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Opinión

21 de Noviembre de 2023

Columna de Guillermo Holzmann | Desde el quilombo electoral a la instalación disruptiva de Javier Milei

Por Guillermo Holzmann

Sería un error de parte de Milei considerar que ha creado una mayoría, cuando en realidad el ciudadano quiere salir de su situación actual y dejar atrás el Estado corrupto. En todo el sentido, Milei es un gobierno de minoría que llega al poder con una mayoría impensada.

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El triunfo obtenido por Javier Milei constituye, a no dudarlo, no solo una sorpresa, sino que un mazazo político para el sistema argentino. Su victoria rompió la estructura sociopolítica liderada por el peronismo y sus tendencias internas. Una pluralidad de políticos, analistas y ciudadanos elucubran sorprendidos por el giro que todo ello implica. En ese contexto van las siguientes ideas para cooperar a desentrañar el quilombo político que significa esta elección.

Sin duda, Milei la rompió. Y eso significa entender el cambio de escenario que se produce en Argentina. Por una parte, todos los ojos están puestos en cómo hará Javier Milei para gobernar cuando no tiene mayoría en el Congreso, en ninguna de las dos cámaras y aun con la alianza con Macri (Juntos por el Cambio).

No tiene la Gobernación de Buenos Aires, de la de mayor importancia política y electoral. No tiene ninguna de las gobernaciones de las Provincias. Es decir, a pesar de haber ganado en 21 de las 24 provincias, en ninguna tiene poder efectivo (Gobernador y Parlamento Provincial) para alinear la implementación del nuevo Gobierno. Aparte de eso, el país está sin dólares, un 10% de indigencia, un 40% de pobreza, un porcentaje importante tiene problemas alimentarios. Con todo eso, ¿qué podría salir mal?

Pero hay un detalle importante. Javier Milei tiene el poder de manera incuestionable y con todas las credenciales democráticas. Y el poder, en Argentina, posee un encanto especial que hace que las lealtades se guarden y primen los intereses. Mal que mal, Argentina es un país con riquezas y donde la promesa de Milei es que el mercado es capaz de impulsar el crecimiento económico con una mínima participación del Estado.

En este sentido, las promesas privatizadoras refrendadas el lunes 20 de noviembre y la idea de tener solo 8 ministros mientras inicia el proceso de fusión de varios otros, supone un escenario novedoso y, en más de alguna forma, disruptivo.

Eso es parte de la ecuación. La segunda parte de ella es la estrategia que asumirá la oposición, donde destaca un peronismo-kirchnerismo derrotado electoralmente y que hoy no cuenta con lideres suficientemente potentes, considerando que Cristina Fernández y Alberto Fernández no están en condiciones de liderar una derrota como esta. Tal vez sea Máximo Kirchner o Kyciloff.

Un aspecto a considerar es la forma en que se recuperarán y de qué manera capitalizarán la pérdida. Por un lado, está la posibilidad de asumir una oposición dura que se exprese en el Congreso, las Provincias y la calle. O, primero, evitar el fraccionamiento interno (alguien debe pagar el costo de esta derrota) y asegurar las capacidad de movilización en grandes gremios que han sido el poder popular del peronismo. La Cámpora es tema aparte y será Máximo Kirchner quien tendrá que demostrar su liderazgo y sintonía con el peronismo-kirchnerismo.

Otro aspecto son las relaciones internacionales que, en una primera mirada, estarán muy relacionadas a la economía. Tanto en lo que se refiere a las vínculos con el FMI y otros organismos -como también por la credibilidad que entregue Milei con el equipo que gobernará- la claridad y viabilidad de sus objetivos será clave, una vez que los haga públicos en términos prácticos.

Lo propio pasará con su rol en el G20, BRICS, OCDE y tras instancias donde tendrá que negociar o incorporar en la mesa de diálogo a países como China, Rusia e India. Tema delicado será MERCOSUR. Su preferencia por Estados Unidos e Israel no será un tema fácil en el actual escenario mundial.

Se prevé que viajará a Washington antes del 10 de diciembre, pero no sabemos si a reunirse con Joe Biden o con Donald Trump. Y eso podría llevarlo a un error estratégico para su idea de convertir a Argentina en potencia en los próximos 35 años. Mal que mal, estamos en pleno proceso de negociación para una redistribución del orden mundial, donde las democracias no parecen tener el favoritismo en el mundo, salvo en América Latina.

Uno de los temas que por su ambigüedad se transforma en comodín, es el contenido ideológico de un libertario. Pues este seduce con el concepto de libertad -desde la perspectiva liberal clásica- y luego se lanza en una postura promercado y anti-Estado que le lleva a ser conocido como anarcocapitalismo.

Desde esta simple aproximación, cabe preguntarse si fue la ideología la que ganó este domingo en Argentina, o solo fue el voto hastío que canalizó Milei y le puso la lápida al kirchnerismo. Por lo pronto, el electorado de Milei es minoría. Es el voto hastío el que le da un triunfo tan categórico a Milei que dejó al kirchnerismo sumido en una profunda crisis, augurando un cambio del escenario político argentino para los próximos 4 años.

Sería un error de parte de Milei considerar que ha creado una mayoría, cuando en realidad el ciudadano quiere salir de su situación actual y dejar atrás el Estado corrupto. En todo el sentido, Milei es un gobierno de minoría que llega al poder con una mayoría impensada.

Las próximas semanas serán importantes para ver el despliegue concreto que realizará para proyectar confianza, certezas y esperanza, a pesar de las políticas de shock que necesariamente debe imponer.

El impacto negativo en el barrio sudamericano no es mejor. El progresismo de izquierda y la izquierda tradicional acusan un golpe ideológico y mostrarán su sentimiento de pérdida, intentado reconocer que Argentina existe sin Milei.

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