Opinión
10 de Octubre de 2025
Abramos la conversación sobre salud mental, con responsabilidad y empatía
Por Andrea Albagli, Subsecretaria de Salud Pública
La subsecretaria de Salud Pública, Andrea Albagli, aborda los estigmas asociados al cuidado de la salud mental. Asegura que este tipo de estigmas "con frecuencia son internalizadas por las propias personas afectadas, dañando su autoestima y profundizando la pérdida de contacto con otros, el aislamiento, así como una tendencia a ocultarse y evitar la búsqueda de ayuda y apoyo".
Compartir
El estigma hacia la salud mental puede reconocerse como una expresión persistente de desigualdad y exclusión social. El “Diagnóstico de Estigma hacia la Salud Mental en la Comunidad Chilena”, implementado por Minsal el 2023, evidencia que se siguen reproduciendo prejuicios que asocian problemas de salud mental con ser débil, peligroso o incapaz. Estas creencias, que no son ciertas, con frecuencia son internalizadas por las propias personas afectadas, dañando su autoestima y profundizando la pérdida de contacto con otros, el aislamiento, así como una tendencia a ocultarse y evitar la búsqueda de ayuda y apoyo.
Para enfrentar este fenómeno, desde el Minsal impulsamos la primera campaña de salud mental en la historia sanitaria de Chile: “Estigmatizar cierra puertas, abramos la conversación sobre salud mental”. El objetivo es generar diálogo para reducir prejuicios y promover la comprensión. Se invita a reconocer que el malestar psicosocial, las emociones y las experiencias de sufrimiento no son un signo de debilidad, sino que una expresión humana, y expresarlas es un acto valiente que hace posible el cuidado colectivo. La conversación reduce el aislamiento, la vergüenza y el miedo al juicio social, factores que actúan como principales obstáculos en la búsqueda de ayuda. Y qué importante es pedir ayuda y hablar incluso de aquello más difícil de abordar, por ejemplo, hablar de suicidio. En esto, todos podemos aportar, cada uno desde su rol.
Desde la cercanía personal podemos ayudar al poner atención a quienes nos rodean, hablar sin prejuicios y sin minimizar. Hay pocas cosas que generen tanto alivio para quienes están pasando por un mal momento cómo la validación de esa emoción por parte de un ser cercano. Esto requiere de conversaciones incómodas, pero necesarias.
Desde el debate público se debe aportar sin contribuir a la desesperanza o desafección. El suicidio puede tener un patrón de imitación, y personas en situación de vulnerabilidad pueden verse inclinadas a cometer una lesión autoinfligida según cómo vea que se comunica del hecho en su entorno. En esto la evidencia internacional es contundente: la forma en que se informa sobre suicidio puede salvar vidas o, por el contrario, aumentar riesgos. Coberturas sensacionalistas o que entregan detalles explícitos pueden generar imitación, especialmente entre adolescentes y jóvenes. En contraste, una comunicación responsable, centrada en la entrega de herramientas de apoyo y la esperanza, actúan como factor protector y favorece la búsqueda de ayuda.
Por otro lado, en la región de las Américas el informe más reciente de la OPS (2025) situó a Chile por debajo del promedio regional. Además, Chile se encuentra dentro de los pocos países de la región que no han experimentado un incremento en sus tasas, en contraste con la tendencia general al alza observada en las Américas. Nos importa cada muerte por suicidio, cada vida. Por eso, sin minimizar el problema, es imperante que lo abordemos con información rigurosa.
Es necesario evitar el silencio y promover la esperanza. Ambos factores que se protegen con una comunicación social decidida, pero con datos veraces y confiables. Sin duda debemos hablar de suicidio, pero debemos hacerlo con empatía y responsabilidad.


