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Opinión

15 de Agosto de 2025

Tres estrenos en un agosto del terror: el horror corporal de Together, la cuidada ejecución de La hora de la desaparición y la brutalidad emocional de Haz que regrese

Foto autor Cristián Briones Por Cristián Briones

En esta columna, Cristián Briones analiza tres estrenos de terror que marcarán agosto: Together, La hora de la desaparición y Haz que regrese. "El terror siempre ha sido especialmente sensible a los cambios culturales. La clave de ello está en la necesidad de aferrarse a los miedos de una sociedad en su totalidad, y así tener una audiencia más amplia a la cual vender entradas, porque por mucho que las películas de terror sean baratas y generen excelentes márgenes de ganancia, la industria le dará cabida a aquello que mejor rente", escribe.

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Y sí, uno hubiese esperado que fuera en octubre, por su cercanía con Halloween, por lo menos. Pero aparentemente, el terror no tiene intención alguna de aflojar por ninguno de sus flancos en este 2025. Y ningún mes parece estar libre del género. Lo cual es una bendición bastante paradójica. No es solo que se pueda afirmar que la mejor película hollywoodense del año, Sinners, de Ryan Coogler, yace con firmeza en esos códigos y lenguaje, es que además, podemos usar los tres ejemplos de este mes, para ilustrar un momento específico del contexto del actual cine norteamericano: desde dónde se están parando los cineastas en el nuevo mundo en que les está tocando entregar su arte.

El terror siempre ha sido especialmente sensible a los cambios culturales. La clave de ello está en la necesidad de aferrarse a los miedos de una sociedad en su totalidad, y así tener una audiencia más amplia a la cual vender entradas, porque por mucho que las películas de terror sean baratas y generen excelentes márgenes de ganancia, la industria le dará cabida a aquello que mejor rente. Y quizás por esto mismo es que existe una muy apreciable cualidad en sus autores de la que se habla poco: el contrabando.

Desde los tiempos en que Godzilla salió a representar el horror nuclear o George Romero creó los zombies en plan de denuncia social, hasta que la clave del slasher como sub-género fuera reflejo de la cruzada moralizadora del EEUU de la era Reagan, el terror no deja de hablar del mundo que lo rodea, de formas tan afiladas como los cuchillos que brillan en su oscuridad. Y este siglo ha seguido en ese mismo plan. Revisiones culturales como The VVitch, Get Out, Grave o The Substance, que comienzan a romper la barrera que siempre limita al género, el reconocimiento del mainstream. Estos últimos años, para bien y para mal, esos contrabandistas temáticos, deben ser cada vez más precisos, porque la ola reaccionaria confunde cualquier tema con un sermón, y los cuidados para no incomodar ese espurio adagio de que “el cine está solo para entretener”, deben extremarse o arriesgar traspiés que bien pueden costar carreras. Aprovechemos tres apariciones en la cartelera de este mes para revisar ello.

Empecemos con el estreno de la semana: Together, de Michael Shanks. La historia de una pareja que se traslada de la ciudad a un pequeño pueblo cuando ella (Alison Brie) consigue empleo como profesora, dejándolo a él (Dave Franco), con muy pocas opciones de lanzarse en una esquiva carrera musical. ¿El giro aterrador? Hay cierta situación en el pueblo que empieza a llevar a la joven pareja a, literalmente, unir sus cuerpos a nivel físico. A convertirse en uno solo. Y no, no de manera agradable. Una película de terror corporal con un tema muy notorio: el miedo a la codependencia emocional. Y de manera bastante gráfica, por lo demás. Esta es una película con una declaración explícita, pero que carece del oficio, que no del talento, para estamparlo en pantalla. No es un problema de ejecución, es una obra que siempre tiene su objetivo claro, el problema es que un planteamiento temático así de nítido, no siempre resulta en una resolución igual de cristalina.

Together termina más pareciendo un cuestionamiento al miedo al compromiso que comienzan a adolecer las nuevas generaciones, a celebrar la ganada libertad. Sin embargo, es una película que se agradece en el uso de sus códigos. Shanks probablemente sobreescribe su debut en largometrajes y eso hace que el cierre resulte errático. Pero en ningún momento aburre a su audiencia. Es una entrada bien pagada. Es una película de terror, que más allá de que todo no quede perfectamente amarrado, tiene muy buenas interpretaciones y nunca deja de entretener y aterrar de manera muy equilibrada. Y eso en estos días, logra que el nombre de Michael Shanks se quede como una nota a tomar en cuenta en el futuro. Más aún si es más decidido en sus temáticas.

La hora de la desaparición

La siguiente es una de las películas que más ha sido comentada en los últimos días, y para quien suscribe, por la razones erradas. Porque estamos hablando de si le gusta o no a mucha gente y no por qué está resultando tan celebrada. Y son las razones del porqué las interesantes. La hora de la Desaparición (Weapons), es la segunda película dirigida en solitario por el comediante reconvertido a director de terror, Zach Cregger.

Ya en su debut, Barbarian, quedó claro que Cregger tenía cierto gusto por recursos narrativos que buscaban desequilibrar a su audiencia. Algo que tal vez no debiera extrañarnos, porque la comedia maneja tanto o mejor la sorpresa y el misterio, que el terror. Y es algo que ahora lleva varios pasos más allá. La premisa es la siguiente: de un curso de 18 niños de primaria, desaparecen exactamente a la misma hora de la noche todos, menos uno. Evidentemente, la pequeña ciudad se ve acechada por la incertidumbre, el dolor de los padres, el desconcierto de la policía y la imposibilidad de la misma escuela para manejar una crisis de tal envergadura.

La profesora del curso (Julia Garner, quien nos viene deslumbrando desde The Americans) es apuntada con el dedo. Los padres se llenan de impaciencia, en especial uno interpretado por Josh Brolin. El director de la escuela (Benedict Wong) busca lidiar de la mejor manera con todas las aristas que le competen del caso. ¿El giro todavía más aterrador? No se puede comentar. Es una de esas películas que cuida demasiado bien sus revelaciones, no por un tema de spoilers, ni nada por el estilo. Si no porque el qué se descubre, va de la mano del cómo.

Es una de esas narraciones en las que el espectador se va hundiendo en la intriga, y en donde cada dato que lleva a la develación del misterio, es lo suficientemente satisfactorio. Y quizás es ese mismo placer en su resolución el que despierta tanta celebración por parte de la audiencia. Pero esta no es una de esas obras que tienen solo capas en su estructura narrativa, cada avance de la trama es compartido mediante la superposición de las historias de sus protagonistas, sino también a nivel temático. Acá hay demasiados asuntos que se pueden comentar: el estado actual de una sociedad que apresura sus juicios, la escasez de vida personal ante la existencia de RRSS y vigilancia de todo tipo, la desconexión total entre los miembros de una comunidad, o cómo un agente externo puede convertir a tus cercanos en muertos en vida (una referencia nada velada a las adicciones) y la resiliencia infantil que hace lo posible por sobrevivir. Todos estos aspectos están en la película, pero son tan solo los colores de la pintura de Cregger, pero no la forma en sí misma. Probablemente, no todos ellos funcionen, o incluso cuando lo hacen, no son especialmente descollantes como alta narrativa, pero La hora de la desaparición es una de esas películas que dejan en claro el excelente vehículo que resulta el cine como ventana al mundo. Uno que es más oscuro que sus temores a lo sobrenatural. Eso sin deshacerme en elogios a una secuencia final que merece aplausos en una nota aparte.

Y cerremos con una promesa para la próxima semana: Haz que regrese (Bring her Back) de la dupla de directores Danny Philippou y Michael Philippou, quienes ya nos habían entregado la estupenda Talk To Me, película que versaba sobre los retos de internet, los descuidos de una juventud que siempre se considera inmortal, la adicción a las drogas y el duelo. Y este año contraatacan con un nivel de fiereza que solo el terror osa dar. Haz que regrese es una historia salvaje sobre la violencia contra la infancia y el egoísmo de los adultos, envuelta en escenas de una brutal imaginación, y que se quedan bastante indelebles en la retina. Material de pesadillas del mejor nivel, porque nunca elude la capa emocional que la define. Y lo de Sally Hawkins es una de esas interpretaciones para los registros anuales. Ni se fijen en la trama, esta es una de las imperdibles de este mes, y quizás de este año.

Uno que está resultando bastante aterrador. Incluso en el Cine.

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