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Reportajes

La inédita cronología de cómo la Roja conquistó a Bielsa en la antesala de su regreso a Chile: tensiones contractuales, renuncias y un apretón de manos en la madrugada

Detalles inéditos, increíbles anécdotas y descolocados berrinches. El paso a paso de las frenéticas jornadas en que el rosarino incluso se bajó del carro, molesto cuando la ANFP negociaba con otros. Dos viajes a Argentina. El día en que Bielsa llegó a Santiago como Javier Torrente. La tensa tarde de la comitiva que viajó a Rosario. La íntima historia desde el minuto cero, el contacto clave y el rol de su pareja en la decisión, hasta la primera rueda de prensa en Quilín. Este martes Bielsa, al mando de Uruguay, vuelve al lugar en que fue feliz.

Por Antonio Valencia 6 de Septiembre de 2025
Sandro Báeza
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Rosario, Argentina. Calle Montevideo. Primer piso de la casa-oficina de Marcelo Bielsa. Carlos Morales, chileno, abogado, secretario ejecutivo de la ANFP, llevaba seis horas revisando las cláusulas del contrato que convertiría al trasandino en el entrenador de la selección chilena quien, obsesivo, estaba enclaustrado en el segundo piso revisando material sobre jugadores chilenos.  

Fue entonces cuando surgió un problema con un párrafo. 

Germán Winter, abogado, asesor del rosarino y contraparte de Morales, comenzó a mover su cabeza de un lado a otro en señal reprobatoria.

“Espéreme acá. Iré a buscar a Marcelo”, balbuceó Winter cuando oyó la pregunta de Morales.

“Cagamos”, pensó de inmediato el chileno.

Pasaban los minutos y nadie, ni Winter ni Bielsa, bajaba por la escalera.

Morales era parte de la comitiva que cruzó la cordillera con la crucial misión de cerrar el trato. También viajaron el gerente general Gustavo Camelio, el tesorero Andrés Montrone y el integrante del directorio Arturo Chahuán. 

La angustia de Morales tenía explicación no solo por la extravagante personalidad de Bielsa, quien de un segundo a otro podía patear la mesa si sus exigencias no eran satisfechas. También porque no se trataba de la primera diferencia que hubo esa tarde.

El directivo ya había cometido el sacrilegio de interrumpir a Bielsa por un asunto menor. 

Celoso de cuidar cada peso de la ANFP, no era lo mismo redactar el contrato con fecha 1 de agosto, como estaba escrito, que con 9 de agosto. Esos ocho días de diferencia tenían un precio en una época en que el dinero no sobraba para fichar a un entrenador top.

Para alivio de Morales, ese primer intercambio se zanjó rápido: “Que sea con fecha 9 de agosto”, dijo el DT, quien dio media vuelta, subió por la escalera y se encerró de nuevo.

Pero cuando Winter sube por segunda vez a molestar a Bielsa, el monto era mucho mayor pues aludía a la cláusula de indemnización. Y decía, como es natural, que en caso de ser despedido, Bielsa tenía derecho a cobrar lo que quedara de contrato. Hasta ahí, todo bien.

Y si Bielsa renuncia, ¿nos indemnizará?, preguntó Morales.

Fue entonces cuando Winter lo miró serio y movió la cabeza de un lado a otro .

—No, no se paga nada, dijo el abogado del DT.

—¡¿Cómo nada?!, replicó Morales.

Fue entonces cuando Winter miró al chileno y subió a buscar al DT. 

Los segundos pasaban y se hacían eternos, “Cagamos”, pensó de nuevo Morales.

De pronto vio al entrenador y a Winter bajando. Bielsa se puso en frente suyo y le dijo .

—¿Es posible que usted llame a su presidente?

Nerviosos, Morales tomó el teléfono, marcó y fue al grano: “Harold, Bielsa quiere hablar contigo”, y le pasó su celular a Bielsa, quien tras breve diálogo con Mayne-Nicholls, devolvió el teléfono a Morales: “Quieren hablar con usted…”, le dijo.

Al otro lado de la línea, Mayne-Nicholls, habló fuerte y claro.

—“No hagai problema. Este hueón es loco, ya me dio su mano en Santiago, así que va a llegar hasta el final con el contrato”.

Morales oyó, cortó, no insistió más en el tema y pasó a la siguiente cláusula.

La reunión terminó cerca de las 10 de la noche. Ese día no hubo firma. Y Bielsa invitó a los chilenos a cenar. Previo paso por el hotel, la comitiva chilena llegó al restorán. De pronto apareció el auto de Bielsa, pero sin Bielsa. Camelio preguntó al chofer por qué el coach no llegó a comer. Y sin rodeos, el hombre contestó: “Marcelo los invitó a cenar. Nunca dijo que venía. Por favor, cenen”.

Todos habían oído historias de Bielsa. Pero esa noche empezaron a entender que el apodo no era gratuito. Bielsa no acudió, pero pagó la cena igual. Claro, él había invitado. “Al día siguiente, cuando hacíamos el check out en el hotel, nos llevamos otra sorpresa”, recuerda Camelio:  Bielsa también había pagado el hotel.

Marcelo Bielsa en el Estadio Centenario de Uruguay, agradecimientos Productora Villano.

El vuelo de Marcelo Bielsa a Santiago

Cinco días antes de esa reunión en Rosario, Bielsa voló a Santiago para reunirse con Mayne-Nicholls. Solo. Y alguien tenía que ir a recogerlo al aeropuerto. El movimiento debía ser discreto. El nombre del rosarino como candidato venía instalándose desde julio y, de hecho, la prensa daba cuenta de un presunto viaje del titular de la ANFP a Buenos Aires para entrevistar entrenadores.

A Pudahuel lo fue a buscar el gerente de comunicaciones, Claudio Olmedo. Y como Bielsa no lo conocía, el periodista debía portar un letrero para que el DT lo ubicara entre tantos otros choferes de taxi que, portando carteles con el nombre de sus pasajeros. Pero, el letrero de ninguna manera podía aparecer el nombre del entrenador. “¿Qué ponemos?”, le preguntaron a Bielsa antes de abordar el vuelo a Chile.

Entonces Olmedo se asomó en el aeropuerto con un cartel en sus manos que decía “Javier Torrente”.  

Bielsa lo vio y listo. Torrente —quien fue ayudante de Bielsa en su paso por el Atlas de México— recién pisaría el aeropuerto chileno ocho años después, cuando asumió como DT de Cobreloa. 

Llegado a Santiago, esa tarde Bielsa quería ver fútbol. Jugaban la U y Audax Italiano. Lo miró por TV.

Por la noche, el rosarino durmió en un pequeño y discreto hotel en Vitacura: el Vespucci Suites, el mismo donde se alojaba Jorge Contador, secretario general de la ANFP, cada vez que viajaba a Santiago desde Coquimbo.

Pero antes de irse a dormir, Bielsa hizo una visita. Quería reunirse con Arturo Salah, con quien se topó en México cuando el chileno dirigió al Monterrey y el rosarino al Atlas. A la enorme casa de Salah llegó tarde — pasadas las 22:30 horas— y salió de ahí aún más tarde. Conversaron de fútbol, y también de la oferta que el trasandino tenía para dirigir a Chile. Salah se puso de pie y habló fuerte. 

—Marcelo, tienes que decir que sí. ¡Tienes que decir que sí! Hemos estado demasiado tiempo en manos de aventureros. ¡Tienes que decir que sí!.

Bielsa, acaso impactado por la firmeza y el tono que usó Salah, parecía hundido en el sofá.

—“Lo tengo que ver con mi mujer”, atinó a responder

Esa fría noche de julio, Bielsa regresó al hotel cerca de las tres de la madrugada,

Al día siguiente la sorpresa se la llevó el personal del aseo del hotel: antes de salir de la habitación, Bielsa había hecho la cama.

El domingo 6 de agosto fue de reuniones con Mayne-Nicholls. Y la primera imagen pública de Bielsa en Chile recién se vio a eso de las 20:30 horas: el técnico estaba en de la sala de reuniones doña Elvira, del Vespucci Suites, el mismo hotel en que, ya instalado en la banca de la Roja, frecuentaría casi todas las veces que lo visitó su pareja, Laura Bracalenti, arquitecta.

Afuera solo estaba El Mercurio y la explicación era simple. El periódico no llegó ahí a husmear por dato de algún dirigente. Fue solo una azarosa coincidencia: el dueño del hotel era entonces cuñado de Diego Vergara, periodista del diario que debía dar caza a Bielsa.

El reportero hizo guardia en el Vespucci, mientras el resto de la prensa estaba, erróneamente, instalada fuera del Novo Hotel, bien cerca de ahí, pero lo suficientemente lejos para que el periódico tuviera las fotos exclusivas:Bielsa saliendo de la sala doña Elvira. Detrás suyo venía Jorge Contador y más atrás. Mayne-Nicholls.

Harold Mayne-Nicholls responde a la prensa en el primer partido de Bielsa en el Estadio Nacional. Agradecimientos productora Villano.

Bielsa llevaba un par de horas conversando. A las 22:35, toma el ascensor, reaparece en menos de cinco minutos y aborda el auto de Contador para ir a cenar al restaurante Isla Negra, en el Bosque Norte. Esa noche, además de comida típica chilena, Bielsa bebió pisco sour. La foto es de Claudio Vera.  

Ese día Mayne-Nicholls y Bielsa hablaron de dinero. Y fue esa noche cuando ambos se dieron la mano para sellar el trato y pasar, entonces, a redactar el contrato que, el jueves siguiente, Morales y la comitiva chilena revisarían en Rosario

La antesala del apretón de manos entre Bielsa y Mayne-Nicholls

El desembarco de Bielsa en Chile comenzó a fraguarse en 2006, una vez concluido el Mundial de Alemania. Antes de ser electo como sucesor de Reinaldo Sánchez en la presidencia de la ANFP, Harold Mayne-Nicholls diseñó su candidatura y su mandato con una idea en la cabeza: contratar a Bielsa.

No tenía cómo llegar a él. Y entonces trazó un plan que partió con contactar al nexo más cercano del rosarino en Chile, su único amigo futbolero, un periodista. Esa amistad nació en una entrevista —cuando Bielsa aún daba entrevistas— en un hotel de Mendoza. Fue en 1991, cuando el DT tenía 34 años. Un año más tarde, su nuevo amigo chileno ya le enviaba por encomiendas en bus partidos grabados en VHS de los rivales de Newells Old Boys —equipo que entonces comandaba Bielsa — en la Copa Libertadores.

Mayne-Nicholls propuso tomar un café en el Tavelli de Manuel Montt, Ñuñoa, para conversar, y cuando lo tuvo al frente le dijo:  “Quiero traer a tu amigo a la selección. ¿Cómo lo hago?”, dijo. “Primero, hay un técnico en ejercicio y Bielsa no te va a hablar mientras haya un DT en la banca. Y Nelson Acosta tiene logros, prensa y, mal que mal, cuando lo llamaron para tomar la papa caliente, aceptó. Si sacas antes a Acosta y Bielsa pierde dos o tres partidos, porque su método toma tiempo, todo el mundo va a estar pidiendo de vuelta a Acosta. Y así, adiós Bielsa”, fue el consejo.

Mayne Nicholls pidió el número telefónico de Bielsa, lo guardó y lo tuvo a mano hasta esperar su momento. Mayne-Nicholls ganó la elección y a mediados de 2007, el segundo ciclo de Acosta en la Roja se empezó a caer a pedazos. La juerga de Puerto Ordaz en la Copa América fue el primer paso.

Esa salida nocturna de los jugadores fue autorizada. Los futbolistas pidieron permiso a Acosta  y, viejo zorro, fue a preguntar a su jefe. “Harold, los jugadores quieren salir”, dijo.

Hecho. “El que dio permiso para esa salida nocturna fue Mayne-Nicholls, no Acosta”, afirma tajante Gustavo Camelio. La “fiesta” de los jamones voladores, mermeladas y acoso a una funcionaria del hotel sentenció a Acosta. Y la goleada 6-1 ante Brasil el sábado 7 de julio lo acercó aún más al abismo.

Fue en el avión de Caracas a Santiago en que Jorge Contador, brazo derecho de Mayne-Nicholls en Quilín, se enteró de lo que venía. “En ese vuelo Harold me dice que Acosta no va más”, confirma Contador.

¿Y cuál es el plan b?, pregunta de inmediato Contador.

Mayne Nicholls respondió de inmediato.

—Bielsa. Me están contactando a Bielsa.

El domingo 8 de julio, un día después del 6-1, Bielsa recibe un llamado. Era Harold Mayne-Nicholls. El argentino escuchó atento. No conocía al dirigente. Y a eso de las seis y media de la tarde, Bielsa llama a su único amigo en Chile, el de los videos en VHS, poco antes de que comenzara el partido entre Argentina y Perú por la Copa América.

—“Me llamó Mayne-Nicholls, Harold Mayne Nicholls”, pronunció el DT.

Fue, en rigor, la primera llamada telefónica entre el dirigente y Bielsa.

Lo que vino después resultó clave.

—¿Es confiable este Mayne-Nicholls?, preguntó Bielsa.

Bielsa bajo los focos del Estadio Nacional, agradecimientos productora Villano.

La búsqueda de jugadores

Esa misma tarde de domingo, Bielsa empezó a preguntar por jugadores y a armar en su cabeza el primer listado de seleccionables. Y esa misma semana —días en que Acosta dijo adiós recibiendo tres sueldos como indemnización, según consta en las actas de directorio de la ANFP— empezó a coordinar a su equipo para reunir toda la información posible —videos, estadísticas, jugadas— de los futbolistas chilenos. 

Quizás como parte de un hermético trato, el martes 10 de julio —el mismo día que Acosta anunció su renuncia— Mayne-Nicholls negó todo contacto con el rosarino. El jueves, la portada de deportes de El Mercurio titulaba que la frenética búsqueda del nuevo seleccionador “Empieza con B: Gustavo Benítez, Claudio Borghi y Marcelo Bielsa. Por esos días, la selección de Alexis Sánchez, Arturo Vidal, Gary Medel, Mauricio Isla y Carlos Carmona vencía a Portugal y avanzaba a cuartos de final de la Copa del Mundo Sub 20 de Canadá. Al mando estaba José Sulantay, el “Negro”.

El viernes 13, Borghi se marginó. “Me bajo de la selección. No me interesa ser juzgado por gente que no me conoce. Gente con la que ni siquiera he hablado dice que soy roto”, dijo el “Bichi” aludiendo a Guillermo Vera, vicepresidente de la ANFP, quien había declarado que Borghi “aún no ha ganado nada”.

Con el técnico de Colo Colo fuera de carrera, el sábado 14 de julio, Mayne-Nicholls telefoneó a Contador.

—Jorge, vente a Santiago ahora. Nos vamos a Argentina: nos recibe Bielsa.

 “Yo iba manejando mi auto a la altura de Tongoy cuando Harold me llama de nuevo y me dice que Bielsa suspendió la reunión. ¿Por qué? No lo sé”, recordó Contador.

Bielsa no quería conversar con Mayne-Nicholls mientras hubiera otros candidatos. Y el titular de la ANFP, un día antes de que Borghi se bajara de la carrera por la selección chilena, se había comprometido a reunirse con el “Bichi” el lunes 16. Y cumplió. Lo hicieron por tres horas y quedaron de hablar de nuevo, de ser necesario.

El miércoles 18 de julio, finalmente, Mayne-Nicholls y Contador emprenden vuelo a Argentina. Llegaron a Buenos Aires. Mayne-Nicholls lo vio un periodista del canal Mega en la fila del aeropuerto. Allá los esperaba “Patito”, el chofer de Bielsa con un cartel en sus manos que decía “Jorge Contador”. Todos a bordo en un Audi A4 Station, a Rosario se fueron por tierra, con Bielsa monitoreando telefónicamente en plena ruta. Mayne-Nicholls pidió parar. Si no maneja él, se marea como pasajero. Tuvo que bajar a vomitar.  Luego de poco más de tres horas de traslado, el Audi entró al edificio en Costanera del Río. Bielsa estaba en su departamento.

La cita empezó a las 22:30 horas.

Bielsa preguntó mucho por qué lo iban a buscar a él si en Chile había técnicos.

—¿Por qué no buscan allá?”, planteó.

 “Él pensaba que Borghi era nuestro candidato”, desempolvó Contador. Y en esa línea iba el diálogo y cuando el rosarino insistía en preguntar por entrenadores en Chile, Mayne-Nicholls anduvo perdiendo la paciencia y lo interrumpió.

—A ver señor Bielsa, ¿Ud. quiere o no quiere? Porque si no tiene interés, no sigamos conversando…

Contador recuerda que esa frase provocó un quiebre.

Punto a favor del periodista.

Desde entonces el rosarino cambió el tono y también el contenido del diálogo. Enseguida, de hecho, hizo pasar a Pablo Quiroga, uno de sus eternos ayudantes, quien desplegó una planilla. “Pregunten por el jugador que quieran”, dijo Bielsa. “Rodrigo Tello”, soltó Contador. Y Bielsa encajó sus lentes y leyó la más completa descripción futbolística y estadística del zurdo.

Hubo más preguntas. Con el “puertordazo” fresco, Mayne-Nicholls habló de disciplina. “Usted no se preocupe: de eso me encargo yo”, dijo el dirigente.

Esa noche no hablaron de dinero. Sí de condiciones de viaje e infraestructura para los jugadores.

“Patito” llevó a Mayne-Nicholls y Contador al hotel. Eran cerca de la una y media de la mañana.

El jueves volvieron a Santiago. El trato con Bielsa aún no estaba cerrado.

Bielsa junto a Jorge Valdivia, agradecimientos productora Villano.

El tenso OK de Bielsa

La lista de candidatos llenaba páginas en los diarios. Horas de programas de radio y TV. Mayne-Nicholls hablaba de cinco, incluyendo a Arturo Salah y Manuel Pellegrini, pero ambos se descartaron. Lo que aparecía en la prensa jamás preocupó a Bielsa. Salvo el día en que vio una foto en el diario del gerente general Gustavo Camelio con José Sulantay. El viernes 27 de julio, Bielsa se bajó en serio. “Estoy fuera”, dijo al teléfono a su único amigo en Chile. Y lo dijo con notoria decepción. “Es poco serio lo que hacen. Si me llaman, ¿para qué negocian con otros?”, agregó.

Bielsa tenía razón. La negociación con Sulantay que recogieron los diarios tenía sustento. 

Ocurrió el jueves 26 de julio. La prensa estaba fuera de Pinto Durán, pero no vio a Sulantay abandonar el predio. El “Negro” salió escondido en un jeep. “Iba acostado en el auto. Lo llevé a la oficina de Ricardo Abumohor en Vespucio. Allá estaban Mayne-Nicholls y Jorge Contador. También estaba el anfitrión, pero él prestó sus oficinas y se fue. Ese día Mayne-Nicholls le ofreció formalmente el puesto a Sulantay, y no por seis meses, sino por toda la eliminatoria”, contó  Camelio.

A Sulantay le pidieron un favor.

—“No digas nada a la prensa ‘Negro’, nada”.

El trato estaba listo y solo faltaba un trámite protocolar: Mayne-Nicholls debía informar a su directorio y conocer su opinión. Pero la noche de la reunión en las oficinas de Abumohor no terminó ahí. En el mismo jeep, Camelio fue a dejar a Sulantay, y hablaron de dinero: Sulantay iba a ganar cerca de un 20% más que Acosta. El trato estaba aún más aterrizado. Esa noche, cerca de la una de la madrugada, el gerente general tuvo que volver a su oficina en la ANFP. “Fui a buscar mi maletín. Estaba lleno de prensa. Me preguntaron si estaba en reunión con Sulantay. No dije nada”.

Esa noche, casi a esa misma hora, Sulantay iba a grabar un episodio del programa de TVN Animal Nocturno. Un día después, viernes 26 de julio, Sulantay apareció en los diarios diciendo que le habían ofrecido formalmente la selección. “Me han propuesto la idea que siga hasta el final de las eliminatorias, y si llegamos al Mundial de Sudáfrica, incluido el Mundial”, declaró entonces.

Bielsa, que había confiado en Mayne-Nicholls, llevaba 18 días trabajando junto a su equipo en el proyecto deportivo y de infraestructura para la selección chilena. Ese viernes el trasandino vio y leyó todo, tomó el teléfono y llamó a su amigo en Chile.

—“Estoy fuera. ¿Para qué hablan con otros si me quieren a mí? No, no es serio. Estoy fuera”, repetía el rosarino.

Al otro lado del teléfono intentaban calmarlo. “No te preocupes Marcelo. El que manda es Mayne-Nicholls y es un tipo personalista. Harold lleva esto y en él debes confiar. Quédate tranquilo”, le dijo. 

Bielsa no se tranquilizó de inmediato. El fin de semana , Sulantay siguió hablando y, al cabo, se indignó con Mayne-Nicholls cuando el directivo declaró que era uno más de una lista. “Si me decía que era así, ni hablaba con la ANFP”, dijo el “Negro” en su hora del adiós.

El lunes 29, Borghi se marginó definitivamente. “Cuando hay algo concreto te vienen a buscar, pero cuando hay cinco o seis candidatos es diferente, y hasta te pueden estar usando de palo banco”, lanzó para cerrar la puerta por fuera.

Esa semana hubo reunión de directorio en la Asociación. “Estábamos sin candidatos. Borghi y Bielsa se habían bajado. En esa reunión salió una danza de nombres. Carpegiani, Bianchi y hasta Capello. Pero eran solo ideas. Nombres al aire. Hasta que Mayne-Nicholls dice: a mi me gusta Bielsa., pero es caro. Esa fue la primera vez que yo escuché el nombre de Bielsa en un directorio”, recordó Camelio.

Ese mismo lunes, Bielsa toma el teléfono de nuevo y llama a su amigo chileno.

—“Me llamó Mayne-Nicholls. Se ha reactivado la negociación”, comentó.

Bielsa se calmó. Mayne-Nicholls respiró. Todo estaba en orden.

Diez días más tarde, el contrato que vinculaba a Chile y Bielsa estaba sobre su mesa de la casa de Rosario.

El viernes 10 de agosto, Bielsa firma y posa para la foto junto a toda la comitiva chilena: de izquierda a derecha, Gustavo Camelio, gerente general, Arturo Chahuán, miembro del directorio, Marcelo Bielsa, nuevo entrenador de la selección chilena, Andrés Montrone, director y Carlos Morales.

Todos abrazados, todos felices.

La imagen fue tomada con la cámara de un teléfono Blackberry. El fotógrafo fue Winter, el abogado de Bielsa.

Ese día Mayne-Nicholls anunció su contratación en rueda de prensa. Antes, eso sí, envió un mensaje de texto al amigo de Bielsa en Chile: “Hecho”, se lee en la pantalla del celular. El golpe noticioso lo dio la radio Biobío. “Bielsa es el nuevo entrenador de la selección chilena”, lanzó la emisora. Un par de horas más tarde, el presidente de la ANFP oficializó en rueda de prensa el fichaje del rosarino.

Bielsa no llegó a Chile el día que debía. El vuelo estaba agendado para el domingo 12 de agosto, pero en el vuelo LAN 943 solo desembarcaron Eduardo Berizzo, su ayudante, Luis María Bonini, preparador físico, además de Alfredo Berti, otro de sus colaboradores.

El rosarino apareció en Pudahuel el lunes 13. Y en Quilín a las 20:21 horas sentado como copiloto de Gustavo Camelio, gerente general de la ANFP. Bielsa llegó a su presentación en el mismo jeep Mitsubishi en que el propio Camelio sacó escondido a Sulantay desde Pinto Durán. 

Marcelo Bielsa en conferencia de prensa. Agradecimientos productora Villano.

En su primera rueda de prensa habló por qué eligió Chile para dirigir luego de tres años de inactividad  -“es un lugar donde volveré a sentirme cómodo”-, de Marcelo Salas -“admiro su pasado y evaluaré su presente”- y del alto costo de su sueldo, un millón y medio de dólares por año: “Las cifras son ofensivas para la gente. Expresarse sin mentir en ese sentido es muy difícil. Sinceramente, no he venido a intentar este trabajo movilizado por el dinero”, comentó. También lanzó un pincelazo de su sello en la cancha: “Yo me siento más cómodo si el equipo que dirijo logra atacar más tiempo del que defiende”.

Fue el día en que Chile empezó a conocer a Bielsa en su estado puro. El resto es historia

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