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2 de Julio de 2024

La historia del ambientalista de Cahuil a quien su pato lo persigue como si fuese un perro y de cómo limpia las playas de Chile junto a sus mascotas

Ivan Jimenez, Elvis y Diabla

Ivan Jiménez (40) tiene un objetivo: seguir haciendo crecer su proyecto para llegar a más colegios y comunidades. Su mensaje, la importancia del cuidado de las zonas costeras del país. Para esto tiene dos acompañante, su pato Elvis - que incluso entra con él al agua a limpiar - y su fiel compañera Diabla.

Por Felipe Betancour

Iván Jiménez (40) inició su primer proyecto hace diez años. A partir de cuero reciclado, comenzó a confeccionar pulseras. El nombre de su emprendimiento fue Pata de Pato. Esto debido a su segundo nombre Patricio y el apodo que tenía en el colegio Iván Patito. Hoy, desde la sexta región, en el sector Cahuil impulsa proyectos en colegios para concientizar sobre el cuidado del medio ambiente. Esto no lo hace solo, ya que lo acompañan sus mascotas: su pato Elvis y su perro Diabla. 

Iván cuenta que para darle un sello especial a su marca, pensó en adoptar un pato. Para eso, preguntó por Facebook dónde le respondieron que no estaban en temporada de reproducción, por lo que sería difícil encontrar uno. Pasó el tiempo y una amiga que trabajaba en un zoológico le dijo que había un macho y una hembra para ser adoptados. Iván no lo pensó y acepto. 

A la pareja le puso Celia y Compay Segundo, en honor a los músicos cubanos. Compay fue su primer compañero en la tarea de recolección de basura en la zona de Cahuil y Punta de Lobos. Sin embargo, luego de un tiempo, el ave abandonó la noble misión para aparearse con Celia. De esta relación nació Elvis, que antes de convertirse en el protagonista de la historia sufrió momentos complicados al nacer, que casi terminan con su vida.

Ya recuperado, Elvis y Diabla comenzaron a seguir a Iván a su trabajo y sus proyectos. Uno de ellos, limpiar la zona del parque Punta de Lobos, que años atrás era un lugar abandonado y sucio, casi como un basural. Entre cinco artesanos comenzaron a hacerse cargo de la zona y de la limpieza. La labor la realizaba acompañado de su pato, lo que causaba la atención de turistas y surfistas. 

Tras ver como los niños agradecían su labor y se sumaban a recoger algo de basura en la playa a Ivan se le ocurrió que esto podía tener un impacto positivo en las escuelas de la zona. 

“Al visitar los colegios, lo que yo buscaba es como poner la semilla de conciencia y voluntad mediante la educación significativa. ¿A qué me refiero con esto? Que a grandes rasgos es como tres animales de diferentes especies, sin hablar del mismo idioma, sin pertenecer a la misma raza, pueden hacer algo por el medio ambiente”, asegura Iván que se pasea junto a Elvis y Diabla por las salas de clases de la zona. 

La limpieza del vertedero de Cahuil

Iván destaca que uno de los momentos más importantes fue la gran limpieza del vertedero clandestino frente al puente Cahuil. En esa instancia, logró motivar a escolares y con la ayuda de la comunidad – que ayudó hasta regalando sacos para llevar la basura – se cumplió el objetivo de la conservación y el cuidado del medio ambiente. 

“Ese día llegó la junta de vecinos, los boteros de Cahuil, que fueron fundamentales porque pudimos sacar todo ese material, o sea, toda esa basura en sus botes. Entonces fue algo superorgánico y bonito, así como que se unió toda la comunidad. Incluso llegó gente de otra zona solo por el boca a boca”. 

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La historia y la relación de Iván con sus mascotas incluso se convirtió en un libro. La ilustradora Antonella Reveco se inspiró en el grupo y creo el libro “Clan Pata de Pato”. 

Hoy Iván se encuentra en Santiago, dónde espera llevar esta experiencia – y sus mascotas – a comunas vulnerables para que estudiantes puedan ver como la comunidad es capaz de cuidar el entorno. Para eso, ya está en camino a crear su propia fundación y así encontrar auspiciadores para hacer seguir creciendo su proyecto. 

Otro motivo de orgullo es la creación de un escenario y tienda móvil, hecho solamente con material reciclado y que ha ocupado de plataforma para llevar cultura y seguir concientizando sobre el medio ambiente. Para esto ocupa cosas que reutiliza como puertas o elementos de casas en demolición. 

Finalmente, y en medio de su visita a Santiago, asegura que tiene una meta: “No puedo irme con las manos vacías”. Para eso mandó a imprimir 100 copias del libro y ahora busca generar que la mayor cantidad de gente conozca su historia. “Te das cuenta de que uno a lo mejor puede tener las mejores intenciones, pero si no, el financiamiento no se puede hacer, es imposible. Las cosas se pueden hacer desde una buena voluntad, con un buen corazón, pero tienes que tener un feedback”. 

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