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6 de Julio de 2022

Pinochet vampiro y otras reencarnaciones: Las múltiples vidas del dictador en la ficción

Crédito: Fábula

En Valparaíso y Santiago se filma "El Conde", la nueva película de Pablo Larraín producida por Netflix que imagina a Augusto Pinochet como un chupasangre de 250 años en clave de comedia negra. No es la primera vez: el dictador ha tenido múltiples vidas y representaciones en el cine, el teatro, la literatura y el cómic. Desde las obras de Gustavo Meza y Enrique Lihn, hasta las viñetas de Félix Vega y las novelas de Francisco Ortega y Jorge Baradit, su figura pasó de retratar al militar y torturador a protagonizar distopías políticas y de horror sobrenatural.

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Una fotografía en blanco y negro es todo lo que se conoce hasta ahora de El Conde, la nueva película de Pablo Larraín producida por Netflix y Fábula. Una comedia negra escrita por el director chileno junto al guionista y dramaturgo Guillermo Calderón (El Club, Neruda) y protagonizada por un Pinochet vampiro de 250 años que ha decidido morir de una buena vez, achacado por su propia deshonra y los líos familiares. Vestido con su uniforme militar, levemente encorvado, la mirada gacha y envuelto en absoluta oscuridad. Así lo retrata esa única imagen; como una silueta torcida que deambula como alma en pena y desgracia.

“A través de la comedia negra queremos observar, comprender y analizar los hechos ocurridos en Chile y el mundo en los últimos 50 años. Tenemos total confianza en que haremos un buen trabajo y sin duda será una aventura: un rodaje exigente, pero muy inspirador y significativo”, sostuvo Larraín en el comunicado oficial con que anunció su nuevo filme a través del portal Variety. El Conde se estrenará en Netflix en 2023 y su elenco está encabezado por Jaime Vadell, Gloria Münchmeyer, Alfredo Castro y Paula Luchsinger. Más detalles de la producción no se tenían, hasta ahora.

El director de No y Jackie ha vuelto a filmar en Chile después de tres años. Su última cinta grabada en el país fue Ema (2019), y en 2021 estrenó en Venecia la aplaudida Spencer. Este nuevo retorno al set local y el rodaje de su décima película lo llevaron a reencontrarse además con Valparaíso, donde su equipo se desplegó sigilosamente y en total hermetismo durante las últimas semanas. Esta misma semana iniciaron las grabaciones de El Conde en Santiago, en los estudios de TVN.

Esto último lo cuenta al teléfono Jaime Vadell, encargado de interpretar al Augusto Pinochet vampiresco y en blanco y negro que propone el filme. “Este proyecto es muy grande, muy bonito y muy ambicioso también. Me tiene hipotecado el tiempo y la energía. El personaje está haciendo muy bien su trabajo y me está chupando la sangre”, dice el actor entre risas.

Este proyecto es muy grande, muy bonito y muy ambicioso también. Me tiene hipotecado el tiempo y la energía. El personaje está haciendo muy bien su trabajo y me está chupando la sangre”, dice el actor Jaime Vadell, entre risas.

De 86 años, Vadell ya trabajó junto a Larraín en cintas como El club y Post Mortem. Y si bien la idea de interpretar a un dictador vampiro le pareció descabellada al principio, rápidamente se embarcó en el proyecto y asumió este nuevo rol como cualquier otro en su vida. No puede revelar más nada, pero pone sobre la mesa una reflexión que abre un debate.

“Los actores dicen que se comprometen cuando interpretan personajes pero no es totalmente cierto. No nos comprometemos tanto. Yo tomo a este personaje, a este Pinochet vampiro, como un papel cualquiera. No tiene ninguna otra carga adicional”, dice Vadell al teléfono. “El tema y lo fundamental para mí como actor es no caer en la parodia, y yo tiendo a parodiar todo. ¡Este señor tiene que ser serio, pero cómo podría llegar a serlo! Un monstruo como Pinochet no puede ser parodiado”.

PRIMEROS RETRATOS

Quizás el primero en personificarlo -así tal cual, con su uniforme militar, bigote y lentes oscuros– haya sido el actor francés Henri Poirier en la película Il pleut sur Santiago (traducida al castellano como Llueve sobre Santiago) del cineasta chileno Helvio Soto. Rodada y estrenada en 1975 en Francia y Bulgaria, el filme narra la trastienda del golpe de Estado a sólo dos años de que Augusto Pinochet y la Junta Militar derrocaran al gobierno de Salvador Allende y se tomaran el poder por asalto. Los tanques invadían las calles, militares saqueaban todo a su paso y Pinochet estaba a la cabeza y era el rostro más visible de la operación en complot con la CIA. 

En internet circulan pocas imágenes de la cinta. En una de ellas se aprecia una conferencia de prensa con la Junta Militar en pleno. Pinochet desde luego está al centro del cuadro.

“Llueve sobre Santiago”, de Helvio Soto.

Llueve sobre Santiago fue la película más exitosa en la carrera del director y guionista chileno: la banda sonora estaba a cargo de Astor Piazzolla, el elenco era todo francés y búlgaro, y fue exhibida con éxito de taquilla en más de 50 países. Fallecido en 2001, Helvio Soto la definía como una “película de propaganda” y un homenaje a la UP, a Allende y al periodista Augusto Olivares.

Menos literal que la anterior es su aparición en la película Prisioneros desaparecidos de Sergio Castilla, de 1979. La escena es así: uno de sus pupilos le regala a El jefe un cuadro en que ha pintado a Augusto Pinochet como un colorido santo de postal religiosa. El jefe mira el retrato con admiración, felicita al hombre y se lo lleva a su oficina.

Premiada en el Festival de la Habana y en San Sebastián, la cinta de Castilla –exhibida por primera vez en Chile en 2008, 29 años después de su estreno en el extranjero– transcurre durante tres días en Santiago, en plena dictadura, y tiene de protagonista a Nelson Villagra (Chacal de Nahueltoro). Su personaje es El jefe, un sanguinario torturador a cargo de un centro de tortura que además le valió el premio al Mejor actor en San Sebastián.

“Ese personaje está evidentemente inspirado en Augusto Pinochet”, comenta hoy a The Clinic el director chileno y de películas como Gringuito, Te amo made in Chile y Perla, quien por esos años estaba radicado en Europa y ya había estrenado en 1974, también en el extranjero, el documental Pinochet: fascista, asesino, traidor, agente del imperialismo.

“Hubo una época en que de Chile no se hablaba de otra cosa que no fuera Pinochet. Chile era Pinochet. Ocupó el imaginario total; la burla, la ironía, la crueldad, el poder, el sufrimiento, el dolor, el odio. Subyugó a todo el país”, dice el cineasta.

“Si bien en la película no aparece con nombre y apellido, Pinochet está retratado así, como el santito protector de varios y al mismo tiempo en El jefe, el personaje de Villagra. Él encarna todo lo que está detrás del cuadro venerado: el dictador, el torturador, el asesino y el corrupto violador de derechos humanos. Pinochet es un personaje tremendamente destructivo para Chile. Ocupó las almas de todos los chilenos por muchos años, y aún las ocupa. Por esa razón me hace sentido el Pinochet vampiro de Larraín, un demonio que es capaz de vivir y de penar a un país por 250 años”, agrega Castilla.

Si bien en la película (“Prisioneros desaparecidos”) no aparece con nombre y apellido, Pinochet está retratado así, como el santito protector de varios y al mismo tiempo en El jefe, el personaje de (Nelson) Villagra. Él encarna todo lo que está detrás del cuadro venerado: el dictador, el torturador, el asesino y el corrupto violador de derechos humanos” explica el director Sergio Castilla.

Augusto Pinochet ha reencarnado una y otra vez en la ficción. El personaje ha tenido múltiples vidas y representaciones tanto en el cine, el teatro, la literatura y el cómic, y si bien al comienzo se le retrató fielmente en la pantalla y el escenario como el dictador latinoamericano y torturador para denunciar los horrores del régimen, con el paso de los años y las décadas su controversial figura saltó incluso al aparentemente tímido humor televisivo de los años 90, convertido en un muppet en la serie Los Toppins de Megavisión, y después en un colérico y delirante militar retirado en las polémicas imitaciones del Palta Meléndez.

LA FICCIÓN MAS DURA

Con su detención en Londres en 1998 y fundamentalmente tras su muerte en total impunidad en 2006, a los 91 años, a Pinochet se le abrieron las puertas de la ficción más dura. Se convirtió en un personaje freak, en protagonista de distopías políticas y horror sobrenatural, y de historias que se cuestionan e imaginan qué hubiera sido de Pinochet si no hubiese encabezado el Golpe ni se hubiera convertido en dictador. Desde un abogado militar enviado a una misión extraterrestre en la Antártica, a un anciano rodeado de fantasmas y hasta un chupasangre deprimido; tantas vidas como las tiene un demonio. Hitler, Stalin, Mussolini, e incluso Putin y Trump son algunas de las cuestionadas figuras históricas han tenido el mismo privilegio.

Ilustración en “Los fantasmas de Pinochet”. Crédito: Félix Vega.

“Mientras más cosas y chanchullos le pillen al viejo, más lecturas y posibilidades le da al personaje en la ficción”, opina el director teatral, Premio Nacional y fundador del Teatro Imagen, Gustavo Meza (1936), uno de los primeros en montar obras que aludían a la dictadura militar en Chile -como Mi adorada idiota (1975) y Viva Somoza (1980)- y en subir a las tablas a personajes inspirados en Pinochet que retrataban la bestialidad del régimen.

Mientras más cosas y chanchullos le pillen al viejo, más lecturas y posibilidades le da al personaje en la ficción”, opina el director teatral, Premio Nacional y fundador del Teatro Imagen, Gustavo Meza, uno de los primeros en montar obras que aludían a la dictadura militar en Chile.

Bajo su dirección, en 1984 el recordado actor Tennyson Ferrada subió al escenario del Teatro de Ensayo de la UC -el actual Camilo Henríquez, ubicado en calle Amunátegui, en el centro de Santiago- con un encendido monólogo escrito por el sociólogo y periodista chileno Sergio Marras. El título era Macías (ensayo general sobre el poder y la gloria), al igual que el nombre del protagonista; un dictador militar de un país imaginario que es “incomprendido” y acorralado por sus detractores y enemigos.

Si bien estaba originalmente inspirada en el dictador africano Francisco Macías, quien gobernó Guinea Ecuatorial entre 1968 y 1979, decidir montar, sortear la censura y conseguir estrenar la obra en Chile por esos años, recuerda Meza, la convirtió en una provocadora metáfora del uso despótico del poder y en un claro reflejo de Pinochet.

Tras varios meses en cartelera en Chile, el montaje giró por Estados Unidos, Canadá y Europa, y un año más tarde fue filmada y dirigida en una versión adaptada al cine por Carlos Flores Delpino. El personaje siempre fue interpretado por Tennyson Ferrada: “Mi personaje -decía por ese entonces el actor al periódico El Austral- es un producto de la historia de su pueblo. Yo me crié escuchando hablar de un tirano, que era Ibáñez, y después asistí a la asunción a la presidencia, apoyado por todos. Creo que este monólogo invita a la reflexión, a una manera más profunda de ver las cosas. Los cambios deben ser más profundos”.

Durante la misma gira del montaje al sur del país, Meza declaró con desenfado: “Cada país tiene el dictador que merece, y cuando no los tiene, los inventa”. Su mirada hoy es otra.

“Tennyson viajó mucho con esa obra y recuerdo que me contaba que en Francia, Alemania, Holanda y otros países por los que anduvo le decían que cómo había podido estrenar esa obra en Chile y salir con vida de ahí, pues remitía absolutamente a Pinochet y al desquicio de la Junta Militar”, comenta.

“En la época de la dictadura, con Pinochet como la gran sombra de todo, había que retratarlo como lo que era en su momento. No había otras lecturas posibles. El teatro estaba denunciando lo que sucedía en Chile y en manos de quien estaba además. Yo creo que uno de los primeros en añadir elementos de ficción pura y en darle otro rostro y otra vida a Pinochet fue Enrique Lihn en su obra La Meka, que también dirigí yo”, cuenta Meza.

Fue el debut del poeta como dramaturgo: Lihn decía que su texto La Meka de 1986 era “un disparate escénico o un esperpento”. Una distopía y especie de zarzuela protagonizada por El Cóndor, un dictador que vive en una torre junto a su ambiciosa mujer. “Eran todos árabes. El pueblo canta, baila, bebe y hay una gran parte que está complotando directamente en su contra, pero nunca se ponen de acuerdo en qué hay que hacer”, recuerda Meza del montaje también protagonizado por Tennyson Ferrada y el elenco del Teatro Imagen.

Fue el debut del poeta como dramaturgo: Lihn decía que su texto La Meka de 1986 era “un disparate escénico o un esperpento”. Una distopía y especie de zarzuela protagonizada por El Cóndor, un dictador que vive en una torre junto a su ambiciosa mujer.

Durante sus años radicado en la Unión Soviética, el cineasta chileno Sebastián Alarcón puso también al personaje sobre la pantalla grande. Primero en La caída del cóndor (1982), película en la que retrató a otro dictador latinoamericano que es derrocado. Vestido de uniforme oficial blanco, el agotado general espera su inminente final en compañía de su edecán, un joven y torpe oficial de origen campesino. El diálogo entre ambos enfrentaba claramente a Pinochet con su propia biografía y reflejaba además su delirio y decadencia.

Años después Alarcón filmó en Chile la película Cicatriz, basada en el atentado a Pinochet del 7 de septiembre de 1986. El relato esta vez se centra más en los autores del atentado y en la historia de su azaroso escape de la Cárcel Pública de Santiago. Augusto Pinochet no tiene más que algunas breves apariciones.

Meza agrega: “Ya se notaba el giro que había dado el personaje de Pinochet del poder duro y el horror que despertaba su imagen, a una decadencia total y a generar humor incluso. Recuerda no más las imitaciones del Palta Meléndez en televisión. Pero por sobre todo yo te diría que el giro fue hacia imaginar la caída de Pinochet y del régimen. Queríamos verlo caer aunque fuera en un escenario o una película. Y la ficción permitía eso. Ya después de muerto, era lógico que reviviera tipo zombie o vampiro, como un monstruo con todas sus letras”.

Sobre todo yo te diría que el giro fue hacia imaginar la caída de Pinochet y del régimen. Queríamos verlo caer aunque fuera en un escenario o una película. Y la ficción permitía eso. Ya después de muerto, era lógico que reviviera tipo zombie o vampiro, como un monstruo con todas sus letras”, dice Meza.

“AÚN NOS PERSIGUE PINOCHET”

Pinochet reapareció nuevamente en escena en 2015, a casi diez años de su muerte, en la obra No tenemos que sacrificarnos por los que vendrán del Colectivo Zoológico. Escrita por Juan Pablo Troncoso y dirigida por Nicolás Espinoza, el título de la premiada pieza corresponde a una cita textual de Pinochet extraída de las actas del diálogo de los cinco días de reuniones que sostuvo la Junta Militar para reformar el código laboral en 1979. El registro permaneció resguardado en secreto durante más de 30 años en la Biblioteca del Congreso Nacional y salió a la luz recién en 2012. Más que representar a los miembros de la Junta Militar, el montaje buscaba retratar la intimidad burocrática de la dictadura. La crueldad del sistema que se estaba incrustando en Chile, dice ahora el director del montaje.

Escena de “No tenemos que sacrificarnos por los que vendrán”.

“En esas actas se devela el proyecto ideológico macabro con que se hacían las cosas en Chile en esa época; la crueldad con la que se legislaba, de espaldas a las personas, sin ningún tipo de democracia, con total autoritarismo y con consciencia de ese autoritarismo. Esa cotidianidad que retrata la obra es precisamente lo cruel; la naturalidad del abuso de poder y la crueldad de estos líderes bárbaros, ignorantes también y fuertemente influenciados por José Piñera y los Chicago Boys. Ahí resalta Pinochet como una persona súper astuta, hábil, muy cruel. Una persona que sabía llevar esas reuniones y hacerse pasar por inocente para que finalmente sus propósitos quedaran escritos en esos documentos. Su crueldad no sólo se expresaba en los asesinatos y desapariciones de personas, también en las normas que ellos dictaron”, comenta Espinoza.

Ahí resalta Pinochet como una persona súper astuta, hábil, muy cruel. Una persona que sabía llevar esas reuniones y hacerse pasar por inocente para que finalmente sus propósitos quedaran escritos en esos documentos. Su crueldad no sólo se expresaba en los asesinatos y desapariciones de personas, también en las normas que ellos dictaron”, comenta Nicolás Espinoza, director del montaje “No tenemos que sacrificarnos por los que vendrán”.

Y agrega: “Pinochet sigue siendo una palabra que se ocupa para hablar de corrupción, de robo, de asesinato, de la Constitución que actualmente nos rige y de violación de derechos humanos. Con la obra nosotros quisimos reponer esa palabra y a ese personaje para justamente decir que estaba presente y que no era alguien del pasado. Aún nos afecta como país porque él representa esa época teñida de injusticia, de mucho dolor y que se proyecta hasta hoy. Aún nos persigue Pinochet”.

VILLANO O DEMONIO

Es 10 de septiembre de 1973 y Augusto Pinochet Ugarte, comandante en Jefe del Ejército chileno, frustra el golpe militar que tenía todo preparado para derrocar al presidente Salvador Allende. Con esa insólita anécdota arranca SYNCO, la novela de Jorge Baradit (1969) publicada en 2008 y reeditada diez años después. Una ucronía en la que el autor de Historia secreta de Chile, la saga de libros más vendida del país, reescribe la trastienda del Golpe y presenta a un Pinochet que nunca llega a convertirse en dictador y que es un aliado del gobierno. Un Pinochet que no es villano.

“Augusto Pinochet había sido un mediocre toda su vida. Su conversión a supervillano depende de una circunstancia específica: la oportunidad que se le presenta el 11 de septiembre de 1973. Él no lo planeó, no lo dirigió y no lo impulsó, sin embargo, su condición de comandante en jefe del arma más antigua de las FFAA chilenas le dio la autoridad para encabezar el nuevo gobierno”, comenta Baradit.

“Una vez al mando de una dictadura que iba a ser rotativa, no lo soltó más. Su personalidad disminuida, subestimado, ninguneado por su propia esposa, le construyó un reservorio de rencor y fuerza suficiente en el alma como para liderar de la manera en que lo hizo. La idea detrás del Pinochet de SYNCO es que el recién nombrado general  estaba en la cuerda floja y sólo necesitaba un empujón en uno u otro sentido para definirse. Era un cántaro vacío que el atentado ficcionado de mi novela lo empujó… hacia la izquierda”, dice el autor.

La idea detrás del Pinochet de SYNCO es que el recién nombrado general  estaba en la cuerda floja y sólo necesitaba un empujón en uno u otro sentido para definirse. Era un cántaro vacío que el atentado ficcionado de mi novela lo empujó… hacia la izquierda”, dice el autor del libro, Jorge Baradit.

El ahora ex constituyente considera además que el salto de Pinochet al género del horror y la ciencia ficción era un paso natural del personaje: “Cuando se dice que ‘el medio es el mensaje’ también se aplica a la Historia. La Historia utiliza las palabras y la necesidad humana de organizar los hechos la convierte en relato. Los relatos reducen la realidad, la concentran, la acercan a ideas que ya tenemos adentro”.

“Pinochet es nuestro arquetipo para la maldad encarnada, al menos para la izquierda y la población que sin ser de izquierda tiene un poco de empatía por las víctimas de sus agentes. Él representa de qué manera la maldad se manifiesta en nuestro país, el abuso de poder, la banalidad, el flaite con poder. De qué es capaz un abusado, un nadie humillado, cuando alcanza el poder absoluto”, opina Baradit.

El escritor chileno y autor de Logia, Francisco Ortega (1974), ha tomado también al personaje y lo ha provisto de nuevas vidas en tres de sus libros. Apareció primero en la novela gráfica 1959 (2018), que escribió junto al ilustrador Nelson Dániel. “Es el uso más ficcionado que he hecho de él”, dice Ortega. Augusto Pinochet es un abogado militar y masón cercano a Allende y obsesionado con las tácticas de guerra que es convocado a una misión secreta en la Antártica relacionada con extraterrestres.

Un año después publicó El cáliz secreto, novela inspirada en una entrevista que Francisco Ortega le hizo años antes al ya fallecido escritor chileno y nazi Miguel Serrano. “Me habló pestes de Pinochet y según él era títere de las sociedades secretas inglesas. Usé esa entrevista para convertirlo en un personaje que básicamente es él, Pinochet como lo conocemos, pero que tiene tratos con sociedades secretas inglesas por un objeto de poder”, comenta el también autor del recientemente publicado Chile Bizarro.

Un año después Francisco Ortega publicó ‘El cáliz secreto’, novela inspirada en una entrevista que le hizo años antes al ya fallecido escritor chileno y nazi Miguel Serrano: “Me habló pestes de Pinochet y según él era títere de las sociedades secretas inglesas. Usé esa entrevista para convertirlo en un personaje que básicamente es él, Pinochet como lo conocemos, pero que tiene tratos con sociedades secretas inglesas por un objeto de poder”.

Más reciente es la novela gráfica Los fantasmas de Pinochet, escrita junto al ilustrador Félix Vega y publicada en 2021. El relato muestra a Pinochet en febrero del año 2000, cuando cumple 17 meses detenido en Londres. El juez español Baltazar Garzón logra llevarlo a la justicia por sus crímenes de lesa humanidad y, encerrado en la capital británica, los recuerdos, los miedos y sus propios demonios lo invaden.

“Es una biografía histórica del personaje aunque literalizada: su vida fue escrita a través de los códigos de la ficción y del terror sobrenatural”, asegura Ortega.

Es una biografía histórica del personaje aunque literalizada: su vida fue escrita a través de los códigos de la ficción y del terror sobrenatural”, asegura Francisco Ortega, coautor de “Los fantasmas de Pinochet”.

“Nos interesaba saber cómo un niño se convierte en un tirano. Había algo shakespeariano en su figura, una mezcla de Ricardo III y Macbeth (con su Lady Macbeth incluida)”, le sigue el ilustrador Félix Vega. “Hablamos de un personaje histórico con una personalidad caricaturesca, que pasaba de estar taimado a una prepotencia eufórica, de ser rastrero, paciente y subyugado a un narcisismo teatral o una fría crueldad. Muy hipócrita, pero también amenazante. Hasta su voz -que algunos lectores más mayores oyen en su mente al leerlo- era extraña, gatuna y destemplada. No necesitas exacerbar nada en él para tener un personaje complejo y potente. Sólo añadimos a sus ‘amigos imaginarios’, que lo acompañan desde su infancia al más allá”.

A las pocas semanas de haber sido publicado, ambos autores acusaron censura durante la difusión del libro. “Editores y periodistas de tele, radio y prensa escrita nos pidieron disculpas por notas y entrevistas que ya nos habían hecho y que nunca salieron. Hubo una censura o autocensura de la prensa y casi nadie publicó sobre este libro”, recuerda Ortega.

Félix Vega (1971) creció leyendo las tiras de Palomo, Guillo (autor de la novela gráfica Pinochet Ilustrado, de 2011) y otros dibujantes que parodiaron a Pinochet. “Recuerdo que en plena dictadura los dibujantes y humoristas se burlaban del tirano y de sus esbirros, riéndose de su brutalidad y patetismo. Esos eran actos de valentía, ya que una caricatura de Pinochet podía costarte la vida. No habían redes sociales, sólo revistas y panfletos. Incluso mi padre (Oskar, el primer dibujante de Mampato) creó una historieta de ciencia ficción en los años ochenta cuyo villano -una parodia de Darth Vader- se llamaba ‘Techonip’. Nadie se atrevió a publicarla entonces”, cuenta.

“A mí no me sorprendió la censura del libro, la esperaba, porque nuestra novela gráfica se trata ni más ni menos que del juicio post mortem que no se le hizo nunca en vida al genocida”, añade el ilustrador.

Como sea, Los fantasmas de Pinochet rápidamente se agotó en librerías, fue publicada en Brasil y próximamente saldrá en España y Francia. “El humor es necesario para combatir y soportar el horror. El humor es necesario, siempre y cuando te rías del poderoso y no de las víctimas”, sostiene el ilustrador.

Hablamos de un personaje histórico con una personalidad caricaturesca, que pasaba de estar taimado a una prepotencia eufórica, de ser rastrero, paciente y subyugado a un narcisismo teatral o una fría crueldad. Muy hipócrita, pero también amenazante, señala Félix Vega, ilustrador y coautor de “Los fantasmas de Pinochet”.

“Para mí Pinochet es el personaje histórico más interesante del siglo XX en Chile -asegura Ortega-. Es nuestro gran villano y los villanos son infinitamente más interesantes que los héroes. Se dice que el cine chileno habla sólo de dictadura, pero en rigor de lo que menos se habla es de la dictadura. De diez películas chilenas, una sola es sobre la dictadura. Yo encuentro que lo que está haciendo (Pablo) Larraín es súper valioso. No es lavarle la imagen a Pinochet, como leí en las redes, sino usar la ficción y sus herramientas para espejear al personaje a través de una monstruosidad sobrenatural”. 

“Hay gente molesta con esto y que dice que no se puede hacer tal cosa, pero si fuera por eso no se podría hacer nada. Cuántas películas y cuántas obras hay que juegan la figura de Hitler, y yo no veo a las víctimas del nazismo reclamando por los libros de Philip K. Dick donde inventó un mundo donde no hubo Tercer Reich. Uno puede escribir de todo, la cosa es hacerlo con inteligencia. Y yo creo que contar la historia de Pinochet a través de la historia de un vampiro es muy inteligente y quizás sea la única manera de exorcizar a nuestros monstruos. Hay que ver qué sale de ahí”, agrega.

Ilustración en “Los fantasmas de Pinochet”. Crédito: Félix Vega.

“Lo de villano a Pinochet le queda chico”, opina Sergio Castilla: “Villanos eran sus secuaces, el Guatón Romo, el Mamo Contreras, pero Pinochet es mucho más que eso. Pinochet es un demonio capaz de destruirlo todo, como destruyó a Chile. Y aún no se ha ido, sigue dando vueltas y atormentando a mucha gente”.

“Los dolores y los traumas se encaminan a su resolución cuando son expresados”, dice Baradit. “La literatura es una de las formas en cómo habla un pueblo. Lo que hace una sociedad traumada es descubrir lo que hay detrás de su dolor expresándolo en la manera de investigación, cine, arte, literatura. No es muy diferente a lo que hace un tratamiento psicológico. Las personas necesitan hablar y encontrar cada detalle de aquello que lo dañó como forma de sanación. Necesitamos hablar de algo hasta que ya no necesitemos hablar más”.

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