Opinión
29 de Septiembre de 2024
Perfil de Marcela Cubillos: Cubillos, retroceder jamás
Por Kike Mujica
Kike Mujica, columnista de The Clinic, perfila a la exministra Marcela Cubillos, en medio del escándalo de la Universidad San Sebastián. "Es una derechista químicamente pura", reflexiona el periodista, quien analiza los movimientos de la candidata alcaldesa y la dureza con la que respondió a su sector en medio de la crisis.
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“En política nunca retrocedas, nunca te retraigas, nunca concedas un error”.
Napoleón.
Marcela Cubillos es una derechista químicamente pura. A saber:
-Votó que Sí y no lo niega. Menos se arrepiente.
-Es gremialista de cuna: estudió Derecho en la UC. Cercana a Jaime Guzmán y Andrés Chadwick.
-Es conservadora.
-Enarbola la doctrina de una derecha sin complejos y desprecia a la “derechita cobarde”.
-Es panelista del programa radial de “Checho” Hirane.
-Desconfía de la izquierda gobernante a tal punto que no cree en los acuerdos con ella. No les cree nada.
-Nunca, pero nunca, diría “todes”.
-Fue directora Ejecutiva de Libertad y Desarrollo.
-Detesta a los Evópoli.
Cubillos es hoy la tercera figura más importante de la derecha, después de Evelyn Matthei y José Antonio Kast. Esta semana disparó con un AK-47 a todos los que le pidieron explicaciones por su sueldo de $17 millones como académica de la Universidad San Sebastián.
Tuvo balas para el octubrismo, la ministra del Interior, Carolina Tohá, la izquierda radical, el presidente Boric e incluso para su hermano Simón.
Y también para la UDI.
El jueves pasado el presidente del partido, Guillermo Ramírez, sentenció: “El monto que recibía Marcela Cubillos es muy alto, es incluso muy alto en comparación con otras labores académicas similares y por lo tanto esto requiere una aclaración”.
Una ráfaga vino de vuelta.
“Soy independiente hace más de 12 años… pero si al presidente de la UDI le preocupan los altos sueldos en una universidad privada, que parta por preguntar a la USS y a todas las universidades privadas por los sueldos de los militantes de la UDI que ocupan cargos directivos”, respondió Cubillos a través de X.
Le quedaron las manos pasadas a pólvora. Cubillos debe ser una de las políticas con más adversarios en Chile. O enemigos. De lado y lado. Y parece gustarle.
-“Se le tiene amor u odio”, dice un dirigente de la UDI. -¿Usted le tiene amor u odio?, le pregunto.
-“Paso”, me responde.
La familia marina de Cubillos
Marcela Cubillos Sigall nació en Viña del Mar en 1967 (57). Es hija, nieta y bisnieta de marinos. Su padre, Hernán, fue canciller de Pinochet (1978-1980) y presidente de El Mercurio; su abuelo fue comandante en Jefe de la Armada (1962-1964) y su bisabuelo, Demetrio, fue contralmirante.
Su abuelo materno es el famoso doctor Luis Sigall, uno de los fundadores del Festival de Viña del Mar. Antonio Vodanovic lo saludaba todas las noches: fue presidente del jurado entre 1962 y 1982, cuando murió.
Los Cubillos Sigall eran cuatro: Luis Hernán, Felipe, Nicolás y ella. Felipe, fundador del Desafío Levantemos Chile, murió en la tragedia aérea de 2011 en el archipiélago Juan Fernández.
Cubillos estudió en el Colegio Los Andes y en La Maisonnette. En derecho de la UC fue alumna de Jaime Guzmán y ayudante de Andrés Chadwick. Tiene tres hijos y es fanática del ballet.
Fue diputada (2002-2010), ministra de Medio Ambiente (2018), de Educación (2018-2020) y convencional constituyente (2021-2022).
En 2013 se casó con Andrés Allamand. Ese año renunció a la UDI porque su marido fue candidato de RN a la primaria presidencial de la derecha.
Siempre alerta
Volvamos a esa primaria del 2013 entre Allamand y Pablo Longueira.
El 20 de junio en TVN -era director de prensa- organizamos el debate respectivo. Siguiendo el protocolo de este tipo de eventos, los candidatos y sus invitados visitaban en la tarde el set televisivo, para revisar sus ubicaciones, la iluminación y otros detalles.
Lo que era una visita de cortesía se transformó en un problema. En un arresto de creatividad habíamos producidos unos videos -muy cortos- en el que una docena de ciudadanos anónimos manifestaban en cámara lo que querían y le pedían a los candidatos de la derecha para Chile.
Con el ánimo de que los candidatos no se sorprendieran con los videos, decidimos mostrárselos ex ante. Allamand llegó con Cubillos muy relajados al canal. Fuimos al set, apagamos las luces y pusimos play.
Todo sonrisas hasta que un señor dijo que deseaba “un Chile más justo”.
Cubillos, entonces, ordenó parar de inmediato el video. Muy indignada reclamó “mala leche” e “imparcialidad” de TVN. Y que pretendíamos pasar por contrabando un mensaje.
Ella había reparado algo que nosotros sin malicia alguna no habíamos visto: el eslogan de Longueira era… “por un Chile más justo”.
En ese momento se acabó la visita. Allamand y Cubillos se retiraron muy molestos del canal. El video se fue al tacho de la basura: nuestra única preocupación era que Allamand no se bajara.
Le cuento este episodio a un UDI que conoce bien a Cubillos. Me dice: “Así es ella: vive en estado de alerta, lo que es muy necesario en la política, un mundo lleno de zancadillas y puñaladas por la espalda. Es muy hábil en eso. Pero, por eso mismo, de pronto a veces ve fantasmas donde no hay y se enfrasca en un choque permanente”.

Hijos de la Convención
Cubillos representa a una derecha que desde 2019 hasta 2022 vivió a la defensiva -aterrada y shockeada- por el estallido y la posterior Convención Constituyente y su ultrismo desbocado.
Un estado de ánimo sólo homologable a los temores y el odio que despertaron para su sector la Reforma agraria, la UP y el plebiscito de 1988.
Casi todo el arco de la derecha chilena se polarizó. Sobre todo cuando, según muchos, “Piñera entregó la Constitución de 1980”.
Cubillos encarna este momentum.
“Más aún cuando tuvo que pasar por Vietnam”, dice un exconvencional de derecha, aludiendo al proceso constituyente, donde su sector fue avasallado. Muchos recuerdan a Hugo Gutiérrez, medio en broma medio en serio, gritándole a los convencionales de derecha “compañero XX… qué se siente ser minoría… jajaja”.
“En el sector había dos tácticas para encarar el proceso: la UDI y Republicanos iban a la guerra; en Evopoli y RN teníamos la esperanza de poder llegar a acuerdos. Recuerdo que a los 7 días de comenzar el proceso, Marcela se me acercó y me dijo que íbamos a hacer el loco porque la izquierda no quería nada”, recuerda un constituyente. “Tuvo razón”, agrega.
Luego del abrumador triunfo, a la derecha le volvió el alma al cuerpo y también afloraron sentimiento como la desconfianza con la izquierda y otro que más bien callan: la venganza.
Cayetana e Isabel
Hay almas en la derecha. Dos a lo menos. A una, la que antepone la palabra “centro”, no le gusta Cubillos, pero en caso de que sea el último ratio, votarían por ella. En la otra, la derecha a secas, Cubillos acapara una adhesión similar a la de Kast.
Para los más centristas -o “liberales”- ella encarna una política adversarial, que evita los consensos. Para los derechistas a secas, eso precisamente es la seducción y promesa de Cubillos: ganar la guerra cultural contra la izquierda woke y radical.
Con dureza, agresividad, sin dejar pasar una. Al frente está el enemigo.
Esa derecha “cubillista” mira con desdén a la derecha liberal, light, ingenua, acomplejada.
De mis entrevistados para este perfil, por lo menos cuatro me mencionaron a dos personajes de la política española que se asemejan a Cubillos: Isabel Díaz Ayuso y Cayetana Álvarez de Toledo.
El diario El País de España, el más importante, escribió en una nota:
“Hay quienes ven en su estilo -el de Cubillos- un cierto espejo con la española Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid del Partido Popular (PP), que ha logrado ser una bisagra entre el PP y Vox, de la extrema derecha con un liderazgo más duro, frontal y desacomplejado en lo conservador. A diferencia de Matthei –que busca dar el sorpasso a los republicanos ultra–, Cubillos quiere a las dos derechas unidas y fuertes. Y desde ahí, una vez que el sector se imponga a la izquierda, salir a disputar espacios”.
La semana pasada, Cubillos se reunió con la diputada española del PP Cayetana Álvarez de Toledo, quien subió a sus redes una fotografía con la política chilena en la que la describió como “una mujer inteligente, una política valiente y la esperanza de muchos chilenos”. Alvarez de Toledo vino a Chile invitada por Cubillos.
Dicen en la UDI que su estadía en Madrid acrecentó los lazos con estas dos figuras pop de la derecha española. Pero más que imitarlas, fue en encuentro de estilos gemelos.
Un militante UDI tiene un bemol: “Cierto: es dura y frontal como Díaz Ayuso. Pero le falta algo muy importante de ella: simpatía”.
Encontronazos
En la UDI hay sentimientos encontrados con Cubillos. Paz armada, para algunos; cercanía y amistad para otros. Hubo cabreo cuando este semana se le lanzó al cuello a Guillermo Ramírez, el timonel de la UDI.
“Expuso a la UDI para salvarse ella”, dicen.
“Ella siempre ha sido la elegida de cierta derecha, pero esta vez se le pasó la mano”, agregan. “Chadwick toda la vida la ha protegido”, dicen. “Ella tiene vida propia. Y carácter, algo que nos ha faltado en el sector”, responden.
Cubillos apuesta por su caudal electoral que la exime de tener partidos a quienes rendir cuentas. Eso molesta, a su vez, en las colectividades. “Tiene un discurso anti partidos que molesta, muy populista, muy de caudillo”, me dice un Evópoli.
En la primera campaña de Piñera integró el petit comité político con Hinzpeter de cabeza, y más abajo Chadwick, Allamand y ella. Los dos últimos postulaban la teoría del desalojo. Hinzpeter y su grupo creía en acompañar la crítica necesaria contra la Concertación con una propuesta más fresca que sólo el choque. Las diferencias al pasar de los días se hicieron insostenibles. Entonces Cubillos salió del epicentro del comando.
Su desembarco en la campaña en Las Condes también trajó colaterales en la derecha. Para unos molestó que la jugó sola, sin incluir a los partidos. Para sus partidarios, fue ejecutiva y solucionó los problemas. “Como se necesita en la derecha: gente convencida y ejecutiva”, me dicen.
Cubillos: ¿UDI o republicana?
“Existe una derecha marcada por un sello de por vida: el gremialismo”, me dice un UDI que no nació en ese barrio. Cubillos proviene de esa vecindad, donde se cruzan UDI y Republicanos, como una familia, distanciada y mal avenida a veces, pero familia política al fin y al cabo.
Evelyn no entra en el clan.
Cubillos sí. Kast también.
Muchos en la derecha sostienen que la única diferencia política entre Cubillos y Jose Antonio Kast se remite a una razón práctica pero no por eso menos tremenda: existe sólo una banda presidencial.



