Opinión
11 de Octubre de 2025
La ciudad ideal según Pixar exhibida en Concepción
Por Rita Cox
Por primera vez, el encuentro anual de laboratorios de ciencias de ciudad del MIT se realizó en el sur global. En ese contexto, el Teatro Biobío, de Concepción, dos creativos de Pixar Animation Studios revelaron no solo los secretos de sus películas icónicas, sino también su visión sobre la ciudad del futuro: un espacio sin autos, con alimentos gratuitos y edificios que funcionan como biosistemas vivos.
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Esta semana, Concepción se convirtió en el centro del diálogo sobre el futuro de las ciudades. Durante tres días, el Teatro Biobío, con la reputada arquitectura de Smiljan Radic Clarke, Gabriela Medrano y Eduardo Castillo, fue la sede del summit “Cities in Transition”, el encuentro anual de la red de laboratorios de ciencias de ciudad del Massachusetts Institute of Technology (MIT). Por primera vez en su historia, este evento se realizó en el sur global, reuniendo a cerca de 150 investigadores de distintas partes del mundo.
El encuentro, organizado por City Lab Biobío —parte de la red MIT—, el Gobierno Regional del Biobío y la Cámara Chilena de la Construcción (CChC), abordó el impacto de la evolución digital, la tecnología y el cambio climático en los asentamientos urbanos, a través de la voz de speakers chilenos e internacionales, líderes todos en arquitectura, planificación urbana, y urbanismo, movilidad, prevención de incendios, participación ciudadana y data.
Sin duda lo más esperado, por lo curiosa de la apuesta curatorial, fue la dupla conformada por Kristian Norelius y Amy Allen, de Pixar Animation Studios. Él, director de arte de la compañía con cerca de 20 años en el estudio. Ella, supervisora de diseño de sets con 17 años allí. Su presentación no solo prometía revelar los secretos detrás de películas icónicas, sino también exponer sobre el rol de la ciudad de Pixar.
¿Por qué Pixar en un congreso sobre ciudad? Por la relevancia de la interdisciplina en la conversación y el peso real de lo creativo en el encuentro. Porque ella tuvo una antesala en el MIT y porque para los niños, los espacios ideados por el estudio cinematográfico de animación son sus primeros contactos al diseño de una ciudad, aunque sea idealizada. Y, porque ya sabemos los padres, los relatos de Pixar funcionan en capas: la relación de dos robots puede ser lo que llame la atención de un niño, mientras que para un adulto el desperdicio de chatarra no pasará desapercibido.
En uno de los salones de Avda. Costanera Raúl Silva Henríquez, los Pixar comenzaron mostrando algunos de los mundos urbanos que han construido y describiendo a grueso modo su metodología: Nueva York, Toronto, Londres; y otras ciudades inspiradas en Guanajuato, en Mexico, y Cinque Terre, en Italia. También espacios más abstractos, como los de “Intensamente”, o edificios ficticios para “Ratatouille”, ya que el propósito siempre será priorizar la emocionalidad. Como explicó Allen, “la sensación de un lugar puede ser más importante para nosotros que la precisión. Obviamente, si eres arquitecto, vas a querer asegurarte de que los edificios realmente funcionen. Nosotros podemos hacer un poco de trampa, porque necesitamos garantizar que ciertos momentos emocionales se cumplan, que ciertas composiciones visuales funcionen en esa dirección”.
Lo funcional también manda cuando se diseña una ciudad Pixar. Mostraron cómo en “Cars 2” modificaron el mapa real de Londres para tener un tiro directo hacia el Palacio de Buckingham. Todo esto frente a la mirada atenta de arquitectos y urbanistas, como Pablo Allard.
Tan llamativo, fue la necesidad expresada por Norelius y Allen de conocer detalladamente a los personajes de las tramas —quiénes son, cómo piensan, sus características y capacidades físicas, aquello que los moviliza— para luego diseñar los entornos en que se moverán. Ya sea una pieza, una casa, un barrio o una ciudad, todas esas particularidades definen sus espacios. Y no al revés. Una lógica parecida a la que requieren quienes hacen buenas ciudades.
Recordaron, también, que a veces los mundos que construyen son más que escenarios: se transforman en personajes. En “Elemental”, la ciudad misma participa en la historia, es alterada por ella, transita junto a los protagonistas.
Esa fue la primera mitad de la presentación de Kristian Norelius y Amy Allen, de quienes es prácticamente imposible encontrar entrevistas. IMDB contiene solo lo formal de sus carreras y en el Teatro Biobío pidieron no sacar fotos ni hacer videos con los celulares mientras estuvieran sobre el escenario en 360.
El campus de Pixar: una mini ciudad que cataliza ideas
El momento más revelador vino fuera de las historias ficticias y se centró en la realidad: cuando Kristian Norelius se trasladó al campus de Pixar, en California, y describió cómo el edificio y sus jardines —especie de miniciudad— están diseñados para influir el desempeño de sus ejecutivos y creativos. “Es un ambiente muy estresante con muchas fechas límite. Estamos frente a pantallas azules 12 horas al día. Por eso nos están animando a tomar descansos. Es importante disfrutar de la piscina, jugar básquetbol y caminar por el campus. Puedes disfrutar, caminar, pasear por las áreas del parque”.
No es cualquier campus. El edificio central fue diseñado con la colaboración de Steve Jobs. “Su ambición era hacer presente allí el lado derecho y el lado izquierdo de nuestro cerebro. Entonces tenemos arte y tecnología fusionados en este atrio principal en el centro, como la corteza central”, explicó Norelius.
Jobs diseñó el edificio de manera estratégica: “Si necesitas ir al baño, si necesitas un snack o almorzar, tienes que caminar hacia este atrio, donde te encuentras con compañeros de trabajo de distintos departamentos. Muchas veces los problemas difíciles se resuelven en allí”.
La arquitectura, entendieron en Pixar, no es solo contención: es catalizador de conversaciones fortuitas que detonan ideas. Es estructura y es flujo. Son espacios cargados de ventanales que comunican hacia el verde del exterior y un paisajismo que nutre y calibra frente a tanta pantalla.
Una ciudad para la humanidad
Con esa filosofía espacial como fundamento, la dupla de Pixar dio el siguiente paso en Concepción: imaginar una ciudad ideal. “Amy y yo juntamos nuestras cabezas: si creáramos un paisaje urbano para la humanidad, ¿cómo se vería?”, planteó Norelius. “Lo hicimos después de horas, noches y fines de semana”, detalló.
Comenzaron igual que sus proyectos en Pixar: con dibujos en servilletas, bocetos sobre páginas en blanco para luego avanzar al 3D. Pero esta vez pensando en necesidades humanas fundamentales: luz solar, aire limpio, agua limpia, conectarse con la tierra, incluso descalzo. Y también el sonido, versus el ruido. Todos elementos de la conversación actual entre planificadores urbanos.
El diseño que presentaron tenía forma de semi-tazón orientado hacia el este para capturar el amanecer. La vegetación y el flujo de aire natural, protagonistas. No hay autos, porque pensaron en que “sería increíble si pudiéramos estacionarlos fuera de los límites de la ciudad y establecer transporte público adentro. Y scooters silenciosos”, propuso Norelius con entusiasmo.
El área central del diseño, o centro cívico, fue conceptualizado como una trinidad, donde la religión, la ciencia y la espiritualidad pudieran unirse. Y luego vino la propuesta más radical: “sería increíble si las necesidades básicas como nueces, bayas, frutos, cosas que se cultivan localmente se proporcionaran gratis. El agua también. No necesitarías una billetera”. ¿Idealismo? ¿Utopía? ¿Por qué no?
Los edificios mismos serían sistemas vivos: “¿Qué pasaría si un edificio pudiera ser más que solo ser un refugio sobre tu cabeza? ¿Qué pasaría si pudiera ser su propio biosistema? Si pudiera, a través de procesos de desalinización, limpiar agua, o incluso recolectar agua de la lluvia. Si pudieras cultivar alimentos adentro, y fuera naturalmente calentado por la luz del sol, creando un poco de dióxido de carbono para que los árboles proporcionen oxígeno”. De todo eso se habla y se hace hoy en algunas ciudades con altos estándares de desarrollo.
En el entorno, el verde abunda, el agua fluye y cada gota se aprovecha. Aunque no lo mencionaron, había en esa propuesta un eco involuntario —o quizás un homenaje silencioso— a la obra de Kongjian Yu, el arquitecto, paisajista y urbanista chino creador del concepto de “ciudad esponja”, que murió el 23 de septiembre en un accidente aéreo en Brasil. Yu llevaba 25 años insistiendo en la urgencia de integrar la naturaleza en la transformación urbana, con el agua como elemento clave. Yu, restaurador de cientos de humedales en China, estuvo presente en Concepción.
Y, en su último, paso hacia el final tras el climax de esta lluvia de ideas, Kristian Norelius y Amy Allen llevaron su ciudad ideal a entornos extremos: montañas nevadas y desiertos áridos. Siempre con bio-domos, siempre en cohabitación con la naturaleza. “A medida que envejeces, quieres disminuir un poco la velocidad y pasear a tus perros y pasar el rato en la naturaleza”, dijo Norelius.
Fue un momento hermoso. Un corto de Pixar de no más de 20 minutos. Un corto hecho en Concepción.



