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Opinión

20 de Octubre de 2024
Sandro Baeza / The Clinic

Perfil de Manuel Monsalve: Ninguna de las anteriores

Foto autor Kike Mujica Por Kike Mujica

Barajaba ser ministro de Seguridad o senador. Era de las autoridades mejor evaluadas del gobierno y su futuro político era virtuoso. Fue la revelación de la administración Boric: un parlamentario desconocido del sur que arribó a La Moneda y que ganó popularidad. Pero todo se derrumbó. Por esa comida en el restaurant Ají Seco.

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Paradoja del porte de una catedral. La aspiración de Manuel Zacarías Monsalve Benavides (59 años, nació en Coronel) era jurar como el primer ministro de Seguridad del gobierno de Gabriel Boric. 

“Queríamos que se presentara a la senaduría. Lo estaba pensando, pero su prioridad era ser ministro”, me dice una alta fuente del PS. 

Sus cercanos dicen que se había dado como plazo el 15 de noviembre -fecha límite de renuncia de las autoridades de gobierno que opten por postular a parlamentarios- para tomar una decisión. 

La incertidumbre respecto de la aprobación del nuevo ministerio y el poco plazo que le queda al gobierno, dicen en el PS, eran los principales impedimentos para cumplir su sueño.

Hasta el jueves 17 de octubre a las 14.30.

Devastado, el jueves se plantó en La Moneda frente a la prensa. Un tipo rudo -así lo definen-, forjado en mil batallas de la política profesional y con una carrera futura virtuosa anunciaba, con voz titubeante, casi al borde de las lágrimas, que hasta ahí no más llegaba.

Final.

¿VIP?

En julio pasado escribí aquí en The Clinic sobre Manuel Monsalve. En el reporteo percibí que era un cuadro muy valorado en el gobierno. Fue de los primeros colonos del Socialismo Democrático que arribaron en marzo de 2022 en las tierras del poder del frenteamplismo-PC.

Así se entiende el pesar que se esparció en Palacio cuando se supo de la denuncia de acoso sexual y violación que hoy investiga el fiscal Xavier Armendáriz. En ciertos círculos oficialistas argumentan que por eso se explica “la deferencia” que tuvieron el Presidente y la ministra del Interior al permitirle que viajara a conversar con su familia antes de que, como precisó Tohá el jueves, se decidieran “los cursos de acción”.

Ese desacople entre el conocimiento de la denuncia -16.00 del martes 15- y la publicación de La Segunda -del periodista Pablo Basadre, el jueves a las 12.00- le está trayendo una migraña mayor a La Moneda.

“Le dieron un “tratamiento VIP”. En otros casos, como en el del subsecretario Larraín, fueron drásticos y rápidos”, critica un diputado oficialista.

“Monsalve estaba haciendo le pega. Pese a las críticas de la oposición, él estaba sólido en el cargo. Le gustaba además, algo bien excepcional para un cargo del cual el 95% de los políticos huye: la seguridad”, cuentan en el oficialismo.

Manuel Monsalve
El exsubsecretario al presentar su renuncia.

El desembarco en el poder

¿Cómo llegó Monsalve a La Moneda?

Cuentan que el PS pidió el ministerio del Interior, pero Boric tenía su carta: Izkia Siches. Por eso -un buen premio de consuelo- Monsalve aterrizó en la Subsecretaría. Fue el “ministerio de los delantales”: ella y él son médicos cirujanos.

Uno de los principales errores de este gobierno, dicen en el oficialismo, fue confiar en que Siches tenía credenciales para tamaña labor. Ella, como era previsible, agotó con premura su línea de crédito política: la visita a Temucuicui -apenas a tres días de asumir- fulminó de sopetón la mitad y el resto se evaporó en los siguientes seis meses.

Monsalve, también como era previsible, quedó a cargo del tema, pero no del Ministerio. Ahí llegó Carolina Tohá. Fue un cambio de gabinete acontecido. Porque Monsalve, cuentan en el oficialismo, había sido nominado ministro Secretario General de la Presidencia. Lo iba a suceder Nicolás Cataldo (PC). Pero apenas se supo el nombre de este último se encendieron las alarmas en algunos sectores políticos. La arqueología tuitera hizo el resto: Monsalve volvió a su antigua oficina.

De Izkia a Tohá

Pocas veces he visto así de descompuesta a Carolina Tohá como estaba el jueves en la conferencia de prensa para anunciar el reemplazo de Monsalve: el hasta entonces ministro de justicia, Luis Cordero.

Cuando pregunté en julio cómo era la relación entre Tohá y Monsalve, las respuestas fue las típicas de los círculos de poder.

Unos deslizaron suspicacias, porque la lucha contra la delincuencia de repente tenía cara de Tohá y de repente de Monsalve. “En esa cartera siempre la relación entre el 1 y el 2 tiene cierta tirantez; a veces más, a veces menos”, me dijeron.

Otros me aseguraron que la relación era buena y, sobre todo, eficiente. “Los dos son políticos duchos. No son de los que andan descuerándose. Entienden muy bien las lógicas de la política”, me dijeron.

En el último tiempo estaban sintonizados, me cuentan en La Moneda.

Hasta el jueves pasado Monsalve se erigía, según fuentes del socialismo, como un irremplazable, si existe algo parecido en la política.

“Es autónomo, empoderado. Es de lo mejor que tiene este gobierno”, me dijo un personero oficialista. Y también me comentaron que tenía buena relación con las policías. “Le esconden poco la pelota, lo que suele suceder”, dijo un inquilino de La Moneda.

Cuentan en el PS que Monsalve llegó a La Moneda porque fue parte de los socialistas que se jugaron por Boric en la primera vuelta. El partido, en cambio, apoyó a Yasna Provoste.

“El Presidente le tenía mucho respeto y consideraba sus opiniones”, me dicen en el oficialismo.

El jueves fue el último día.

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