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Opinión

1 de Febrero de 2025
Sandro Baez / The Clinic

¿Me presta el baño?

Foto autor Rita Cox F. Por Rita Cox F.

La columnista Rita Cox aborda la escasez de baños públicos en la ciudad y la falta de debate que hay en la materia. "El baño es, de algún modo, un tema que preferimos obviar. Que queremos alejar. No es solo un problema de falta de recursos. Tal vez ningún político quiere asociar su nombre al de un retrete o un urinario. Tal vez prefieren ser recordados por plazas o monumentos", escribe.

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A mediados de enero, el nuevo director ejecutivo de Starbucks Estados Unidos anunció, a través de una carta enviada a los gerentes de sus locales, que la empresa pondría fin al uso libre de los baños. Si no compras, no puedes usarlos. No fue el único punto que se expuso como nuevo “código de conducta” de la cadena, pero sí el que prendió mis alarmas. ¿Cómo prescindir de esos baños que tengo perfectamente identificados según mis rutas de caminante?

Días después vino el alivio cuando, frente a mi consulta, comunicaciones de Starbucks Chile me confirmó que la medida no será replicada aquí. Seguiremos contando con los baños que ofrecen las 170 tiendas de norte a sur, además de su café, por supuesto.

En Chile, junto a bebidas, galletones y donuts, las franquicias como la antes mencionada nos han nutrido de baños de fácil acceso que nos descomprimen no solo de las ‘ganas de’; también del incómodo trámite de tener que pedir baño, un arte de modestia, una ruleta que dependerá del ánimo del locatario y del escaneo que haga de nuestra apariencia. ¿Nos vemos confiables como para que nos permitan usarlo?  Cualquier mínimo detalle nos puede condenar a un rotundo “no se presta baño”. Y, sabemos, a veces es realmente de URGENTE. 

Otro cuento es lo que encontraremos en el lugar de los hechos: los rastros del humano que antes hizo el mismo trámite, una cadena que no funciona, ausencia de papel higiénico, agua para lavarse las manos. Jabón, ojalá. Todos tenemos historias de baños escalofriantes. Por eso, uno bien tenido, con esa etiqueta que, en la pared, marca las horas de limpieza, se agradece como el pago a fin de mes. Con emoción. 

A la oferta fast track se suman los malls, los museos y espacios culturales como la Biblioteca Nacional, el Museo de Bellas Artes y el GAM, los parques como el O’Higgins y el Bicentenario de Vitacura. Algunos cobran, buena parte no. En el centro, estratégicos son los cuatro baños subterráneos, concesionados por la Municipalidad de Santiago en 2014, ubicados en Estado, Huérfanos, Paseo Ahumada. El jueves, en concejo extraordinario municipal, se aprobó la extensión por otros nueve años. 

En mi caso, si me muevo por trabajo, que suele ser en la comuna de Providencia, tengo ‘mi baño’ en una cafetería. Ya me conocen, entonces incluso si no consumo, llego, paso, con falsa confianza subo las escaleras y llego a destino, el mismo de hace unos veinte años. Igual siento cierta vergüenza de usufructuar de un espacio privado, que mantiene un privado. Pero el más cercano a ese punto está en la Fundación Cultural de Providencia, hacia el poniente, o hacia el oriente, el Costanera Center. 

Mucho más metódica, la periodista del matinal de Chilevisión, Daniela Muñoz, que pasa hasta siete horas en la calle, elaboró una lista de los mejores baños en la zona centro según su experiencia de usuaria. Como publicó LUN, lideran sus preferencias tres de estaciones de servicio: el de calle Brasil con Agustinas, el de calle Vicente Reyes y el de Departamental con Vicuña Mackenna.

No existe en Chile un mapeo de servicios higiénicos públicos. Tampoco aparece nuestro país o alguna de sus capitales en los ranking que diversos medios y empresas realizan de los baños a nivel mundial con mejores implementaciones para diversos tipos de usuarios. París suele ocupar la primera posición. Tokio también destaca, especialmente desde su Tokyo toilet project (y su aparición en Perfect days, de Wim Wenders), una serie de baños diseñados por destacados arquitectos y diseñadores en el contexto de los Juegos Olímpicos 2020.

De vuelta aquí, el Gobierno Regional Metropolitano de Santiago no cuenta con esa información. Para construir una guía sería necesario preguntar municipalidad por municipalidad. 

Hace unos días, Lloyd Brown, tiktoker británico de viajes, criticó el olor a orina de Valparaíso. Confirmo su impresión tras mis últimas estadías allí. Olor molesto, hasta patrimonial por lo habitual o histórico. Hediondez que también se siente en sectores de Estación Central, Independencia y Lastarria, por no dejar sola en esto a la Ciudad Puerto. 

Aquí entramos en un tema complejo. Ese gesto arraigado en la cultura callejera masculina de encontrar en un muro, un poste de luz, o un árbol, un espacio equivalente a un baño. Un acto de barbarie si hablamos de salubridad y déspota, si pensamos en que las mujeres no ejercemos tal desfachatez. Es cosa de preguntarse cuántas veces hemos visto a una orinando por ahí.

De lo anecdótico y molesto pasamos a un tema de política pública. Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), se espera que para 2030 más del 60% de la población mundial viva en ciudades. Es decir, más personas de variadas edades, condiciones y necesidades se trasladarán por la ciudad y necesitarán baños.

Los necesitan ya, como se ve en las calles. También los necesitan los y las migrantes en precarias condiciones domésticas, y las personas que viven en la indigencia. Los necesitan ya mujeres y hombres de sectores donde no hay centros comerciales, servicentros o cadenas de cafés y que ven impactadas a diario sus vidas por la necesidad de orinar, de cambiarse la toallita higiénica, de mudar a la guagua, de sacarse leche, de lavarse y ducharse, o de enfrentar una urgencia estomacal, como nos pasa a todas y todos.  Son necesidades básicas que parecen estar ausentes de la conversación de la política pública. 

Sumemos el calor. La indicación es hidratarse, pero como me explicaba la investigadora del CIGIDEN Magdalena Gil, las personas la piensan dos veces, ya que, de no contar con baños en sus trayectos, sacrifican esa medida fundamental. El Metro, sin ir más lejos, no cuenta con baños públicos. Solo en caso de emergencia, adultos mayores, embarazadas y personas con niños pueden solicitarlos. 

Ya hace 20 años, con notable actualidad, en un artículo de la Revista de Urbanismo, la arquitecta de la Universidad de Chile Sonia González D. rastreaba la situación del centro de Santiago y enfatizaba que la falta de servicios higiénicos en el espacio urbano es una carencia que afecta a todos los ciudadanos por igual, pero que es más sensible para un porcentaje de la población como las personas de la cuarta edad, madres con niños, discapacitados, indigentes, trabajadores informales, vendedores en aceras y carros propios, artistas callejeros, guardias de calles residenciales en casetas. “Salud y ciudad son términos íntimamente relacionados, y el espacio público es el escenario en donde esa interrelación de materializa”, anotaba.

Coincide plenamente con lo que plantea en su libro de 2023 Colin McFarlane, profesor de Geografía en la Universidad de Durham, cuya investigación se ha centrado en la crisis global de saneamiento en ciudades de todo el mundo. En “Waste and the city: The crisis of sanitation and the right to citylife” -lectura recomendada por la arquitecta Catalina Pollak que ha investigado lo que pasa el respecto en Inglaterra-, releva la infraestructura sanitaria como un tema olvidado de la vida urbana moderna, a pesar de la reciente pandemia del Covid-19, que evidenció las consecuencias del desigual acceso a servicios de higiene en las ciudades de todo el mundo. Brecha de acceso, pobreza y desigualdad, mirada de género, salud pública y derecho democrático a la vida urbana se juegan en el baño bajo la mirada de McFarlane.

No cualquier baño. En Concepción, la diseñadora y académica de la UDD Valeria Lobos ha investigado, junto a un grupo de alumnos, la disponibilidad y estado, poniendo foco en el Parque Ecuador. Concluye que, en muchas ciudades, estos espacios suelen asociarse con falta de higiene, inseguridad y abandono, lo que desincentiva su uso y refuerza una percepción negativa en la comunidad.

El baño es, de algún modo, un tema que preferimos obviar. Que queremos alejar. No es solo un problema de falta de recursos. Tal vez ningún político quiere asociar su nombre al de un retrete o un urinario. Tal vez prefieren ser recordados por plazas o monumentos. Es urgente enfrentar el hecho que somos organismos biológicos, que producimos desechos, y hay que hacerse cargo de ellos.

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