Secciones

The Clinic
Buscar
Entender es todo
cerrar
Cerrar publicidad
Cerrar publicidad

Opinión

26 de Abril de 2026

Columna de Rita Cox: Barrio Triana, todo pasando

Foto autor Rita Cox F. Por Rita Cox F.

No es solo una calle en forma de herradura, ni un puñado de locales: es parte de la historia de Santiago que hoy bordea el centenario. En su recorrido por el Triana, Rita Cox arma un mapa donde pasado y presente se rozan —revistas, antigüedades, cafés— y donde el barrio parece resistir la lógica de la urgencia. “¿La sensación deliciosa de estar viajando sin pasaporte?”, se pregunta, como si en ese rincón de Providencia la ciudad todavía pudiera ser otra cosa.

Compartir

María Edwards sale de su casa, gira a la derecha, y ahí está Taller 1. Gira a la izquierda, y ahí está Café Prensa, que acaba de abrir. Vive en ese punto exacto junto a su marido, el artista visual Nicolás Radic, y sus tres hijos. Café Prensa es de ella. Y también es propietaria, junto a sus hermanos, de Taller 1. La calle Triana, en la comuna de Providencia, es inseparable de su biografía.

Triana tiene forma de herradura. Se entra y se sale por Eliodoro Yáñez. Una calle corta que no anuncia su existencia. Cuando se accede, el efecto es el de un milagro: silencio, casas de los años treinta, en su mayoría funcionando como oficinas, jardines, árboles añosos, locales de comida rica, personas circulando. Recuerda al video de Come Into My World, de Kylie Minogue, dirigido por Michel Gondry; ese en que ella camina por una intersección parisina y, junto al resto de los transeúntes, se multiplica en loops sucesivos. El que acaba de ser reversionado por Chanel, con Margot Robbie. En Santiago, tan cerca de la Alameda, de Plaza Italia. De no creer.

Café Prensa se llama así por al menos tres razones: la prensa francesa —el método de preparación—, el prensado de los sándwiches que sirven, y la historia editorial del barrio. También es una tienda de antigüedades. Los muebles y objetos están a la venta. María Edwards lleva una década vendiendo antigüedades online bajo el nombre La Anticuaria, sin tienda física, trabajando como curadora de piezas que encuentra. Una lógica que explica con claridad: en el mundo de las antigüedades es fundamental ver las cosas, tocarlas. El café lo permite. La gente se sienta, toma algo, mira alrededor, y de repente se ha enamorado de una silla, un cuadro, una lámpara.

La propuesta gastronómica es deliberadamente anti-urgente. La idea central es el café de prensa compartido —la jarra en la mesa, cada uno se sirve—, en una dinámica que se parece más al ritual del té que al espresso individual para llevar. La comida: rollos de canela, galletas de jengibre, croissants de almendras, sándwiches prensados en pan de masa madre, wraps, ensaladas. Nada pretencioso, todo lindo en este comedor de barrio.

Hay también una colección de revistas. Antiguas, acumuladas por María desde hace años. Muchas Paula, donde trabajé. Me emociona. La revista que su padre, el fotógrafo y empresario editorial Roberto Edwards, fundó en 1967 junto a Delia Vergara —Premio Nacional de Periodismo 2025— y que se convirtió en uno de los proyectos editoriales y culturales más importantes que ha tenido Chile. Ahí la conexión de María con este barrio se vuelve también biográfica.

Taller 1 es el edificio donde todo eso ocurrió y donde hoy se ofrecen espacios en arriendo y donde, en cuatro pisos, está todo pasando: oficinas privadas, un estudio fotográfico, salas de reunión y locales comerciales, a pasos de la salida de la estación Salvador. El cowork está en operación desde 2022, pero el espacio lleva décadas acumulando historia: allí nació la revista Paula, que operó hasta 2003, y el proyecto Cuerpos Pintados. Las máquinas del taller editorial de Roberto Edwards siguen en pie, semi-industriales y en desuso. Testimonios de una época de la producción editorial. El plan para el Día del Patrimonio, en el último fin de semana de mayo, es abrirlas al público, cuando la calle se hace peatonal. La peatonalización permanente de Triana es una idea que estudia la municipalidad.

La oferta gastronómica de Taller 1 no defrauda. De mis favoritos, todo lo de Olympia es exquisito y Casa Salvo, con su café colombiano, ya abre su tostaduría.

Barrio Triana fue fundado en 1933, impulsado por Roberto Wachholtz, entonces ministro de Hacienda, quien dividió transversalmente la manzana y encargó el diseño a los arquitectos Jorge Schroeder y K. Buchholtz. El resultado fueron 32 casas destinadas al uso residencial de familias acomodadas, organizadas en esa herradura que las protege del ruido exterior. Las cinco más emblemáticas —inspiradas en la arquitectura de pueblos preindustriales franceses— se distinguen por balcones, zócalos y elementos decorativos muy singulares. Triana tiene condición de Zona de Conservación Histórica. El año pasado se celebraron los 90 años. En 2033, si se cuida lo que hay que cuidar, habrá centenario. En un recorrido se leen, en unos paneles frente a Café Prensa, parte de la historia.

El terreno tiene cuento previo. Formaba parte de los predios del Hospital Salvador, cuya construcción comenzó en 1873. La carga que durante décadas tuvo ese origen —lo que estaba cerca de hospitales, morgues y epidemias— mantuvo los precios bajos y el sector relativamente tranquilo. Wachholtz vio ahí una oportunidad. Roberto Edwards también: su teoría era que las mejores ubicaciones de una ciudad siempre estaban cerca de los ríos, por donde corrían las carreteras, y eso garantizaba centralidad permanente. Creyó en esta primera línea frente al Cerro San Cristóbal. No se equivocó. Tampoco erró en su criterio sobre el movimiento que se puede generar en un barrio: hoy Triana es exactamente la zona céntrica, deseable y viva que él anticipó. Además de la junta de vecinos, la plataforma barriotriana.cl organiza actividades, cuida el valor patrimonial del conjunto y también se activa especialmente a través de sus locales de comida —ojo con el Neko-San—, stands y exposiciones en el Día del Patrimonio.

El estallido de 2019 golpeó fuerte a esta zona y lo que siguió fue un vaciamiento gradual de los locatarios más tradicionales. En su lugar llegó gente sub-30, sub-40, emprendedora, con proyectos de gastronomía, diseño, fotografía, cultura, nuevos servicios. Los arriendos habían bajado. Los locales estaban disponibles. Una renovación.

Triana no está sola. A pasos de ahí está calle Huelén, donde Raúl Ruiz vivió en el número 115, que tiene cafés y una chocolatería de diseño precioso. Un par de escritores, que no perdonarían que diera sus nombres aquí, van todas las semanas. En General Salvo, donde tuvo su casa Enrique Lihn y en marzo los vecinos instalaron de manera autogestionada una placa en su honor, está el Oculto. El Vaticano Chico —donde en los locos 2000 se veía circular a Enrique Symns, que vivió en Obispo Donoso, como una larga lista de periodistas, se ha renovado con un par de cafés y hasta una tienda de ropa de diseño independiente. Frente a la Parroquia de los Ángeles Custodios, desde 2025 funciona Los Obispos, de los mismos dueños de Casino la Triana. La imagen de la iglesia y el bar, emplazado en el Palacio Droguett, diseñado por Sergio Larraín, es cinematográfica nivel Cinecittà.

Caminar por todas esas calles genera algo difícil de articular. ¿Admiración por quienes diseñaron y levantaron cada pieza de ese puzzle hace casi cien años? ¿La sensación deliciosa de estar viajando sin pasaporte? ¿Ganas de volver a empezar en cualquiera de ellas? Todas las anteriores.

Notas relacionadas