Opinión
24 de Agosto de 2025
El test ley Karin (o llevar algunas de sus reglas a la vida cotidiana)
Por Ignacio Bazán
Después de la ley Karin no cualquier cosa se puede decir o hacer en el trabajo. Quizás es hora de ponerle ese mismo filtro a la vida misma. "Pero bien vale hacerse la pregunta si uno pasa el test ley Karin antes de hablar o postear algo. La sensación que queda es que medio Chile estaría denunciado en un momento u otro", escribe Ignacio Bazán.
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Este mes se cumple un año desde la implementación de la ley Karin, ley que cambió la manera en que nos relacionamos en el trabajo. A muchos nos pasó: cuando la ley comenzó a regir y las empresas hicieron capacitaciones para dar a conocer de qué se trataba, a grandes rasgos quedaban dos sensaciones:
1) Abusos sistemáticos en trato, que se acumulaban en el tiempo, y que denostaban a un trabajador, eran denunciables ante la ley. No había solamente que esperar a que ocurriera algo grave. Todos conocemos a alguien que lo pasa mal en el trabajo a través de mucho tiempo y esta ley entregaba ciertas herramientas para que las personas puedan defenderse. Bien.
2) La subsecretaría del Trabajo entregó cifras de este primer año de ley hace poco. A grandes rasgos, lo importante es lo siguiente. Cito: “Entre agosto de 2024 y julio de 2025, a la Dirección del Trabajo ingresaron 44.212 denuncias por la Ley 21.643, conocida como Ley Karin. Una vez hecho el análisis respectivo, el organismo determinó que 18.367 (42%) de ese total efectivamente estaban relacionadas con esa legislación, mientras que 17.980 (40%) fueron por otras materias y 7.865 (18%) están pendientes de clasificación”.
Aunque ese 58% que suma “otras materias” y “pendientes de clasificación” no califica como Ley Karin, la dirección no aclara a qué tipo de hechos corresponde. Sí sabemos que dos tercios de las denuncias son hechas por mujeres. Y que el 90% de los procesos por acoso sexual también son abiertos por mujeres.
En cuanto al género de los denunciados, el informe de la dirección del trabajo no entrega ese dato.
Pese a que en un inicio se dijo que la ley podía disparar denuncias, sí ha servido para regular comportamientos. Tomar conciencia de que cosas que antes ocurrían sin mayores cuestionamientos hay ya no son aceptables en un lugar de trabajo. Y que esas cosas no tienen que ser necesariamente un insulto, una difamación o un abuso de poder. También es un whatsapp fuera de horario laboral o que un jefe te deje en visto cuando le hablas.

FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE / AGENCIUNO
¿Ley Karin para la vida diaria?
Mientras la sociedad avanza en prevenir abusos en el trabajo, otros sectores de la sociedad parecen ser un descampado al lado del regulado campo laboral. El lejano oeste. Gaza. Cisjordania. Ucrania, lo que se venga a la mente.
En las redes las faltas de respeto, de trato justo, están totalmente normalizados. En la calle también. Y acá va el razonamiento de este texto. ¿Si uno llevase la ley Karin a su propia vida podría decir las cosas que dice o hacer las cosas que hace? ¿Pasaría un eventual test Ley Karin?
Claramente, hay una grieta enorme entre la regulación de la vida laboral y la regulación de lo que hacemos fuera de ella.
En la arena política, la candidata Matthei se quejó hace un tiempo de la campaña digital de los republicanos en la que, de manera elegante y otras no tan elegantes, la acusaban de no estar apta para asumir la conducción de un país.
Del Presidente Boric se han dicho un montón de cosas feas, infames. La mayoría de ellas no pasa el más mínimo filtro de Ley Karin.
Hace unos años era prácticamente normal que una artista cantara en un evento ‘que se muera Kast y Piñera’. Bullying de quinto básico, totalmente inaceptable si se replicara en un lugar de trabajo. Qué se muera Espinita y el señor Zañartu. Uno puede desearlo viendo un capítulo de la Oficina, pero hay con Ley Karin no se puede decir. Menos hacer una canción sobre el tema y que todos los compañeros de trabajo se la sepan.
Y así.
Se vienen tiempos de elecciones y no hay que ser un vidente para saber que la deshumanización del contrincante político solo va a aumentar. La ironía: varios personeros de gobierno que llevan cuentas con seudónimo y que disparan a personas según ideología seguramente son muy pro Ley Karin en su lugar de trabajo.
El símbolo de este comportamiento es el trato que se le ha dado en varios momentos a Fernanda Ulloa, ex candidata al concejo municipal de Ñuñoa y que tuvo al actual alcalde Sichel querellándose contra una persona. Contra ella ha habido memes y mensajes de todo tipo con relación a su altura, principalmente. Adiós inclusión, adiós feminismo si la persona en cuestión no comparte tus ideas.
Siempre que hay un caso a un lado, también existe al otro. Es como una ley de la vida. En este caso el maltrato, las burlas y los memes los ha tenido que sufrir el ex seremi de educación de Atacama, Pablo Selles.
Y así.
Esta semana un grupo de venezolanos hizo noticia por hacer un gender reveal en el embalse El Yeso. Videítos, bailes, y la nieve quedó rosada. Independiente de si uno está de acuerdo o no con el evento, los comentarios que vi pasar en redes eran de una xenofobia rabiosa, sin ningún tipo de límite.
¿Diría alguien algo de ese calibre de un compañero de trabajo en el contexto actual?
Muy probablemente no.
Pero bien vale hacerse la pregunta si uno pasa el test ley Karin antes de hablar o postear algo. La sensación que queda es que medio Chile estaría denunciado en un momento u otro.



