Dispuestos a ser monstruos: la lista de los 12 hombres reclutados por Marco Orellana, el pedófilo de Chillán
Años antes de ser condenado por liderar a un grupo de hombres que abusaron por más de una década a una menor de edad en Chillán y de grabar y almacenar los sometimientos, el teólogo Marco Orellana fue misionero y recorrió el país trabajando con niños. Aquí el historial de abusos previos del pedófilo, el encubrimiento de sus cercanos y el perfil de los 12 hombres que se convirtieron en monstruos por seguirlo y que terminaron condenados. También un episodio de acoso en la cárcel y la reciente detención de Daniel Fuentes Yáñez, quien fue apuntado por la propia víctima como el "brazo derecho" del teólogo y quien podría ser un personaje clave para identificar a nuevos violadores.
Por Sebastián Palma y Gabriela Pizarro 30 de Diciembre de 2024
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En el video grabado en 2018 se ve a la víctima, de en ese entonces 15 años, sentada al medio de dos hombres adultos. Uno es calvo y está vestido con una polera con rayas horizontales: se llama Juan Carlos Castro y es auxiliar de aseo. El otro viste una polera blanca y desteñida, se llama Mauricio Iturra Castro, es guardia de seguridad y primo de Juan Carlos.
Ambos hombres besan en la mejilla a la víctima y le tocan la rodilla. Ella está sentada, con las piernas juntas. No les presta atención, no los mira. No reacciona a sus besos y caricias. Sus ojos y su atención están fijos en unas notas redactadas por su padrastro, Marco Orellana, quien el pasado 14 de diciembre fue condenado a presidio perpetuo, como autor de los delitos reiterados de violación de menor y mayor de 14 años y los delitos reiterados de abuso sexual de menor y mayor de 14 años, además de la pena de 15 años como autor de los delitos de producción y almacenamiento de material pornográfico infantil, ilícitos cometidos entre 2011 y 2021 en Chillán.
La voz de él, quien está detrás de la cámara y graba la escena, le indica que lea. La niña lo hace con una voz dulce, entrecortada y tímida, como si se tratase de una disertación escolar.
–Hoy en concreto te traemos quince beneficios saludables que el sexo puede aportar a tu estado físico y anímico. ¿Alguna vez has sentido inapetencia? –enuncia la víctima a la cámara–. Pues, tras leer lo que tenemos que contarte, tal vez tengas que replantearte la excusa cuando no te apetezca, porque practicar sexo puede hacer desaparecer numerosas molestias, entre ellas, la migraña.
La elocución de la víctima, parece el guión de un infomercial. Conoce el ritual de memoria.
Orellana la abusaba desde los ocho años y con la excusa de practicarle masajes con supuestos fines terapéuticos, había comenzado a violarla a los 13 años. El paso siguiente fue sumar a otros hombres para que se unieran a los abusos. Como los primos Mauricio y Juan Carlos. Los contactaba por Facebook y les imponía las condiciones, el horario, qué podían hacer, qué no e incluso la duración de cada acto. Él siempre estuvo presente, detrás de la cámara y dando las órdenes.
—¿Cómo está tu nerviosismo ahora? –le pregunta Orellana mientras los dos hombres siguen a su lado.
La niña sigue leyendo las notas, lo mismo que le han venido enseñando por años: que la actividad sexual es buena para el corazón, para el estrés, para el dolor de cabeza, para adelgazar las piernas, las caderas y el estómago. También que protege a mujeres y hombres del cáncer de mama y próstata, que previene el catarro y que hace a las personas más inteligentes, un punto que particularmente le preocupa, pues el rendimiento escolar es una de las cosas que más le importan.
—Tu mamá me comentó que esta semana mencionaste algo sobre química, ¿te estabas preparando para la prueba? —pregunta el abusador.
—Ah, es que no estaba tan nerviosa como antes, cuando tengo pruebas —responde la niña.
—Cuéntale a don Juan, porque él fue uno de los patrocinadores.
—Tenía prueba de química y, siempre antes o después de las pruebas, me pongo muy nerviosa. Pero esta vez no me puse tan nerviosa.

El informático que reveló un crimen
La investigación por los abusos en contra de la víctima se originó a partir de una denuncia interpuesta en agosto de 2020 por una mujer, que estuvo casada con el hijo mayor del abusador, y quien acusó a Marco Orellana por delitos de carácter sexual.
La mujer descubrió una serie de videos en el computador de su exsuegro que incluían a la víctima. Sin embargo, la causa permaneció prácticamente detenida hasta 2022. Según un reportaje de la Revista Sábado de El Mercurio, “fuentes conocedoras del caso cuentan que la pandemia dificultó las diligencias presenciales”.
Fue recién en enero de ese año cuando la detective de la Policía de Investigaciones (PDI) Carolina Henríquez recibió la instrucción de reactivar la investigación, con la orden de tomar declaraciones clave, incluyendo las de la víctima y los hijos de Orellana.
En un proceso judicial de familia paralelo a la causa por los abusos, uno de los hijos de Orellana defendió a su padre señalando que “los hechos (son) absolutamente falsos y respecto de los cuales no tengo vinculación alguna(…) mi padre es profesor de matemáticas y si los hechos constitutivos de la denuncia fueran efectivos, mi padre ya habría sido despedido de su trabajo. Simplemente, es una denuncia carente de verdad y de pruebas, que mi excónyuge lo hizo con el solo objeto de difamar a mi familia”, indicó.
Pese a la instrucción de reactivar la investigación, la causa no tuvo mayores movimientos hasta que en julio de 2022, sin saberlo, Marco Orellana dio el paso que lo llevaría a la cárcel.
Le entregó su computador personal a uno de los informáticos de la Universidad Adventista de Chillán, donde había cursado previamente un magister, para que le instalara un programa. El sujeto contó a la Fiscalía que cuando comenzó a respaldar el contenido del notebook de Orellana en su disco duro, se topó con varias carpetas cuyos nombres eran explícitamente sexuales.
“Pensando que estaba mi esposa, quien utiliza mi disco duro y mi hija, preferí revisar lo que estaba guardando en ese disco duro. Ahí me di cuenta que había fotos de dos mujeres desnudas, donde una de ellas se notaba que era menor de edad”, relató el informático a fines de agosto de 2022, cuando entregó su versión en la Fiscalía de Chillán.
Tras ese testimonio, la Fiscalía incautó el disco duro. Allí encontraron registros de características pornográficas que mostraban a la víctima cuando tenía 10 y 13 años, según la fecha de creación de los archivos. A los pocos días, el 13 de septiembre de ese mismo año, Orellana fue detenido en las afueras de su domicilio.

Ahí vinieron los allanamientos y la primera declaración de la madre de la víctima, quien desde un inicio reconoció que estaba al tanto de todo. La mujer contó cómo empezaron los masajes en su caso, supuestamente para tratar problemas de várices, y cómo Marco Orellana traía hombres que ella no conocía para que le hicieran los tratamientos. Después explicó cómo estos masajes pasaron a su versión “tailandesa”, que concluía con relaciones sexuales, y cómo siempre todo se hizo bajo la supervisión y observación de Orellana.
En la misma declaración, la mujer relató cómo involucraron a su hija: “Ella sufría de problemas de gordura, motivo por el cual decidimos que a ella también le hicieran masajes, sobre todo por supuestos rollitos en su abdomen, masajes en los cuales Orellana siempre de igual forma estaba presente bajo mi autorización”. Según la madre, al principio ella pensó que eran solo “masajes normales”, pero luego asegura que “con el tiempo” supo que su hija había tenido relaciones sexuales con otro sujeto, mientras Marco Orellana lo presenciaba. “Ella debió tener 14 o 15 años en ese momento”, dijo ante la Fiscalía.
Sin embargo, las violaciones habían comenzado antes. Así lo cuenta la madre: “Con el tiempo se me acerca (la víctima) y Marco, y ésta me señala que había perdido la virginidad como a los 13 años con Marco porque ella quería, lo que me afectó mucho debido a que en ese momento yo estaba de pareja con Marco”. Tras esta declaración, la madre pasó de testigo a ser detenida como coautora del delito de violación impropia e inducción a la prostitución infantil en contra de su hija.
Al mismo tiempo, Marco Orellana entregó su propia versión, donde básicamente reconoció los hechos, pero se justificó diciendo que todo fue con consentimiento de la madre y con supuestos fines terapéuticos. “De todas estas fotografías que hice (de la víctima) desde los 10 años y de los videos, (la madre) estaba al tanto, incluso le enviaba las fotos (a la madre) para mostrarle ‘así está tu niña’ y me decía ‘ha mejorado esto’, o ‘tiene esto otro que mejorar’, incluso me decía que sería bueno que asistiera a un gimnasio”, relató el ahora condenado en esa primera declaración.
En los chats de WhatsApp y Facebook de Orellana, recabados por la Fiscalía, queda expuesta la perversión del pedófilo, mientras conversaba y planificaba los hechos con los hombres que luego violarían a su hijastra. Algunos un par de veces, otros durante años.
En esas conversaciones se refería a ellas, víctima y madre, como “putas” y “zorras”. Buscaba hombres de determinadas características, coordinaba tríos, cuartetos, noches de “juegos y penitencias” y se jactaba de las otras mujeres con las que estaba, además de coquetear y describir encuentros sexuales con otros hombres. En algunos casos les explicaba a estos que la menor era su pareja, que la violaba todas las semanas y que su fantasía era sentirse “gorreado”.
Durante la investigación, varios de los imputados e incluso el propio Orellana fueron acomodando sus versiones para situar las violaciones después de que la víctima hubiera cumplido los 14 años. ¿La razón? La ley considera que desde esa edad los niños y niñas tienen la capacidad de consentir una relación sexual y las defensas de los imputados argumentaron que eso fue lo que había pasado. Que la víctima lo había pedido. Que ella había puesto las condiciones.
Sin embargo, los datos vinculados a las fotografías y videos incautados durante la investigación permitieron fechar con precisión muchos de los abusos, incluso al punto de poder ubicarlos geográficamente. Esos datos, cruzados con las conversaciones por redes sociales y WhatsApp, le permitieron a la justicia determinar que las violaciones ocurrieron antes, durante y después de los 14 años de la menor, y que estas fueron perpetradas por Marco Orellana y una cantidad indeterminada de hombres de distintas edades.
A partir de esas diligencias, casi un año después de que Marco Orellana le entregara el computador al informático de la Universidad Adventista, la policía detuvo a los doce hombres, además de Orellana, que pudieron ser identificados.
Los hombres dispuestos a ser monstruos
Antes de ser detenidos, acusados de abusar a una menor, todos parecían ser hombres normales. La gran mayoría de ellos no tenía condenas, ni había sido requerido por la justicia. Por lo mismo para su entorno fue una sorpresa cuando el 14 de junio del 2023, distintos oficiales de la PDI golpearon las puertas de sus casas o de sus lugares de trabajo.
Cuando la Policía llegó y les comunicó su detención por distintos delitos, entre ellos violación de menor de 14 años, violación de mayor de 14 años, estupro y producción de material pornográfico utilizando a menores, ninguno trató de huir o los enfrentó como lo suelen hacer los delincuentes habituales.
Leonel Ortega Caro (56) dedicó su vida al trabajo y a sus tres hijos. Aprendió oficios como gasfitería y electricidad tras abandonar el colegio en octavo básico para apoyar a sus padres. Trabajó como conserje y guardia antes de convertirse en maestro de la construcción.
Roberto González Fernández (32) abandonó sus estudios de Historia en la Universidad del Bío Bío para dedicarse al diseño gráfico, carrera de la que egresó en 2022. Formó un hogar con su pareja y cultivaba su afición por criar aves ornamentales.
Bernardo Bustos Neira (58), padre de dos hijos, lleva más de 25 años casado. Fue colectivero durante más de 30 años y tuvo que reinventarse como chofer de furgón escolar junto a su esposa tras la pandemia.
Por su parte, Roberto Lara Galdames (51) logró completar la enseñanza media a los 37 años y trabajaba vendiendo leña. Separado de su esposa y con una hija que logró entrar a la universidad, formó pareja con una mujer más joven, que tiene una hija adolescente. Solía salir a cazar y pescar, actividades que dejó tras la muerte de su perro perdiguero.
No fueron los únicos detenidos. Otros ocho hombres que aparentaban ser comunes y corrientes, fueron capturados esos días tras una larga investigación de la Fiscalía, que logró determinar que esos hombres fueron contactados por Marco Orellana, basándose en el análisis de los videos y las conversaciones por redes sociales.
Los abusos quedaron almacenados en vídeos y fotografías, registros sexuales que Orellana grabó con el consentimiento de los implicados y que permanecieron almacenados en su computador.
Según la Fiscalía Marco Orellana utilizó la persuasión para convencer a la víctima de que esos sometimientos eran beneficiosos para ella. “Fue programada y adoctrinada para realizar ciertas conductas sexuales”, indicó el fiscal Florentino Bobadilla.
A diferencia del Monstruo de Mazan, nombre que le dieron en Francia a Dominique Pelicot, condenado por drogar a su mujer durante años para que él y otros hombres la violaran, Marco Orellana no tuvo que sedar a su víctima. En lugar de drogas, el profesor sometió a la niña desde los ocho años a una “sexualización traumática”, como la calificó la Fiscalía, que contó con el consentimiento de la madre, aprovechando la ausencia paternal y la vulnerabilidad de la pequeña, quien tras más de una década de abusos aún confiaba ciegamente en él.
Un informe elaborado por la PDI describe a Marco Orellana como un sujeto de personalidad “perversa”, por la forma que tiene para vincularse con el resto, “transformándolos en meros objetos para la obtención de su placer y gratificación sexual”, reza el informe. Además, lo describen como fetichista, sádico, voyeurista y parafílico. Para él, siempre prevalecía el bien personal y la satisfacción de sus propias necesidades, por sobre el bien común, concluye el informe.
En el mismo documento la Policía analizó el material producido por Orellana de acuerdo la Escala COPINE -un estándar europeo para catalogar y combatir redes de pedofilia-, que describe distintos niveles, que van del 1 al 10, según la gravedad del contenido de los archivos.
La PDI ubicó el material producido por Orellana en el nivel 9, caracterizado por la presencia de “imágenes intensamente obscenas de agresión sexual”. El mismo informe acota que de igual manera se encontraron registros que podían ser catalogados en el nivel 10.
Aunque la Fiscalía Regional de Ñuble expresó su conformidad con el curso de la investigación, que culminó con 14 condenas, incluida a la madre de la víctima y una penas de presidio perpetuo por violaciones y abusos sexuales reiterados más otros 15 años de presidio por almacenamiento y producción de material pornográfico infantil para Marco Orellana, el Ministerio Público también reconoció que no se logró identificar a otros abusadores que aparecían en los videos.

Entre ellos se encuentra Daniel Fuentes Yáñez, señalado en un reportaje de Radio Bío Bío como un actor clave en los abusos. Según declaraciones de la víctima y otro implicado en la causa, Fuentes no solo habría abusado de la menor, sino que también actuó como mano derecha de Orellana, cumpliendo el rol de “reclutador” de quienes perpetraron los delitos.
Pese a estos testimonios, el Ministerio Público decidió inicialmente no incluir a Fuentes en la investigación, ni formalizarlo. No obstante, el pasado lunes 23 de diciembre la Fiscalía abrió una nueva causa judicial reservada en su contra y el sábado 28 finalmente la Policía lo detuvo. Según fuentes de la investigación Daniel Fuentes Yáñez será formalizado este martes por la mañana.
La detención y el proceso en su contra podría resultar clave para identificar a nuevos violadores grabados por el teólogo. Quien comenzó sus perversas prácticas mucho antes de que la víctima siquiera naciera, cuando fue misionero de la Iglesia Adventista y comenzó a recorrer el país en los años ochenta.
El misionero adventista y su historial
La historia que a Marco Orellana Basaes le gustaba contar de su vida comenzaba diciendo que lo quisieron abortar, que aprendió a caminar a los ocho meses y que no dijo una palabra hasta lo cinco años. Que no hacía deportes por hemorragias nasales y que por ello comenzó a interesarse en los libros como compensación ante sus limitaciones físicas.
En la adolescencia viajó a estudiar a Chillán, al colegio adventista de Las Mariposas. Allí se convirtió en teólogo y conoció a la hija de un misionero, quien años más tarde se transformaría en su esposa y en la madre de sus hijos. Se casó a los 25 con la intención de ser pastor de iglesia. El paso natural para ello era replicar la senda de su suegro siendo misionero.
Primero fue ayudante de pastor en la iglesia Artificio y Cruz del Sur de La Calera y luego en el colegio adventista Alfa y Omega. Allí solo estuvo seis meses, ya que la corporación lo llamó para oficiar como misionero en Monte Patria en la provincia de Limarí, luego en San Felipe y Coquimbo, hasta que recaló en Valparaíso.
En esa ciudad recorrió los cerros buscando convencer a nuevos fieles. Por esos años ya habían nacido su primer y segundo hijo y el matrimonio vivió sus primeras fisuras. La mujer de Orellana, según consta en información policial y en el relato de cercanos al matrimonio, percibió actitudes extrañas.
Marco Orellana comenzó a llevar a hombres desconocidos y en situación de calle a la casa. Los presentaba con su mujer y luego de un rato de conversación los dejaba solos. La mujer comenzó a recibir propuestas amorosas de los invitados, incluso uno llegó con un ramo de flores diciéndole que estaba enamorado de ella.
Según el testimonio de un familiar, la mujer no pensó que su marido tuviera que ver en esas insinuaciones hasta que vivió un incómodo momento. Marco Orellana le sugirió que producto de sus dolores de espalda la visitara un amigo suyo, quien supuestamente era masajista del equipo Santiago Wanderers.
La esposa de Orellana accedió, pero con la condición de que su marido estuviera presente. Cuando llegó el masajista, se recostó en la cama matrimonial y su marido salió de escena. El supuesto masajista comenzó a jadear y a respirar excitado. La esposa del teólogo detuvo el masaje en el acto y gritó pidiendo socorro a su marido. Orellana, que apareció en calzoncillos desde una habitación contigua, le bajó el perfil a la situación.
Tras años en Valparaíso, el matrimonio viajó a La Ligua y a La Serena. En esa comuna, la mujer de Orellana volvió a experimentar situaciones extrañas. Sentía que personas miraban por la ventana cuando intimaba con su marido, pero él siempre le bajaba el perfil diciendo que no había nadie.

Una tarde de 1994 ordenando la biblioteca, la mujer divisó un VHS oculto entre los libros. Tuvo la sensación de que su marido lo había escondido allí. Lo colocó en la casetera y observó el primer registro sexual almacenado por Orellana, no sería el último.
En las imágenes, declararía años más tarde a la policía, vio a su marido teniendo sexo con una compañera de la iglesia adventista. En el video no estaban solos, los acompañaba un maestro de construcción que colocó las cortinas de su casa. La mujer no dudó en pedir ayuda. La fidelidad en el matrimonio era una cuestión importante para ella, así que llamó a su pastor, quien a su vez llamó al líder de la misión.
Los líderes espirituales vieron el video y acordaron despedir a Orellana al finalizar ese año académico. Según le explicaron a la mujer, la decisión no solo se tomó en virtud de las infidelidades de su marido, sino que también por una serie de rumores que no precisaron.
Testimonios de exalumnas
Los rumores serían aclarados años más tarde, en medio de la acusación por los abusos a la menor en Chillán. Un equipo de la PDI, liderado por la comisaria Carolina Henríquez, viajó por algunas localidades donde Orellana, dando con la declaración de algunas víctimas. Se trataba de mujeres de más de treinta años, que vivieron distintas situaciones con Orellana cuando eran niñas.
“Lo que sucede es que yo me senté en sus piernas mientras él estaba sentado en una silla del comedor, le daba la espalda a él y yo sentí que él se movía y frotaba su pene, como que yo sentía que estaba en la punta y lo sentía duro. Me acuerdo de que yo sentí eso, que fue algo de pocos segundos, que me hizo sentir incómoda entonces yo me paré y me salí de donde estábamos. No le dije nada a nadie y me retiré de donde estábamos”, declaró una de sus exestudiantes en La Serena.
Los detectives siguieron persiguiendo pistas según la localidad en donde el profesor se desempeñó. Luego de el episodio del VHS el teólogo había recalado en Quillota, donde fue profesor en un colegio cristiano.
Allí, otra mujer de cerca de 30 años se unió a las denuncias. “Él estaba con ropa en la sala donde está el computador y me dice que lo espere y se va a su pieza y al regresar estaba solo en calzoncillos. Yo me quedé muy inmóvil como todas las veces, tenía miedo, incluso la casa de mi mamá estaba al lado, pero nunca fui capaz de gritar. Luego me lleva a la pieza y de nuevo me dijo que me iba a hacer masajes. Me sienta primero en su cama de dos plazas, me saca la polera, pero esta vez ya empezó a tocarme”, relató la mujer, quien posteriormente narró una violación.
La misma persona además detalló otro evento, el que involucró a un segundo hombre. “Estaba él y otro caballero de quien no se nada de él. Me sacaron la polera en la sala de computación donde estábamos y me tocaron los dos”, añadió.
Las señales estuvieron hace más de treinta años para los cercanos de Marco Orellana. Otra declaración llamó la atención de los policías, pero esta vez no se trató de exalumnas, tampoco de un hecho concreto, sino que de una sensación devastadora que su exesposa había experimentado durante sus embarazos.
“Él siempre decía en cada hijo ‘esta (va a ser) niñita’ esa obsesión me causaba extrañeza. Era mucha la obsesión y yo pedía a Dios que tuviera niñitos primero. Cuando tuve a mi hija andaba con temor. Marco, a cada niñita que veía le decía si le gustaría que él fuera su papá”, dijo a la policía.
El regreso a Chillán y un presentimiento que se concretó
En 2002, la exmujer de Orellana lo dejó y se fue a vivir a Chillán junto a sus tres hijos, la menor tenía cuatro años. Marco Orellana llegó en 2003 y le suplicó por volver. La mujer aceptó.
Pese a que los líderes de la iglesia conocieron los videos con la mujer y el hombre que instaló cortinas, además de los “rumores” en torno a Orellana, él de igual manera se terminó desempeñando como capellán y líder de una agrupación de niños scout. Allí se habría involucrado con la madre de uno de los exploradores, su hija los vio y le avisó a su madre.
La nueva infidelidad fue un escándalo. Los líderes decidieron desvincularlo no solo del trabajo, sino que de la iglesia.
En 2004 Marco Orellana estuvo hospitalizado de gravedad, según documentación judicial se contagió de VIH, enfermedad por la que aún recibe tratamiento. Desterrado del mundo adventista, pero ya recuperado, buscó trabajo como profesor en otros colegios de la zona centro-sur del país.
En el colegio República de Italia, el año 2010, un alumno y una estudiante de séptimo básico lo denunciaron por “persecución psicológica” e “intento de seducción”. Ambos menores eran pareja y sus denuncias obligaron a la institución a abrir un sumario interno.

“Generalmente, como a las 21:00 horas, cuando llego a mi casa, abro mi MSN(…) cuando existe algún alumno que está conectado, me saludan o yo los saludo, a veces existe un pequeño diálogo. Debo reconocer que a la alumna, cuando la saludaba, ya sea en el patio de la escuela o a través del MSN la trataba con mucha dulzura y con expresiones tales como ‘hola hija’, ‘hola mi amor’, ‘hola mi bebé'”, admitió Marco Orellana en el proceso.
En su defensa, Orellana incorporó sendas cartas de sus antiguos empleadores. La mayoría destacaban positivamente la relación que mantuvo con sus alumnos.
“Él es un profesor que solo por presencia ya educa a sus alumnos y alumnas”, indicaron desde un colegio donde Orellana realizó un reemplazo el 2004.
El sumario finalmente terminó sin sanción para Orellana. Los investigadores no consideraron suficientes los chats enviados a su alumna adolescente en horarios inadecuados.
“Esta Fiscalía considera que el señor Marco Orellana Basaes, profesor de la Escuela República de Italia, por no existir mérito suficiente, procede a liberarlo de culpa”, redactó la actuaria del sumario en marzo de 2011. Ese mismo año, Marco Orellana conoció a la víctima de Chillán, la misma que sometió con al menos otros doce hombres.
La casa de Chillán que se convirtió en un infierno
Marco Orellana conoció a la víctima y a su madre cuando comenzó a oficiar como profesor particular de matemáticas. El padre biológico de la menor lo buscó debido a las dificultades académicas de su hija. La niña tenía ocho años cuando Orellana comenzó con conductas abusivas como levantarle la falda y tocar sus genitales, además de forzarla a ver videos pornográficos.
Por esos años, tanto la madre de la menor como Orellana seguían casados con sus respectivas parejas. Se mantuvieron así durante ocho meses hasta que iniciaron una relación. El teólogo finalmente terminó con su mujer y se fue a vivir a la casa donde se registraron los prolongados abusos en contra de la niña.
Orellana vivió allí un tiempo con su hija menor. Fue en esa casa ubicada en un tranquilo barrio de Chillán, donde el presagio maternal se cumplió. Según relató su hija en el proceso judicial por el que atravesó su padre, él también se propasó con ella cuando tenía 15 años.
Los abusos consistieron en tocaciones cuando la hija del abusador dormía. No fue el único acto impropio por el que tuvo que atravesar. “Él me pasaba su computador para hacer tarea y ahí vi videos de personas adultas teniendo relaciones, eran explícitos, eran varios, pero eran videos bajados de internet, porque él muchas veces dejaba la pestaña de descarga abierta(…)también vi fotografías de niñas, pero desconozco quiénes eran, porque no aparecían caras, eran fotos de cuerpo”, indicó.
La hija del teólogo finalmente abandonó el hogar. Alcanzó a convivir un tiempo con la víctima quien se fue a vivir junto a su madre a la casa de Orellana, quien se convertiría en su padrastro. En ese lugar, las tocaciones a ella pasaron a masajes supuestamente terapéuticos, los masajes a violaciones y las violaciones a encuentros con otros hombres.
“Para mí era como mi todo, como mi papá”, diría la víctima ya siendo una adulta en el juicio.
En la casa donde se concretaron los abusos, hoy sigue viviendo la madre de la víctima, a quien se le condenó como cómplice en un procedimiento abreviado. La mujer solo estuvo unos meses en prisión preventiva.
La madre no fue la única condenada en procedimiento abreviado. Como ella, también accedieron a esta salida alternativa el diseñador gráfico que criaba aves ornamentales, el transportista escolar, el vendedor de leña y el maestro de construcción.
También se condenó por juicio abreviado a Juan Carlos Contreras, constructor y exbombero de una estación de servicios, al electricista Patrick Castro, al mecánico automotor César Lobos y al kinesiólogo Guillermo Zamora, quienes fueron contactados por el teólogo para abusar de la menor.
Pese a cometer delitos de abuso, estupro y/o violación, todos ellos recibieron las penas sustituvas de libertad vigilada intensiva.
El sistema apeló a su reinserción en libertad.
Los pedófilos que siguen en las sombras de Chillán
En total, los procesados a lo largo del juicio fueron 13 hombres, más la madre de la víctima. Pero solo cinco de los 14 involucrados, entre ellos Marco Orellana, pasaron a juicio oral. Los cuatro restantes fueron Juan Carlos Castro Riquelme, Christian Peña Fonseca, Alexis Marín Cornejo y Mauricio Iturra Castro.
Pero el juicio no incluyó a todos los que pasaron por la red de Marco Orellana. En una de las declaraciones que prestó la víctima ante la Fiscalía, los persecutores le mostraron 18 fotografías de hombres que habían podido identificar tras el análisis de los videos e imágenes que mostraban los abusos. Es decir, habría al menos otros cinco hombres que no han sido procesados, además de Daniel Fuentes Yáñez, catalogado por la propia víctima como “el peor de todos”. Y podrían ser más.
Durante el juicio, los argumentos de las defensas insistieron en la idea de que la víctima había consentido todo y que “actuaba con pleno conocimiento y control sobre su sexualidad”, según reza el fallo. Pero las pruebas de la Fiscalía eran contundentes y lograron demostrar que la víctima había sido sometida a una “sexualización traumática” de manera persistente y progresiva, desde los ocho años.
“La víctima fue condicionada a creer que los actos sexuales eran normales, e incluso necesarios, para recibir apoyo emocional y económico, y esto refleja una ausencia total de autonomía para ejercer su voluntad”, expone la sentencia. Esto mismo, según el fallo, impidió que pudiera oponerse a los agresores después de los 14 años, que es la edad que la ley reconoce para que una persona pueda consentir una relación sexual.
Juan Carlos Castro fue condenado por los delitos de violación de menor de 14 años, violación de mayor de 14 años y producción de material pornográfico infantil. Por los primeros delitos, obtuvo un total de 17 años. Por el tercer delito, se le sumaron cinco años más. Quedó con un total de 22 años de cárcel.
Alexis Marín fue condenado a 15 años y un día de cárcel por delitos reiterados de violación de persona menor de 14 años y también por violación a mayor de 14 años, además de cinco años por delitos reiterados de producción de material pornográfico infantil. En total estará 20 años en la cárcel.
Christian Peña recibió siete años por el delito reiterado de estupro -nombre que recibe el delito de relación sexual consentida con menor de edad mayor a 14 años- además de cuatro años por producción de material pornográfico infantil. En total, 11 años de cárcel.
A Mauricio Iturra se le condenó a cinco años por violación de persona mayor de 14 años y tres años por el delito de producción de material pornográfico infantil, alcanzando los ocho años de cárcel en total.
Tras las rejas, mientras aún cumplía prisión preventiva, Marco Orellana envió cartas escritas a mano a la víctima y a la madre. A esta última le escribió más de 70 páginas, donde la llena de elogios e insiste en la idea de que todo lo que hicieron fue con “la mejor intención” y por el bien de la víctima. En el escrito le detalló horarios para rezar, instrucciones para su dieta, para conseguir dinero, entre otras cosas. Le relató con detalles la rutina que tenía, las historias de sus compañeros de celda, incluso le habló del imperio egipcio, citó distintos versículos de la biblia, incluyó un dibujo de su celda y una línea de tiempo que comienza con la creación de Adán y Eva.
En esas cartas también les seguía entregando instrucciones sobre qué hacer respecto al juicio y la importancia de que la víctima cambiara su declaración para salvarse o al menos disminuir la pena que arriesgaba.
Pero hubo un episodio en particular dentro del recinto penitenciario que Orellana omitió en esas cartas. El 8 de agosto, cuando estaba a días de cumplir un mes en prisión, uno de sus compañeros de celda de 32 años lo denunció por acoso sexual. Según recoge la denuncia, Orellana se le insinuó en reiteradas ocasiones y luego le ofreció dinero para hacerle sexo oral. “Quedé muy mal y solo me dan ganas de apuñalarlo”, relató el denunciante, por lo que Gendarmería debió tomar medidas de resguardo y trasladarlo de prisión a la cárcel de Yungay, además de denunciar los hechos a la Fiscalía local.
Luego de ser condenado, Orellana sigue cumpliendo su condena en Yungay. En el penal, según indicó un miembro de su familia, solo es visitado por uno de sus hijos, quien lo considera un “santo”. El resto ha preferido no seguir visitándolo.



