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3 de Septiembre de 2025Cristián Reitze, presidente de ANIM: “Es hora de actualizar la mirada. Reconocer a la motocicleta como medio de transporte laboral”
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El presidente de la Asociación Nacional de Importadores de Motocicletas, ANIM, se refiere al rol que la moto ha protagonizado durante el último tiempo, evolucionando desde un medio de transporte a una herramienta de trabajo.
En medio de la creciente crisis de movilidad urbana, el aumento del desempleo informal y los desafíos del transporte público existe un actor silencioso y vital que recorre a diario las calles de Chile: la motocicleta. Lo hace en silencio institucional, sin políticas públicas que reconozcan su valor, sin incentivos que estimulen su uso racional y seguro, y a menudo bajo la sombra de prejuicios históricos.
Sin embargo, los datos y la realidad cotidiana son claros: la motocicleta es hoy uno de los principales medios de transporte laboral en el país. Desde repartidores hasta técnicos móviles, desde pequeños emprendedores hasta trabajadoras independientes, miles de personas la utilizan como una herramienta de trabajo, una fuente de ingreso y una vía concreta de movilidad social.
La moto permite a sus usuarios reducir tiempos de traslado, aumentar su cobertura territorial, multiplicar sus ingresos y optimizar recursos. Para quien vive en la periferia, no tiene acceso a una red de transporte eficiente o trabaja en horarios atípicos, la moto es una solución, no un problema.
A pesar de esto, las políticas de transporte en Chile ignoran sistemáticamente su rol estratégico. No existe una política nacional que fomente su uso laboral. No hay subsidios, beneficios fiscales ni campañas que la reconozcan como lo que ya es: un vehículo de trabajo. Lo que sí hay son restricciones, exclusiones normativas y discursos centrados en el riesgo, no en su potencial.
Es hora de actualizar la mirada. Reconocer a la motocicleta como medio de transporte laboral estratégico no es solo una corrección semántica. Es un paso clave hacia una política pública más inclusiva, moderna y eficiente.
Esto implica incorporar la motocicleta en los planes de movilidad urbana y logística; establecer incentivos para su uso laboral formalizado (leasing, subsidios, acceso preferente); asegurar condiciones de infraestructura vial que garanticen su circulación segura; promover formación técnica en mecánica de motos y conducción profesional; y generar campañas que muestren su verdadero aporte a la productividad del país.
El siglo XXI requiere soluciones ágiles, sostenibles y centradas en las personas. La moto lo es. Pero su desarrollo responsable solo será posible si el Estado, los municipios y la sociedad civil la reconozcan y la promuevan como un actor estratégico del transporte laboral en Chile. No se trata solo de moverse más rápido, sino de acceder a mejores oportunidades laborales que se traduzcan en mayor bienestar y dignidad para los trabajadores motoqueros y sus familias. También se trata de construir ciudades que acojan con respeto y humanidad a quienes las habitan.