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Reportajes

Julia Navarro, best seller española: “Cuando se suele hablar de los escritores latinoamericanos creo que se comete una enorme injusticia con Isabel Allende”

La escritora madrileña se encuentra de gira en Chile presentando su última novela, "El niño que perdió la guerra". En conversación con The Clinic, la autora reflexiona sobre los desafíos de la sociedad actual en torno a los regímenes autoritarios, la importancia del feminismo y el punto de vista de las mujeres en la sociedad y los conflictos bélicos. "Me preocupa porque en nombre de aparentemente buenas causas lo que exista ahora es una censura en la sociedad", dice.

Por 3 de Octubre de 2025
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A la escritora Julia Navarro (71) le fascina Santiago. Asegura que, a diferencia de otros países que visita, cuando llega a la capital chilena se siente como si estuviera en Europa. Dice que es por las personas y el ambiente, y menciona que cada vez que visita el país, a diferencia de otros lugares, no se siente como turista.

Llegó el domingo a Chile y partió el jueves a Argentina, y en medio de su ajetreada agenda del tour de su novena novela, “El niño que perdió la guerra”, la escritora recibe a The Clinic para conversar y reflexionar respecto de los totalitarismos actuales, el rol de las mujeres al momento de contar historias y la relevancia del feminismo, movimiento al que la autora adhiere con fuerza.

Entre las autoras chilenas, Navarro destaca con fuerza a Isabel Allende, de quien menciona: “Cuando se suele hablar de los escritores latinoamericanos, creo que se cometió una enorme injusticia con Isabel Allende. Había una mirada muy masculina, y dejaron fuera a una autora seguida por millones de personas en todo el mundo que tenía una voz propia, que tenía una forma propia de contar historias. Isabel Allende me parece que es una autora universal, ya no solamente ustedes los chilenos, es de todos los lectores del mundo”. 

—Esta es su novena novela, ¿Qué aprendizaje saca de los nueve libros? ¿Qué similitudes o diferencias ve en cada uno?

—Son todos diferentes. Son todos historias diferentes, de diferentes núcleos de mis preocupaciones, de mi visión de la vida. A mí me interesa mucho viajar a los confines de los claroscuros de la condición humana. Me interesan los personajes contradictorios, me interesan los personajes llenos de claroscuros, me interesa la condición humana. Y lo que yo hago es bucear en todos esos recovecos. Eso siempre es lo que está detrás de mis historias, acompañadas de los temas que a mí me preocupan.

—Me imagino que también ligado a su rol como periodista.

—Yo ya no ejerzo el periodismo, pero lo ejercí durante 40 años. El periodismo me ha dado las herramientas para poder escribir mis novelas, porque me ha permitido vivir muchas vidas, me ha permitido estar en muchos lugares que si bien a lo mejor habría ido, pero habría mirado con otros ojos. No es lo mismo estar en un lugar y verlo con los ojos del periodista que con los ojos del turista. Y además porque los periodistas siempre vamos a los lugares que son los márgenes, entonces vemos otras cosas, que no es lo evidente.

—¿Y cómo es el proceso de hacer una novela?

—No lo sé (ríe), no me preguntes cómo escribo libros. Yo escribo libros, escribo novelas, pero no sé cómo las escribo.

—Me llamó mucho la atención en este libro la mirada que tienen las mujeres. Porque si bien la historia es de Pablo, el niño, el rol femenino en la novela es muy fuerte.

—Hay algo que no me canso de repetir. No hay historia sin nosotras. Es decir, nosotras siempre hemos estado ahí y no hay historia sin nosotras. Otra cosa es que la historia la hayan contado los hombres y hayan sido un poco olvidadizos. Han obviado que nosotras estábamos ahí en todos los ámbitos de la vida, en todos los ámbitos sociales. Parece que de repente todo el mundo descubre ‘oh, hay mujeres, hay mujeres que hacen cosas’. No, es que siempre hemos estado y siempre las hemos hecho. Solamente que ahora, desde el siglo XX, somos visibles. Y antes éramos invisibles porque la historia era una historia de una parte, la contaban exclusivamente ellos. Pero no es que yo ahora de repente haya descubierto que hay mujeres que son capaces de defender sus ideas, de defender su modo de vida, de defender la libertad, de defender la creación. No, es que siempre lo hemos hecho. Solamente que ahora simplemente lo vemos.

—¿Y cree que le hace justicia a las mujeres escribiendo libros desde este punto de vista?

—Yo no me planteo cuando escribo decir cuál es el objetivo. Cada libro es distinto, cada libro quiero contar una historia. ¿Qué he querido contar aquí? ¿Qué me preocupa a mí en estos momentos? Me preocupa el auge de los autoritarismos, de los regímenes autoritarios. Me preocupa el auge de las autocracias, me preocupa lo frágil que a veces es la democracia y por tanto lo que hago es una reflexión sobre esas cuestiones que a mí me preocupan, solamente que en vez de hablar de la época actual, de hoy, aquí y ahora, hablo de un poco más atrás. Pero en el fondo lo que subyace es lo mismo. Cómo son los regímenes autoritarios, cómo lo primero que hacen es cercenar la libertad de los ciudadanos, cómo el siguiente paso es instaurar la censura, porque normalmente los autócratas, los dictadores tienen miedo a toda manifestación cultural que ellos no controlan.

—¿Influye en algo el feminismo y el boom de la ola feminista?

—Bueno, yo soy feminista y voy a explicar por qué soy feminista. Mientras haya una sola niña en el mundo que no puedo acceder a la educación porque es una niña, yo seré feminista. Mientras haya una sola niña en el mundo a la que la mutilan genitalmente, porque en nombre de unas costumbres supuestamente ancestrales, enmarcadas e impuestas por los hombres, yo seré feminista. Mientras haya sociedades donde se considera que el cuerpo de la mujer es algo pecaminoso, como  sucede en Afganistán, donde hace poco ha habido un terremoto en que han muerto cientos de mujeres debajo de los escombros, porque los talibanes consideran que el cuerpo de la mujer es algo pecaminoso, y entonces prohíben que los hombres las toquen incluso para salvarlas, yo seré feminista. Mientras haya una mujer en un lugar del mundo con igual trabajo (que un hombre), pero menos salario, yo seré feminista. Tengo muchas razones para seguir siendo feminista.

Yo no me conformo con lo que sucede a mi alrededor, es decir, en una sociedad donde el avance en igualdad de derechos ha sido muy importante. Pero que yo no tenga esos problemas no significa que yo me desentienda de los problemas de tantas y tantas mujeres y niñas en el resto del mundo. Entonces mi compromiso no es solamente con lo que me pueda ocurrir a mí, con lo que pueda ocurrir en mi entorno más inmediato, sino con lo que pasa en todos aquellos rincones, en todos aquellos márgenes de la sociedad donde hay tantas mujeres y tantas niñas donde sufren por el hecho de ser mujeres.

—¿Cree que una forma de aportar al movimiento feminista es escribir precisamente libros con la mirada de las mujeres en las guerras, por ejemplo? ¿O ese no es el objetivo de los libros?

—No, el objetivo de los libros es reflexionar en líneas generales de muchas cosas. Yo reflexiono sobre los totalitarismos, las guerras, la persecución de toda creación, de las personas que son capaces de crear cultura y que son perseguidas por los regímenes totalitarios, de las mujeres en la época en que yo sitúo la novela, a los deseos de los hombres. Pero para mí el feminismo también es una actitud frente a la vida, y es una manera de defender no solamente lo inmediato, lo cercano, sino ampliar la mirada hacia otros lugares donde realmente las mujeres y las niñas necesitan que las tendamos esa mano.

Crítica a regímenes autoritarios: “Si coges un mapa del mundo en estos momentos, comprobarás que hay muy pocas democracias”

Uno de los tópicos a los que suele aludir la escritora en sus libros son las dictaduras, los totalitarismos, la censura y la violencia a la que se ve expuesta la sociedad en los conflictos bélicos, y en esta última novela, precisamente, la autora asegura que quiso retratar esa reflexión.

—¿Hay una crítica a la sociedad actual mediante este libro?

—No se trata de una crítica a la sociedad actual, se trata de una reflexión en general sobre lo que significan los regímenes autoritarios y los regímenes autocráticos. Es decir, reflexionemos sobre lo fácil que es que un país se pueda deslizar hacia una autocracia, hacia un régimen autoritario. Eso sucedió en el pasado, eso sucede en el presente, puede suceder en el futuro. Es una forma, una invitación a la reflexión. Yo siempre digo que yo no escribo novela histórica, escribo novela de personajes en el que planteo diversas situaciones a las que se enfrentan esos personajes. A mí me interesa la condición humana.

—¿Cómo reflexiona sobre el surgimiento de los extremismos que hay hoy en día a lo largo de todo el mundo? 

—Lo que hay que preguntar es por qué. Yo creo que a veces, en vez de analizar las causas de por qué suceden determinadas cosas, nos limitamos a decir ‘oh, qué horror lo que está pasando’. Pero ¿por qué pasa? La única manera de afrontar esos fenómenos que no nos gustan, es intentar saber de dónde vienen, por qué vienen, qué ha sucedido en la sociedad, qué ha convulsionado la sociedad para que tome una dirección contraria a la de la democracia y la solidaridad. Porque si no buscamos, no nos hacemos esas preguntas y buscamos las respuestas, entonces no podremos hacer nada para parar esas derivas autoritarias. 

Si coges un mapa del mundo en estos momentos, comprobarás que hay muy pocas democracias. Pero si coges un mapa del mundo como era hace 50 años, también había muy pocos resultados.

—¿Y usted por qué cree que es eso? ¿Qué es lo que falta?

—No, no es lo que falta, es que hay que analizar por qué sucede eso y por qué países que son democráticos pueden tener la tentación de tener una deriva. Siempre hay, por ejemplo, una crisis económica. Una crisis económica produce una enorme insatisfacción en grandes sectores de la sociedad. Y a veces la gente que queda situada en los márgenes busca una solución a sus problemas que a lo mejor no se lo dan los partidos tradicionales. Entonces dan una patada al tablero y llevan al país hacia una deriva autoritaria. Pero hay que preguntarse por qué. ¿Por qué suceden las cosas? Si no nos preguntamos por qué suceden, no tendremos las respuestas y sobre todo no tendremos la capacidad de buscar soluciones para parar esas derivas.

Julia Navarro ha lanzado nueve libros, el último estrenado el año pasado, basado en la historia de Pablo, un niño que nace en medio de la guerra civil española y es enviado a vivir a la Rusia soviética.

—Otro aspecto que es relevante también en el libro y que es relevante en general en las dictaduras, en los totalitarismos, es todo lo que tiene que ver con la cultura, con las artes.

—Claro, en todos los regímenes totalitarios y autocráticos, lo primero que hacen es cercenar las libertades generales y luego viene la segunda parte que es cercenar la libertad de creación. Los dictadores, los autócratas, tienen miedo a todo aquello que no pueden controlar. Entonces, el efecto que puede tener un libro, el efecto que puede tener una música, una película, una cultura en el ánimo de los ciudadanos, es algo absolutamente incontrolable. Por tanto, lo temen y cuando lo temen inmediatamente van estableciendo, van oprimiendo esa libertad de creación e instaurando una censura.

—¿En los países más autoritarios hay un rol que tienen que asumir, o que asumen innatamente los artistas, los literarios? 

—Yo creo que siempre hay que defender esas cuotas de libertad. A veces no se puede… Yo hablo aquí de la Rusia soviética (en su último libro), de cómo muchos escritores terminaron en el Gulag porque no se resignaban a dejar de escribir, porque no se resignaban a dejar de componer, porque no se resignaban a dejar de pensar.

—Hay una escena que es la de las mujeres en el Gulag, hablando de Ana Karenina…

—Retrata el poder de la cultura y cómo la cultura las ayuda a sobrevivir.

—Es esperanza también.

—Es esperanza, claro. Es lo que las ayuda a seguir sintiéndose vivas, a seguir sintiéndose humanas. Porque una situación de estar presas a 50º bajo cero en un lugar absolutamente inhóspito, lo que las hace seguir teniendo ese halo de humanidad, es pensar en la literatura y pensar en la consciencia, y que no las puedan despojar de eso.

—¿Diría que pese a todo lo que se vivió en el siglo XX, no hemos aprendido nada como sociedad?

—La historia de la humanidad es una historia en la que a veces los acontecimientos parece que se repiten, pero el mundo va evolucionando, las sociedades van cambiando, las costumbres van cambiando, pero hay cosas que parecen efectivamente que no cambian, que son las fusiones autoritarias de ciertos gobernantes y cómo eso termina en una deriva de opresión para los gobernados. Y eso pasó en el pasado y está pasando en el presente. ¿Aprendimos las lecciones? Claro, es que es muy fácil decirlo. No, no aprendimos, o sí aprendimos. Cada momento histórico es distinto y hay unas características distintas. 

—Volviendo al tema de las cancelaciones, con la era digital pasa que hay muchas cancelaciones a distintos tipos de pensamiento.

—Eso es censura. Eso es censura pura y dura. Entonces, o estás a favor de la libertad, o por tanto estás a favor de la censura. Y en cualquiera de sus manifestaciones, aunque sea por una aparente buena causa, no lo es. La libertad no tiene matices. Yo soy políticamente incorrecta y me aburre mucho lo políticamente correcto. Y entre otras cosas también me preocupa porque en nombre de aparentemente buenas causas lo que exista ahora es una censura en la sociedad. Y la gente llega a tener miedo de manifestarse libremente. Eso nos hace una sociedad débil, nos infantiliza. No digamos esto porque puede molestar. Hay que reivindicar el derecho a expresar una idea y confrontar esas ideas. No hay que tener miedo a la confrontación. Yo lo que tengo miedo es a la falta de diálogo, a la falta de confrontación de ideas. Estoy en contra de la política de la cancelación, sea en nombre de lo que sea, y estoy en contra de lo políticamente correcto. Porque es una forma de censura. 

—¿A qué se refiere con que está en contra de lo políticamente correcto? 

—Pues que estoy en contra de que me digan que debo de pensar porque es lo que es políticamente correcto pensar. Yo pensaré lo que me da la gana y quiero mi derecho a discutir y a discrepar de otros. Y como a mí me encanta polemizar, me parece que de la polémica, de la discusión, siempre salen cosas. Buenas, a veces positivas, pero lo que no se puede es imponer un pensamiento único.

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