Tiempo Libre
28 de Abril de 2025Paulina Urrutia en medio de su tratamiento contra el cáncer: “Sanar no siempre es posible, y morir también es parte de la vida”
El fin de semana pasado, la actriz y exministra de Cultura participó en el festival Puerto de Ideas Antofagasta, donde impartió un taller sobre las emociones, en el que abordó temas como el Alzheimer, el rol de los cuidadores y su experiencia personal con el cáncer. A sus 56 años, atraviesa un período de sanación que la mantiene alejada de los escenarios y volcada en su faceta como charlista y coach emocional. The Clinic la siguió durante su paso por la ciudad puerto al norte del país y conversó con ella sobre su veta paralela a la actuación, la falta de ternura en los chilenos y su deseo de volver al teatro.
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Se enciende una pantalla a sus espaldas. En la primera diapositiva se lee en letras rojas: “La felicidad”. Lo que viene a continuación no es una charla académica ni una clase magistral, advierte Paulina Urrutia al comenzar su taller titulado La ciencia de las emociones. Lleva años impartiéndolo en otros escenarios y países, y ante públicos muy distintos. Pero esta vez es diferente: frente a ella, hay varios científicos. Un terreno más frío, en apariencia, y que, sin embargo, la actriz atraviesa a punta de carcajadas y sarcasmos. Si hay que romper el hielo, que sea a picotazos.
Como en un stand up hilarante y sin filtro, la actriz y exministra se pasea con micrófono en mano entre los asistentes —unas cincuenta personas, entre las que hay también familias, parejas jóvenes y un par de niños—, poseída por la impronta de un domador que desafía a la bestia en su propia jaula, exponiéndose a todo.
“Ustedes dirán, ¿qué está hablando esta galla de la felicidad?”, dice Urrutia. E ironiza: “Digamos que no soy el símbolo de la felicidad de Chile, ¿no? ‘La viuda de Chile’, ¿cierto? Ustedes conocen mi historia personal. Y ahora, más encima, vengo recién operada, con una bolsita aquí, que es un drenaje. Me acabo de operar por segunda vez, hace poco, entonces parece que se equivocaron de expositora”.
Invitada por el Festival Puerto de Ideas Antofagasta, Urrutia protagoniza su primera aparición pública en meses y tras un año particularmente complejo. En mayo de 2024 –casi doce meses después de la muerte de su esposo, el periodista Augusto Góngora–, fue diagnosticada con cáncer de mama triple negativo, uno de los más agresivos y con menos opciones de tratamiento. Así lo reveló en octubre pasado en una entrevista con Claudia Conserva, donde además contó que ha estado en tratamiento, incluyendo sesiones de quimioterapia en el sistema público.
En enero de este año, la intérprete de 56 años asistió a una ceremonia donde recibió su título profesional de actriz en la Universidad Católica, casi cuatro décadas después de haber pasado por la Escuela de Teatro. Más adelante dirá que no le gustó que en ese momento se hablara de su “reaparición”.
Ahora son cerca de la una de la tarde del último sábado de abril, en el Sitio Cero del puerto de Antofagasta. Paulina Urrutia domina enérgica su nuevo escenario, convertida en una seductora charlista del sentir humano: “Nos hemos convencido de que para vivir la vida, como se tiene que vivir, tenemos que sacar las emociones porque al parecer nos hacen perder la cabeza y el control”, asegura.
El propósito del taller es que el público identifique y represente precisamente las seis emociones fundamentales: la alegría, la rabia, el miedo, la pena, la pasión y, finalmente, la ternura. Esta última, apenas una persona la menciona. No es casual, dice la intérprete. “En Chile no somos tiernos. Es una emoción de la que tenemos poca percepción. ¿Y por qué? Porque no la practicamos. Salvo con nuestros animales, con nuestra familia cercana, pero no somos atentos, cariñosos, cuidadosos”.
Al chileno le falta también alegría y pasión, añade la actriz, especialmente entre los más jóvenes: “Son emociones que hoy día se han perdido, y eso es la vida. (…) ¿Es realmente el tema del ser humano la felicidad? Con excepciones (ríe), todos buscamos ser felices. Un poquitito, en algún momento. Es un anhelo. Un propósito”.
Urrutia interpela también a los presentes, sin quitarles la vista de encima: “¿Ustedes nunca han escuchado eso de los científicos? Dicen: ‘¿ay, por qué esas respuestas tan emocionales?’ ‘Déjate de ser dramática!’ ‘¡Basta de drama!’”. (…) Además, nos han convencido de que hay emociones buenas y malas, emociones positivas y emociones negativas. ¿Hay emociones buenas y malas? Está claro que no”.

Te recuerdo, Augusto
Horas más tarde, Paulina Urrutia participa de un conversatorio junto a la neurocientífica Andrea Slachevsky, experta en enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer. Tras el arrasador éxito de La memoria infinita, el documental de Maite Alberdi nominado al Oscar y visto por más de 600 mil personas en Chile, la actriz se ha vuelto rostro y portavoz de la visibilización de la enfermedad a partir de su experiencia como cuidadora de Augusto Góngora, hasta su muerte en mayo de 2023.
Desde el escenario, Urrutia recuerda el vértigo de ese proceso: “Augusto hacía clases en la universidad, y un día me llamó por teléfono y me dijo: ‘Me robaron el auto’. Se me apretó el corazón. Empecé a recorrer la universidad completa con él, varias cuadras alrededor y no encontrábamos el auto”, relata ante unas 500 personas.
La historia, contada con humor al principio, se torna oscura cuando explica que esos olvidos ya no eran señales aisladas: eran fallas que alteraban de manera evidente la vida cotidiana de la pareja. Fue el momento en que comprobó sus sospechas y que Góngora tenía serios problemas de memoria.
El cuidado no debe recaer únicamente en las familias –enfatiza la actriz– sino que debe ser una responsabilidad compartida por la sociedad y el Estado: “El cuidado no puede ser solo una carga individual; debe ser una responsabilidad política y social, y para eso necesitamos políticas públicas que reconozcan y apoyen a quienes cuidan, porque sin ese respaldo, la carga se vuelve insostenible”.
Solo en la última parte del conversatorio surge el tema del cáncer. Paulina Urrutia habla de su diagnóstico reciente y de la forma en que la sociedad aborda la enfermedad: “Lo más doloroso ha sido cuando la gente me dice: ‘Es que usted ha sufrido tanto que tenía que darle cáncer’. Como si el sufrimiento fuera algo que hay que pagar con enfermedad”, plantea.
Luego, añade: “Todos sufrimos. Todos deberíamos estar con cáncer si fuera así. Hay que dejar de exigir que las personas ‘sanen’ para ser aceptadas. Sanar no siempre es posible, y morir también es parte de la vida”.

“Estoy en proceso de recuperación y necesito respetar eso”
Domingo, diez de la mañana, lobby del hotel Terrado. En pocas horas, Paulina Urrutia tomará el vuelo de regreso a Santiago. Antes, concede unos minutos a The Clinic para repasar su paso por el festival y su poco conocida faceta de tallerista y coach de las emociones, sistema que ha trabajado con profesionales de la salud, equipos educativos y en asesorías comunicacionales para distintas instituciones.
“La gente, en general, no tiene conciencia de cómo influyen las emociones en la vida cotidiana —dice—. Entonces, como no las consideran, las emociones hacen lo que quieren con uno. Si no sabemos cómo nos afectan, tampoco sabemos cómo aprender. Y todo aprendizaje verdadero, el que queda para siempre, es emocional”.
Más que un beneficio personal, la actriz ve en este trabajo paralelo al del escenario una forma distinta de poner su oficio al servicio de otros. Considera que las emociones siguen viéndose como un estorbo en Chile, incluso ahora que se dice valorar la salud mental: “En nuestro país, las emociones que derivan del amor —la ternura, la pasión— siempre aparecen al final. Primero viene la rabia, el miedo. Es muy sintomático”.
–¿Sigue habiendo poca conexión entre ciencia y arte?
—Sí, porque históricamente se han visto como mundos opuestos. La ciencia sería lo racional, lo frío, y el arte, lo emotivo, lo inestable. Pero en realidad, en el fondo, todo aprendizaje, todo cambio verdadero, tiene una base emocional. Incluso la ciencia necesita de la intuición, del deseo, de la pasión.
En paralelo a su participación en Puerto de Ideas Antofagasta, Paulina Urrutia volvió también a la pantalla grande y a la televisión, con la reciente emisión de Sor Teresa de Los Andes, la miniserie que protagonizó en 1989 sobre la vida de la primera santa chilena. Aunque ha hecho una pausa parcial por su tratamiento contra el cáncer, durante el último año se han estrenado producciones que había grabado antes de su diagnóstico: la serie Baby Bandito (2024), la película Vencer o morir (2024), y ahora Isla Negra (2025), rodada en plena pandemia.
Una reaparición azarosa, como ella misma define. “He hecho una pausa, entre comillas, pero ha sido muy rara —explica—, porque han ido apareciendo trabajos que había hecho antes. Entonces, esta pausa se siente rara. Es como si el trabajo tuviera vida propia. Y en paralelo, estoy trabajando en estas otras cosas: charlas, talleres, asesorías. Eso me hace muy feliz”.
Más que proyectos, habla de propuestas que le han hecho, tanto para volver al teatro como para producciones audiovisuales. Se lo está tomando con calma, dice: “Ahora estoy en proceso de recuperación y necesito respetar eso. No es no querer, es saber esperar el momento adecuado, pero sí hay propuestas, algunas de teatro. Y ganas no me faltan”, asegura.
–Una última pregunta. A propósito de su taller–charla de las emociones. ¿Cuál de las seis fundamentales es la que prima ahora mismo en su vida?
–Yo creo que es, más bien, un anhelo. Hoy mi vida se mueve por el anhelo. La fuerza del amor es el estado que nos impulsa a seguir viviendo. El amor como motor, como impulso, como energía. No es algo romántico, es lo que nos hace levantarnos todos los días. Y aquí seguimos, dándole como mono porfiado.



