Opinión
26 de Noviembre de 2023
Columna de Carolina Urrejola | Polarización en el mundo político: que se jodan
"Da rabia, porque con sus peleas y dimes y diretes crispan el ambiente y reducen el foro político a un ring de lucha libre con protagonistas lamentables", escribe la periodista en su columna para The Clinic. "La intensidad con que se despliega la retórica confrontacional va de la mano de la brevedad del ciclo político", asegura, para luego advertir: "La que sufre y se debilita con estos juegos peligrosos es la democracia".
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Si hay algo que enrabia del actual momento político es saber que, mientras públicamente los bandos se reprochan hasta las cosas más absurdas, a puertas cerradas dirigentes y parlamentarios se llevan razonablemente bien y son capaces de hacer acuerdos.
Da rabia, porque con sus peleas y dimes y diretes crispan el ambiente y reducen el foro político a un ring de lucha libre con protagonistas lamentables. Fustigan a los oponentes con ingenio, elaboran sus frases e intervenciones pensando en la lógica del hashtag y el video de 15 segundos que se viraliza exitosamente. Y nos dejan a todos al borde del ataque de nervios.
Sin embargo basta con preguntarle a cualquier político para que te reconozca que, en la intimidad de la cafetería del congreso, en el pasillo o la oficina, fuera del alcance de los focos y los celulares, el tono es distendido, amable y hasta amistoso.
Enfrentamiento público y cordialidad privada.
Según algunos políticos son sus propios electores los que les exigen defender sus posiciones enfrentándose fieramente a sus oponentes. Deben ser los más fanáticos, porque la encuesta CEP de septiembre-octubre 2023 que se conoció esta semana nos entrega un panorama de la realidad más allá de las percepciones.
A la pregunta; “¿Ud. prefiere líderes políticos que privilegien los acuerdos, aunque tengan que ceder sus posiciones o que defiendan sus posiciones, aunque eso implique no llegar a acuerdos?”, una abrumadora mayoría se inclinó por los acuerdos. Si en la encuesta anterior, la de julio, el 59% prefirió esa opción por sobre la de defender las posiciones, en la última medición subió al 70%. Once puntos de alza en pocos meses.
¿Qué pasó entre medio? Avanzó el debate constitucional, el Consejo redujo a su mínima expresión el texto de los expertos -construido con dificultad, en un ambiente de respeto cívico- y nos quedamos con una propuesta que satisface a un grupo muy específico y está lejos de ser transversal. La propaganda del A Favor incluso puso en pantalla a una actriz caracterizada como profesional de la salud que asegura que votará a favor y agrega… “y que se jodan”.
La que sufre y se debilita con estos juegos peligrosos es la democracia, que está sosteniendo apenas el peso de la irresponsabilidad de quienes parecen sólo interesados en el triunfo pequeño, ventajero, que pueda asegurarles la continuidad de sus privilegios.
A ellos este otro dato demoledor de la CEP: entre un 75% y un 84% de los encuestados considera que el conflicto es fuerte o muy fuerte entre los cinco grupos consultados: ricos y pobres, izquierda y derecha, mapuches y no mapuches, inmigrantes y chilenos y partidarios del gobierno y de la oposición.
La intensidad con que se despliega la retórica confrontacional va de la mano de la brevedad del ciclo político. En cuatro años hay que jugarse la vida por subsistir en ese mundo y ser #alguien. Inexplicablemente, ni el anterior proceso constitucional ni el actual apoyaron extender el ciclo a seis años.
Cuando un 41% de las personas opina que en algunas circunstancias un gobierno autoritario puede ser preferible a uno democrático, o que a la gente le da lo mismo un gobierno democrático a uno autoritario, es señal de que la frivolidad de los responsables de la degradación de la política se ha convertido en un problema serio. ¿Qué viene después? ¿Que se jodan? Los jodidos seremos todos.



