El diario de una adicta a Shein: “Empecé a gastar con la lógica del ‘me lo merezco’ muchas prendas que no necesitaba y que quedaban en el clóset”
Valeria, una matrona de 28 años, relata cómo su fascinación por la moda la llevó a caer en la adicción a Shein, una plataforma que le facilitaba comprar compulsivamente gracias a sus bajos precios y ofertas constantes. Influenciada por redes sociales y los "hauls" de creadoras de contenido, Valeria llegó a gastar grandes sumas de dinero y a vitrinear en la app por más de 40 minutos diarios. "Fui dependiente de la aplicación en el sentido de que cuando estaba aburrida me metía. Era muy parecido entrar a ver historias de Instagram que ‘vitrinear’ en Shein", explica. Aquí, su relato en primera persona.
Por Sebastián Palma 5 de Octubre de 2024
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Mi nombre es Valeria, tengo 28 años y soy matrona en una clínica privada. Mi relación con la ropa comenzó cuando era muy chica, siempre me interesó. Tenía una fascinación con la moda; mi mamá siempre se preocupó, y desde niña yo elegía qué ponerme. Cuando crecí, empecé a maquillarme y en el colegio veía un programa que se llamaba Project Runway (Pasarela de Moda) que daban en el cable y que ahora está en Netflix.
Mi gusto por la ropa era conocido entre mis familiares y amigos. De hecho, en el anuario del colegio, en esas reseñas que hacen, me pusieron “fashionista” y “la que se preocupaba más por los outfits”. Cuando comencé a comprar ropa, como la mayoría, lo hacía en malls. Eso era lo más accesible para mí. Yo vivo en Puente Alto, entonces ir a Patronato o a otros lugares me quedaba muy lejos. Después llegaron otras marcas de ropa como Zara o Forever 21. Me acuerdo que cuando estaba en la universidad fue como un boom de las modas de Pinterest; todas esas prendas estaban en Forever 21.
Para poder comprar ropa lo hacía mayoritariamente con mi plata. Cuando estudiaba, trabajé de cajera en la Luxor, una discoteque en La Florida. Ese trabajo potenció mi gusto por la ropa, veía que las mujeres llegaban de punta en blanco. Ahí me di cuenta de que la imagen vende. El personal tenía que seguir una línea para llamar la atención de la gente.
Por esa época, ganaba unas 300 lucas al mes, y diría que me gastaba $100 mil en ropa y maquillaje. Era un tercio de mi sueldo, y era bastante. Buscaba ofertas; recuerdo que le pedía la tarjeta a mi mamá para pagar en cuotas.
A Shein lo escuché poco antes de la pandemia. Me salían varias publicidades en Instagram, pero al principio las ignoraba, no compraba porque me daba mala espina que los productos viniesen de China. Pensaba que era como Aliexpress. Eso cambió cuando me empezaron a salir reviews de ropa en TikTok e Instagram y también por amigas cercanas que compraron y me mostraron que la ropa era de buena calidad y a buen precio.
Ahí empecé a conocerlo. La diferencia de precios era notable. Si en Zara una chaqueta costaba $50 mil, en Shein la podía encontrar a 15 lucas. Los precios me llamaron mucho la atención, y en mi cabeza empecé a sacar cuentas. Me decía: “Si en el mall esta polera cuesta 20 lucas, acá me está saliendo $5 mil”. El problema es que, por lo baratas, terminas comprando cuatro aunque no las necesitabas.
Lo primero que compré fueron unas poleras, un top de uso diario y un vestido de flores. Después me di cuenta de que podía comprar ropa para salir a carretear, cosas con brillos y más detalles. Esa era una muy buena opción. Descubriendo Shein, me di cuenta de que hay dos formas de comprar: por página web y por la app. La mayoría compra por la app. Ahí pones la dirección, los datos bancarios y te pones a “vitrinear”. Hay de todas las categorías, incluso ropa para el perro.

Ya había hecho compras internacionales que no ofrecían muchas facilidades, pero en Shein comprar es súper fácil. Ofrecen pagarlo en cuotas, es muy similar a comprar en una tienda. Esa creo que es parte del negocio: te deja la tarjeta guardada. Es como un Uber de la ropa. No te das cuenta de lo que consumes hasta que al final del mes te llega el estado de cuenta.
Otro elemento que hace atractivo a Shein es que te permite buscar prendas con imágenes, subiendo fotos. Eso es muy cómodo si quieres imitar un outfit o si ves una prenda cara en una tienda, puedes encontrar la misma pero mucho más barata. Eso me llamó la atención por lo fácil.
Mi gusto por Shein no era único; mis amigas también compraban mucho. Mi hermana también lo hacía. Nos llevamos por pocos años y tenemos una talla similar, entonces empezamos a comprar entre las dos para compartir.
A diferencia de lo que pensé al principio, hoy no está mal visto usar ropa de Shein, aunque eso depende del círculo. En el círculo en el que me muevo, la mayoría usamos Shein. Siento que se valora más la creatividad. El valor de las cosas no importa, sino cómo te ves, cómo lo combinas y cómo lo llevas.
El algoritmo también me mostraba muchos productos de Shein en mis redes sociales. Me salían videos de influencers que hacían unboxing o un haul (cuando haces una compra grande y aprovechas de mostrarla). Eso se usa mucho en redes sociales. La gente sube las prendas con los códigos del producto, y otras personas usan ese código para encontrar la prenda que viste en TikTok.
Eso amplificaba la ansiedad de querer comprar. La mayoría de las influencers y creadoras de contenido hacían muchos hauls, y al final eso da ganas de comprar. Me imagino que las niñas más chicas se ponen como meta ser como las creadoras de contenido y tener la misma cantidad de ropa. Existe una necesidad de llegar a ese nivel.
Otra cosa importante son las famosas bolsas en las que llegan los productos. Me gustan esas bolsas, sirven caleta. Son muy útiles; en mi clóset tengo una bolsa llena de bolsitas de Shein, que reutilizo cuando me voy de viaje o para la ropa sucia. Debo tener fácil unas 30 bolsas ahora.

Sobre la calidad de los productos, solo una vez me llegó algo muy distinto a lo promocionado, y aceptaron la devolución. Igual una va afinando el ojo. Lo mejor es ver los comentarios y reseñas que la gente deja sobre los productos. Esas reseñas incluyen fotos de otras personas con las prendas puestas. Con eso una puede guiarse por la calidad y las tallas.
La gente comenta mucho porque la aplicación los premia; generan puntos por los comentarios, y al tener más puntos se hacen descuentos. Obviamente, comenté cuando me llegó la polera que no me gustó. También reseñaba y subía fotos de mis outfits. Eso también subía puntos, que se traducen en cupones de descuento.
En un punto, sentí que lo que gastaba en Shein fue un problema. Eso fue cuando comencé a trabajar en lo que estudié. Me vi con más plata de la que pensaba, pero empecé a gastar con la lógica del “me lo merezco”. Me fui para el otro lado, compraba harto. Muchas de esas cosas eran prendas que no necesitaba y que quedaban en el clóset.
Hubo un período en el que miraba la aplicación todos los días. En mis ratos libres, yo creo que le dedicaba 40 minutos diarios a “vitrinear”, era como una red social. Te mandan cupones por meterte a la app, hacen ofertas flash, y por eso te enganchaban. Además, cuando hacía un pedido, veía por dónde venía y por eso igual me metía.
El mes que más consumí fue antes de unas vacaciones. Compré todos los outfits para ese viaje, y ahí debí haber gastado $180 mil. Pero mensualmente siempre compraba. Puede que no suene mucho, pero si en el mall con 30 lucas te compras solo un jeans, acá con esa plata me compraba 3 o 4 prendas. Con esas 180 lucas me armé la maleta entera.
Hubo un tiempo en que, luego de comprar, me comenzó a dar culpa. Muchas veces la ropa quedaba ahí y pensaba: “¿Para qué la compré?”. Compraba por comprar.

Mi relación con Shein cambió después de un problema. Eso ocurrió después de una compra grande. Por el monto, la aduana me retuvo la ropa y me solicitó el pago de un impuesto asociado. Entre quienes compramos en Shein a eso se le llama el aduanazo. Fui a la sucursal del correo y me explicaron que la política en Chile había cambiado y que por compras sobre $40 USD se comenzó a solicitar el pago del impuesto. Esa vez había gastado 150 lucas y el pago del impuesto fue de unos $50 mil, casi todo lo que me ahorré se fue en impuestos.
Por esa experiencia, subí un video a TikTok titulado: “Aviso de utilidad para la gente que compra en SHEIN y no tengan aduanazo como yo 😭 #chile #shein #ropa”. Estaba indignada. Lo subí pensando en otras compradoras, porque muchas personas no sabían que les podía ocurrir. Entendí, en todo caso, que no era culpa de Shein. Hoy ese es mi video más popular: tiene más de 209 mil reproducciones. Hay chicas que me siguen comentando.
@valemontenegrot Aviso de utilidad para la gente que compra en SHEIN y no tebgan aduanazo como yo 😭 #chile #shein #ropa ♬ sonido original – Valeria Montenegro T
Después de esa experiencia, bajé mi consumo. Ahora hago compras más específicas y pensadas en lo que necesito. Creo que tengo una relación más sana con las compras. Por un tiempo fui dependiente de la aplicación, en el sentido de que cuando estaba aburrida me metía. Era muy parecido entrar a ver historias de Instagram que “vitrinear” en Shein.
Ahora ya no estoy tan dependiente, de hecho la última vez que entré a Shein la aplicación estaba desactivada porque no la usé en varias semanas. Además hice una reflexión del consumo. Pensé en el trasfondo de comprar poleras por dos, tres o cuatro lucas. Eso no debe ser lindo, debe haber mano de obra barata. Más allá del trabajo de las personas también está el tema de la contaminación del colegio. Yo soy vegetariana y en un punto dije ‘estoy dejando de comer carne por los animales y por el medio ambiente, en la parte de las compras igual debía poner lo mío’.

Siento que esto fue una etapa, creo que es importante reflexionar en el consumo, en el gasto y darte cuenta al final que no por tener algo nuevo uno se va a ver mejor.



