizá locamente- que se podría crear una instancia donde esté la Convención Constituyente y el Parlamento. No sé cómo sería la ingeniería política, pero a todas luces es necesario crear una instancia donde los equilibrios políticos puedan reflejar mejor a la sociedad.

-Todo indica que la política va a entrar a dirimir esta situación. Pero la gente ha criticado “la cocina”. ¿No ve riesgos en ir a buscar platos y ollas de nuevo para encender los fogones?

-Debemos revalorar la política. No la cocinería política, sino que la política con principios, con visión de futuro y abierta a la ciudadanía. Si los partidos no son capaces de retomar la política en serio, será imposible despejar las incertidumbres que se van a abrir con mayor profundidad después del plebiscito.

Si los partidos no son capaces de retomar la política en serio, será imposible despejar las incertidumbres que se van a abrir con mayor profundidad después del plebiscito”.

EL FACTOR LAGOS

-La postura de Ricardo Lagos, expresada en una carta donde plantea que ni la Constitución vigente ni la nueva convocan a la mayoría, generó un golpe en el tablero. ¿Cómo diría que hay que leerla?

-No creo que Lagos haya tomado una opción a través de su declaración. Él deja la puerta abierta. Lo que ha hecho es relevar que ni la Constitución actual ni el nuevo texto concitan una mayoría significativa de chilenos. Lo más seguro, según lo indican las encuestas y el desarrollo del proceso que se está viviendo, es que el 4 de septiembre vamos a tener un virtual empate. Será un resultado por estrecho margen. Por lo tanto, Lagos –y yo pienso lo mismo- pone la mirada en que hay que preocuparse de lo que viene después del 4 de septiembre.

-El socialista Camilo Escalona dijo que Lagos se equivocó. Que con su declaración facilitaba la opción del rechazo… 

-Es una lectura legítima, pero es perfectamente posible tener otra lectura. En mi opinión, Lagos está llamando la atención para que nos preocupemos de lo que pasará el día 5 de septiembre.

-¿No le quita el piso al Presidente Boric? En los últimos meses hubo un acercamiento entre ellos. ¿Se rompe esa sincronía?

-Yo observo que esa carta está referida a la necesidad de que a partir del plebiscito, el liderazgo debe tomarlo el Presidente de la República. Y reitero mi opinión. El escenario que se va a generar es sumamente incierto, especialmente si gana el rechazo. Pero incluso en la perspectiva de que gane el apruebo, el liderazgo de Boric será fundamental. En esa perspectiva hay que leer la postura de Lagos.

Lagos –y yo pienso lo mismo- pone la mirada en que hay que preocuparse de lo que viene después del 4 de septiembre”.

-No ha sido percibido así…

-Yo sé que la lectura mayoritaria es que esa carta generó una serie de dificultades para el apruebo y que indirectamente favoreció el rechazo. Sinceramente, yo no lo creo.

¿Y Michelle Bachelet? ¿Cree que será más clara en dar a conocer su postura?

-No tengo dudas. Yo creo que ella tiene las mismas observaciones y críticas que tenemos todos, pero también pienso que comparte con muchos de nosotros que en un período de tanta incertidumbre como la que se va a abrir, es preferible ir por el apruebo y construir acuerdos a partir del texto que entregó la Convención.

-Hasta hace pocos días, se veía una franca sintonía entre Ricardo Lagos y Gabriel Boric. ¿A qué lo atribuye usted? ¿Tendrá que ver con la experiencia?

-Más que experiencia, el Presidente Boric ha venido buscando una visión de Estado y de recoger el valor de la historia de Chile. ¿Y por qué lo digo? Porque una de las cosas que más se ha afectado en los últimos años, es la noción de la República. Ricardo Lagos es uno de los últimos líderes republicanos que quedan en este país. Y Boric se da cuenta de que si quiere darle continuidad a su gobierno, tiene que empaparse de lo que ha sido la República. De hecho, una de las cosas que me preocupa de la nueva Constitución es que no hay ninguna valorización de los 200 años de historia…

-¿Lo dice por la decisión de sacar al Senado de escena?

-Se reflejó en aquello y se reflejó también en el grito final de la convención cuando dijo que el pueblo unido avanza sin partidos… Terminar con una institución como el Senado es no considerar que la mayor parte de los Presidentes de Chile pasaron por ahí. Y, guste o no, el Senado es dónde se discute con mayor altura los grandes problemas del país. Entonces, creo que el acercamiento de Boric a Lagos muestra su interés por la República. 

-Dice que Boric encontró en Lagos la experiencia y el tono de la República. ¿Eso no se rompió ahora?

-No creo que por esta carta se haya roto algo que yo entiendo, por lo menos desde la perspectiva del Presidente Boric, debe ser un elemento muy fundamental para seguir gobernando con perspectiva en este país: los valores republicanos.

Hay un dato. Boric y su generación se constituyeron desde la impugnación a Lagos y a todos ustedes… 

– Es cierto. Pero el valor del Presidente Boric es que se está refugiando en la experiencia y en el reconocimiento de los valores republicanos que encarna Lagos.

-¿Aunque eso puede tener un costo político frente a los suyos?

-Por cierto. Es muy posible que la conducta de Boric genere dificultades al interior de su conglomerado más cercano, pero ¿qué otra alternativa tiene? ¿Sumirse en la incertidumbre y en la incapacidad que tiene la izquierda en el mundo para generar caminos futuros? Estamos frente a una izquierda que no es capaz de leer con profundidad los cambios que están ocurriendo en la humanidad. Es una izquierda en crisis. Sin embargo, lo que no está en crisis son los valores republicanos que se construyeron en este país durante 200 años. Por eso es que uno se siente afectado cuando no se quiere entonar la canción nacional o cuando se desprecia la bandera. Son los valores propios de nuestra historia republicana y de los que se empaparon desde Alessandri hasta Allende. Nuestra historia nos da seguridad. Sólo desde ahí se puede construir. 

-En su opinión, ¿es la izquierda socialdemócrata la que le asegura gobernabilidad a Boric y no el FA y el PC?

-Estoy convencido de aquello y da la impresión de que Boric lo está entendiendo así también. 

Porque si hay una fuerza que puede equilibrar el cuadro político actual y generar certezas en esta crisis es el Partido Socialista.

-¿Por qué el PS tendría esa exclusividad?

-Por su tradición de 80 años de historia. Porque detrás nuestro está Allende y cientos de líderes políticos, sociales, intelectuales. Somos parte de una corriente contemporánea que todavía está vigente. El PS está enraizado en Chile. Forma parte de la cultura popular. 

-Si el PS tuviera tanto arrastre, su candidata Paula Narváez habría ganado la primaria. Pero la gente votó por Boric y su mundo político…

-También votó contra José Antonio Kast… Mucha gente votó contra el peligro del fascismo disfrazado de populismo. Y en el cuadro actual,  yo tengo la impresión de que el PS puede jugar un rol importante. El grave problema es que a  lo mejor no está a la altura de las exigencias del momento.

-¿El PS podría no estar a la altura?

-Podría no estarlo. 

-¿Cuál es la debilidad que ve en el PS?

-El Partido Socialista dejó de ser una fuerza pensante que le dé seguridad y estabilidad a Chile. El PS dejó de reflexionar acerca de los nuevos desafíos que vive la sociedad chilena.

-¿Se frivolizó?

-Creo que el partido se sometió  a las mismas lógicas que operan en la política actualmente. Además de la frivolidad, de la superficialidad, está en la irrelevancia. Yo espero que Paulina Vodanovic abra una reflexión acerca del rol que debe jugar el PS en estas complejas circunstancias.

-El Presidente Boric gobierna con dos coaliciones. Los socios mayoritarios son el Frente Amplio y el PC. Ese es un dato también…

-Lo es, pero yo creo que la izquierda que realmente le va a permitir salir de los atolladeros a los que está sometido el proyecto político que encabeza Boric, es la izquierda que representa el PS, el PPD y el Partido Radical. 

-¿Y el PC? También es un partido con historia.

-No estoy diciendo que el PC no juegue un rol. Lo que veo es que por la manera en cómo lo está haciendo, no está colaborando muy acertadamente al éxito del gobierno de Boric.

Yo creo que la izquierda que realmente le va a permitir salir de los atolladeros a los que está sometido el proyecto político que encabeza Boric, es la izquierda que representa el PS, el PPD y el Partido Radical”.

-¿Está en una posición muy dura?

-Más que nada, porque sus exigencias ideológicas le impiden ver la realidad de este país o tener una mirada distinta a lo que ha venido haciendo hace ya demasiado tiempo. La diferencia entre el PC y Camila Vallejo desde el punto de vista cultural, es muy notable. Pero eso todavía no tiene expresión política al interior del PC. Por eso creo que es el PS el llamado a cumplir ese rol.

EL TEMOR POR EL 5 DE SEPTIEMBRE

-Permítame volver al punto inicial. En su experiencia, en sus años recorridos, ¿tiene temor de lo que pueda pasar?

-Sí, claro. Y déjeme decirle que si los partidos políticos tuvieran posibilidades de conducir la conducta social -que hoy no la tienen- yo no habría tenido ningún temor. Pero estamos en un momento en que las fuerzas políticas no tienen ese control, las fuerzas policiales no tienen el consenso ni el respaldo ciudadano y la violencia ha jugado un rol en sectores de la sociedad… Todos esos factores están presentes. Entonces, mi temor es que el día 4 de septiembre en la noche,  el amanecer del 5, no exista la capacidad de contener la indignación que pueda provocar el Rechazo. 

-¿Pero por qué podría provocar tal nivel de irritación?

-Porque se va a ver como el rechazo de los poderosos, de los ricos. Y no como un rechazo transversal, por mucho que los amarillos hagan algún intento para generar un arco más amplio de fuerzas políticas y sociales.

-¿Qué se imagina? ¿Algo así como un enfrentamiento?

-No quiero ponerme en escenarios hipotéticos. Sólo describir el momento. Por ejemplo, ni en los momentos de máximo fervor revolucionario de la izquierda se había generado tanta violencia en un territorio como lo que se ve hoy en la Araucanía. Y cuando la violencia está instalada, cuando todos los días vemos acciones que son propias de un país que perfectamente podría estar en armas, mi preocupación  es que la pradera se incendie. 

-¿Tanto?

-En octubre del 2019 nadie pensaba que podría incendiarse la pradera como sucedió. Pero había un caldo de cultivo. Había un mar de fondo que los políticos no fuimos capaces de percibir y que los intelectuales tampoco. Me preocupa que hoy no estemos diagnosticando adecuadamente los males que están afectando a nuestra sociedad. La violencia, el narcotráfico y la delincuencia son sólo uno de los tantos elementos que afectan a la gente. Eso hay que tenerlo en consideración. 

-¿Podría generarse un desborde?

-Es perfectamente posible que tengamos una situación extrema el 4 de septiembre en la noche, si el rechazo gana. Por eso, al menos para mí, lo más responsable es ir por el Apruebo y luego buscar un pacto social que refleje a la mayoría de los chilenos y chilenas. 

Tengo la impresión de que se ha ido imponiendo al interior de la derecha una lógica de apertura. Personas como el presidente de la UDI, Javier Macaya, son parte de una nueva generación. Creo que eso hace factible pensar que es posible conversar sobre el Chile que podemos construir y donde ellos no estén excluidos”.

-¿Habíamos estado en una situación así desde la llegada de la democracia?

-Nunca. 

-Hay una derecha dispuesta a dejar caer la Constitución del 80 y llegar acuerdos en los temas constitucionales. ¿Es un camino? 

-Tengo la impresión de que se ha ido imponiendo al interior de la derecha una lógica de apertura. Personas como el presidente de la UDI, Javier Macaya, son parte de una nueva generación. Creo que eso hace factible pensar que es posible conversar sobre el Chile que podemos construir y donde ellos no estén excluidos. Pero siempre en el entendido de que los valores y temas que ha reflejando esta nueva Constitución, tienen que ser recogidas para dar estabilidad  y crecimiento de este país. 

-O sea, ¿recomendaría sentarse a la mesa con la derecha?

-Yo tengo la impresión de que esa derecha de Evópoli, de Mario Desbordes, de Javier Macaya no es la misma que la de José Antonio Kast. No es esa derecha anti comunista rabiosa que impulsa el miedo más que la proyección de futuro que este país necesita hoy.

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