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Opinión

17 de Mayo de 2025
Sandro Baeza / The Clinic

Matizar, teñir o tolerar: ¿Por qué dejarse o no las canas siendo mujer es una decisión tan difícil?

Depende de la generación a la que se le pregunte si encuentra que las canas avejentan, si dan lo mismo, si se ven chic o desordenadas. Pero como suele pasar con cuestiones capilares en el mundo femenino, plantean dudas y decisiones para las mujeres. Hasta dejárselas de manera natural conlleva trabajo. ¿Están por fin de moda, o seguimos sucumbiendo ante la necesidad de la tintura? ¿Nos gusta teñirnos o es "obligación"?

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Cuando me comenzaron a aparecer las primeras canas en las sienes, hace unos años, pensé que quizás podía ser como Susan Sontag y verme muy intelectual en la vejez con un solo mechón de pelo blanco cayendo por mi frente.

Spoiler: las canas no han crecido a lo Sontag, gobernadas y seductoras. Crecen tercas, gruesas, en ángulos antigravitacionales con respecto a mi cabeza, muchas veces indomables. Hace dos meses decidí que, ahora que tengo más de 40, y las canas ya no pasan piola, dejaría a mi pelo envejecer de manera natural. Me niego a las esclavitudes de la belleza.

Pero hoy no estoy tan segura. Es como una crisis -superficial y poco grave, pero al mismo tiempo muy real- de sentir que me tiraré más años encima si no empiezo con la tintura. Tengo una hija muy chica, ¿quiero parecer la abuela en el jardín infantil?

Depende de la generación a la que se le pregunte si encuentra que las canas avejentan, si dan lo mismo, si se ven chic o desordenadas. Descubrí en este proceso que definitivamente son cuestión de debate para muchas mujeres, como suele serlo cualquier cuestión de pelo.

“Es un GRAN tema, al menos dos veces al mes tengo una sesión de terapia con alguna clienta o amiga para escuchar audios eternos sobre ‘qué hago con las canas’”, me dice Magdalena Serrano, mi amiga y peluquera, quien está al mando de mi cabeza hace quince años. La he torturado con la misma pregunta cada ciertos meses, que qué hago, que no quiero esclavizarme con tintura, que qué opina ella. Una vez me teñí con henna bajo su mandato, otra con un producto natural (que ella estaba probando y fui el conejillo de indias); eventos muy esporádicos y que me dejaron feliz, pero son tan efímeros los resultados que no me dan ganas de tener que repetir el proceso mes a mes, para que no se note la raíz.

Si una se tiñe desde hace décadas, es complejo el proceso para pasar del color al blanco total. Y largo. Y si una se deja canas lentamente, como yo, igual hay que cuidarlas y hacer algo llamado matizar -que incluye unos champús azules o morados-. ¿Por qué cuando una es mujer incluso el verse natural incluye siempre algún esfuerzo?

Un poco de ciencia: nuestros pelos tienen color gracias a un pigmento llamado melanina, que producen las células llamadas melanocitos. Estas con el tiempo se cansan, se deja de producir el pigmento y de ahí el pelo se vuelve blanco. Estudios científicos aseguran que las canas pueden aparecer por temas genéticos y de edad, pero también por episodios de estrés.

La pandemia, combinada con nuevo feminismo, liberó a muchas mujeres de la “obligación social” de tener que teñirse el pelo: un acto sisifiano, caro y de nunca acabar (estoy siendo negativa, para algunas mujeres la cita mensual en la peluquería es su momento de paz y autocuidado, yo no soy de aquellas lamentablemente). Pelos blancos aparecieron durante los encierros y en los Zoom. Pero se terminaron las cuarentenas y lo primero que hicieron muchas mujeres fue correr a la peluquería.

Si bien en los últimos años se han multiplicado los reportajes que aseguran que las canas están de moda –con foto de Andie MacDowell en alguna alfombra roja-, la verdad pareciera ser que hasta cierta edad (y mientras se percibe que los hombres se vuelven “más interesantes” con su pelo gris), las mujeres nos seguimos resistiendo a dejar a la cana correr libre.

En la cadena de tiendas de productos de belleza Casa Pichara, por ejemplo, que cuenta con más de cien tiendas de Arica a Castro, me dicen que el 65% de las ventas representa tinturas de pelo y “hair care” en general. También explican “que las canas hereditarias suelen aparecer desde los 18 años, mientras que las relacionadas con la edad comienzan a notarse entre los 28 y 30 años, y suelen cubrirse completamente después de los 40”. Y aseguran que, aunque cambian las tendencias de colorido, la mayoría de las mujeres tiende a taparlas.

Me gustaría decir que soy sencilla y poco vanidosa, pero en realidad soy floja y sin suficiente poder de inversión en mi belleza. Yo no me maquillo mucho, muy pocas veces me hago las uñas, la forma de mis cejas es la con que vine al mundo, se me pierden los pocos aros que me compro y aunque he incorporado rutinas de skin care con la edad, son básicas. Teñirme mensualmente me parece algo titánico.

Pero el problema está en que cumplí 41, tuve una guagua y me siento de cien años y contando. Mi hermana, quien ronda los 50, se decidió en cambio a dejarse las canas, cansada de la tintura. Se ve muy bien y está feliz, como si se hubiera liberado de algo que sobraba.

Le escribo a una amiga que ha trabajado con distintas ministras y comentamos cómo es ser una mujer en el ojo público con pelo blanco. Comparamos los estilos de la ministra Vallejo, quien por el momento ha decidido dejar libres las canas en su melena siempre suelta, o el estilo corto-francés de la exministra Jara. Me dice que los pasillos de la Moneda son húmedos, así que se requiere trabajar los cabellos para mantenerlos ordenados, y que las canas deberían de percibirse igual de poderosas -como símbolo de experiencia- en las mujeres y en los hombres, pero que todavía hay mucho machismo.

Y me sentencia, quizás para que la deje en paz con mis dudas: “Las canas son muy personales. Estamos en una etapa donde los pelos teñidos de mil colores y también el pelo blanco está en onda. Creo que eso también liberó a usar las canas a tu favor”.

La pregunta entonces sigue siendo, en cuanto a mis propios prejuicios, egos y preferencias estéticas, también con mi propia vanidad: ¿libre soy?

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