Opinión
24 de Octubre de 2024
Caso Monsalve: el fin del gobierno feminista
Por Isabel Plant
La columnista Isabel Plant plantea que, debido a cómo ha manejado el Gobierno el caso Monsalve, sin involucrar a la ministra de la Mujer ni avisándole de lo que se venía, "las llamas, en este caso, envuelven a la ministra Orellana, dejándola sin otra salida que una renuncia. A pesar de todo su trabajo serio y esfuerzos estos dos años, queda sumida en la peor de las derrotas: la de la intrascendencia para ella misma y para la causa".
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Cinco horas nos separan en esta época del año con Ginebra. El martes 15 de octubre la ministra de la Mujer, Antonia Orellana, se encontraba ahí en la ONU presentando los logros y desafíos pendientes de Chile ante la Convención de Eliminación de todas formas de Discriminación de Género; un reporte de Estado que abarcó todo lo trabajado en la materia entre 2018 y 2022, para lo que se requirió informes de más de 50 servicios y ministerios.
Por la diferencia horaria, no puede haber sido al mismo tiempo cuando la ministra Tohá le dijo al presidente Gabriel Boric de la denuncia de violación en contra del entonces subsecretario del Interior Manuel Monsalve, pero quién sabe. Ya debe haber sido muy tarde en Ginebra, pero la vida a veces tiene esas sinergias.
En La Moneda, el Mandatario esperó a Monsalve hasta cuando ya estaba oscuro – como informó en la hoy casi mítica conferencia de prensa de 53 minutos -, y como se sabe, el acusado no renunció a su cargo hasta un día y medio después, cuando Antonia Orellana aterrizaba en el país y, luego de un llamado de otra funcionaria, partió a Palacio para convertirse en una de las afectadas con el hongo atómico de la bomba que estalló en el corazón del gobierno.
No, no es culpa de Antonia Orellana, ni de Carolina Tohá, ni de Gabriel Boric, el actuar impresentable y probablemente delictivo del exsubsecretario. El caso Monsalve tiene muchas aristas de gravedad, partiendo por supuesto por la posible constatación de una violación. Pero incluso si el ultraje no existiera, tenemos a uno de los hombres más importantes del gobierno cortejando a una subalterna y comportándose en completa falta por su asimetría de poder, ni hablar de pisotear la reciente Ley Karin, que todo el resto de las organizaciones de Chile ha tenido que saber implementar.
Es la ausencia de un llamado a la ministra de la Mujer ese martes, ese miércoles, o incluso ese jueves, lo que marca un antes y un después en varios aspectos. En el que atañe a esta columna: es el fin del gobierno feminista porque evidencia algo desolador. En el momento donde se ponía a prueba el feminismo como centro político, se falló de una manera enorme, demostrando que la mirada de género, personificada en la Ministra, podía ser completamente marginada.
Es como decir: cuando importa, cuando nos pone en peligro, chao feminismo.
Cuando Boric llegó a La Moneda con la promesa del gobierno feminista, no sólo se tradujo en políticas públicas, sino que en la presencia de Orellana en el comité político, como una manera de asegurar su importancia. Se incorporó también mirada de género en todos los ministerios, con distintos programas que buscaban permear al feminismo en todos los aspectos de la vida de los ciudadanos y las ciudadanas.
Y puede ser injusto que logros -como la Ley de reparación para las víctimas de femicidios, o la promulgación e implementación de la ley de deudores de alimentos- se invisibilicen con el caso Monsalve. Porque esos aportes existen.
Pero parte de los objetivos estratégicos del gobierno en cuanto a género, además de trabajar discriminación o mejorar participación, hablan de “avanzar en la instalación de una cultura de respeto y reconocimiento para la igualdad de género”. Es uno de los grandes desafíos del feminismo históricamente: no sólo crear leyes o prohibiciones, sino que generar una transformación en cabezas, corazones e instituciones para que las mujeres podamos tener un trato igualitario. El ilusorio fin del patriarcado.
Yo entiendo que las personas, porque somos humanos, somos falibles. O no podemos siempre tomar la decisión más fría, sino que intentamos acercarnos a lo correcto, y a veces tropezamos con nuestros afectos. Supongo que eso es lo que intentó el Presidente y la ministra del Interior al no sacar de inmediato a Monsalve: porque la gravedad de la situación ameritaba pensar bien los pasos, puede ser; pero también porque lo conocen, y quizás hasta lo estiman, le permitieron tiempo y cuidados que no habrían concedido en un caso fuera de sus oficinas.
Al hacerlo dinamitaron todo lo avanzado por el Ministerio de la Mujer para no ser una cartera secundaria, ornamental. Pensemos que lo hicieron con las mejores intenciones; todos sabemos que, como dice el dicho, el camino al infierno está pavimentado de ellas.
Las llamas, en este caso, envuelven a la ministra Orellana, dejándola sin otra salida que una renuncia. A pesar de todo su trabajo serio y esfuerzos estos dos años, queda sumida en la peor de las derrotas: la de la intrascendencia para ella misma y para la causa.



