Opinión
26 de Abril de 2025
Amores de mercado: la debacle de los mercados de Santiago, Coquimbo, Concepción y La Serena y los planes para recuperarlos
Por Rita Cox F.
El Mercado Central pasó de ser un lugar de paso obligado y disfrute, a uno de crisis; con vacancias de hasta 25% y gran baja de público. Los más de 200 locatarios dan la pelea y hay avances lentos en refacción y seguridad. Es parte del abandono a varios de nuestros mercados, incluyendo el de Coquimbo, el de Concepción y la muy dejada Recova de La Serena, que en vez de ser espacios tradicionales de desarrollo económico y turístico, viven dejadez y un verdadero ghosting.
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Ni 153 años de historia, ni el remake en pantalla de la teleserie de Mega con este Monumento Histórico Nacional como locación, han podido levantarlo. El estallido, la pandemia, el desatado comercio informal, el deterioro del espacio público circundante y la inseguridad en sus afueras generaron en cadena una crisis jamás vista en el Mercado Central de Santiago, con un 25% de vacancia a la fecha y una baja de público dramática. Si en 2017 el flujo era de tres mil personas diarias, hoy no llegan a las mil.
Como santiaguina, durante mi infancia, juventud y buena parte de la adultez, el Mercado Central de Santiago fue un espacio de deseo. Una parada obligada. Entrar, comprar pescados y mariscos, tal vez alguna otra cosita, sentarse a comer algo rico y luego aprovechar de pasear por calle Rosas para tropezarse con sus bisuterías, materiales de manualidades o lo que generara ganas. Llegar con las manos vacías y volver a la casa con tesoros del recorrido por las calles Ismael Valdés Vergara, 21 de Mayo, San Pablo y Puente. Una costumbre que me heredó mi mamá, que, desde antes de instalarse en el centro, hasta hoy suele sorprenderme con sus relatos de hallazgos de productos de oportunidad: que los mariscos de su casero, que la especie, que el aceite de oliva a buen precio, que el café de grano que encontró en la tostaduría. Su fidelidad es a toda prueba y sorprendente.
También inspiradora resultó años atrás la opción del diseñador Atilio Andreoli de instalarse a pasos del mercado, en un departamento que a través de las páginas de alguna revista hacía suspirar de tanta belleza.
241 locales tienen el Mercado Central de Santiago, entre ellos 31 pescaderías, restaurantes emblemáticos como Donde Augusto y El Galeón, una carnicería, dos tiendas de frutos secos, una de abarrote, tres puntos de ventas de empanadas, dos verdulerías, una farmacia naturista y dos fiambrerías. Hasta 350 personas trabajan diariamente. Entre ellos, hace veinte años, Sergio Olivares, su administrador, que reconoce las dificultades, pero junto a su equipo da la pelea.
Cuenta que los problemas en el entorno se agudizaron durante la gestión de la alcaldesa Irací Hassler, que con el gobernador Orrego la relación ha sido más distante de lo que quisiera, pero pone sus fichas en lo que pueda generarse durante la administración del alcalde Mario Desbordes que, con casi 150 días en el cargo, – dice- ya ha demostrado avances en seguridad y reducción del comercio ambulante. ¿Turistas? Los brasileños lideran y este invierno, cuando ya se inaugure la temporada de esquí que los trae a Chile, esperan que haya un buen flujo. Trabajan, también, con la Asociación Gremial de Turismo y Comercio del Centro Histórico de Santiago (TUCHS) para regenerar las confianzas con los operadores turísticos.
Mientras, el interior del Mercado Central luce mejoras. Pulieron mil metros cuadrados del piso de baldosas con fondos de Sercotec. Quedan otros mil pendientes, para los que se buscan nuevos recursos. Se modernizó la iluminación con tecnología LED y luz cálida. Se limpiaron los vidrios de la infraestructura original y la Cámara de Comercio de Santiago donó ochenta piezas que había que reemplazar. Pendiente está cambiar las cámaras de seguridad y, ojalá, renovar la pintura externa. Pronto a inaugurarse, un acuario de grandes dimensiones para refrescar la narrativa y reconquistar visitantes.
Es curioso lo que sucede con los mercados en Chile. Se comienzan a afiatar, con excelente curaduría gastronómica y referencias estilo Dumbo, de Nueva York, proyectos imponentes como el del Mercado Urbano Tobalaba (MUT). El alcalde de Providencia, Jaime Bellolio, quiere reimpulsar la transformación del Mercado Gastronómico Providencia (ex edificio Sernatur), paralizado hace cinco años ,con una propuesta inspirada en La Boquería de Barcelona. Se aplaude. Pero de norte a sur abundan los ejemplos de desprecio respecto del valor de estos espacios tradicionales, de economías de locatarios pequeños, pero con tremendo potencial para el turismo.
Las obras del Mercado del Mar, en el borde costero de Coquimbo, están paralizadas hace ocho años. En Concepción, tras el incendio de 2013 que arrasó con más del 50% de las instalaciones, se avanza a paso de tortuga para reconstruir y reactivar lo que fue un núcleo central de la ciudad. Tres años después el fuego destruyó casi por completo el de Temuco y desde 2018 descansa la propuesta de rediseño de la oficina de arquitectos Undurraga Devés, liderada por Cristián Undurraga (Plaza de la Ciudadanía, Museo Violeta Parra, Capilla del Retiro), con una preciosa propuesta, con la madera como la gran estrella.
Volviendo al norte, la dejadez que luce La Recova, en La Serena, es indignante. Lo que alguna vez fue un paseo imperdible, del que se salía con frascos de papayas, golosinas de manjar, tejidos y el pecho inflado de dicha, y bien podría ser la puerta de entrada a la región de Gabriela Mistral, con productos locales y el lujo de lo hecho a mano con una mirada actual, es mejor saltársela para no contaminar los recuerdos.
El arquitecto y urbanista Francisco Bascuñán, director ejecutivo de Norte Verde, con base en La Serena y Santiago, me explica que el declive obedece a que la administración municipal perdió la vocación original de este lugar como espacio comercial y de encuentro espontáneo entre oferta privada y demanda pública, lo que ha provocado la fuga del interés turístico local y extranjero. La Recova luce envejecida (la escalera mecánica lleva años mala), con una pálida oferta de productos regionales y atractivos gastronómicos, sin mayor conexión con la vida callejera que históricamente la caracterizó.
No se trata de desamor por nuestros mercados. Esto ya es un despiadado ghosting que no hace más que desangrar el corazón de ciudades, ciudadanos y oportunidades de desarrollo económico y turístico ancladas en la identidad de productos, oficios y saberes. Una desinteligencia imposible de entender.



