Opinión
21 de Diciembre de 2024
Esta vaina no parece Navidad
Por Rita Cox F.
"Falta ambiente en las calles. Ya lo dijo hace unas semanas, y con más gracia, una venezolana radicada en Chile a través de su cuenta de TikTok: 'Aquí en esta vaina no parece Navidad'. Recorridos varios durante varias noches, al menos hasta hoy, llevan a concluir que Santiago tiene un tibio espíritu navideño más allá de las señales que entrega el comercio, especialmente los malls chinos", describe Rita Cox en su columna de hoy, sobre el ambiente escaso en la ciudad a propósito de Navidad.
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Desde hace algunos años, mi único deseo es llegar al 26 de diciembre sin sobresaltos y ese es el mejor auto regalo posible. Termina noviembre y de inmediato la conversación se inclina hacia lo poco que queda para cerrar el año y lo inminente de la Navidad. La sinopsis de lo que se viene, aunque vista mil veces, genera pavor. Cómo se hace para sobrevivir hasta el 1 de enero sin perder la calma es una pregunta que se instala a nivel personal y colectivo. Existe, incluso, una categoría de memes en redes sociales que retratan la intranquilidad.
La segunda pregunta es porqué si todos, creo, estamos de acuerdo con que la velocidad de la trama durante estos 31 días de diciembre es imbancable, de igual forma es imposible evitarla. ¿Será autoflagelación? Diciembre, hasta Pascua y Año Nuevo, es como un nervioso domingo con angustia de lunes.
Entre las exigencias laborales, sociales, familiares -como si después del 31 no existiera más más que un precipicio- frente a las cuales es complejo decir “no puedo, gracias” (sinónimo de “no quiero”, “no soy capaz”), la ciudad está puesta a prueba y nos pone a prueba. Al comercio informal ocupando las veredas y presionando a alcaldes y alcaldesas, se suman centros comerciales y supermercados llenos desde temprano. En barrios comerciales el movimiento ha sido dispar. Hasta la fecha, durante este último mes, entre 17 y 19 mil personas circulan cada hora en las cuadras de Meiggs, un 29,5% más que en mismo período del año anterior, de acuerdo con las cifras que entrega el director ejecutivo de la Asociación Gremial de Barrio Meiggs, Cristián Pizarro. El imán sigue siendo los precios y el acceso para mayoristas desde el metro, estaciones de buses y trenes.
Distinta es la situación de Patronato. Menos de una semana para el ‘Día D” y no pasa mucho. 18.30 horas y las cortinas metálicas comienzan a cerrar, los vendedores de puestos autorizados desmontan y en el café Había una vez, en Antonia López de Bello, advierten que a esa hora solo se puede pedir para llevar. Llama la atención la cantidad de locales vacíos. Ulises Riquelme, de la asociación gremial, cuenta que están con un 55% menos de público y un 25% de vacancia (en el peak de la pandemia bordearon el 40%).
Una pena tremenda para los santiaguinos que crecimos de la mano de nuestros padres buscando allí buenas ofertas, que como adolescentes adquirimos lo que nos permitiera el bolsillo y que antes de las redes sociales y la gran inmigración, encontramos en Patronato el espacio de mixtura cultural de Santiago, con las comunidades árabe y coreana liderando. Que eso no desaparezca. ¿Qué sería del sector sin la tienda y la pastelería Rincón arabesco? ¿O las cocinas que tienen el visto bueno de los cerca de 1.800 coreanos que aprueban la calidad de los sabores de su país?
La baja concurrencia tiene solo una explicación: la sensación de inseguridad. Aunque el barrio ha trabajado en gestionar sus estacionamientos, las calles lucen ordenadas y se avanza en un rediseño de Patronato y Santa Filomena que podrían convertirse en semipeatonales, Riquelme reconoce que lo que sucede allí no es muy distinto a lo expresado por sus pares de barrios comerciales de La Serena, Arica o Valparaíso. Hace mes y fracción, en una reunión con 36 representantes a nivel nacional, la conclusión fue que después del trabajo los potenciales clientes prefieren irse directo a la casa por temor a la delincuencia y que eso está pegando fuerte en las ventas, incluidas las de Navidad.
Lo que se mantiene como un clásico son los tacos, aunque el cierre escolar y universitario han quitado cierta presión en las mañanas. Enero tiende a ser agradable y febrero, ya sabemos: el éxodo masivo nos deleita con la mejor versión de Santiago. A la espera, aunque la mecha está corta entre conductores, peatones y ciclos, las estadísticas indican que la previa navideña no se caracteriza particularmente por los accidentes. En el anuario estadístico de Carabineros se lee que en 2023 se registró un promedio de 6.520 siniestros de tránsito por mes, encabezados por marzo con 7.342 y seguido por mayo con 6.976.
En ese contexto, que igual falta ambiente en las calles. Ya lo dijo hace unas semanas, y con más gracia, una venezolana radicada en Chile a través de su cuenta de TikTok: “Aquí en esta vaina no parece Navidad”.
Recorridos varios durante varias noches, al menos hasta hoy, llevan a concluir que Santiago tiene un tibio espíritu navideño más allá de las señales que entrega el comercio, especialmente los malls chinos. Buenos Aires tuvo su encendido de luces y estrellas frente al Obelisco, a lo que se plegaron adornos en las principales avenidas, puentes, sitios históricos, clubes de barrio y en cada una de las quince comunas.
En las grandes capitales ya es una tradición la majestuosa ornamentación y el aporte que hacen las vitrinas del comercio -desde marcas de lujo hasta pequeños boliches- que, en París, Londres y Nueva York, compiten en lo creativo para ganar recordación e interés turístico. El mismo espíritu del árbol de Navidad del Centro Rockefeller, en Manhattan. El árbol de hasta 30 metros de altura se instala todos los años a mediados de noviembre y se enciende en una ceremonia liderada por el alcalde la noche del miércoles después del Día de Acción de Gracias, que es transmitida desde fines de los 90 por televisión. Para los neoyorquinos es más que un árbol (de hecho, hay un total de diez que suelen acaparar la atención). Fue en 1931, durante la Gran Depresión, que los trabajadores del Centro Rockefeller instalaron uno por primera vez, con adornos llevados desde sus casas. Desde 1933 es una tradición.
La Navidad es para las grandes ciudades un pilar de una moral anímica y de la economía del turismo, al punto que Time Out es una de las tantas publicaciones que hacen listas de mejores destinos para estas fechas. Este año la lista de los 21 la lideran Nueva York, Londres y Copenhague (se les coló Caracas en la octava posición. ¿Alguien se anima?).
En Santiago, desde el 10 de diciembre, por tercer año consecutivo, tenemos el árbol de Navidad BancoEstado en la Plaza de la Constitución. El encendido lo encabezó el presidente Gabriel Boric, quien a través de sus redes sociales agradeció la iniciativa privada e invitó a que ese fuese un punto de encuentro. Las marcas son determinantes hace un par de años, como en todo orden de cosas. El domingo 1 de diciembre se realizó el Paris Parade, al que asistió más de un millón de personas, y hasta este 21 de diciembre la Caravana Coca-Cola sin Azúcar recorría varias comunas de Santiago y regiones.
Los municipios también hacen lo suyo, entre arbolitos, luces, villancicos, ferias de navidad y entrega de regalos de manera directa a niños o a través de hospitales y fundaciones. Los vecinos no perdonan. O cómo olvidar cuando la entonces alcaldesa de Providencia, Josefa Errázuriz, anunció en 2013 que no habría luces navideñas para la comuna ese año por su alto costo. Se armó la grande, una pataleta como cuando un niño abre un regalo que no es de su gusto. Lección aprendida por sus sucesores.
El sábado 14 de diciembre fue la ceremonia de encendido del árbol del frontis de la municipalidad y las luces de Pedro de Valdivia y Pocuro, un espectáculo sobrio en comparación a lo más comentado del momento en esta materia: la casa ubicada en calle Parque Cordillera con Las Violetas, en Puente Alto. El responsable de la vistosa instalación es el pastor evangélico Ricardo Cid Castro, condenado en 2015 por abuso sexual reiterado contra un menor. El mismo que afirmaba hacer llover oro. Ni Tim Burton ha sido capaz de regalarnos tanto brillo y oscuridad.
Pero hay luz cándida, como debe ser en Navidad. Todo lo cándida que se puede esperar de la política. La ha traído el alcalde Tomás Vodanovic recorriendo las calles de su comuna, Maipú, sobre una caravana. Con el 74% de aprobación de su imagen, según la Cadem del 15 de diciembre, que lo posicionó por sobre Claudio Orrego (67%) y Evelyn Matthei (66%), Vodanovic -hermoso, sonriente, impoluto aun en lo reputacional- levitando y resplandeciendo sobre ruedas parece el mesías del oficialismo y de la política nacional completa, con las desunidas derechas que esta semana nos dejan con Evópoli y sus elecciones como juguete sin pilas, y Republicanos-UDI como desastrosa cena familiar de nochebuena.



