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Entrevistas

27 de Julio de 2024

Nicolás Oyarzún: “Los roles que me dan trato de tomarlos, dar mi mejor versión, y si hay una línea más o menos de galán, hay que hacerlo”

El actor interpreta a un nuevo Manuel Pradenas, que en 2008 interpretó Álvaro Rudolphy en "El señor de la Querencia". "Cuando supe que iba a interpretar este papel, más que ir a la fuente, traté de encontrar mi propio camino, tomarme esto como una nueva teleserie", dice Oyarzún. Sobre el rol de "galán", un casting que ha interpretado en varias telenovelas, afirma: "A lo largo de mi carrera me gustaría poder hacer papel de antagonista y qué sé yo, pero tampoco nace desde una molestia, porque si no, me quejaría de lleno. Ojalá enfrentarse a la diversidad más grande que exista para ponerse a prueba".

Por Camilo Fernández
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Nicolás Oyarzún (37) está realizando un personaje protagónico que no es primera vez que se interpreta en televisión. Por ello, se podría decir que está en una posición difícil, porque las comparaciones son inevitables. Se trata de Manuel Pradenas, un obrero que viene a revolucionar la hacienda en la teleserie “El Señor de la Querencia”, en su versión 2024. 16 años antes, ese mismo personaje estuvo a cargo Álvaro Rudolphy

“Cuando supe que iba a interpretar este papel, más que ir a la fuente, traté de encontrar mi propio camino, tomarme esto como una nueva teleserie“, dice el actor. El rol tiene un tinte de galán que, si bien respeta, también lo ha varias hecho antes. El intérprete ha participado de otras producciones como “Generación 98”, “Amar Profundo” y “Perdona nuestros pecados”. Frente a esto, señala que “a lo largo de mi carrera, ojalá me toquen papeles lo más variopinto posible, porque me encantaría hacer infinitas cosas. Ahora, si no pasan todas, es probable. Pero uno siempre sueña con que pasen muchas cosas”. 

“A mí los roles que me dan trato de tomarlos y hacerlo desde el trabajo, dar mi mejor versión, y si eventualmente hay una línea más o menos del galán, por decirlo de alguna manera, o el antiguo galán, ahora el protagónico enamorado, hay que hacerlo”, agrega. 

—”El Señor de la Querencia” se hizo en 2008. ¿Crees que era un tiempo prudente para hacer un remake? 

—No lo sé, porque nunca se había hecho uno. Siento que uno no tiene antecedentes para poder saber cuándo es el tiempo prudente. Entonces, lo que sí, mi sensación era que había una generación importante de gente que no había visto la historia, que es muy buena. Y a mí me parecía muy interesante ver cómo una historia de 1919, que se contó en 2008, cómo se cuenta con los ojos del 2024. ¿Qué tanto hemos cambiado? Igual es como poner un poquito en jaque a la gente y decir: ‘¿qué tanto hemos cambiado en la visión a la violencia, en la visión a la diversidad?’. Me parece una decisión súper arrojada del canal, valiente, de parte no solamente de los actores, sino que de todo el equipo que enfrentamos este desafío. 

–¿Cree que se limita la creatividad para hacer contenido nuevo con esta estrategia?

–No, no creo, van por carriles distintos. No siento que esto sea un resultado de falta de creatividad. Tampoco siento que de ahora en adelante vamos a reciclar todas las teleseries del pasado para hacerlas. Mi sensación es que es marcar un hito, más que abrir la puerta a centenares de remakes. Tengo entendido que se vienen otros proyectos también, que son como ha sido siempre las teleseries, creaciones originales. A mí me da la sensación que a veces, por el público y todo eso, que se le da más importancia de lo que efectivamente es, que no es más que un simple remake, que se ha hecho en distintas partes del mundo, en otros países se hacen, y es mucho menos tema. 

–¿Qué otra teleserie merece un remake?

–Creo que existen muchas teleseries, que no necesariamente tienen que ser icónicas. Creo que hay muchas historias de teleseries pasadas que son como súper contemporáneas a los tiempos de ahora. No sé, te podría decir que “Alguien te mira”, pero claro, lo interesante ahí era saber quién era el malo, ya sabríamos todo. Pero siento que hay varias teleseries que podrían ser reversionadas.  Si me preguntas si me gustaría que se comenzara a reversionar durante mucho tiempo, no. Creo que es súper bueno que existan trabajos originales, y te insisto, creo que esto hay que tomarlo como un hito.

Nicolás Oyarzún: “Traté de hacer mi entrega humilde de mi propio Manuel”

–¿Cómo mira las comparaciones que se pueden hacer de su trabajo con el que hizo Álvaro Rudolphy en 2008? 

—Me parece que es evidente. Creo que cuando uno espera cosas imposibles, está destinado a pasarlo mal. Creo que es evidente, incluso en otras circunstancias donde los actores tienen que enfrentarse ni siquiera a un remake, sino que al mismo rol en distintas historias, existe la comparación, es inevitable. En ningún momento esperé que no pasara, y tampoco me complica que exista. 

–¿Y vio lo que hizo él en 2008? ¿Se basó en algunas cosas? 

–La vi en 2008, recuerdo la historia, recuerdo la sensación, pero no tengo la fragilidad de la cabeza, no tengo imágenes tan concretas. Sin duda uno tiene como ecos de lo que fue como espectador, pero más que ver lo que hizo Álvaro, intenté hablar con él y me dio su punto de vista, y lo trabajé paralelamente con la ayuda de Roberto Farías, y traté de hacer mi entrega humilde de mi propio Manuel. 

 –Es primera vez que se trabaja con un coordinador de intimidad en una telenovela. ¿Cómo mira la inclusión de ese coordinador, Eduardo Paxeco, en el set? 

–Me da la sensación que es un antes y un después, tiendo a pensar en eso. Y sin duda uno se siente mucho más cómodo, porque son lugares súper vulnerables, hay mucho pudor, hay mucho nerviosismo. Y aparte de eso tienes que sumarle el hacer la escena, como el conectarte con tu compañero, el dialogar con los textos, entonces hay muchas cosas que, gracias a la figura de Paxeco en este caso, despeja situaciones que son molestas a la hora de hacer una escena. Entonces está todo muy cuidado. 

Ya no tenemos los actores que ponernos de acuerdo para protegernos, sino que es casi coreográfico. Y mi experiencia trabajando con Paxeco es que es muy amable. Entonces uno se siente en un lugar muy cuidado. Y conversándolo con mis compañeros, que les tocan escenas mucho más como subidas de tono, por decirlo de alguna manera, eso es como un discurso común, que bueno que existe esta figura. Él llega con la película clara, con esa escena estudiada, planteando cómo hacerla, la conversa con dirección, la conversa con los actores y llegamos a un acuerdo donde todo claramente es con consentimiento de todas las partes y se genera una suerte de coreografía. 

Manuel Pradenas en el Chile de hoy

–Su personaje se rebela frente a José Luis Echeñique, quien posee el poder en la hacienda. Esto es en 1920. ¿Qué comparación puedes hacer con 2024? ¿Hay algo de esa rebeldía que se refleje actualmente? 

–Manuel es un personaje que viene en el norte y que aparece en la Querencia y trae todo lo que es la revolución obrera, se vienen las reformas laborales, en el norte empieza a pasar la cuestión social. Llega a la Querencia donde se ve un Chile súper cuidado dentro de un fondo patronal, y son la injusticia y el trato el que hace que se rebele. Hoy, me pasa que mucho hemos reaccionado y creo que eso, más allá de que nos pongamos todos de acuerdo o no, somos más reaccionarios a la injusticia, la que cada uno considera injusticia.

El liderazgo es el que nos falta, porque Manuel es un hombre que llega, se enfrenta a la injusticia y de alguna u otra manera toma una suerte de liderazgo para enfrentar a este grupo. Entonces, si fueran todos los inquilinos de la Querencia alegando, alegando, alegando y no se ponen de acuerdo, es súper fácil que el patrón los disminuya. Entonces siento que hoy existen esas ganas, ni siquiera son ganas, yo creo que es propio del ser humano, que cuando ve algo que le molesta, quiere cambiarlo. Y siento que lo que falta es un liderazgo, no digo de una persona, sino que de algo que te diga es por acá, vamos por acá. 

–Es un liderazgo político también.

–O sea, sin duda, creo que todas las figuras de liderazgo son políticos, pero no creo que tenga que ver con una figura estrictamente de un presidente, o de un senador o diputado. Lo vimos hace años en los movimientos estudiantiles donde, de alguna u otra manera, igual existían. Los cabros se ponían de acuerdo y tú veías liderazgos. Se ponían de acuerdo entre ellos (…). Siento que siempre eso tiene que ir ligado de acuerdo a través de un liderazgo. Estamos todos un poquito desordenados ahora, tenemos demasiadas herramientas y debemos encausarlas.  

El “galán”

—En una entrevista anterior con The Clinic dijo que no te gustaría quedar encasillado en el papel de “galán bueno”. ¿Cree que Manuel Pradenas es otro tipo de galán o se sale del arquetipo tradicional? 

—Siento que Manuel Pradenas trae una vida más dura, un abandono de su madre, no es un hombre violento, pero está por defender a lo suyo, cueste lo que cueste. Y probablemente más allá de todos los otros galanes, yo encuentro que este es el más noble, desde la real nobleza, no desde la parada de ‘no le hago daño a nadie’, sino como que tiene una convicción de nobleza que encuentro que está justificada. No es simplemente una persona buena, sino que tiene un discurso y eso a mí me ayuda muchísimo para poder afirmarme de algo y de alguna manera intentar hacer algo distinto.  

—¿Qué le falta para que le den un papel de villano, un rol que usted ha dicho que le gustaría tener? ¿Su casting de “hombre guapo” o “galán” le juega en contra?

—Mira, me parece que entrar en ese lugar es como… existe tanta discriminación en el mundo, pero hay algunas que atender mucho más que otras. Entonces ponerse a hablar de que ser guapo me juega en contra me parece una falta de respeto, porque también me ha jugado a favor en otras cosas. A lo largo de mi carrera me gustaría poder hacer papel de antagonista y qué sé yo, pero tampoco nace desde una molestia, porque si no, me quejaría de lleno. Ojalá enfrentarse a la diversidad más grande que exista para ponerse a prueba. 

–Hubo un conflicto entre los canales privados y el público a raíz de los dichos de Francisco Vidal, presidente de TVN. Él dijo que “no tener televisión pública en el ecosistema de medios de televisión, implica que los chilenos se informen por grupos económicos como Luksic (Canal 13) o Heller (Mega), o por unos gringos que andan circulando en Chilevisión y andan cambiando de propiedad”. ¿Qué le parece esa afirmación? 

–Le tengo un infinito cariño a TVN, no solamente porque empecé a trabajar ahí, sino porque tengo amigos que hasta el día de hoy trabajan ahí. Mis grandes amigos también han pasado por TVN, el equipo con el que trabajo ahora, muchos, trabajaron en TVN. Siento que, de alguna u otra manera, TVN, como el canal público, tiene que dejar de, en el fondo, como justificar cosas y tiene que empezar a ponerse las pilas. Yo no sé si a través de políticas públicas o qué se yo, pero sí creo que un canal público, un canal estatal, es fundamental para una sociedad.

Es lo que yo creo. Puedo estar súper equivocado frente a los ojos de otros. Pero tienen que mirarse y decir cómo arreglamos esto, más que estar mirando para afuera, porque si te pones alegar y alegar y alegar, van a aparecer siete u ocho canales privados y qué. En el fondo, ¿qué hizo TVN frente eso? Actuar como oposición, de alguna u otra manera, no me parece que sea el camino para conducir como creación y cambio real. 

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