La inédita entrevista en que Tommy Rey reveló su molestia por su último Festival de Viña: “Nos tiraron a las 3 de la mañana y cortaron la transmisión”
El fallecido astro de la cumbia chilena sostuvo una larga relación con la industria televisiva chilena, que se remonta a 1962. Patricio Zuñiga, su verdadero nombre, disfrutó de los días en que se tocaba en directo y los canales pagaban, la llegada del playback, y el progresivo relegamiento en la parrilla. En esta entrevista inédita de julio de 2022, cuando lidiaba con las consecuencias del Covid-19, Tommy Rey rememoró cómo era trabajar en la pantalla chica, junto a la importancia y los bemoles del medio. Y, además, repasó su historia de dulce y agraz con el Festival de Viña del Mar.
Por Marcelo Contreras 29 de Marzo de 2025
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“Si se llama Daniela esta canción es suya; siga bailando con Televisión Nacional y con ¡Tommy Rey!”, exclama Antonio Vodanovic de frac y brushing, en un programa de año nuevo en los 80. Era un clásico anual de la oferta de esa década, un fiestón multitudinario mezcla de famosos y gente común tomando, comiendo y fumando en cámara; carretes multitudinarios que producían los canales más grandes con las mejores orquestas tropicales del país, cuando la torta publicitaria se repartía entre pocos actores. Número fijo: La Sonora de Tommy Rey, en la época en que el cantante aún ejercía como percusionista, secundando el trabajo del director musical Leo Soto en los timbales.
En 1982, cuando se marchó de la Sonora Palacios junto a otros cuatro músicos, donde había militado por casi 20 años, enfrentaban un extraño dilema en la formación del conjunto que tomó su nombre, a sugerencia de sus compañeros. Literalmente todo el país conocía su voz -”barítono completo”, como lo definió Miguel Barriga de Sexual Democracia, en el homenaje que la SCD brindó a la orquesta en 2024 como figuras fundamentales de la música chilena-, pero su nombre era apenas conocido.
“A mí no me nombraban nunca cuando estaba en la Palacios -aseguró-, muy rara vez me nombraban”, dijo Tommy en esta entrevista -hasta ahora inédita- que concedió para la investigación del libro Mucha Tele, escrito por Marcelo Contreras y Rafael Valle, en 2022.
“No nos conocían mucho. Nos daban trabajo por ahí, pero nos costaba encontrar. No era un nombre tan conocido y no sabían si tocábamos bien o mal. No habíamos ido nunca a la televisión por la Sonora de Tommy Rey, todavía”, comentó para la misma entrevista a la que accedió The Clinic.
“¿Y por qué el nombre? ¿Por qué me pusieron así? Fue el director de Los Peniques [la primera orquesta en que cantó en 1963]. Me puso Tony Rey. No Tommy, Tony. Y después yo me lo cambié a Tommy, con dos emes, jejeje, como se escribe en inglés. Pero a ellos se les ocurrió, como le digo, a los músicos, ponerle Sonora de Tommy Rey”, recordó.
El envión se produjo cuando debutaron en el Festival de la Una (1979-1988), animado por el fallecido Enrique Maluenda en TVN. “Hoy día les queremos mostrar a esta orquesta nueva -presentó con su estilo engolado-, esta nueva institución musical que seguramente habrá de seguir haciendo los deleites del público chileno… se llama la orquesta de Tommy Rey”.
A partir de ese momento, la Sonora Palacios quedaba atrás para el cantante. La grabación del single Daniela ese mismo año ‘82 (original del colombiano Johnny Arce) se convirtió en un hit y la televisión los convirtió en uno de sus favoritos, al menos por un tiempo.

Por una cabeza
A esas alturas, la pantalla no representaba mayor novedad para Tommy Rey. Más aún, era un veterano. Cuando su sonora apareció en el Festival de la Una, habían pasado dos décadas desde su primera vez frente a las cámaras, cuando la industria era incipiente y estaba circunscrita a las universidades, el origen del medio en Chile.
“La primera vez que fui a la televisión fue hace mucho, en el año 62, cuando empecé a trabajar en la música con 18 años. [Con Los Peniques] nos llevaron a un programa y, bueno, estaba muy nervioso yo. Y los músicos eran buenos para la talla”, comentó.
“Uno de los músicos que tocaba el saxo me dijo: ‘córrete para allá, cabro, que me estái tapando’. Y yo le dije ‘tschis, con esa tremenda cabeza que tiene -le dije yo-, no te puedo tapar’. Y se largaron a reír todos los otros músicos, una pequeña anécdota. Eso fue en Canal 13, ahí ya estaba Don Francisco”, recordó.
Al tiempo, Tommy Rey se marchó de Los Peniques -”había problemas entre los músicos”- y se unió a La Sonora Palacios, bajo el liderazgo del trompetista Marty Palacios.
“Empecé a trabajar con ellos en la taberna Capri, ahí en la calle San Antonio”, relató. “De repente nos hablaron para que grabaran. Y bueno, me llevaron a grabar El pobre caminante, que fue un éxito total. Después grabamos La Peineta, después La Mafafa, La Mula. Muchos temas que pegaron, que gustaron mucho, y empezamos a ir a la televisión. De repente empezamos a ir a Sábado Gigantes, y a diferentes programas. Canal 11 [9 de la Universidad de Chile] tenía de repente un show”, planteó.
“Pero me acuerdo bien el año, el 65, por ahí. Porque yo con la Sonora Palacios fui a Argentina y dos meses estuvimos allá. Nos fuimos a Mendoza en un avión y de ahí en un vehículo nos trasladamos hacia el norte de Argentina. Y fuimos a Tucumán, fuimos a Jujuy, fuimos a Catamarca, Córdoba y llegamos a la frontera con Bolivia en una parte que se llama Tartagal. Y hacía un calor tremendo, un calor húmedo allá en Argentina. Cuento estas anécdotas porque son cosas inolvidables. Y después volvimos a Chile y seguimos trabajando.
—¿Cambió la televisión entre los años 60, que son estos primeros recuerdos, luego a comienzos de los 70 con la UP y después cuando llegan los militares por el golpe?
—Bueno, fue una época difícil después. Después del Golpe de Estado del año 73, era más difícil que llevaran muchos artistas a la televisión. Casi no llevaban a nadie (…) y de repente empezamos a ir. Yo por la Palacios iba al 13, al Festival de la Una. Bueno, hacíamos cosas así. Pero no era muy seguido. Y en ese tiempo pagaba la televisión. Pagaban, jeje.
—¿Cómo se negociaba ahí? ¿Tenían managers, la propia banda lo hacía? ¿Cómo funcionaba esa parte?
—El encargado de cobrar todos los trabajos y todas las cosas era Marty Palacios, que hasta el momento es el director de la Sonora Palacios. Y él nos decía, ‘mira hay tanta plata’ y nos pagaban individualmente. Uno iba a hacer la fila allá en el canal y le pagaban así aparte a los músicos. No le pagaban a él para que nos pagara a nosotros. Los trabajos que hacíamos sí en diferentes lugares donde íbamos a tocar, ahí él cobraba y él nos daba la plata a nosotros. Nunca sabíamos cuánto cobraba, jejé. Después empezamos a ir a la televisión, gracias a Dios.
Con el Festival de la Una, se grababa todo de un viaje y lo transmitían de lunes a viernes en la hora de almuerzo. Bueno, ahí nos empezamos a dar a conocer. Y después nos llevaron de Sábados Gigantes. Y empezamos a pegar y después partimos en giras por diferentes ciudades. Así que eso nos ayudó mucho. La televisión es lo que más ayuda porque es una vitrina muy especial. Así que por eso nos fue bien después.

Moviendo la boquita
—Cuando iba a la televisión, ya sea cuando era parte de la Sonora Palacios o después ya con su propia orquesta, ¿tocaba habitualmente en vivo o tenían que hacer playback? ¿Cómo eran las condiciones?
—Siempre se tocaba en vivo al principio. Y nunca sonaba tan bien, porque los micrófonos a veces no le daban los mismos volúmenes a las trompetas, por ejemplo, especialmente. Y a veces no escuchaba bien el piano, eso echaba a perder un poco la actuación. Pero después se empezó a doblar. Poníamos los background de las grabaciones nosotros y poníamos el background a la pista y yo cantaba en vivo, directo, para que saliera más natural. Y algunas veces doblé también yo, movía la boquita nomás, jajaja.
—¿Había mucha diferencia entre los canales, el 13, Televisión Nacional, el canal de Universidad de Chile?
—En general era muy parecido todo. No hay tanta diferencia entre un canal y otro. Siempre igual, casi. Así que nosotros hasta última hora hemos estado en la televisión. Fuimos al programa ese que anima la niña que cantaba mexicanos. ¿Cómo se llama? La Hora de Jugar se llama, nos gustó mucho. Y después fuimos para promocionar lo del Caupolicán de los 40 años [mayo de 2022], fuimos a Televisión Nacional y al Canal 13, y el mismo día salimos en los dos lados. Porque uno lo habíamos grabado y el otro lo hicimos directo. La televisión sirve mucho, es muy importante para los artistas.
Para Tommy Rey, el momento cúlmine de su trayectoria sucedió cuando finalmente debutaron en el Festival de Viña del Mar en 2004, luego de haber sido censurados en la edición de 1987 por haber actuado para exiliados. “Lo más importante que hemos hecho -aseguró- con la Sonora de Tommy Rey es el Festival de Viña. Eso lo transmitía también la televisión y era muy importante. Y se veía en otros países también”, comentó.
“Esa primera vez que fuimos, nos tiraron como a las 2 de la mañana, cerrando. Nos dieron hasta la gaviota de plata. Y la segunda vez fuimos junto con la Sonora Palacios, que inventaron una cosa que se llamaba la Gran Sonora de Chile. Y después, en el 2013, fue la última vez que fuimos a Viña. Ahí nos ganamos hasta la Gaviota de oro. Nos daban una antorcha, la de plata y la de oro”, recordó.
Y agregó: “Pero desgraciadamente, el canal Chilevisión, creo que lo transmitía, cortaron la transmisión antes que terminara. Mucha gente no se dio cuenta que nos dieron la gaviota de oro. Entonces, eso no nos gustó mucho porque nos tiraron a las 3 de la mañana, y terminamos cerca a las 4. Y cortaron la transmisión antes. Eso es una tontería”.

“Le dan tanta importancia a los artistas que vienen de afuera que le dan una hora y media a la transmisión, por ejemplo. Y a nosotros nos dan 45 minutos, cerca de una hora. Desgraciadamente, pasa eso a veces”, dijo.
“Cuando nos invitaban a tocar, por ejemplo, en el Megavisión, el que animaba Luchito Jara, nos llevaban y nos tiraban al final casi también. No alcanzábamos ni a terminar los temas y se acababa el horario. Eso nos daba rabia, que no calculaban bien ellos. Entonces, no respetan a los artistas en ese sentido. A nosotros nos ha pasado y a varios grupos. Eso critica uno. Desgraciadamente uno no se acuerda bien de los años, cuándo pasó esto, qué sé yo. La época más difícil fue después del Golpe de Estado”, dijo.
—¿Cuándo se normalizó relativamente la pega después del golpe?
—Uf, varios meses después, porque nosotros estábamos trabajando en un local que se llamaba El Pollo Dorado. Y ahí trabajaba la Palacios en ese tiempo, el 73. Y quedamos sin pega. Los locales tuvieron que cerrar algunos, no podían tener gente, andaban siguiendo a mucha gente. Era bien peligroso. Entonces, no podíamos actuar en cualquier parte. Fue un momento muy desagradable. No solo para nosotros, para todos los músicos, artistas. Y duró harto tiempo eso.
Ahora con la pandemia también. Estuvimos dos meses una vez sin hacer nada. Y ya empezó a arreglarse un poco. Ahora hemos ido a Arica, fuimos a Iquique. Hemos ido a Quilpué, por ejemplo. A varias partes. Entonces, hemos actuado y hemos tenido trabajo, felizmente. Pero como digo, fue una época muy difícil.

—Tommy, ¿le dan ganas de retirarse o va a seguir tocando nomás?
—Yo hasta que Dios diga. Porque felizmente la voz me ha acompañado. Salvo algunas veces cuando paramos de tocar un tiempo, pierde uno el training, jejeje. Entonces cuesta un poco, incluso se puede olvidar la letra de algunas cosas. Con la edad uno va perdiendo eso. Pero no estamos en condiciones de retirarnos. No estoy mal económicamente, estamos bien. Yo vivo con mi señora ahora acá en Reñaca. Compramos un departamento, vendimos la casa en Santiago, y compramos un departamento acá frente al mar. Es muy lindo este lugar. Entonces estamos viviendo bastante bien. Y bueno, hay semanas que no hacemos nada, pero después nos recuperamos económicamente. Así que si tenemos plata en el banco o algo hay que juntar. Cuando le va bien a uno, hay que prepararse. Y que felizmente ahora estoy tranquilo. Estuve enfermo, me dio la enfermedad esta, el COVID-19.
—¿Y cómo anduvo?
—Nos dio a mi señora y a mí. Pero me dio mal, me llevó a la clínica que está cerca a las seis y media de la mañana, porque estaba mal. En silla de ruedas me bajaron por el ascensor. Estuve mal, pero felizmente pasó.
—¿Consecuencias?
—El pecho siempre así como que estuviera cerrado un poco. Yo sufro de hipertensión. Me subió tanto la presión que se me desvió un ojo hace tiempo atrás, cuando venía viajando con la orquesta desde Chillán. Empecé a ver doble todo, los árboles, los postes. Se me desvió totalmente el ojo derecho. Me veía re bonito (risas). Me recomendaron acupuntura y el ojo se me enderezó. Le recomiendo a la gente que vaya a la acupuntura, eso te mejora muchas cosas.
Yo cuando subía al escenario, veía el doble de gente. De mil personas había dos mil (risas). Es una broma. A veces me he dado costalazos. Estábamos tocando en el sur y teníamos que ir a otro lado. Llegamos, teníamos que entrar casi corriendo, me caí y me rompí la boca por dentro. Me corría la sangre. Menos mal que no me quebré los dientes, nada. Y me pusieron el hielo aquí y a la media hora estaba cantando arriba.Esas cosas pasan, así que hay que cuidarse mucho. Cuando uno entra en edad, va perdiendo la tranquilidad para caminar, hay que tener mucho cuidado. No le cuento más chismes, jajajá.



