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30 de Octubre de 2024

Cuando las emociones y hormonas dominan lo que se come: cómo el cerebro es clave en lo que llega al estómago

Tener "bajón" o un "atracón" de comida es algo que puede pasarle a cualquier persona. No es necesario estar enfermo de un trastorno de la alimentación o de una patología de la salud mental para hacerlo. Pero llega un punto, en que ese bajón se sale de control. Especialistas explican las claves para diferenciar las ganas de comer mucho con los amigos en un cumpleaños y el encerrarse a comer solo en la pieza hasta sentir la comida hasta el cuello y luego, sentir culpa. La diferencia es relevante, pues lo último, podrían ser rasgos que potencien un trastorno de la alimentación.

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Se puede estar viendo una película en la noche mientras se come un paquete de papas fritas. Si el paquete se acaba, no importa, sale la barra de chocolate. Algo pasa que no hay saciedad, y mientras más insatisfecho, más es la necesidad de sentir el sabor de la comida. Quizás no hay conciencia en ese minuto de que lo único que provocará el dejar de “picotear” cositas, será sentir la comida hasta el cuello.

Solo entonces, cuando la respiración se vuelve pesada, se caerá en cuenta de que “quizás fue demasiado”. Lo más complejo viene después y pasa en la mente. Se comienza a sentir culpa crónica por todo lo que se comió.

Eso, es un descontrol que involucra un desorden en específicos fenómenos biológicos y mentales. Rossana Román, endocrinóloga infantil y juvenil del Centro del Crecimiento y de Endoplus Centro de Crecimiento y Desarrollo, explica la diferencia entre un “bajón normal” y el comienzo de una conducta que podría potenciar un trastorno alimenticio.

No solo hay que poner ojo en cómo se siente el cuerpo después de altas ingestas de comida, sino también en la mente. “La clave para diferenciarlos está en la reiteración y la purga. Por ejemplo, si alguien come mucho y después lo vomita. O pegarse un atracón y ayunar dos días. También subir las escaleras del edificio dos veces para gastar las calorías después de comerse una barra entera de chocolate. Hay distintas maneras de castigarse”, explica Román

Es necesario especificar que es distinto tener un “atracón social”, por ejemplo, comiendo mucho en un cumpleaños con los amigos, a comer solo en la pieza. Ahí, comienza lo que la especialista denomina como “la pérdida de la auto-contención”.

Las razones para que el atracón se vuelva algo reiterativo son múltiples. “Hay cosas que son muy claras en medicina”, opina Román, “pero en estos casos, la medición de los factores que llevan a comer mucho son mucho más difíciles, porque las cosas están mezcladas”.

¿Dónde está la evidencia entonces? “Hay una relación clara entre la liberación de hormonas y el consumo de antojos para hombres y mujeres. Eso es así“, continúa la especialista. “Pero no es algo que un paciente pueda llegar a la consulta, pedir una pastilla mágica y así dejar de tener la necesidad de comer en grandes cantidades”.

Las hormonas que influyen en el apetito

Hay razones biológicas y hormonales en hombres y mujeres para tener un atracón. Éste no tiene por qué ser necesariamente patológico. Más bien, sucede en periodos determinados e ineludibles de la vida donde el cuerpo libera más hormonas.

Para las mujeres, es durante el embarazo y la menstruación. Es normal que una mujer -o un mamífero-necesite consumir más comida cuando está embarazada, porque está comiendo por dos seres humanos.

Por eso, para entender los “antojos” hay que enfocarse en un proceso más fluctuante, como la menstruación. La doctora Rossana Román explica que “donde hay más evidencia es en que en la fase lútea de la menstruación, las mujeres tienen progesterona circulando. La progesterona favorece la retención de líquido y aumenta el apetito”.

El ciclo reproductor femenino está constituido por la fase folicular o proliferativa (también denominada pre-ovulatoria). Luego, tiene lugar la ovulación. Tras ella, comienza la fase lútea o secretora y, por último, tiene lugar la fase menstrual.

Un estudio publicado en 2022 llamado “Variables emocionales y food craving: influencia del ciclo menstrual”, dice que un fenómeno observado durante la menstruación es el food craving. El concepto, se define como “una necesidad irresistible de consumir comida de manera ansiosa. Esta conducta, también se asocia a un estado de ánimo negativo“. Esto, a pesar de que en el ciclo menstrual las emociones y los patrones alimentarios pueden fluctuar.

Para los hombres la situación es completamente distinta. “En los hombres, es evidente que en la pubertad tienen más testosterona y crean mucha masa muscular. Comen mucho y no ganan grasa, sino músculo”, adelanta la endocrinóloga. “Tiene sentido por un tema evolutivo. Es más, producto del consumo que se genera porque hay más testosterona, los hombres ganan más músculo que grasa. Esto se debe a que sus cuerpos no se preparan para un embarazo”.

Y la evidencia en hombres adultos ha demostrado que el aumento de antojos alimenticios o “atracones” tienen que ver con el ritmo circadiano y el estrés. ¿Más en hombres que en mujeres? Podría ser, según la doctora Román.

“Existen estudios de hormonas en las personas que trabajan en turnos nocturnos, como en la minería o la salud por ejemplo. Hay más evidencia de que el cambio del ritmo circadiano -cantidad de exposición a la luz y cómo eso influye en el sueño- y el estrés, liberan más cortisol en hombres“. Así, trabajar 15 días de noche, por ejemplo, aumentaría significativamente la cantidad de la hormona cortisol, conocida por aumentar el apetito.

La diferencia del trastorno del atracón

La doctora Ruth Striegel, de la Universidad Wesleyan (Connecticut, EEUU), realizó un estudio midiendo los comportamientos de más de 50.000 personas en torno al consumo de grandes cantidades de comida. Como la mayoría de los estudios de atracón reclutan pacientes mujeres producto de sus ciclos hormonales constantes, la doctora decidió probar también cómo se desarrollaba el atracón en los hombres.

Tras analizar los datos, los investigadores detectaron que el 7,5% de los hombres y el 11,19% de las mujeres sufrían un trastorno por atracón. Estas personas también indicaron tener más sobrepeso u obesidad que el resto de los participantes. En las mujeres, se encontró una moderada asociación a la depresión y al estrés. Mientras que en los hombres, los problemas de alimentación se asociaron fuertemente a la disminución de la productividad laboral.

Aquí es donde se produce la mezcla entre factores biológicos y mentales. “La ingesta produce estimulación del sistema parasimpático que produce un efecto sedante. Y los alimentos más gratificantes son los que tienen hidratos de carbono, porque son los que mejor se absorben y pasan antes a la sangre, por lo que sacian más”, explica el psiquiatra español Luis Beato.

En este tipo de trastorno alimenticio existen múltiples comportamientos que pueden estar entregando alertas. Es importante identificarlos para diferenciar lo que podría ser un “bajón de comida” o un “atracón social” de una patología.

Según información actualizada al 2024 de la Sociedad Chilena de Diabetología (SOCHIDAB), la definición del trastorno por atracón es “comer una gran cantidad de comida en un periodo corto de tiempo, con percepción de pérdida de control sobre la conducta alimentaria”.

Para su diagnóstico, la institución determina que hay que tener más de tres de los siguientes tipos de conductas, al menos una vez por semana durante tres o más meses:

  • Comer más rápido que lo habitual
  • Comer hasta estar satisfecho
  • Grandes cantidades cuando no se experimenta hambre
  • Comer a escondidas por vergüenza
  • Culpa, tristeza, vergüenza

Otra alerta, puede notarse en las personas que realizan una dieta restrictiva de forma exigente y rígida. “Cuando se rompe la norma rígida de no comer, las personas restrictivas suelen sentir insatisfacción o sensación de fracaso por no haber conseguido el propósito de restringir la ingesta. Esta insatisfacción, también lleva al atracón como medio de regulación emocional“, explican desde la Clínica López Ibor, especialista en trastornos de la alimentación

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