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28 de Octubre de 2024La fiebre de los adolescentes que van al gimnasio: padres, médicos y expertos analizan la obsesión por los músculos fomentada por redes sociales
Los adolescentes ahora quieren ir al gimnasio con los amigos. Pero hay veces en que algo positivo, como ejercitarse, puede transformarse en una obsesión negativa. Emilio J. Compte, que también es Investigador del CECA, comienza advirtiendo que es importante "no patologizar el hecho de que un adolescente quiera hacer ejercicio físico. Queremos a la gente esté haciendo actividad física y reciba sus beneficios. Pero, en algunos casos, existe un grupo de chicos que tiene déficit de auto-estima. Así, cae en conductas que son socialmente valoradas para ser aceptados", dice.
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El hijo de Fernanda Varas (32) tiene 15 años. Acaba de ganar la disputa con sus padres de poder acompañar como “invitado” a sus amigos que van al gimnasio y que pagan un plan anual. Su madre en el intertanto, vive una pelea interna sobre lo mucho que quiere acompañar a su hijo en las decisiones que tome para sentirse mejor y el miedo que tiene al hecho de que empiece a hacer ejercicio físico en un gimnasio sin nadie que lo guíe.
“No pensé que iba a tener este enfrentamiento en esta etapa de su vida”, cuenta Varas. Recuerda el ir y venir que a significado que su hijo, haya entrado en la tendencia de ir al gimnasio desde joven. Una que según los especialistas, se hace más común cada día.
“Es cierto que más adolescentes se interesan por el gimnasio, en parte debido a la influencia de amigos y de modelos en redes sociales”, comienza a explicar Claudia Cruzat. La especialista, es
Investigadora del Centro de Estudios de la Conducta Alimentaria y decana de la Escuela de Psicología de la Universidad Adolfo Ibáñez.
@CuadradoBig es uno de esos “influencers” que promueve la musculatura del cuerpo en niños y adolescentes. “Tengo 14 años y voy con todo nada ni nadie me va a parar y voy con todo para romperla como siempre (los límites los pones tú) #gym #mutante #motivacion #phonk“, dice una de sus publicaciones. Empezó a los 13 a muscular en el gimnasio y sus videos, muestran que hoy, a los 14, es capaz de levantar el peso que quizás podría hacer un competidor profesional de 20 años.
Fernanda Varas relata que su hijo le pidió inscribirse al gimnasio a finales del año pasado. Ella es nutricionista y de alguna manera, sentía un miedo de que las conductas de alimentación y ejercicio de su hijo no coincidieran con algo que resultase saludable para él. “Yo no le decía que no podía ir, pero él no entendía. Él es flaquito y su plan es aumentar su masa muscular. Pero también, es súper mañoso para comer. Me cuesta un poco el que coma en los horarios correspondientes y temía que no tuviese las competencias para levantar los tipos de pesas que probablemente estaba imaginando”, cuenta.
Varas le hizo una rutina para que hiciera en la casa. Ahí, con su supervisión, sentía que podía protegerlo de que en el gimnasio se influenciara por gente que buscaba bajar de peso, en vez de aumentar la musculatura. Su hijo no hacía la rutina. Cuando volvía a insistir en que quería ir al gimnasio con los amigos, Fernanda Varas le pedía que le demostrara que iba a poder cumplir con una rutina saludable.
El adolescente entonces, comenzó a hacer la rutina en casa. Empezó a comer avena -que antes no le gustaba- y a aceptar los yogures con proteína que su mamá le compraba. Aunque el susto persistía, Varas cuenta que eso fue lo que finalmente le permitió dejarlo ir al gimnasio. “Pero seguía asustada de que tuviese complejos con su cuerpo. Lo vi empezar a ponerse ropa muy ancha y dije: ‘Pucha, si le está complicando, hay que apoyarlo'”, recuerda.
Lo bueno y lo malo del ejercicio físico en adolescentes
La psicóloga Claudia Cruzat explica que “para muchos adolescentes, decidir si ir al gimnasio es parte de un proceso de auto-descubrimiento y construcción de identidad. En esta etapa, buscan pertenecer y ser aceptados por su grupo de amigos, lo que los lleva a interesarse por actividades que consideran socialmente valoradas, como el gimnasio”.
Pero hay veces en que algo positivo, como ejercitarse, puede transformarse en una obsesión negativa. Emilio J. Compte, que también es Investigador del CECA, comienza advirtiendo que es importante “no patologizar el hecho de que un adolescente quiera hacer ejercicio físico. Queremos a la gente esté haciendo actividad física y reciba sus beneficios. Pero, en algunos casos, existe un grupo de chicos que tiene déficit de auto-estima. Así, cae en conductas que son socialmente valoradas para ser aceptados”, dice.
Ir al gimnasio con los amigos podría ser una de ellas. Y para bien o para mal, los especialistas concuerdan con que la supervisión es relevante para que no caigan en estas conductas.
Para Fernanda Varas era una de las dificultades de permitirle ir a su hijo al gimnasio antes de organizarse. En ese entonces, cuenta que conversaban con el adolescente sobre “el hecho de que no se enfrascara en el estereotipo”.
Sin embargo el proceso está lleno de matices y dificultades. Éstos sobrepasan el hecho de que el adolescente esté consciente de sus objetivos respecto al ejercicio físico. “Creo que mi hijo tiene muy claro lo de no caer en estereotipos, pero igual está en una etapa manipulable por los amigos”, explica.
“Además, no está con un personal trainer enfocado 100% en él, para que le diga qué ejercicios tiene que hacer. A la vez, tampoco le puedo decir ‘no, tú no puedes hacer esto porque eres muy flaco'”, continúa.
Los gimnasios diseñados para adultos
Cuando se le pregunta a Fernanda Varas si siente que los gimnasios son lugares aptos para niños y adolescentes, ella responde que no. La razón, tiene que ver con la influencia que los niños pueden tener con personas adultas que están en otra etapa del proceso deportivo.
“La verdad no creo que los gimnasios estén adaptados para adolescentes. Me pasa que los niños, que son vulnerables y manipulables, se van a meter a un gimnasio donde van a ver a ‘Mr. Calugas’ y van a querer estar igual. Y no es esa la forma. Los niños están en cambios corporales constantes y la alimentación y el ejercicio no es colectivo, debe ser muy personalizado por cada caso”, opina.
Al respecto, Claudia Cruzat también opina que “los gimnasios están principalmente diseñados para adultos. Pero esto no significa que los adolescentes no puedan beneficiarse. Con entrenadores calificados que comprendan sus necesidades físicas y emocionales, el gimnasio puede ser un espacio seguro. Puede lograr que los jóvenes desarrollen una relación positiva con el ejercicio”.
¿Hay un peligro de que un adolescente entrene solo en el gimnasio? Según Emilio J. Compte, que además es director del magíster en Trastornos Alimentarios de la UAI, la respuesta es sí.
“Los gimnasios por lo general permiten práctica deportiva libre. Eso puede ser difícil para un chico que empiece a confundir el esfuerzo físico, con el dolor. Si alguien no le acompaña para que sepa cuánto peso puede levantar según las características únicas y personales de su cuerpo, el adolescente no sabrá sobre el grado de exigencia específico que puede tolerar. Tampoco sabrá que hacer respecto al dolor que esos ejercicios le pueden provocar”, explica.
Cuándo levantar las alertas
La fundación Nemours Children’s Health es una ONG norteamericana. Ha sido reconocida por crear estándares internacionales para el cuidado de la alimentación y ejercicio físico en niños y adolescentes. Según sus guías, un adolescente que empieza a tener una compulsión por el ejercicio, puede mostrar los siguientes comportamientos.
Lo primero es que no se salte ningún entrenamiento, incluso, si está cansado, enfermo o lesionado. Luego, el hecho de que el adolescente pierda una cantidad significativa de peso sin monitoreo nutricional. Pero la más relevante, según los especialistas, es el hecho de que el niño deje de ver a sus amigos y de hacer otras actividades por dedicarle tiempo al ejercicio físico.
“Cuando nos obsesionamos mucho con algo ocurre un deterioro funcional y no podemos llevar adelante actividades de la vida que influyen en nuestro desarrollo. Así, si un niño empieza a abandonar sus responsabilidades sociales y académicas, o empieza a tener una alimentación muy rígida, hay que poner ojo”, explica Emilio J. Compte.
También pone ejemplos concretos al respecto. “Si es tiempo de vacaciones y la familia decide irse a algún lugar, una alerta podría ser el hecho de que el adolescente se ponga a buscar inmediatamente los gimnasios que están cerca de donde se van a quedar”, dice. La clave ahí, es que sí está dejando de disfrutar de otras actividades igual de importantes para la mente y el cuerpo.
Finalmente, los estereotipos socio-culturales que muestran el cuerpo esculpido como algo “deseable”, influyen mucho en los adolescentes. Más allá de cómo se sienten con ellos mismos, hay una forma de entender la musculatura del cuerpo -sobre todo en los hombres- como algo hipervalorado.
“Hay que ver los disfraces que usan los niños en Halloween”, dice Compte. Los trajes de Batman o Superman están llenos de músculos de esponja. Así, le estamos pidiendo a los niños que vean como algo positivo el tener una musculatura que en muchos casos no es posible de desarrollar. Eso, en los peores casos de una baja de auto-estima, puede terminar por potenciar la idea de buscar un cuerpo así, para recibir afecto”, alerta.



