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Música

14 de Junio de 2024

Los “másters” tras los másters: el poco conocido oficio que hace que las canciones se escuchen bien

Gonzalo González / Francisco Holzmann / Arturo Zegers

El trabajo del mastering tiene un significado difuso. Todos tratan de explicarlo con comparaciones y metáforas. Lo cierto, es que es una etapa crucial en la etapa de la edición y producción de una canción. Sin ella, no es un trabajo profesional. Los ingenieros "Chalo" González, Francisco Holzmann y Arturo Zegers tratarán de dilucidar su propio arte.

Por Camilo Fernández

Para que una canción llegue a los oídos de alguien y suene perfecta, pasa por muchos procesos. El más primario es que un artista se sienta inspirado para crear la música y la letra. Después, se puede necesitar a alguien que la produzca y, luego, que alguien la mezcle, es decir, que le agregue efectos a las pistas de audio. Pero eso no es todo, aún falta el último eslabón de la cadena, el toque final: la masterización

Masterizar es un arte que tiene diferentes definiciones, dependiendo a quién se le pregunte. Hay músicos que ni siquiera saben bien lo que es. En lo que todos más o menos coinciden es que no es tan fácil de explicar. 

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Gonzalo “Chalo” Gónzalez (54) es uno de los ingenieros musicales más reconocidos en la industria nacional. Él hizo el sonido en vivo para la reunión de Los Prisioneros en el Estadio Nacional el 2001 y lo mismo para Los Búnkers este 2024. Pero hacer sonar bien los conciertos no es su dedicación exclusiva, sino que es el mastering. Para esto, no tiene un solo estudio, sino que dos. Uno en Santiago y otro en Maintencillo. 

En estos estudios ha trabajado en canciones de Mon Laferte, Los Tres, Francisca Valenzuela, Gepe, DrefQuila, Pablo Chill-E y un largo etcétera. Según él, “un 40% o 50% de la música que sale de Chile, la hacemos nosotros”. 

Pero, qué es lo que realmente le hace a las canciones. “Yo siempre lo digo en palabras muy sencillas. Es como envolver un producto y envolverlo bien para que se pueda apreciar, o se pueda digerir, o se pueda disfrutar. Y, además, esté terminado para un proceso, ya sea de delivery, de atención, de single, Así lo veo yo un poco”, dice. 

En otras, palabras, según el mismo “Chalo”, “todo buen máster es aquel que tú no distingues problemas, que no distingues situaciones que te compliquen tu decisión de escucha o tu disfrute de una escucha. También, el buen máster es aquel tratamiento electroacústico que permite que el proceso que se le da a la canción la haga desenvolverse en medios masivos, físicos, vinilos, CD, casetes, digitales, streaming, YouTube, plataformas y todo lo que esté por inventarse, dispositivos, celulares, computadores, barras, parlantes Bluetooth, audífonos, para qué decir”. 

Mejor, explicarlo con un caso concreto. “Antiguamente, por ejemplo, me acuerdo cuando yo empecé recién en el sonido, a veces hacía canciones con bandas, y una de las problemáticas que teníamos era que las radios no nos querían tocar.  Y decían ‘no, porque ustedes no suenan bien’. Yo te pongo un ejemplo, pongo a Guns N’ Roses o a Charly García y suenan muy clarito, muy fuerte, y todo en su lugar. En cambio, ‘tu canción está como enterrada, suena como opaca, no tiene energía’. Bueno, ahí es porque el mastering todavía a lo mejor estaba muy en pañales en nuestro país”, sostiene

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Francisco Holzmann (39) lleva más de 10 años dedicados exclusivamente al mastering. Hoy tiene un estudio dedicado a esto en Providencia. Ahí hizo el último disco de Los Búnkers, “Noviembre”. 

Para él, lo que hace es reinterpretar la mezcla que le mandan, que es un archivo de audio, al cual le tiene que meter mano para que suene perfecto en su estilo y con un volumen competitivo con el resto de las canciones. Esta es otra arista, los artistas siempre se quieren escuchar más fuerte y claro que el de al lado. Esto también es parte del trabajo. 

Yo creo que el máster es el proceso final de creación y de cierre de la música. En el que se crea como el archivo final que todo el mundo va a escuchar”, señala. “Yo en esa cadena puedo ecualizar, puedo comprimir, puedo resaltar ciertas cualidades de la mezcla, puedo dar más bajo o menos bajo. Puedo jugar con ciertas texturas a través de la máquina, a través de los plugins, a través de lo que sea para llevar un poco al imaginario que yo tengo en mi cabeza donde quiero llevar esa canción”. 

Para Holzmann, un buen máster es el “que resalte las cualidades y la riqueza de la música o de las canciones. Y que lo resalte en un modo positivo. También puede ser un modo negativo, pero que sea positivo al mismo tiempo. A mí, muchos másters me piden un toque de distorsión. Como de saturación. Porque les gusta como cruje. Y claro, en el mundo más técnico puede que lo vean como un sacrilegio”. 

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Otro ingeniero en sonido dedicado al mastering en Chile es Arturo Zegers (38). Su trabajo ahora lo hace desde un estudio cercano al volcán Villarica, tras mudarse desde la capital. Lo que él hace con las canciones, es “barnizarlas”, dice. 

“Me pasa que creo que el mastering es como barnizar un mueble, Cuando uno termina de hacer un mueble, muchas veces uno dice ‘está lista esta silla, esta mesa, esta repisa’, ya se ve terminado. El mueble no va a cambiar nada si es que lo barnizo, pero cuando uno lo barniza, como que se redondea, como que ahora brilla bonito, como que la madera absorbe el barniz y se pone como más linda la beta”, indica. 

Las masterización, de acuerdo a él, no hace ningún cambio radical, sino que son “microcambios que hacen que la canción se entienda un poquito mejor, que suene fuerte así como las otras canciones que están en las plataformas digitales para que cuando una persona X la esté escuchando no se le mate espacio”. 

“Yo cada vez estoy más convencido que artistas confían en ti, no por tus máquinas, no por tus parlantes, sino por tu experiencia y porque están buscando una especie de visto bueno también. A veces toma harto rato producir una canción y mezclarla y sentir que está lista. Entonces, a veces los artistas necesitan que pase por otras manos, que son las que confían, caleta, y que tú les digas, ‘hice súper poquito y está lista’. Y con eso ya está más o menos lista para ser publicada”, relata Zegers, quien ha trabajado con Diego Lorenzini y Niña Tormenta. 

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Un trabajo de masterización profesional puede ir de los 50 mil pesos chilenos hasta los 400 dólares -si es que se hace afuera- por canción. Estos artesanos del sonido pueden trabajar entre 8 a 10 canciones diariamente. 

Y por más que los tres ingenieros hablen casi que de manera abstracta de sus trabajos, la verdad es que sus estudios están compuestas por varias máquinas que hacen parecerlas una nave espacial. Aunque todo esto, también se puede hacer digital con los plugins, que son emuladores de lo análogo y suenan casi idénticos a los originales. 

Para hacer un máster, “Chalo” González explica que se necesita un computador, una interfaz de audio y un programa de edición de sonido, además de unos parlantes o audífonos (estos son mal mirados por los más puristas). 

“Lo segundo, que es un poco menos básico, pero un poco más profesional, es tener un espacio de mastering, un estudio con un tratamiento que te permita poder escuchar estos medios de manera coherente y tratar para que no interfieran en la escucha. Una habitación de una casa sin tratamiento, un departamento, no sirve, en teoría, porque no tiene las condiciones acústicas para que uno pueda tomar decisiones correctas, pero eso no impide que haya mucha gente masterizando en sus casas, y cada vez es un proceso que se ha ido democratizando y se ha ido normalizando en cuanto a que ya no es como un laboratorio donde hay una persona como canosa con lentes que nadie sabe lo que está haciendo“, señala. 

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Tanto “Chalo” González como Francisco Holzmann han sido reconocidos por los premios Grammy. Pero estatuillas para los masterizadores no hay. 

“En el caso de la Mon Laferte ella se ganó cantautora del año y en esa ecuación de Grammy todos los que participaron en esa grabación técnicamente ganan un Grammy, pero cuando son muchas personas hay una cierta cantidad de estatuillas designadas”, explica González. 

Sin embargo, destaca que “somos operadores de obras galardonadas con el Grammy, pero yo no tengo un Grammy que tenga mi nombre, así como ‘Chalo González se ganó este Grammy’. Pero es una cosa como medio semántica, porque todo el mundo cree que uno se gana el Grammy y todo el mundo le dice a uno que se ganó el Grammy, pero en realidad no tiene el Grammy físicamente”. 

A esto Holzmann no le interesa tanto. Afirma que si se ganara uno no lo pondría en su estudio y los certificados que ha recibido por la academia por ser nominado dentro de las categorías más grandes, como Álbum del Año, los tiene guardados dentro de sobres.

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Lo similar entre González, Holzmann y Zegers es que los tres llegaron a este oficio no como primera opción. Antes pasaron por producción y el mix de canciones. En el caso de Holzmann ya dejó de hacer esto. Casi no va a conciertos y le gusta pasar en su estudio. 

Por su parte, “Chalo” toma excepciones, cosas de peso para “parar el proceso del mastering”. Como ir de gira a México o Argentina o hacer el sonido de transmisión de festivales. Asimismo, indica que por su temperamento debe salir de la “oficina” a relacionarse con más personas de la industria, “si no pasaría todo el tiempo muy solo también, entonces soy súper sociable también. Eso es algo curioso también, porque los ingenieros de mastering tienen la fama de ser como medios ermitaños y poco comunicativos, porque tienen como un poder, están en una dimensión de la música que es como bien abstracta y además es como el último eslabón de la cadena, pero ese rol se ha ido como diluyendo un poco”. 

En cuanto a Zegers, sostiene que es “tentador ir como echándole cada vez más carbón a como la empresa de mastering, para ojalá a los 50 años, me gustaría ya estar como solo masterizando y preocupándome como de la calidad de los cables. El mastering también es un proceso -o sea, todo el área de la producción musical de los estudios- súper nerd, pero el mastering es como ya un nivel más profundo, que me parece súper excitante a mí, como desde la parte técnica”. 

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-¿A qué artista le gustaría masterizar?

“Chalo” González: “Me encantaría hacerle un máster a bandas que admiro, me encantaría hacerle un máster a Pink Floyd o a Radiohead, por ejemplo, pero lo más probable es que eso no suceda por razones geográficas y circunstanciales. De Chile, no sabría decirte porque he tenido la suerte de trabajar con casi todo el mundo. Pero, por ejemplo, una banda que me encantaría hacerle un máster es a Congreso. Es una banda que tiene casi 55 años de historia, me encantan, desde niño lo he disfrutado y tengo la suerte de conocerlo a todos y los he grabado. 

Francisco Holzmann: “A Miranda!, me encantaría hacerlo un día. Me encantaría trabajar con Princesa Alba, Pablo Chill-E,  Me encantaría volver a trabajar con Alex Anwandter. Ana Tijoux. No sé, igual creo que dentro de lo que es Chile, como que he suplido mi expectativa. Y de fuera, en Argentina, me encantaría trabajar con Calamaro o me encantaría trabajar con Babasónicos”.

Artuzo Zegers: “Me gustaría trabajar con Nils Frahm, me gustaría trabajar con Haia Rani, me gustaría trabajar con Javier López. Como ese universo de música que es música instrumental, que está volada, que me parece excitante, que me parece novedosa, que me parece como música que está como en otra carretera, que no es comercial. Si bien les está yendo increíble a esos artistas, como que me da esperanza ese estilo de música y artistas que están preocupados de que la música sea una experiencia rica, que se viva”. 

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