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Opinión

11 de Julio de 2024

Columna de Mirko Macari | Usted elige: remedio o veneno

Mirko Macari debuta como columnista en The Clinic haciendo un análisis sobre los libros de bienestar y crecimiento personal, sobre todo los de la autora Marian Rojas Estapé. "Recién licenciada en Medicina, Rojas Estapé se encontraba en ese viaje indagando en las causas del dolor y el sufrimiento humano y cómo trabajar sobre esos traumas profundos", escribe. Y añade: "La autora explica con evidencia y sin juzgar, cómo el perdón es una decisión que desata y libera otras emociones que, retenidas, son un cóctel mortal de toxinas para nuestro cuerpo". Para el coach ontológico el ser humano tiene un poder: "Hay un gran poder dentro de nosotros: el de elegir cómo reaccionamos, qué pensamos, qué decimos y sentimos. Y que, al hacerlo, minuto a minuto, estamos optando por darle a nuestro cuerpo -que es una gran farmacia caminando-, un remedio sanador o un veneno tóxico".

Por Mirko Macari

En 2015 la ONU lanzó un ambicioso programa llamado Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Se trataba que para el 2030 buena parte de los problemas más acuciantes de la humanidad, como poner fin a la pobreza, proteger el planeta del desastre medioambiental y garantizar el bienestar global de las personas en 17 diferentes áreas, estuvieran, al menos, en vía de solucionarse. Es la famosa agenda 2030, que incluso ha inspirado más de alguna teoría de la conspiración.

Pero la evidencia que hay hasta ahora, muestra que nada de eso va a ocurrir. La revista Forbes Colombia de Junio pasado consignaba que “según una investigación realizada en 2023 por la consultora británica Environment Analyst, el 85% por ciento de los indicadores están desviados y ninguno de los ODS está en camino de alcanzarse”. O sea, un fracaso rotundo de los organismos políticos a nivel global y local.

Los expertos se dieron cuenta que el asunto tenía un problema grave de foco: nada va a cambiar afuera en el mundo si primero no hay un cambio adentro de cada ser humano. Y eso porque, aunque nos han educado para creer otra cosa, el mundo que vemos afuera es solo un reflejo de lo que llevamos dentro. Han escuchado hablar del famoso cambio de paradigma, ¿no? Bueno, eso es.  

Por eso, más de mil líderes de 500 organizaciones a nivel global ya trabajan co-creando un programa denominado los ODI: Objetivos de Desarrollo Interior. En lo grueso, se trata de potenciar en cada individuo un puñado de habilidades blandas en el ámbito del Ser, Pensar, Relacionarse, Colaborar y Actuar. Sin estas, ninguna corrección del derrotero caótico del colectivo humano es posible.

Como nunca en la historia, además, una revolución del conocimiento disponible a nivel masivo, como la que viene ocurriendo en el terreno de las neurociencias, nos permite acceder a un completo mapa interior de nosotros mismos.

La importancia de leer y conversar en comunidad sobre estos temas me llevó a crear el taller “Lecturas para el Alma”, seleccionando alguno de los textos que comentaré en esta sección de aquí en adelante. La premisa es que, si para el cerebro leer regularmente es lo mismo que para el cuerpo físico hacer ejercicio, hacerlo para aprender algo que pueda mejorar nuestra calidad de vida de modo práctico -y conversarlo con otras personas a las que nos une ese mismo interés-, la posibilidad de transformar concretamente una o varias áreas de nuestras vidas crece de modo exponencial. 

El primero de estos es el libro “Cómo hacer que te pasen cosas buenas” (Ed. Planeta, 2018), de la psiquiatra española Marián Rojas Estapé. El año pasado escribí unas prematuras memorias para cerrar mi etapa laboral de periodista, lo que naturalmente me hacía estar atento al ranking de venta de libros de no ficción que se publica los domingos en El Mercurio.

De los 10, regularmente unos 7 u 8 corresponden a textos de bienestar y crecimiento personal. Eso en sí mismo es un indicador de algo, pensé. Creo que refleja muy bien la tendencia global donde cada vez más personas dejan de transferirle poder, interés y credibilidad a las decrépitas instituciones que nos gobiernan (partidos políticos, Estado, iglesias, medios de comunicación, etc.) y a la vez buscan ese poder dentro de sí mismas para construir sus vidas. 

Los tres libros de Rojas Estapé resultan especialmente porfiados para mantenerse meses, e incluso años, en la pole position de las ventas.   

Así que curioso, y acorde a los intereses de mis nuevas actividades como life coach, me fui de cabeza a ver qué había detrás de “Cómo hacer que te pasen cosas buenas”, que logre explicar sus ya más de 40 ediciones y la traducción a 9 idiomas. Aparte de su notable título, todo un acierto de marketing, por cierto. 

Y la respuesta es la simpleza. Simpleza para explicar de modo práctico un puñado de conceptos de la bioquímica que me recordaban las clases de ciencias naturales en las que siempre fui un alumno reguleque (cortisol, dopamina, oxitocina, citoquina, adrenalina y enzimas varias, entre otros), pero esta vez mostrando cómo cada uno de esos elementos es una sustancia viva, liberada en nuestro cuerpo como reacción a determinados pensamientos y emociones.

Todo esto intercalado por casos clínicos que la autora narra en primera persona, algunos de ellos muy emotivos y repletos de humanidad. Particularmente impactante es el caso de Mey, una chica de Camboya de 13 años que había sido vendida a una red de prostitución infantil y que ahora se encontraba en manos de activistas que tenían un centro de protección para niñas rescatadas de las garras de estas mafias que operan de manera bastante extendida en países del sudeste asiático. Recién licenciada en Medicina, Rojas Estapé se encontraba en ese viaje indagando en las causas del dolor y el sufrimiento humano y cómo trabajar sobre esos traumas profundos. 

Marian Rojas Estapé

Mey conectó inmediatamente con ella y en un inglés rudimentario le dijo: “Quiero ser periodista para escribir cuentos para niños para que sus madres se los lean. Los cuentos tienen que tratar de cómo los padres quieren y cuidan a sus hijos y nos los venden para la prostitución”.

Su relato continúa explicando que no tenía padres, que su abuela la había vendido a esta red y que un día se encontró en casa de un empresario extranjero junto a otras niñas. El sujeto la llevó un día a su habitación: “Me quitó la ropa, me hizo cosas horribles que yo no sabía que existían. Yo solo gritaba pero nadie podía escucharme… Esto se repitió otros días hasta que me di cuenta que no podía aguantar más. Decidí escaparme y una noche salté la reja y me fui. Recordé que hace tiempo había conocido a un señor de la India que nos traía arroz al barrio cuando no teníamos comida. Era un hombre bueno, me fui a la casa donde vivía. Era un misionero”.

Yo nunca había oído hablar christians. Él me habló de su Dios y de cómo había muerto en una cruz. Yo no he sido educada en ninguna religión, pero me interesó su historia y pregunté: ‘Cómo lo superó’. Su respuesta fue: ‘Les perdonó’.  Comencé a acudir por las mañanas a la pequeña capilla cercana, y hablaba con ese hombre puesto en una cruz de madera, le pedía que me ayudara a perdonar para librarme de la angustia y de la rabia. Un día mientras estaba en el suelo sentí que ya no sentía odio ni enfado. He perdonado al extranjero. Desde ese día mi vida ha cambiado”. 

No sigo contando la historia para que no me acusen de hacer spoiler. Lo cierto es que lejos de dar una filípica desde el púlpito de algún buenismo de lo políticamente correcto, la autora explica con evidencia y sin juzgar, cómo el perdón es una decisión que desata y libera otras emociones que, retenidas, son un cóctel mortal de toxinas para nuestro cuerpo. Y de cómo perdonar se trata mucho más del bienestar concreto y poderoso que se hace a sí mismo quien perdona, más que de la categoría moral del perdonado o lo perdonado.    

Pese a leerse rápido, en este como en otros muchos párrafos el texto me obligó en varias ocasiones a hacerme mi propio examen, observando decenas de pequeños y grandes pensamientos y emociones que me mantienen en la vereda opuesta del bienestar físico y emocional. Todo de manera inconsciente, por supuesto.

Hay muchos conceptos en el libro a los que ponerle atención y masticarlos hacia dentro. Aquí les dejo solo un puñado:

-“Ser amable y comunicarse de forma positiva, activa la oxitocina, disminuye la ansiedad y protege el corazón”.

-“Recordar escenas placenteras tiene un fuerte impacto en el cerebro. Recordad momentos especiales produce las mismas sustancias y activa las zonas cerebrales que se activaron cuando pasó en realidad”.

-“Los recuerdos tienen un poder curativo mayor que las experiencias positivas en sí mismas”.

-“El 90% de las cosas que nos preocupan nunca jamás suceden, pero el cuerpo y la mente las viven como si fueran reales”.

-“La felicidad no es lo que nos pasa, sino como interpretamos lo que nos pasa”.

-“Cada vez que imaginamos algo que nos agobia se activa en el organismo el mismo sistema de alerta, y se libera el cortisol (sustancia clave del estrés) que sería necesario para hacer frente a esa amenaza”.

-“Usa de forma sana tu imaginación. Si deseas algo –con cierto realismo- de verdad, y lo imaginas con fuerza, puedes conseguirlo”.

-“El cerebro no sabe diferenciar lo que es real de lo que es imaginario. Cada vez que modificamos el estado mental se produce un cambio molecular, celular y genético”.

Con esta última no pude dejar de pensar en los millones de chilenos que se despiertan y pasan sus mañanas pegados a los matinales de televisión y toda esa cultura del rating fácil con asesinatos, asaltos, truculencia y conflictos. Los cerebros y cuerpos de esos telespectadores no saben que eso no está pasando “allá afuera” y viven como reales para ellos el miedo, la angustia y la rabia, instalándolos inconscientemente en la ruta del malestar físico y emocional.     

De niño crecí rodeado de libros. En mi casa los había de todos los temas y en todas partes como veladores, estanterías y hasta en el baño. Pasaban por la política, la historia, la economía y la literatura y también los había de filosofías orientales. En estos siempre se citaba la máxima que estaba escrita en el Templo de Delfos desde la Grecia clásica: “Hombre conócete a ti mismo y conocerás el universo y a los dioses”. Me resultaba enganchadora la frase, pero para mi mente racional se hacía un poco esotérica. Imaginaba que había que retirarse a la cima de una montaña a meditar o algo así. Pero hoy me queda mucho más claro.  

En este tiempo fascinante que nos toca vivir, la doctora Rojas es una más de los muchos divulgadores que desde las fronteras del saber científico tradicional están dialogando con siglos de tradiciones espirituales, particularmente el budismo (que no es una religión), que nos venían diciendo desde siempre que hay un gran poder dentro de nosotros: el de elegir cómo reaccionamos, qué pensamos, qué decimos y sentimos.

Y que, al hacerlo, minuto a minuto, estamos optando por darle a nuestro cuerpo -que es una gran farmacia caminando-, un remedio sanador o un veneno tóxico. Y con eso estamos también haciendo de nuestra experiencia humana un cielo o un infierno. No hay que ir a ninguna otra vida para experimentar cualquiera de estos dos estados de la conciencia.

*Por Mirko Macari Squella, coach ontológico y speaker. Ex-periodista. Mail: [email protected]

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