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Cultura

12 de Octubre de 2022

“La última Yegua”: La historia tras la road movie de Francisco Casas a bordo de una combi por el sur de Latinoamérica

El artista, escritor y ex dupla de Pedro Lemebel en las Yeguas del Apocalipsis lleva tres semanas en un idílico viaje en una furgoneta de los años 60 junto a la directora Joanna Reposi (Lemebel). Partieron en Perú, pasaron por Chile, Bolivia y llegarán por el norte de Argentina hasta Buenos Aires, donde Casas vivirá un año. Del registro de su travesía –entre conversaciones, performance y algunas panas mecánicas– surgirá una película que ahondará en la vida y obra de la única Yegua viva, quien además prepara una nueva novela y se niega a regresar al país: “Soy un extranjero que siempre está migrando”, dice.

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El domingo 18 de septiembre pasado, Francisco Casas (1959) cerró su hogar en el bello barrio de Barranco, en Lima, donde vivía desde 2013. Salió con lo justo y necesario –su inseparable perra Vilka, algunas pilchas y un par de obras–, consciente de que debía partir ligero. Esa mañana le dijo adiós a todo lo demás y le echó llave a la puerta. Estaba a punto de emprender un viaje por tierra que podía ser más largo de lo previsto, tal vez sin retorno.

Venía planeando su salida de Perú desde hacía un tiempo. Meses antes, la ex Yegua del Apocalipsis y dupla artística de Pedro Lemebel había comprado a medias con un amigo escultor una antigua y destartalada furgoneta Volkswagen blanca, una combi clásica de los años 60 a la que llamó Nave. La mandó al mecánico, le estampó una fotografía suya en la que aparece desnudo sobre la bandera del Partido Comunista, y cuando estuvo lista la presentó en sus redes sociales.

“Y la Nave va… partiendo el viernes a recorrer Bolivia y toda la pampa argentina. Vuelvo al sur como se vuelve siempre al amor”, publicó Pancho Casas junto a una imagen del mismo vehículo en su cuenta de Instagram el 15 de septiembre, solo días antes de abandonar Lima.

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Poco más de tres semanas han transcurrido desde entonces y la bitácora de su viaje registra hasta ahora más de 2 mil kilómetros y varias ciudades y pueblos recorridos entre Perú y Chile, dos de los cuatro países que componen toda la ruta.

Casas salió desde la capital peruana, siguió por Nazca, Tacna, Iquique y ahora mismo va rumbo a Uyuni, en Bolivia, para luego pasarse por el norte de Argentina hasta Buenos Aires, donde pretende instalarse durante un año. En medio de todo, está realizando una serie acciones de arte en plena ruta y escribiendo además una nueva novela, Hitos de frontera –que saldrá en 2023 por el sello argentino Mansalva–, una historia de amor y deseo atravesada también por Los Andes y a partir de la relación entre el autor y un amigo argentino –“o algo así”– y sus conversaciones durante la pandemia.

Pancho Casas no está solo en su aventura: lo acompaña la periodista Joanna Reposi (1971), directora del premiado documental Lemebel, quien lo ha estado filmando junto a un pequeño equipo en cada momento del viaje y dando forma a una nueva película que se llamará La última Yegua, una road movie a partir de esta travesía sobre cuatro ruedas por el sur de Latinoamérica y que se adentrará en la vida y obra artística de la otra Yegua, “la Yegua viva”, dirá Reposi.

Su ubicación al momento de escribir esta entrevista: Iquique. Esta videollamada, sin embargo, ocurre dos días antes de que ambos lograran cruzar a Chile, en una última parada por la ciudad de Mollendo, al sur de Perú y a cuatro horas de Tacna, en la frontera con nuestro país. Llevaban dos noches alojando allí y estaban esperando un mecánico que reparara –otra vez– la combi.

“Cuando yo decido dejar Lima, pensé que había que justificar el viaje y hacer de mi salida una performance’. Dejé mi casa en Perú, la cerré con todo lo que había adentro, no saqué nada más que dos obras, y partí pensando nuevamente en que yo no tengo casa en ninguna parte del mundo, que soy un extranjero que siempre está migrando y que voy a morir siendo extranjero”, cuenta Pancho Casas a The Clinic.

“Ya estaba escribiendo esta nueva novela, tenía ganas de hacer algunas performance que tenía pendientes y además estaba la camioneta con la foto mía estampada. Teníamos este proyecto y yo dije: bueno, que alguien filme. De inmediato pensé en Joanna, que hacía dos meses había estado conmigo en mi casa y con dos o tres maletas llenas de equipos y cámaras. Y aquí estamos ahora, en un viaje en una combi de los 60, a la que en cada pueblo hay que arreglarle algo y que anda a dos por hora, así hemos cruzado el desierto”, agrega el artista, uno de los precursores más icónicos de la performance y activo defensor de los derechos humanos y la lucha homosexual en el reprimido Chile de los años 80.

La ruta tampoco fue trazada al azar, comenta el también autor de libros como Sodoma Mía, Yo, Yegua y Partitura: “Estoy haciendo el mismo recorrido que hizo el Che Guevara que se muestra en la película Diarios de motocicleta –de Walter Salles, de 2004–, pero al revés; él lo hizo desde el sur de Chile hasta Bolivia y yo estoy yendo de norte a sur y con una bandera del Partido Comunista bordada con lentejuelas fucsias, totalmente queer y en protesta contra la homofobia que ha tenido ese partido históricamente. Es hora de que les pasemos la cuenta y en un momento en que además tenemos un Conosur propicio: Fernández de presidente en Argentina, Boric en Chile, Castillo en Perú, Arce en Bolivia y, próximamente, Lula en Brasil. Que sepan que hemos sido y que somos parte de todos los procesos de cambio que estamos viviendo”, dice Casas.

“Cruzar todo el sur y llegar hasta Buenos Aires ya es una performance en sí, no solamente con el físico y con la cuerpa, sino también cruzar la frontera con el deseo del otro; con el migrante que la cruza por gusto, con el que lo hace en busca de un destino mejor, con el que es deportado y con todos los que piensan que al final del camino hay una utopía que puede ser mejor, y en este caso, para mí, es volver al sur, como dice el tango de (Roberto) Goyeneche, como los exiliados que vuelven, yo vuelvo con mi misión y mi deseo, y con una izquierda profundamente destruida en el alma”, agrega el artista.

DOMANDO A LA YEGUA

El día en que salieron desde la capital peruana a bordo de la combi lograron avanzar apenas unos 50 kilómetros antes de quedar varados en Punta Negra. “Andábamos media hora y teníamos que parar 20 minutos para que se enfriara el motor de la combi, que no anda a más de 40 km/h. Entre los mecánicos y los arreglos hemos perdido mucho tiempo”, cuenta Joanna Reposi.

“Al Pancho le ha tocado empujar la combi y después vestirse y verse regia con lentejuelas en el desierto para sus performances. Es un poco como la película Pequeña Miss Sunshine o Las aventuras de Priscilla, la reina del desierto. Esa ha sido la tónica de lo que llevamos de viaje; nos movemos solo de día, mientras la combi lo permite, y dormimos en hoteles u hostales dependiendo del presupuesto, estamos muy entregados a la aventura”, agrega la realizadora.

El acercamiento entre Casas y Reposi partió con un desaire: tiempo después de la muerte de Pedro Lemebel, en enero de 2015, la documentalista le envió un correo al artista contándole sobre la película que estaba preparando sobre el autor de Zanjón de la Aguada y con la intención de entrevistarlo. Él nunca contestó y fue una de las grandes ausencias del filme.

Casas entrega ahora sus razones: “Me negué a participar porque yo no me iba a colgar de las trenzas de nadie y quería dejar en claro que yo no era ni soy la viuda de Lemebel. Joanna insistió tanto con la entrevista que me enojé y no la pesqué”, revela. 

Reposi añade: “Pancho nunca quiso nada y cuando me rendí, frustrada, tuve que abordarlo con sus amigos más cercanos porque necesitaba tener al menos los derechos de las Yeguas para reproducir algunas obras. Le pedí la autorización, finalmente me la dio, hice la película y cuando la llevé al Festival de Cine de Lima, Pancho me envió un mail diciéndome que le encantaría ir a verla. Ese día llegó al estreno y yo estaba muy nerviosa porque dije: capaz que no le guste y a esta yegua se le ocurra hacer una performance o un escándalo”, recuerda.

Nada de eso ocurrió: en sus palabras previo a la primera proyección del documental, la directora nombró y destacó la presencia de Pancho Casas en el teatro. Este último se levantó y recibió una ovación cerrada. Sin embargo, al término de la función el artista salió raudamente de la sala. “Pensé: no le gustó la película, pero no, salió porque estaba muy emocionado. Quedó encantado y de ahí nos fuimos de a emborrachar a un bar cerca de su casa y de marcha todos los días en Lima, hasta que nos hicimos amigas íntimas”, cuenta Reposi.

“Cuando Pancho me hizo esta invitación para sumarme al viaje y registrar lo que está haciendo, me dijo que quería hacer esta performance con la combi, que en sí misma es una acción de arte, y viajar y cruzar las fronteras latinoamericanas, del norte al sur, al revés de como lo hizo el Che Guevara, y con su militancia política y su militancia del cuerpo. También me dijo: no quiero hablar más de las Yeguas, no quiero hablar más del Pedro, solo quiero que vean esta película”, continúa la documentalista.

“Me pareció una idea fascinante porque creo que hay un tesoro y un material increíble con este artista que desconocemos. En Chile es poco el reconocimiento que se le ha dado a esta última Yegua, que ha estado exponiendo en los mejores museos del mundo, y más allá de las Yeguas del Apocalipsis. Las Yeguas fueron un momento, un capítulo, pero estamos hablando de un Pancho Casas que ha seguido haciendo arte, que hace clases en Perú, que tiene una galería de arte en Argentina, que es publicado como escritor. Pancho es la Yegua viva, una Yegua loca, histriónica, que merece ser conocida por todas y todos”, añade Reposi.

BIOGRAFÍAS UNIDAS

Descalzo y vestido con un sayal negro, Pancho Casas barre el desierto de Nazca con una escoba hecha de madera y paja. Se trata de una postergada performance del artista chileno en homenaje a la arqueóloga y matemática alemana nacionalizada peruana María Reiche (1903-1998), la mayor estudiosa de los antiguos geoglifos que se encuentran en las pampas de Jumana, en el centro sur de Perú. Joanna Reposi y su equipo la registraron el 16 de septiembre pasado y es la única imagen que se conoce hasta ahora de La última Yegua

“Tenía pendiente desde que llegué a Perú hacerle un tributo a una de las mujeres más espectaculares, una alemana que ni siquiera era peruana, nada más la nacionalizaron, María Reiche. La loca o la bruja del desierto, le decían, y quien fue la que descubrió las líneas de Nazca barriendo con su escoba. Al igual como ella hizo, yo barro el desierto y le devuelvo a Perú a esta mujer, que nadie conoce muy bien y fue fundamental”, dice Casas.

El artista no tenía presupuesto para financiar una película y Reposi tuvo que conseguir fondos antes de viajar y comenzar a filmar La última Yegua, que inicialmente está siendo producida por Solita Producciones, al igual que Lemebel.

La directora, quien define este nuevo filme como una road movie, está grabando con cámaras HD, otra de cine y un dron, y registrando desde conversaciones, recuerdos de sus años junto a Lemebel, su vida en México y luego en Perú, hasta momentos más íntimos de la convivencia junto al artista, además del proceso de escritura de su nueva novela y acciones performáticas en distintos paisajes naturales, del desierto peruano al Salar de Uyuni en Bolivia y la pampa argentina. 

“Estoy jugando con distintas materialidades y formatos, y a la vez el paisaje lo entrega todo. Es una puesta en escena la película en términos del videoarte, de cómo juegan los materiales visualmente con esa geografía y con la Pancha como protagonista, que es una estrella, una caja de sorpresas, una excéntrica con mucho humor, ese es el pulso que tiene esta película”, comenta Joanna Reposi.

–Les pregunto a ambos: ¿se puede entender La última Yegua como una segunda parte o una película hermana de Lemebel?

Pancho Casas se apresura en responder:

–Yo no sé si le pondría película. Diría que es un rizoma, una especie de construcción simbólica de biografías que se emparentan. La biografía de Pedro Lemebel está unida a mí hasta el final de los días, y la mía va a estar unida con la de Pedro Lemebel también, aunque yo fui más amigo de Pedro Mardones. Entonces, no es que haya una película o dos películas o una continuación, es una sola biografía. Quiera yo o no quiera, hay un cordón umbilical que nos va a unir siempre, como en Las dos Fridas –la obra de las Yeguas del Apocalipsis de 1989–, estamos unidas por estas venas de Latinoamérica. Joanna lo ha entendido a la par de la letra: no hay primera ni segunda película, sí va a haber un documento extraordinario sobre las Yeguas del Apocalipsis que no existe. Como escribió mi amiga Nelly Richard hace muy poco sobre mí, soy un depositario de la memoria, de una memoria de la época en cuanto sigo recordando y mis facultades mentales están más o menos bien (ríe).

Archivo Yeguas del Apocalipsis

La obra de las Yeguas, que cita y traviste uno de los cuadros más famosos de Frida Kahlo, está siendo actualmente expuesta en el Malba de Buenos Aires y en el Reina Sofía de Madrid, y a contar del 10 de abril del 2023 estará también en el MoMA (Museum of Moder Art) de Nueva York, revela Casas: “A partir de este viaje y ahora con esa inauguración, Las dos Fridas vuelve a estar más vigente que nunca”, dice.

“Esta va a ser una película mucho más pop que la anterior”, le sigue Reposi.

“Al igual que la Pancha, yo creo que es imposible separarlos. Pedro y Pancho, como bien dice él, construyeron una biografía de amistad y de una dupla de arte queer latinoamericano que marcó también el inicio de un movimiento artístico, fueron precursores de ciertas vanguardias en los 80 en Chile y en hispanoamérica, y de ahí no han parado: hoy despiertan muchísimo más interés. Sin embargo, ambos por separado son muy distintos y eso aflora con claridad en ambas películas. En Pancho hay un sello diferenciador que tiene que ver con su histrionismo, con su humor, por eso digo que La última Yegua es mucho más pop, con otro pulso”, agrega la directora.

–”También es una película con algo de sexo. Esta me graba en mi cama desnudo con mi novio peruano en la mañana, despertando, muy a lo Yoko Ono y Lennon, a la peruana y a la chilena, tendrá su dosis de porno también” –la interrumpe Casas entre risas.

–“Con arte, eso sí” –acota Reposi: “Esta película tampoco tiene nada que ver con una biografía clásica ni un biopic. Yo siento que el viaje y que el road movie es la gran performance, una gran puesta en escena, y la Pancha es un personaje, pero también aparecen el paisaje, la combi, la Vilka, la perra de Pancho, el equipo que nos acompaña y que por cierto interviene. Es una película súper libre, como las que me gusta hacer, y más ahora que está en pleno desarrollo y literalmente en movimiento”, concluye.

La última performance la filmarán en Buenos Aires, donde culminará el viaje y es la ciudad donde Pancho Casas se instalará durante un año. “Estoy buscando un nuevo destino, y amores también. Quiero quedarme ahí por lo menos un año. Es una ciudad que me gusta mucho y donde siempre quise vivir. Tengo grandes amigos allá y me encanta la literatura argentina, la rioplatense; soy un gran admirador de Ernesto Perlongher, de Copi, de Osvaldo Lamborghini, toda esa literatura marica que a mí me mueve todos los timbales como para estar allí una temporada”, dice.

–¿No pensaste en volver a Chile, Pancho?

–Chile es muy grande, y por lo menos Santiago es una ciudad que nunca me ha gustado. Cuando volví después de casi ocho años en México, no me devolví a Santiago sino que me fui al pueblo más abandonado que había, Las Cruces, y curiosamente ahí vivía también otro antiseñor totalmente abandonado que era el único vecino entrañable que tuve: Nicanor Parra. Viví a dos casas de él. Yo sigo viviendo en un apartheid que me gusta y me acomoda mucho, y en Buenos Aires me enloquece la idea de vivir en La Boca, un barrio futbolero, tanguero y popular. Eso me trae de vuelta al sur, no sé si para quedarme, tal vez solo para mirar y volver a irme.

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