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El experimento que busca ganar la cruzada y bajar las alarmantes cifras: el 50% de los escolares en Chile padece de sobrepeso y obesidad

Los niños chilenos están entre los con más obesidad y sobrepeso de la región y, esta semana, un informe de la Junaeb arrojó que la mitad de los estudiantes chilenos sufre de esa condición. La malnutrición por exceso se encuentra entre los mayores problemas de salud pública del país. Mientras las autoridades explican cuál es el panorama y las dificultades de revertir la curva, en seis colegios de Macul, San Joaquín y La Granja un equipo de investigadores trabaja con ensayo y error el cómo hacer que el desolador panorama cambie.

Por 5 de Abril de 2025
Imagen: Sandro Baeza/The Clinic
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“¡Vengan a mirar! ¡Llamen a sus compañeros!”, grita el monitor de polera negra, de pie en un rincón del patio de la Escuela Básica Fray Camilo Henríquez, en San Joaquín. Hay una veintena de niños y niñas de distintos cursos de primer ciclo básico, esperando a su alrededor con entusiasmo.

En el resto del patio está el caos típico del recreo post almuerzo. La multicancha tiene tres partidos de fútbol con pelotas hechizas de papel y cinta adhesiva. Las escaleras y otros rincones están repletos de escolares en todo tipo de actividades, risas y desorden. En el rincón, el monitor de polera negra introduce el primer juego de la tarde: quitacolitas, que es recibido con un grito de alegría. Se distribuyen pecheras de distintos colores, cada uno se la amarra del pantalón y pasan luego veinte minutos tratando de arrancárselas unos a otros. Hay carcajadas y caídas.

Luego el monitor saca una cuerda larga, y se arma una fila para poder saltarla por turnos. A la antigua. Hay entusiasmo de ver quién logra más saltos. “Unas de las cosas que tuvimos que reforzar post pandemia, es que muchos niños no habían aprendido a saltar la cuerda”, dice Danae Arancibia, mientras observa la actividad. En sus manos tiene stickers para entregarle a los niños, con mensajes como “El agua siempre será la mejor opción”, “Mantente activo y saludable” o “Invita a un amigo a hacer ejercicio”.

Ella y el monitor son parte de un equipo que ya lleva dos años haciendo una intervención en este establecimiento y otros cinco más, que pertenecen al SLEP Gabriela Mistral, ubicados en Macul, San Joaquín y La Granja. Es un proyecto Fondef llamando Escuelas + Saludables, gestionado por la Universidad de Santiago y la Universidad del Desarrollo, que está experimentando a escala para tratar de detener el mayor problema de salud pública a nivel país: la obesidad y sobrepeso, partiendo desde la infancia.

El equipo, liderado por el médico y profesor Tito Pizarro, comenzó trabajando hace seis años con municipalidades, pero ya hace dos se fue directamente a los colegios. Han ido probando metodologías e ideas, han hecho reuniones con docentes y apoderados, han intervenido el barrio y han hablado y aprendido directamente de los niños, para ver qué puede funcionar al momento de cambiar hábitos y torcer la testaruda curva de obesidad.

Niños participan en actividades del Programa Escuelas Saludables contra la obesidad infantil. Foto: Francisco Paredes/The Clinic

“Yo soy pediatra. Si este niño o niña empieza a consumir alimentos más saludables y a tener una vida más activa, cuando adulto va a tener menos cáncer, va a tener menos enfermedades cardiovasculares, va a ser más aceptado socialmente, va a ser más feliz”, explica Pizarro -quien se define como “formado en educación pública: soy del colegio de barrio, del liceo público y de la universidad pública”- sobre la motivación para armar esta especie de laboratorio anti sobrepeso. “¿Entonces, por qué le tengo que privar a este niño o niña, sobre todo en los sectores más pobres de nuestro país, la posibilidad de ser una persona más plena?”.

Obesidad en Chile: un diagnóstico desolador

Es como si todos los termómetros que miden la enfermedad estuvieran ardiendo, en rojo. La OMS considera a la obesidad una pandemia no infecciosa. En Chile, según la última Encuesta Nacional de Salud, el 74% de la población mayor de 15 años presenta sobrepeso, obesidad u obesidad mórbida; de los más altos de la región. Los niños, en específico, no están bien: el Informe de Vigilancia del Estado Nutricional 2023 revela que 35,28% de los niños y niñas menores de 6 años atendidos en el sistema de salud público presentan “malnutrición por exceso”, como se le llama técnicamente. En el grupo de 6 a 9 años, esta cifra se eleva a 42,45%. Entre adolescentes de 10 a 14 años, la prevalencia alcanza 52,09%.

Según el Mapa Nutricional 2024, dado a conocer esta semana por Junaeb, el 50% de los escolares evaluados en Chile presenta algún grado de sobrepeso u obesidad. Quinto básico sigue siendo el curso con peores resultados donde tres de cada cinco estudiantes continúan presentando obesidad, sobrepeso u obesidad severa. Sin embargo, el curso donde más aumentó la malnutrición por exceso es en prekinder pasando de un 46.9% a 47.5%.

En resumen: un drama, que el Estado intenta atajar desde distintas áreas y ministerios. En el Ministerio de Salud, por ejemplo, destacan el trabajo que se ha hecho aumentado el impuesto a bebidas azucaradas -parte de la reforma tributaria- en 2014; o la Política de Alimentación y Nutrición (2017), que se manifiesta en la Estrategia Nacional de Salud; y las Guías Alimentarias, actualizadas en 2022, que buscan fomentar “el consumo de alimentos frescos, naturales y mínimamente procesados, considerando la diversidad territorial, la estacionalidad, y el respeto por las culturas alimentarias tradicionales del país”.

Hay programas y planes diversos, desde el Ministerio de Economía al de Educación o el de Agricultura, más el trabajo de Junaeb y el sistema Elige Vivir Sano. Este último es parte del Ministerio de Desarrollo Social y coordina acciones y estrategias. Las implementaciones van desde las horas de actividades física en los colegios a las ferias libres y la oferta alimentaria de estación y accesible al bolsillo, para competir con la comida procesada. Desde el año pasado que Chile es uno de los 28 países, destacan desde el Minsal, en implementar la Estrategia de Aceleración para Detener la Obesidad, impulsada por la Organización Mundial de la Salud, con un mapa de ruta hasta 2030.

Pero sin duda la estrella es la Ley 20.606, de etiquetados, conocida por todos por los sellos negros que alertan el consumo alto en grasas saturadas, sodio, azúcares o calorías. “Esta normativa ha tenido un alto nivel de cumplimiento por parte de la industria -más del 80% según fiscalizaciones del MINSAL-, una gran aceptación ciudadana: el 97% de la población reconoce los sellos ‘ALTO EN’ y más del 70% declara que modificó su conducta de compra al comparar productos”, dice Cristián Cofré, jefe Departamento de Nutrición y Alimentos del Ministerio de Salud.

“Además, ha impulsado una reformulación significativa en la industria alimentaria y ha sido reconocida a nivel internacional como modelo de política integral para combatir la obesidad, siendo replicada o adaptada por otros países”. Junto con la ley que regula la exposición de niños a publicidad de productos no saludables, en esto Chile  ha sido referente.

Niños participan en actividades del Programa Escuelas Saludables contra la obesidad infantil. Foto: Francisco Paredes/The Clinic

Pero entonces, ¿por qué estamos entre los peores de la región en cuanto a sobrepeso? “La ley de etiquetado es ejemplo mundial. Esto se replicó en el resto del planeta a partir de la ley chilena, lo cual ha sido muy bueno. Sin embargo, no es suficiente. ¿Por qué? Porque no basta con la información disponible. Es como que todos sabemos que hace mal fumar, sin embargo hay tabaquismo”, dice Valeska Naranjo, secretaria ejecutiva de Elige Vivir Sano.

Destaca que el sobrepeso u obesidad tienen raíces multifactoriales, partiendo por el creciente sedentarismo de la población, como por ejemplo la posibilidad económica de las familias de acceder a alimentos frescos y saludables. Pero, además, Naranjo apunta a razones más complejas de identificar y batallar. Cuando se trata de comida, a veces los hábitos son difíciles de cambiar porque vienen desde una cultura profundamente arraigada. “Cuando nosotros estamos contentos, nos comemos algo rico. Además, ojalá, dentro del ámbito de lo ‘prohibido’: el chocolate, el helado, el bombón, el pastel. Alimentos con los tres sellos, me los permito porque me gratifico o porque estoy triste”.

Entonces ahí, dice, “tienes un problema importante de cómo comprendemos la nutrición. Y eso efectivamente es muy cultural. Hay un patrón que se midió el 2021, tenías aproximadamente una proporción de bebidas azucaradas, consumo de pan y consumo de dulces casi un 30 % mayor que el consumo de frutas, verduras, legumbres”.

“Chile es un país que no tiene muchos recursos, un nivel socieconómico bajo, en donde empieza a satisfacer un placer a través de la comida con relativa facilidad desde el punto de vista de las conductas. Es una población que sufre de muchas dificultades, de alta vulnerabilidad, pero que en la comida encuentra un placer que no lo encuentra de otra manera, a muy bajo costo”, señala Tito Pizarro de la Usach.

Ella agrega la variable del sedentarismo: “Nuestros niños y niñas, y los adultos también, en general se mueven muy poco. Si tú le preguntas a los papás y mamás por qué no ocupan el barrio, la plaza de la esquina, es por inseguridad, prefieren tenerlo adentro de la casa viendo una pantalla de televisión o un celular. Entonces tenemos una población que tiene acceso a comida de mala calidad, y tenemos una población que está con poca actividad física”.

El sueño de la colación saludable

La pandemia generó que todos los estudiantes aumentaron sus niveles de obesidad, pero ya veníamos de antes con estos problemas”, explica Camila Rubio, la directora nacional de Junaeb. “Uno esperaría que el año 2023, que venía con mayor normalización de los estudios o actividad física, pudiésemos haber bajado y eso no se ha dado de esa forma. Hemos estabilizado algunos grupos etarios, pero hay otros que siguen complejos, particularmente en la primera infancia, como los que ingresan al sistema educativo”.

Los expertos y los encargados estatales de trabajar el tema coinciden en que lo más difícil de cambiar hoy es lo que se consume o proviene de las mismas casas chilenas. En el sistema público, los niños y niñas comen tres comidas al día en los establecimientos educacionales, y estas son equilibradas. Ha sido un trabajo de años en Junaeb buscar menús saludables, con productos locales y de temporada, y, no menos importante, cada vez más ricos.

“Hemos hecho hartos esfuerzos para poder ir mejorando la alimentación, no solo de la perspectiva de la calidad, sino que también de los gustos, las preparaciones”, dice Rubio. “Por ejemplo, hemos hecho cambios en la leche. Desde el año 2023 hemos cambiado la leche que se da en los jardines infantiles para que sea más rica. Sabemos que la leche chocolate les gusta más, entonces damos más leche con chocolate que otros sabores a los más grandes. Y así hemos estado tratando de adaptarnos a los gustos de los niños, manteniendo el equilibrio alimentario siempre como prioridad. Nosotros queremos que coman en el colegio, porque ahí van a tener la diversidad de productos que estamos entregando”.

Niños participan en actividades del Programa Escuelas Saludables contra la obesidad infantil. Foto. Francisco Paredes/The Clinic

Pero luego son las colaciones que llegan desde las casas, o las que se compran camino al colegio, las que vienen con sellos o sin nutrientes: en vez de manzanas, llegan las sopaipillas o las papas fritas.

“Hay papás que hacen el esfuerzo de mandar una fruta, una alimentación saludable, pero los mismos niños se enfrentan con sus compañeros que llevan su papa frita, que llevan bebida energética o las galletas”, dice Rubio. “Los apoderados señalan que no tienen tiempo para cocinar, para preparar cosas. Hace poco lanzamos con Elige Vivir Sano una campaña de colaciones; ahí tenemos un trabajo que hacer con las familias de que puedan tomar un poco más conciencia sobre qué es lo que se le manda a los niños al colegio”.

Y está lo que se vende alrededor de los colegios: el año pasado se comenzó a discutir en el Congreso una modificación a la ley 20.606, para que no sólo restrinja lo que se vende dentro de los establecimientos escolares, sino que también a su alrededor, generando todo un entorno libre de sello: un entorno alimentario sano.

Un experimento saludable

El timbre suena y los niños corren de regreso a sus salas en la Escuela Fray Camilo en San Joaquín. Los últimos pelotazos de fútbol azotan la pared y los monitores del programa Escuelas + Saludables se dirigen a una de las salas de segundo básico para ofrecer la “pausa activa” en las salas: como parte de su experimentación en terreno van hasta la misma aula, entre bancos y sillas, para que los niños se muevan en el lugar -y en el caso del regreso del recreo, también respiren y bajen la intensidad-.

Según Tito Pizarro, a cargo del trabajo, esto ha ayudado a que se concentren más y que incluso, cuando las aplicaron en la primera hora de la mañana, ayudaron a bajar el ausentismo escolar porque los niños se entusiasman en hacerlas.

Gentileza Escuelas + Saludables

Así, en los seis colegios del SLEP Gabriela Mistral, Tito Pizarro ha estado probando los cambios posibles para generar un ambiente alimentario saludable para los niños. Una cápsula Petri a escala, para ver qué funciona cuando se pasa del papel del proyecto y el mundo de las ideas a la vida de los niños.

“Me impacta ver las fotos de las escuelas antes y después de nuestro proyecto. Los patios eran dominados por niños que jugaban a la pelota. Y cuando uno ve que que nuestros monitores o los mismos profesores hacen recreos entretenidos, entran niños y niñas a jugar. Sigue estando un espacio para el pelotero, pero se genera esta cosa mixta en el patio”, dice Pizarro como ejemplo.

También han trabajado en reforzar el consumo de agua: el simple hecho de instalar dos bebederos en distintos patios -conectados a electricidad para que siga saliendo fría en el verano-, junto con entregarles a los niños una botella reutilizable, ha ayudado a que se instale de mejor manera el hábito de tomar agua en vez de bebidas azucaradas.

Alrededor de los colegios se han coordinado con algunos negocios para que tengan unas pizarras con distintivos reconocibles para los niños, y donde les ofrecen a los más chicos lácteos y frutas. Pizarro dice que es difícil de fiscalizar por parte de la Municipalidad a los carritos informales, pero la idea es que todo el entorno fomente lo saludable.

Y dentro de las clases, viendo experiencias anteriores donde una vez que terminaba la intervención de la academia los proyectos quedaban en nada, se ha trabajado con que los mismos contenidos del currículo ministerial en clases de Lenguaje, Matemática, Historia y Ciencias, entreguen ejemplos que apunten a lo saludable. Es decir: que el cuento que lean sea con hábitos sanos, o que literalmente sean peras y manzanas lo que se sume en el cuaderno.

Ahora, no todo es avance. Dice Pizarro riendo: “Es muy divertido. Cada vez que nos vamos a reunir con los profes nos tienen galletas y cosas poco saludables. Entonces, ahora, ese día en la mañana suman alguna fruta, porque les da cargo de conciencia. Pero bueno, igual hacen el intento. Lo gozamos porque los obligamos a cuestionarse”.

En agosto, Pizarro y el equipo medirán resultados. Le pondrán acelerómetros a los niños, instrumentos para medir cuánto duermen, cuánto caminan, en qué momento tienen actividad física.

“Vamos a encuestar a los niños y a los apoderados, sobre qué comida están consumiendo, vamos a mapear los territorios, vamos a ver los negocios. Hacemos un estudio completo del sistema y volvemos a encuestar estilo paneles o focus sobre la experiencia vivir en una escuela saludable”, explica. Y ahí vendrán ciertas conclusiones y la gran duda: si una vez que dejen los seis colegios, se puede mantener en el tiempo el cambio, si llegan mejores colaciones, si los niños se siguen moviendo.

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