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15 de Junio de 2024

Vivir en medio de la crisis de empatía: cómo se detonó un cambio social donde no hay tiempo ni ganas de escuchar los problemas de los otros

Existen varias razones externas en las personas que hacen difícil el desarrollo de la empatía. Una muy importante está ligada a las exigencias que tiene la sociedad como el éxito, los méritos y la bonanza económica. "En esta condición de vida se refuerza en la individualidad. Las personas terminan construyéndose de manera egocéntricas", explica la antropóloga Amaya Pávez-Lizarraga. Aquí, ella y otros expertos intentan dilucidar las razones detrás de que muchos chilenos sientas que viven en medio de una crisis de empatía.

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Entrar al metro y ver cómo nadie le ofrece el asiento a personas que objetivamente lo necesitan más en ese momento, ignorar a personas que piden limosna en la calle, dejar de ir a ver a un ser querido porque parece aburrido o siempre tiene los mismos problemas, o saltarse la fila en el tráfico, son cosas reconocibles donde la falta empatía se evidencia en el día a día.

De acuerdo con el doctor en filosofía David Martínez-Pernía, esta crisis social, la de la empatía, tiene que ver con cómo las personas actúan frente al sufrimiento de los demás. “Hay dos tipos de respuesta por la empatía por dolor. La primera puede ser desarrollar angustia cuando se ve a otro sufrir y tener la necesidad de alejarse, desvincularse y marcharse”, explica. “La segunda es todo lo contrario y consiste en que la persona además de entender el dolor del otro, se involucra y transforma la angustia en una ayuda”.

Vivimos en una época en la que las personas actúan con menos empatía, piensan los expertos. “Somos malos para escuchar activamente”, agrega David Martínez-Pernía, quien es director del Centro de Neurociencia Social y Cognitiva de la Universidad de Adolfo Ibáñez. “La empatía se reconoce como la capacidad de contactarte, pero cuando tú devuelves un problema o buscas soluciones únicamente basado en tus prejuicios o puntos de vista, esa ayuda puede ser ineficiente“.

Muchas veces esa falta de empatía no solo se desarrolla con otras personas en la calle, muchas veces esa falta de escucha y entendimiento proviene de las personas más cercanas y con las que existe mayor confianza, como amigos y familiares.

A Constanza Pladellorens (31) le pasó que se fue a vivir fuera del país este año. Al poco tiempo, por motivos sociales y culturales, comenzó a sentirse muy sola. Recuerda que quiso contarle a sus amigos en Chile cómo se sentía y lo duro que se sentía vivir tan lejos de ellos y de su tierra natal. Sin embargo, las respuestas de ellos la hicieron sentir que no la estaban escuchando realmente.

“Me decían que viajara, que aprovechara, pero no entendían que no tenía plata para hacerlo. Me preguntaban que cómo era posible si ganaba en euros. Que me quejaba por las puras”, cuenta la joven. “Era triste. Llegaba a puntos en el que sentía que era mejor no contar nada”, recuerda.  

En un contexto social donde el estrés y la meritocracia lideran habitualmente en los pensamientos, la gente puede abstraerse de escuchar atentamente. Según los especialistas, puede que esto dependa de cómo está la gente aprendiendo a escuchar desde un principio. “Lamentablemente, no desarrollamos tanto estas habilidades empáticas en la sociedad“, indica Christian Berger, académico de la Escuela de Psicología de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Para el experto el desarrollo de la empatía, de hecho, suele estar malentendido por la forma en que analizamos el desarrollo individual en la sociedad: “Los indicadores que se miden en educación históricamente siempre han sido indicadores académicos. No son medidos a través de sus capacidades socio-emocionales”, expresa.

Empatizar solo en la zona de confort

Para Amaya Pávez-Lizarraga, antropóloga y académica de la Universidad de Santiago de Chile, existen varias razones externas a las personas que hacen difícil desarrollar empatía. Una de ellas, son las exigencias que tiene la sociedad. Que las personas deben tener éxito, méritos y bonanza económica. “En esta condición de vida se refuerza en la individualidad. Las personas terminan construyéndose de manera egocéntricas”, indica Pávez.

Vicente Espinoza, sociólogo e investigador del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES), relaciona la falta de empatía con las sociedades capitalistas. Esa sería una razón por la que la gente ve al otro como un recurso para lograr algo, y no como un ser humano. “Lo que estás viendo cuando miras a otra persona no es un ser humano, es alguien que agrega o no agrega valor”.

Existen estudios que pueden dar pistas de si las personas están poniéndose en el lugar del otro. Un indicador sería la confianza que tienen las personas en los demás. Por ejemplo, de acuerdo con la encuesta “Confianza Interpersonal en el Mundo” de Ipsos del 2022, el 20% de los encuestados chilenos contestó que sí confía en los demás. El resultado, es bajo -10 puntos menor que el promedio de los demás países encuestados-.

Se trata de un rasgo particular de nuestra cultura e idiosincracia. “Uno podría decir que en la sociedad chilena no existe comunidad, pero en realidad no es así. Si tú le preguntas a alguien si confía en su familia, obviamente que lo hacen. El problema es que hay mucha más confianza hacia adentro”, analiza Espinoza. Ese exceso de seguridad que se produce en la relación con gente cercana, excluye rápidamente a quienes tienen características con las que las personas no se sienten cómodas. “Ahí se produce la disminución de la empatía y el aumento de prejuicios”, continúa el especialista.

Volver a aprender a escuchar

David Martínez-Pernía, indica que sentir empatía es andar como en bicicleta o una receta de cocina. Es decir, es una habilidad que se va aprendiendo y desarrollando con el paso del tiempo. “Un avance, es darse cuenta de que cuando estamos delante de personas que están sufriendo, uno es como un espejo de su sufrimiento. Por eso, una forma de mejorar el contacto empático, es explorando mi propia emoción para evitar este hábito automatizado de huir de aquello de lo que me produce malestar“, dice el experto.

La habilidad socio-emocional de la escucha, al igual que una habilidad física, se puede aprender. “Es una habilidad súper compleja, no es como que uno la tenga o no. Si yo estoy tranquilo en mi casa, bien alimentado, no tengo problemas ni estrés, probablemente me sería muy fácil regularme. Pero si estoy en condiciones de pobreza, hijos enfermos, dificultades de trabajo, probablemente mi emocionalidad va a estar mucho más demandante y va a ser más difícil que se autorregule”, ejemplifica Beger.

En el caso del psicólogo Christian Berger complementa la idea de exponerse a la emoción ajena, que puede sacar a una persona de su zona de confort o ser distinta a lo que uno piensa. Y así, entender. “Lo que uno podría hacer es entender más a otros, comprender que las experiencias son distintas, abrirse a las experiencias, respetar a la diversidad“, dice. Eso en la sociedad, se traduce en un sentido de comunidad, que “se logra teniendo condiciones para que las personas distintas se encuentren, que puedan conversar en contextos más seguros y no de conflicto”.

La antropóloga Pávez-Lizarraga especifica las razones de por qué no podemos vivir sin ese sentido de comunidad que nace gracias a la empatía. “Si tú te haz concebido como persona pensando en que los demás son una amenaza y que tu vida solo depende de ti, te va a costar mucho más ser empático o ver la necesidad del otro. No puedes hacer todo solo. Es una falacia”, concluye la experta.

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