Perimenopausia: los cambios que provoca en el cerebro de las mujeres su transición a la menopausia
La menopausia marca un antes y después en la vida de las mujeres. Sin embargo, la transición a ella, llamada perimenopausia, es el período en el que se hacen notar los cambios más abruptos en el cerebro, debido a una fluctuación del estrógeno y la progesterona. Los síntomas propios de esa etapa pueden llegar a ser hasta 20 y los más comunes son sangrados más abundantes o escasos, ciclos más largos o cortos, dolores de cabeza, bochornos, resequedad vaginal, cambios de ánimo, problemas en la memoria y concentración. Para Ramón Sotomayor, neurocientífico de la Universidad de Valparaíso, este cambio "es como trabajar con bencina del 97, y de repente empieza a bajar con bencina que es del 95 y del 93". Así, zonas del cerebro que manejan la memoria o la atención se ven afectadas. "Tenía que hacer harto esfuerzo para manejar concentrada", cuenta una de las mujeres entrevistadas por The Clinic sobre los cambios que vivió durante este período.
Por Valentina Hoyos 1 de Junio de 2024
Compartir
¿Cómo cambia el cerebro durante la menopausia? Es una de las preguntas que la neurocientífica italiana, Lisa Mosconi, se ha encargado de responder a lo largo de su carrera. Una de las respuestas llegó cuando sometió el cerebro de una mujer, antes de la menopausia, a un scan PET: se encontró con un órgano que brillaba en diferentes colores.
En la imagen, Masconi observó cómo varias zonas del cerebro resplandecían con un naranja fosforescente, y unos pocos sectores pequeños, al centro, tenían tonalidades verdes y moradas. Las zonas naranjas representaban altas cantidades de energía, mientras que las más oscuras eran de menor intensidad.
Luego, Mosconi sometió a la misma mujer a otro scan PET, pero después de la menopausia. En él, las zonas que antes brillaban en naranjo, se tornaron en sectores de color verde y morado. El cerebro se veía más apagado. “Esa es una baja del 30% en niveles de energía”, explicó la neurocientífica en su charla TED, donde presentó estas mismas imágenes.
Lo que pasó entremedio, el fenómeno que causó el cambio, es llamado perimenopausia. Una transición, que en el caso de las mujeres chilenas, llega a ocurrir entre los inicios de los 40 años y mediados de los 50. De acuerdo con Paula Vanhauwaert, ginecóloga y experta en climaterio (el periodo durante el cual cesa la función reproductora de un ser vivo) de la Clínica Alemana, esta es una etapa en la que “empiezan a manifestarse cambios en el ciclo menstrual y cambios endocrinológicos relacionados a la menor cantidad de ovocitos que van quedando en el ovario”.
Así, una vez que va quedando una menor cantidad de ovocitos, la producción de estradiol -una forma de estrógeno que modula la función de varios sistemas en el cuerpo femenino-, y de la progesterona decae. Esto conlleva a la aparición de varios síntomas propios de la perimenopausia, que pueden llegar a ser hasta 20. Los más comunes son sangrados más abundantes o escasos, ciclos más largos o cortos, dolores de cabeza, bochornos, resequedad vaginal, cambios de ánimo, e incluso, problemas en la memoria y concentración.
“Muchas mujeres refieren tener menos paciencia o descontrolarse emocionalmente frente a cosas que antes controlaban, como un comercial triste o una broma de los hijos. He visto algunos casos más graves, donde ha aparecido claustrofobia y la paciente no ha podido subir más al metro o no se suben al auto por miedo a chocar. No es lo habitual, pero puede llegar a eso”, ejemplifica la ginecóloga.
El cerebro en la perimenopausia
Un caso similar al que explica la doctora Vanhauwaert le ocurrió Maritza, quien lleva cinco años con perimenopausia. Si bien empezó a notar síntomas apenas empezó la transición, las pastillas anticonceptivas que tomaba escondieron las primeras molestias, como el cansancio y el sueño. Lo ignoró por unos meses, hasta que se dio cuenta que las molestias persistían: dormía y sentía que no descansaba, quería tomar más siestas y dejó de atender a sus clases de baile.
Así, el doctor le dijo que debía dejar de tomar pastillas anticonceptivas por seis meses. Con eso, Maritza comenzó a sentir todos los síntomas que los fármacos habían escondido: empezó a tener problemas de memoria a corto plazo y de atención.
“Hubo uno que fue tremendo. Salí al antejardín yendo al trabajo, y lo hice sin las llaves de la casa y del auto. Ahí quedé encerrada en el antejardín, por ejemplo. Me pasaban hartas cosas, andaba distraída para manejar. Eso me complicó, porque yo me di cuenta que tenía que hacer harto esfuerzo para manejar concentrada, por si se me iba un pare o cosas así”, dice Maritza.
De acuerdo con Ramón Sotomayor, neurocientífico del Centro de Neurobiología y Fisiopatología Integrativa de la Universidad de Valparaíso, estos son síntomas propios de la perimenopausia. Sin embargo, para explicarlo, se debe saber qué es lo que hacen las hormonas sexuales, como el estrógeno y la progesterona en el cerebro.
“A pesar de que estas son producidas en los genitales, tienen acceso al cerebro. Y una de las cosas que se ha demostrado que lo que realizan es modular las neuronas, es decir, son capaces de hacerlas funcionar más rápido o más lento”, explica.
Entonces, cuando estas hormonas sexuales fluctúan y comienzan a bajar en su producción, funciones como las del hipocampo -una de las zonas del cerebro principalmente responsables de la memoria-, comienzan a alterarse. “Hay experimentos, por ejemplo, que demuestran que el estradiol hace que las neuronas hipocampales tengan más dendritas, crezcan más y sean más largas. Y eso permite que esa neurona hipocampal se comunique mejor con otras neuronas. Cuando baja el nivel de hormona, puede haber una retroacción o puede achicarse estas dendritas”, indica Sotomayor.
Por eso, cuando las personas están en un período de perimenopausia, esta zona del cerebro está menos activa. Lo mismo provoca defectos en la memoria, como le pasó a Maritza.
Andrea (38) experimentó bochornos que llegaban a parecer, para ella, crisis de pánico. Después de que sus doctores extirparan algunos tumores que tenía en sus ovarios -lo que provocó que también le sacaran estos órganos, responsables de la producción de hormonas sexuales-, los síntomas de la perimenopausia aparecieron después de dos semanas. Sin embargo, debido a la operación, sus padecimientos fueron más intensos.
“Con los bochornos, tenía un calor que nunca había sentido en mi vida. Como que me iba a desmayar (…) Como que me empezaba ahogar, y no podía hablar y me paralizaba. Y esta cuestión me daba varias veces al día, entonces no podía funcionar. De repente, era tanto que me ponía a llorar. En el fondo, es como que uno desconoce su cuerpo”, dice Andrea.
Según el doctor Pablo Hernández-Rudnick, Jefe de la Unidad Reproductiva de la Clínica de la Mujer de Viña del Mar, los bochornos también se generan por cambios que ocurren en el cerebro. “Esto se debe a que, en el hipotálamo, que controla la temperatura, no le llegan bien las señales de los estrógenos y se descontrola. No sabe si tiene bien o mucha temperatura. Entonces, al hipotálamo le da la impresión de que tiene que abrir sus canales de vasodilatación para perder calor. Y ahí es cuando aparecen los bochornos, las sudoraciones nocturnas”, explica Hernández-Rudnick.
¿Se vuelve a ser la misma después de esta transición hormonal? De acuerdo con el neurocientífico Sotomayor, el cerebro de la mujer se adapta a esta baja cantidad de hormonas sexuales. “Voy a poner un ejemplo burdo: es como trabajar con bencina del 97, y de repente empieza a bajar con bencina que es del 95 y del 93. ¿Por qué digo bencina? Porque primero, el cerebro, en toda la etapa adulta de las mujeres, estuvo constantemente mes a mes con esta fluctuaciones de hormonas. Y en un momento, esas fluctuaciones de hormonas ya no están. El cerebro se va adaptando a trabajar con esta baja de hormona”, ejemplifica Sotomayor.

¿Cómo se tratan estos cambios?
De acuerdo con la ginecóloga Vanhauwaert de la Clínica Alemana, los padecimientos de la perimenopausia se tratan de acuerdo a los síntomas que se presentan. “Si los problemas son solo del sangrado, hay medicamentos que pueden bajar la cantidad o el dolor”, indica la ginecóloga. Y si el problema son síntomas como el dolor articular, el ánimo o la falta de sueño, estos también pueden tratarse por sí solos.
Sin embargo, si la causa de los malestares sucede por el desorden de las hormonas sexuales que está creando la perimenopausia, la mejor solución es la terapia de reemplazo hormonal. Esta última es un tratamiento que consiste en reemplazar sintéticamente la falta de estrógeno y progesterona, nivelando los niveles que se tenían antes de la perimenopausia. Generalmente, el fármaco puede venir en pastillas, geles, parches cutáneos o cremas vaginales.
Para quienes no quieren someterse al tratamiento de manera hormonal, también existen otros productos de origen natural, como vitamínicos anti-bochornos y extractos de ruibarbo siberiano, por decir algunos. Para el doctor Hernández-Rudnick, estas medidas no son efectivas. “Nada es maravilloso. Estos productos produce un tipo de estrógeno débil, pero muy débil. Y no alcanza para suplir la falta de producción estrogénica de las mujeres. Pero sí algunas de esas, como la cimifuga racemosa, sí podría disminuir los síntomas como los bochornos”, explica Hernández-Rudnick.
En el caso de Maritza y Andrea, de hecho, la terapia de reemplazo hormonal fue la única manera de aliviar sus síntomas. “Ya a los tres meses me sentí mucho mejor. Empecé a tener más energía, a sentirme mejor de ánimo, a tener más ganas de hacer cosas. Se me quitaron los bochornos (…) Y volví a bailar”, cuenta Maritza.
Incluso, Andrea comenzó a sentirse más en sintonía consigo misma. “Nunca he tenido tanta conexión con mi cuerpo. Pero cuando me pasó esto (la perimenopausia), y me empecé a desconocer mi cuerpo, el efecto que tuvo es que tenía que conectarme de alguna forma”, dice Andrea. “Ahora, por ejemplo, cuando me vienen bochornos, me digo: ‘ah, ya, esta cuestión es chica. Puedo seguir caminando’”.
Alzheimer y menopausia: ¿Tienen relación?
Una vez que la mujer pasa doce meses sin menstruación, y la producción de hormonas sexuales por parte de los ovarios cesa, se puede decir que llegó la menopausia. “Se ha pensado que el alzheimer tiene una relación con la menopausia, porque la enfermedad tiene una prevalencia mucho más alta que en los hombres. Además, las demencias empiezan en edad más temprana que en los hombres, y ocurre unos años después de la menopausia”, indica Paulina Villaseca, médico ginecóloga con trayectoria en Endocrinología Ginecológica, e investigadora del Centro de Excelencia en Biomedicina de Magallanes.
La relación que algunos expertos hacen entre el alzheimer y la menopausia viene de las consecuencias que esta última tiene en el cerebro. Debido a que hormonas como el estrógeno ya no se están produciendo, las neuronas dejan de obtener los beneficios que tenían de su creación. Por ejemplo, las células pierden la capacidad de evitar la creación de placas de amiloides y los ovillos neurofibrilares. Estas últimas dos, en específico, aumentan el riesgo de tener Alzheimer.
En el caso del primer problema, la doctora Villaseca, dice que el estrógeno estimula un tipo de enzimas que inhibe que las proteínas se unan y creen las placas de amiloides. Entonces, cuando la hormona sexual deja de producirse, ese mecanismo de protección se pierde y se genera uno de los “elementos neuropatológicos de la enfermedad de alzhéimer”.
Lisa Mosconi, neurocientífica italiana, explica en su charla TED esto mismo: antes de la menopausia, las mujeres tienen levemente una mayor cantidad de placas amiloides que los hombres. Sin embargo, después de este evento menopaúsico, el número de estas aumenta en un 20% por sobre el sexo masculino. “No todas las mujeres desarrollan las placas, y no todas las mujeres con las placas desarrollan demencia. Tener las placas es un factor de riesgo, y de ninguna manera es un diagnóstico”, indica Mosconi.



