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El maestro y la alumna: la querella por abuso sexual que sacude a la Universidad Alberto Hurtado

En 2023, Francisca López, una estudiante del Magíster en Escritura Narrativa de la Universidad Alberto Hurtado, relató haber sufrido abuso sexual por parte de su profesor Roberto Herrscher, cronista, académico y director del Premio Periodismo de Excelencia. Aunque no se atrevió a formalizar la denuncia en ese momento, la universidad abrió un procedimiento interno que se cerró sin sanciones ni mayor comunicación con la víctima. Dos años después, Francisca presentó una querella por abuso sexual reiterado, que hoy investiga la Fiscalía de Género Oriente. Este reportaje reconstruye la relación entre Herrscher y la denunciante, el impacto emocional, los episodios de presunto abuso descritos en la querella y la respuesta institucional.

Por Arturo Galarce 4 de Mayo de 2025
Profesor Roberto Herrscher, cronista, académico y director del Premio de Periodismo de Excelencia.
Profesor Roberto Herrscher, cronista, académico y director del Premio de Periodismo de Excelencia.
Imagen: Sandro Baeza/The Clinic
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En noviembre de 2023, la alumna Francisca López (29) decidió comunicarse con el director del Magíster en Escritura Narrativa de la Universidad Alberto Hurtado, el periodista y escritor Juan Cristóbal Peña.

—Le dije que era una situación con un profesor del magíster —recuerda Francisca—. Partí sin dar nombres. Le dije que me quería salir del magíster. Me costó y me di varias vueltas antes de decírselo, hasta que lo dije, llorando, que había sufrido abuso. Le dije que en ese momento no tenía el objetivo de denunciar, porque tenía miedo.

Francisca cuenta que Peña le recomendó denunciar, y que por correo le indicó los protocolos formales, compartiéndole ese mismo día el contacto del equipo de Género y Convivencia de la universidad y las instrucciones para canalizar la denuncia. Al mismo tiempo, él se encargó de comunicarle a personeros de la Universidad Alberto Hurtado lo que estaba sucediendo. Contactado para este reportaje, Juan Cristóbal Peña declinó entregar declaraciones, argumentando que es la universidad la que debe pronunciarse sobre el proceso.

Francisca cuenta que inició el proceso y, dos días después, recibió un correo donde una analista de género le propuso una reunión online para escuchar su relato. En esa reunión, Francisca no se atrevió a decir el nombre. Solo afirmó que había sufrido abuso por parte de un profesor argentino de la facultad, en tres oportunidades, la última de ellas la más grave, al interior de una oficina en la universidad. Dos días más tarde, la analista le envió un nuevo correo detallando el reglamento para abordar situaciones de acoso sexual, discriminación y violencia de género, y le ofreció apoyo jurídico. Todo dependía, le explicaron, de su consentimiento para activar cualquier procedimiento.

El profesor al que se refería era Roberto Herrscher (63), cronista, autor de varios libros, maestro de la Fundación Gabo, profesor de planta de la Universidad Alberto Hurtado y director del Premio Periodismo de Excelencia. Para Francisca, sin embargo, era también algo más: un mentor, un referente, una persona cercana y con quien había estrechado una amistad algunos años atrás.

—La decisión de denunciar me congelaba —dice Francisca—. Yo siempre lo vi como un tío, también como a un papá. Él mismo me dijo una vez que cuando hablaba conmigo sentía que hablaba con una hija ilegítima.

Asimetría

—Yo fui la que lo contactó primero —dice Francisca —. Le escribí en 2021, por Instagram y Facebook.

Tenía 25 años y, después de estudiar periodismo en la Universidad de Playa Ancha (UPLA), cursaba el primer año de Literatura en la Universidad Católica de Valparaíso. Ese mismo año se inscribió en el diplomado de periodismo narrativo de la Universidad Portátil, donde Roberto sería su profesor. Semanas antes de que comenzaran las clases, ambos se encontraron de casualidad en Valparaíso, durante la fiesta de los Mil Tambores.

​​—Fue la primera vez que nos vimos en persona —recuerda—. Ahí me invitó a su casa en Santiago, me dijo que si quería me podía quedar allá, para que pudiéramos hablar más de periodismo. Yo acepté. Me quedé a dormir. No fue la única vez que me invitó a quedarme en su casa y que yo acepté. Siempre con su pareja presente.

Francisca cuenta que lo admiraba profundamente: valoraba su recorrido como cronista, crítico de música clásica y autor de varios libros, entre ellos Los viajes del Penélope, donde narra su experiencia como conscripto en la Guerra de las Malvinas. Sabía también que había impartido talleres en distintos países y que hasta 2016 lideró el máster en periodismo de la Universidad de Barcelona y la Universidad de Nueva York, en España. Según recuerda, en una conversación Herrscher le comentó que a los profesores, en general, se les aconsejaba no entablar amistades con sus alumnos, pero que con ella hacía una excepción, “porque yo era especial”.

Tras ese encuentro y la semana que pasó en su casa, comenzaron a comunicarse con frecuencia. Ella, dice, empezó a sentirse validada por su referente: cuenta que Herrscher destacaba su trabajo, su madurez, su inteligencia, al mismo tiempo que le recomendaba lecturas, autores, e incluso sus propios libros para que luego ella le diera su opinión. Cuando postuló al Magíster en Escritura Narrativa en la Universidad Alberto Hurtado, en 2022, sabía que él sería su profesor.

La psicóloga que trató a Francisca durante ese periodo prefiere mantener su nombre en reserva para este reportaje. Al teléfono, cuenta que la validación que Francisca recibió tuvo un impacto profundo, en una persona que ya antes de conocer a Herrscher arrastraba una historia marcada por el abandono de su padre, una relación distante con su madre y el bullying sufrido durante sus años en la UPLA.

Francisca, por su parte, relata que ha estado en terapias psicológicas desde que tiene uso de razón, abordando episodios de trauma familiar, y que más recientemente fue diagnosticada con Trastorno del Espectro Autista (TEA) y Trastorno por Déficit Atencional con Hiperactividad (TDAH). Su psicóloga la describe como una persona con dificultades para poner límites, hipersensibilidad emocional y necesidad de validación.

Según Francisca, Roberto Herrscher estaba en conocimiento de su terapia, así como también de su situación familiar.

Un hecho que grafica el grado de cercanía que Roberto representaba para Francisca, fue cuando ella lo designó como su “contacto estrecho” para cualquier emergencia que su terapeuta necesitara advertir.

—Como contacto estrecho, yo debo llamar a esa persona para informarle que mi paciente tiene una ideación de algún tipo, algo que la pone en riesgo —dice la psicóloga—. Y yo lo consideré como contacto estrecho hasta que se dio una situación donde tuve que llamarlo. Pero él reaccionó en negativa, desmarcándose, sin querer hacerse parte del asunto. Ahí me pude percatar de que si bien Fran lo consideraba una persona que la protegía, no lo era en realidad. Es decir, había una idealización.

A partir de ese episodio, la psicóloga cuenta que aplicó técnicas para empoderar a Francisca y ayudarla a salir de esa relación. Sin embargo, a la semana siguiente Francisca revelaba que la relación continuaba. Le contaba de la comunicación que mantenía con Roberto, de las visitas que ella hacía a su oficina y a su casa; de las salidas a comer, de las visitas al GAM, o a librerías y centros culturales; de los paseos por el Parque Forestal, de las conversaciones sobre música clásica, o de los regalos que ella le llevaba, en general libros, para agradecer la amistad y fortalecer el vínculo. En una ocasión, durante una llamada telefónica, Francisca recuerda que Roberto resumió lo que él representaba para ella: “Un amigo, un mentor, un cura mayor”.

Francisca dice que había otro aspecto que la hacía sentir confianza con Roberto: ambos tenían una comunicación a ratos infantil.

—Eran actitudes como de niño —dice Francisca—. Por eso, en parte, como que yo sentía que conectábamos. Me acuerdo que yo le contaba algo y él me decía: “¡yupi!”, que es como mi forma de expresarme. Con él podía convivir esa parte de mí. Me acuerdo que una vez estaba en su casa y se enterró una astilla, y reaccionó con mucho dolor, como si fuera un niño. A los héroes de guerra no les duele una astillita en el dedo, le dije yo. Y me dijo, “¡pero a mí me duele, me duele mucho!”.

—No me gusta mucho usar esta palabra —dice su psicóloga—, pero creo que es la que mejor permite entender la situación: personas como Francisca tienen una forma de ingenuidad distinta, lo que le dificulta visibilizar ciertas situaciones inapropiadas. Esa ingenuidad, de la que tantas veces se habla en el contexto del autismo, está también relacionada con una interpretación literal del lenguaje, una confianza frecuente en figuras de autoridad y una dificultad para detectar riesgos o ciertas señales. Fran es una persona muy honesta, muy genuina, y por eso le cuesta entender que hay quienes pueden hacerle daño de forma deliberada.

También agrega que Francisca nunca manifestó algún interés romántico ni sexual por Roberto.

—Ella lo veía como una figura de confianza —dice la psicóloga—. Como alguien que la validaba, que la apoyaba académicamente. Pero nunca habló de deseo ni de enamoramiento. Lo que había ahí era otra cosa: una necesidad muy profunda de aprobación que Roberto llenaba.

Según Francisca, de su parte nunca hubo insinuaciones ni conversaciones de índole sexual, sino que habría sido Roberto quien comenzó a traspasar esa frontera, llevando las conversaciones a un terreno más íntimo.

—Me hablaba de cosas que para mí eran como un tabú —dice Francisca—, me contaba de sus relaciones, me preguntaba de la intimidad de mis amigas, me daba consejos para tener sexo o sobre cómo masturbarme.

Lo supieron

El 5 de diciembre del 2023, Francisca recibió otro correo institucional, esta vez firmado por Viviana Cañas, fiscal de la Universidad Alberto Hurtado. Le informaban que se había iniciado un procedimiento interno de oficio luego que la Secretaría General tomara conocimiento de la situación. La universidad aclara que el procedimiento avanzó con reserva para proteger la privacidad de ambas partes, y que desde ese momento se dispuso que Herrscher no calificara a Francisca ni tomara contacto con ella hasta el cierre del semestre. La evaluación académica, añaden, fue realizada por otro profesor.

Para ese entonces, cuenta la psicóloga de Francisca, ella la había derivado a una especialista en trauma, producto de las crisis originadas por los episodios que hoy denuncia. Al día siguiente, recibió otro correo a nombre de Viviana Cañas, donde le señalaban que su nueva psicóloga se había contactado con la universidad para informar que su paciente no se encontraba en condiciones de declarar.

—Yo le pedí a mi psicóloga que lo hiciera porque estaba aterrada —dice Francisca—. Yo sentía que mi cerebro no iba a soportar lo que se venía. El puro hecho de pensar que Roberto iba a hablar en mi contra por esto, que era una cuestión obvia… pero ni siquiera estaba preparada para eso.

La Universidad Alberto Hurtado aceptó su inhabilidad y suspendió el procedimiento por 90 días, informando esta resolución a ambas partes. La causa fue archivada oficialmente el 15 de abril del 2024 y, según la institución, dicha resolución fue notificada tanto a Francisca como a Herrscher.

—Fue todo muy frío —cuenta Francisca—. Muy rápido, nunca más me preguntaron ni se acercaron a mí para saber cómo estaba, si quizá más adelante me sentiría con la seguridad de hacerlo.

El profesor de la Universidad Alberto Hurtado junto a su ahora exalumna.

Sin embargo, en otros contextos Francisca siguió contando lo que había vivido, buscando, según ella, respaldo para atreverse a denunciar. En marzo de 2024, Francisca se reunió a comer con el periodista y cronista peruano Julio Villanueva Chang, uno de sus referentes literarios. Durante la conversación, le contó lo ocurrido con Herrscher y le preguntó qué hacer. Según Francisca, Villanueva le sugirió no denunciar, advirtiéndole que podía “arruinarle la vida” a Herrscher, y comparó el caso con lo ocurrido en Colombia con el periodista Alberto Salcedo Ramos, denunciado por acoso por dos estudiantes de periodismo. Luego, dice Francisca, en tono teatral, Villanueva simuló ser Herrscher y le dijo: “Yo, Roberto, te pido perdón por lo que viviste”.

Contactado para este reportaje, Villanueva entrega una versión distinta: confirma que Francisca le relató que Herrscher la había tocado de manera inapropiada, pero niega haberla disuadido de denunciar y que le haya dicho la frase “Yo, Roberto, te pido perdón por lo que viviste”. Asegura que le recomendó confrontarlo directamente y que la referencia al caso Salcedo buscaba que dimensionara la situación. Agrega que le aconsejó ser cauta y tomara la decisión que considerara después de esa conversación.

Meses después, en junio, Francisca cuenta que le escribió por Instagram a Roberto. Le dijo que no se sentía bien. Que tenía flashbacks de las situaciones que había vivido y que necesitaba una explicación de su parte. Saber por qué lo había hecho. En la querella, Francisca consigna que, en una oportunidad, y ante este tipo de cuestionamientos, Herrscher le habría respondido que “un caballero no tiene memoria”.

La respuesta a su mensaje llegó días más tarde, a través del correo personal de Herrscher. Le proponía reunirse en la sala de reuniones del Departamento de Periodismo de la Universidad Alberto Hurtado, señalando que, por indicación de la fiscal del caso, los acompañaría la profesora Mireya Tabuas. La universidad precisa que la fiscalía desaconsejó ese encuentro pero indicó que, si se concretaba, debía realizarse en la universidad y con la presencia de una académica. La decisión de involucrar a Tabuas, dice, fue suya.

Francisca dice que no respondió ese correo y la reunión no se concretó. El 26 de junio, Herrscher volvió a escribirle: “Buenos días, Francisca. Tomando las ideas de tu mensaje, y con el dolor y el malestar que entiendo que sientes, y los problemas que te aseguro que también me afectan, quiero proponerte que nos encontremos a hablar tú y yo. Puede ser en la cafetería del GAM”.

Francisca dice que no aceptó esa reunión. Solo mantuvieron una conversación por videollamada, recuerda, donde le contó de su depresión. Que producto de esto no tenía ánimo ni de levantarse. Le mostró el estado de su habitación en la casa que comparte con sus abuelos en Valparaíso. Según ella, Herrscher lloraba.

—Era confuso —dice Francisca—,  porque por un lado lo detestaba, me daba asco, mi cuerpo se ponía muy mal, era algo automático. Por otro, quería que fuera como el 2021 aunque sabía que no iba a ser así. Tenía miedo, pánico, mucho pánico que él dijera algo con sus amigos, que me afectara en la búsqueda de trabajo, en mi construcción como investigadora. Si todo estaba “bien” él podía, tal vez, no destruir lo que yo quería alcanzar.

Herrscher, dice ella, no le ofreció disculpas. Dos días después, Francisca decidió transmitir su experiencia a través de historias de Instagram, visibles solo para una lista de “mejores amigos” donde seleccionó a académicos y directivos de la carrera de periodismo de la Universidad Alberto Hurtado. Según recuerda, todos vieron la publicación, pero ninguno tomó contacto con ella. Lo que no sabía Francisca es que esas historias fueron grabadas y exhibidas a Herrscher al día siguiente en las oficinas de la facultad. Fue allí donde el equipo directivo de la carrera tomó conocimiento del procedimiento interno abierto de oficio el año anterior.

El último encuentro entre ambos se dio a fines de octubre de ese año, en un festival de periodismo en Bariloche, Argentina. Francisca cuenta que viajó hasta allá por un interés profesional, pero por sobre todo, para volver a encarar a Herrscher, aun con miedo, dice, y con la esperanza de que Roberto reconociera los hechos y se disculpara.

—Me acerqué y le pregunté si podíamos hablar —cuenta Francisca—. “Más rato”, me dijo. Y le digo que hablé de él con otras personas sobre lo que me había hecho. Él me dijo: “A mí me dijeron que tú me ibas a denunciar”. Y le dije que no, que eso era falso, que no podría, porque hasta ese momento no quería hacerlo. Entonces le pregunté pero qué hacía yo con lo que él me había hecho. Y me dice, literalmente: “manténlo ahí”. Le pregunté si lo había hecho con otras chicas. Y me vuelve a decir: “Manténlo ahí. No hagas nada”.

La querella

Durante más de un año, Francisca pensó en denunciar. Lo conversó con amigas, con colegas, con su psicóloga. Lo pensó en 2023, cuando el vínculo con Herrscher empezó a deteriorarse. Lo gestionó el invierno del 2024 con su abogado, cuando aparecieron los flashbacks. Pero no lo hizo, según ella, por miedo.

Su amiga, la periodista mexicana de 34 años, Fernanda Hernández, que también era cercana a Herrscher, dice que estaba al tanto de esas razones.

—Ella estaba muy triste porque quería denunciar, pero tenía mucho miedo —dice Fernanda—. Yo le dije: este tipo te está haciendo creer que es mucho más grande de lo que es. No te va a arruinar la vida, no te va a cerrar los medios. La preocupación de Francisca era qué podría pasar con su carrera profesional y académica si denunciaba. Eso vale madre, le dije yo. No te va a pasar nada. Lo que él hizo está mal, es terrible. Y si te lo hizo a ti, se lo puedo hacer a otras chicas.

Recién el 4 de diciembre de 2024, y acompañada por su abogado, Francisca entró a la Brigada de Investigación Criminal de la Policía de Investigaciones de Viña del Mar para presentar una denuncia en contra de Herrscher. Tres meses después, en marzo de 2025, presentó una querella por abuso sexual reiterado ante el Séptimo Juzgado de Garantía de Santiago. Desde el Ministerio Público informan que la denuncia y la querella se agruparon y el caso es investigado por la Fiscalía de Género Oriente.

El primer episodio, según Francisca, ocurrió en agosto de 2022. Se encontraron esa tarde en el barrio Lastarria. Pidieron Ramazzottis. Francisca asegura que apenas lo probó y que Herrscher, según ella, se tomó ambos. Después caminaron por el Parque Forestal. En ese trayecto, dice Francisca, Herrscher la abrazó y le tocó los senos y los glúteos por encima de la ropa. Quedó inmóvil. No reaccionó. Más tarde, según la querella, Herrscher le propuso que se quedara en su casa porque quería “llevarme a su cama”. Francisca le pidió entonces que la acompañara a la estación de metro para volver a Valparaíso. Durante ese camino, consigna la querella, Herrscher le habló de aceites de masaje, jacuzzis y cremas para los pies. Le preguntó si alguna vez había estado con alguien mayor. Francisca agrega que, mientras la acompañaba, Roberto le hablaba de las Malvinas y de que era “un héroe de guerra”.

Ese supuesto primer abuso lo comentó de inmediato a su amiga Fernanda Hernández. Fernanda asegura haberse comunicado con Herrscher para encararlo.

—Le dije: “Hablé con Francisca, me dijo del abuso” —recuerda Fernanda—. Y ahí me responde que Francisca siempre exagera las cosas. Que no sabe qué me habrá dicho, pero estaba muy alterado, que no la quería ver más, que la estaba metiendo en problemas. Yo le dije a Francisca que no era una persona chida, que se alejara de él. Era evidente cómo la manipulaba, porque con ella era de una forma, pero a mí me hablaba otras cosas: que era demasiado needy, que siempre lo buscaba, que no era buena periodista, que quería mucha atención de él. Pero él era el profesor y ella la alumna. Y él no hizo nada para cortar lazos.

El segundo episodio habría ocurrido cinco meses después, el 10 de enero de 2023. Según la querella, se encontraron en un café del barrio Lastarria y, al despedirse, Roberto la abrazó, le tomó el pelo y lo tiró hacia abajo, para luego pasarle la mano por uno de los senos.

Con el tiempo, Francisca empezó a pensar que quizás ese gesto se había confundido con algo que venía de antes: los abrazos de oso. Según ella, un gesto instalado desde la primera vez que se quedó en la casa de Roberto. Ella lo interpretaba inicialmente como contención, pero después de ese día, empezó a verlo distinto.

El tercer episodio habría ocurrido el 8 de marzo de 2023, en la oficina de Herrscher en la Universidad Alberto Hurtado. Según la querella, fue el más grave de los tres. Francisca relata que Herrscher se levantó, la abrazó y comenzó a gemir en su oído mientras la tocaba por encima de la ropa. Luego, según ella, metió la mano dentro de su pantalón para tocarla sobre la ropa interior en su zona genital. En la querella el relato incorpora detalles todavía más explícitos, sin embargo Francisca aclara que este episodio ocurrió como lo ha descrito ahora y no como lo redactó su abogado en el documento judicial.

Una noche, después de volver de Bariloche, Francisca comenzó a subir historias a su perfil de Instagram. Una tras otra, de manera abierta, para todos sus seguidores. En ellas, narraba nuevamente todo lo que, según ella, había pasado: los tres episodios contenidos en la querella, pero sin mencionar a Roberto. De pronto, un mensaje entró a su bandeja: “¿Estás hablando de Herrscher, no?”.

La mujer que contactó a Francisca se presentó como exacadémica de la Facultad de Periodismo de la Universidad Alberto Hurtado. No se conocían. En su mensaje, le contó que también había vivido situaciones similares, aunque menos graves. Según ella, lo que le llamó la atención del relato era el patrón que Herrscher también habría aplicado con ella: la construcción de confianza, las muestras de cariño y reconocimiento, el ofrecimiento de oportunidades académicas o laborales, para luego traspasar límites de cercanía física y personal.

Antes de hablar para este reportaje, la exacadémica de la Universidad Alberto Hurtado pidió mantener su nombre en reserva. La llamaremos Carolina. Ella cuenta que conoció a Herrscher cuando tenía 25 años y trabajaba como profesora honoraria. La relación, recuerda, comenzó de manera profesional: conversaciones sobre música, cultura y posibles proyectos.

—Él me decía: “Oye, qué interesante lo que estás haciendo”, por la pega que tenía en la universidad. Después entré a un posgrado, y él me adulaba mucho, me decía que era inteligente, que mi tesis era tan interesante. Era muy expresivo, no solo facialmente, sino que con todo su cuerpo. Muy de abrazar. Uno podría decir “qué de piel este hombre, qué amoroso”. Pero ahora lo veo de otro modo.

Carolina recuerda un episodio concreto, en marzo de 2016. Herrscher le escribió por Instagram para preguntarle si tenía algo que hacer esa tarde. Le dijo que no. Herrscher respondió que tenía entradas para la ópera, para el mejor palco del Municipal, y la invitó a acompañarlo. Carolina aceptó.

—Cuando estábamos sentados en la butaca me empezó a mirar mucho y eso me empezó a incomodar —dice Carolina—. No dije nada. Pero después, cuando estaba a punto empezar la obra hizo el clásico movimiento de estirarse y de poner la mano en mi espalda. Pero su mano empezó a bajar hasta antes de llegar a mis nalgas. Fue súper grotesco y desafiante, pero yo me quedé en shock, porque no me lo esperaba. Me corrí y lo miré con cara de “¿qué onda?”. Después de eso corté el contacto con él.

Francisca, por su parte, describió situaciones similares en la querella que presentó este año. En su declaración judicial, consignó: “En reiteradas oportunidades el Sr. Herrscher me tocaba las manos en situación que yo no quería, o en múltiples ocasiones en reuniones familiares de él, cuando ningún familiar estaba cerca, me daba roces en mis glúteos, algunas veces ‘palmadas’ suaves sin que me diera cuenta de inmediato, tornándose un ambiente para mí muy complejo de contar o salir de él”.

Luego explica por qué no se atrevió a denunciar: “Temía arruinar su vida o generar un quiebre en su familia, y por otro, no quería perder una amistad y al mismo tiempo poner en peligro mi actividad profesional o académica ya que él siempre me daba a entender que tenía muchos contactos de influencia, tratando de manipularme psicológicamente de una u otra forma para lograr mi silencio por el poder que él tenía sobre mí”.

Tanto la psicóloga tratante de Francisca, como amigas y familiares consultados para este reportaje, considerados dentro de los 21 testigos presentados por la víctima, aseguran haber tenido conocimiento de los tres episodios denunciados en tiempo real.

Los afligidos

Roberto Herrscher contesta su teléfono un jueves de mayo. Respira hondo varias veces antes de responder. Consultado para este reportaje, niega todas las acusaciones contenidas en la querella, aunque reconoce la cercanía que mantuvo con Francisca, así como las ocasiones en que, siendo su alumna, se alojó en su casa y compartieron actividades extracurriculares.

—El tercer episodio que relata Francisca ocurre en dependencias de la Universidad Alberto Hurtado. Ella dice que este episodio le desató una crisis…

—No. Ella tenía una situación psicológica anterior a conocerme. Yo la intenté… ayudar y no, no, ninguna de estas cosas sucedieron. Ella seguía buscándome.

—¿Alguna vez con interés afectivo, romántico, sexual por parte de ella?

—Yo creo que no. Y yo menos.

—¿Todo esto son inventos de ella?

—Los tocamientos, sí. Digamos, ella, al despedirse me abrazaba. Tengo todos los mensajes. Siempre es “veámonos”, siempre insistente, insistente, insistente. Yo realmente creía que estaba ayudando a una persona que lo necesitaba.

—¿En qué sentido?

—En todo lo que ella me pedía. Yo he tenido con exalumnos, con amigos, hay un mundo de la crónica que me busca y… era este… preguntas sobre un congreso, una clase, un trabajo, todo el tiempo. Yo le hice una carta de recomendación cuando me la pidió.

—Usted dice que nunca se enteró de estas situaciones que Francisca denuncia. Sin embargo, la periodista mexicana Fernanda Hernández, cercana a ambos, dice que lo llamó para increparlo tras el primer episodio. ¿Lo recuerda?

—No, no me… Ella me dijo que estaba enojada conmigo, pero no me dijo por qué. No me lo dijo.

—Francisca cuenta que se encontró con usted en Bariloche, que allá le preguntó qué hacía con lo que había vivido. Y que usted le respondió: “manténlo ahí”, “no hagas nada”.

—No, no, no, no. Lo que siempre quiso era hablar conmigo, pero al mismo tiempo difundiendo cosas, y en ese momento esto ya estaba en cierta forma judicializado (por su autodenuncia) entonces ya no estaba en mis manos.

—Usted era consciente de la admiración que ella le tenía, también de su hiperfijación con el mundo de la crónica…

—Sí, sí, sí. Pero era una… Supongo que también era conmigo. Yo no le ponía frenos o límites a ella. Ella me pedía consejos y ayuda, que pasaron de cosas sobre la crónica y sobre qué estudiar, a cosas de su vida privada. Nunca de mi vida privada. Yo soy abierto, y creo que eso también lo pueden decir muchos, me cuesta decir que no.

—Carolina, la exacadémica que habla en este reportaje, cree que por haber sido mayor y estable emocionalmente pudo ponerle freno a sus intenciones.

—No, nada de eso que dice pasó. Yo soy muy… realmente, realmente yo… he enseñado durante muchos años y no he abusado de nadie. Sí he tenido acercamientos amistosos, pero siempre conservando el límite de no abusar ni hacer nada que no fuera consensual.

—En el caso de Francisca, ¿no cree que hubo un aprovechamiento de su parte hacia una persona que lo admiraba, y que al mismo tiempo era vulnerable psicológicamente?

—Yo no me aproveché de nada. Esto es completamente contrario a los que escriben, buscan, persiguen a alguien… es todo lo contrario. Yo nunca le pedí nada ni me aproveché. Lo que sí, lamento mucho que esto haya terminado así.

Herrscher también sostiene que, tras enterarse de las publicaciones que Francisca realizó en su cuenta de Instagram dirigidas a al grupo de “mejores amigos”, contactó a su abogado y presentó una autodenuncia formal en fiscalía. En este documento, expone su relación con Francisca, describiéndola como una estudiante a quien acompañó en su desarrollo académico y personal.

El texto detalla que las interacciones entre ambos fueron en general solicitadas por ella, y afirma además que dos psicólogas lo contactaron en distintos momentos para pedirle que apoyara emocionalmente a Francisca, dado su vínculo de confianza. También indica que, tras el cierre de la investigación interna, Francisca volvió a escribirle por Instagram con mensajes donde mezclaba acusaciones y propuestas de encuentro.

Según Herrscher, aceptó reunirse, pero más tarde se enteró de nuevas publicaciones en redes sociales donde ella exponía su relato. La causa presentada por Herrscher fue archivada provisionalmente el 30 de julio de 2024 por falta de antecedentes. Francisca y su abogado aseguran que no tuvieron conocimiento de este proceso ni que ella fuera citada a declarar.

Hace unas semanas, Roberto Herrscher (63) subió al escenario de la Universidad Alberto Hurtado para presentar por cuarta vez el Premio Periodismo de Excelencia que dirige. Agradeció a las “cofradías del periodismo y de la universidad” que lo acogieron, y habló de los valores que, según él, sustentan el premio. Habló de la búsqueda de la verdad, la honestidad y la valentía. “Hoy los mentirosos afirman que tienen sus verdades alternativas. Los periodistas tenemos que seguir defendiendo la verdad. Aunque no nos guste, aunque perjudique a nuestro bando, cualquiera sea. Estamos aquí para contar los hechos tal como ocurrieron”. Por último, se refirió a la humanidad y la empatía, citando a uno de sus profesores en la universidad de Columbia: “El buen periodismo debe confortar a los injustamente afligidos y afligir a los injustamente confortados”.

Al terminar, los aplausos se extendieron por el patio de la Universidad Alberto Hurtado.

Francisca, mientras tanto, dice que desde entonces solo ha recibido dos correos de la universidad. Ahí le preguntan si piensa retomar el magíster que dejó en 2023.

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