Sebastián Edwards, economista: “Tengo dos decisiones tomadas, no voy a votar por Jeannette Jara y sí voy a votar por Evelyn Matthei”
Desde su casa en California, donde reside hace más de cuarenta años, el economista chileno y académico de la UCLA, Sebastián Edwards, se mantiene atento al devenir político y económico del país. Con su estilo directo, analiza la carrera presidencial, evalúa el legado del Gobierno de Gabriel Boric y propone un camino para recuperar el dinamismo perdido. "Chile no se está cayendo a pedazos ni está moribundo, pero no está bien de salud. Es un país con problemas, pero con potencial", sostiene.
Por Ignacia Munita 11 de Octubre de 2025
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“Jeannette Jara representa lo más añejo de la política, representa un ideario fracasado”, dice sin rodeos Sebastián Edwards (72), desde su casa en California. Radicado en Estados Unidos hace más de cuarenta años, el economista chileno y académico de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), quien estuvo ligado a la centroizquierda en la juventud, sigue los acontecimientos del país con atención y mirada aguda, especialmente ahora que la contienda por La Moneda entró en su recta final.
Con las elecciones ya en un tramo decisivo, las últimas encuestas muestran que Jara ha logrado imponerse como la candidata con más respaldo dentro del progresismo para la primera vuelta, seguida por el abanderado del Partido Republicano, José Antonio Kast, y más atrás se ubica la opción de la centroderecha, Evelyn Matthei.
Frente a este panorama, Edwards no duda en revelar su preferencia: “Voy a votar por Matthei”, asegura, en conversación con The Clinic, mientras cuida de su perra Alice, a quien llamó así en alusión a la novela fantástica “Alicia en el país de las maravillas” y a quien describe como su “mejor y más leal amiga”.
El economista, tradicionalmente vinculado a la centroizquierda, quien en Estados Unidos apoyó sucesivamente a Barack Obama, Joe Biden y Kamala Harris y que incluso militó en el Partido Socialista de Chile en su juventud, reconoce que en un principio tenía reservas por algunas declaraciones de la candidata presidencial de Chile Vamos, Amarillos y Demócratas sobre la dictadura, pero confirma que estas dudas se diluyeron tras sus explicaciones. “Mis resquemores tenían que ver con algo que ella dijo sobre las muertes en dictadura. Aclaró el tema en forma directa y valiente, para mí esas dudas se disiparon”, confiesa.
“Ahora, es verdad que la campaña (de Matthei) ha andado a saltos y no sé si ella vaya a pasar a segunda vuelta. A mí me da la impresión, y muchas encuestas respaldan la idea, que se está recuperando. Ojalá lo logre”, acota Edwards.
—¿Qué aspectos de Matthei le atraen? ¿Por qué piensa que es la mejor opción para gobernar el país?
—En los últimos años en Chile ha habido mucha odiosidad, mucha pequeñez, mucha maldad política. También ha habido mucha tontería. Esto ha venido de lado y lado y tiene que cambiar por el bien de nuestros hijos y nietos. Chile necesita conversar, tener un diálogo sereno, desarrollar una visión de país más o menos compartida.
La pregunta, entonces, es ¿quién es la mejor persona para dirigir, desde La Moneda, ese diálogo? ¿Quién es la mejor persona para enmendar el rumbo y ayudarnos a movernos hacia la razón? ¿Quién será la mejor persona para negociar con una izquierda posiblemente intransigente y belicosa, dirigida por Gabriel Boric? A mí me parece que la respuesta es obvia, esa persona es Evelyn Matthei, por personalidad, por valentía, por buenas ideas, y por experiencia.
—¿Considera que Matthei todavía tiene capacidad de imponerse en las elecciones de noviembre?
—Hoy en día va en la ascendente, y como dicen los economistas, “el delta” es positivo. Pero no sé si le vaya a alcanzar con cerca de un mes para la votación. Si no llega, para muchos sería una gran decepción, una gran pérdida para Chile.
—¿Hay algún otro candidato que le llame la atención, o con el que simpatice en ideales, por el que podría votar que no sea Evelyn Matthei?
—Tengo dos decisiones tomadas: no voy a votar por Jeannette Jara y sí voy a votar por Evelyn Matthei. Varios de los otros candidatos me parecen interesantes y los escucho, pero no voy a votar por ellos.
Edwards y programa de Jara: “Es una mezcla de lugares comunes, errores conceptuales y malas ideas. Es oportunismo electoral”
Desde hace un tiempo, la carta del oficialismo, Jeannette Jara, ha tendido a acercarse al centro, moderando algunas de sus posturas y matizando sus propuestas para alejarse de la facción más dura del Partido Comunista. Este giro, que busca elevar su atractivo electoral, ha generado tanto expectativas como cuestionamientos sobre si se trata de un replanteamiento real de su agenda política, o de un cambio estratégico, situación que Edwards analiza detenidamente.
—Es un hecho que Jeannette Jara ha optado por acercarse más al centro, marcando diferencias con la línea más radical del Partido Comunista. ¿Cómo ve esta estrategia? ¿Lo convence más ahora como carta presidencial, o considera que es una mera táctica electoral?
—Si Jeannette Jara renunciara al Partido Comunista, las cosas serían distintas. Pero no ha renunciado, y nada indica que lo vaya a hacer. A mucha gente con la que yo hablo -académicos en diversos países, inversores globales, ejecutivos de multinacionales- les cuesta entender que la candidata del progresismo chileno sea militante de un partido leninista, un partido que aún brega por instaurar la “dictadura del proletariado”.
Jeannette Jara representa lo más añejo de la política, representa un ideario fracasado. Esto es tan así que la URSS, el estado leninista por excelencia, se autodisolvió hace veinticinco años. Sí, es verdad que el programa de Jara cambió, y 200 páginas no es lo mismo que siete carillas. Pero, para ser sinceros, el nuevo programa es una mezcla de lugares comunes, errores conceptuales y malas ideas. Es oportunismo electoral. Además, no es un programa creíble.
“El que sea el gobierno con peor desempeño desde 1990 no significa que el país se está cayendo a pedazos”
El académico de la UCLA también deja un espacio para analizar la situación económica de Chile con ojo crítico. Lo anterior, en un contexto en el que el Banco Central, en su más reciente Informe de Política Monetaria (IPoM), advierte un panorama complejo: sostiene que la inflación se mantiene por sobre la meta y proyecta un crecimiento moderado —entre 2,25% y 2,75% para este año—, mientras advierte riesgos al alza que podrían tensionar las finanzas del país.
En ese sentido, hay voces que plantean que la administración de Gabriel Boric dejará tras de sí un verdadero descalabro económico, pero Edwards prefiere el matiz, y si bien admite que el escenario es complejo, plantea que está lejos de ser catastrófico.
—A su juicio, ¿en qué pie deja el Gobierno de Gabriel Boric el camino para la próxima administración, tanto económica como políticamente?
—Lo he dicho muchas veces, Chile no se está cayendo a pedazos ni está moribundo, pero no está bien de salud. Es un país con problemas, pero con potencial. Para que ese potencial se transforme en realidad, en progreso, en beneficios para todos, en prosperidad generalizada, hay que pensar fuera de la caja. Alguna vez lo hicimos, alguna vez tuvimos ideas y políticas audaces. Para poner tan solo un ejemplo: hicimos una carretera moderna en el lecho de un río; la Costanera Norte en Santiago, lo que generó admiración en el mundo entero. Lamentablemente no veo ideas audaces.
El “incrementalismo” se ha instalado en Chile. Nos hemos transformado en un país timorato, en un país asustado, en un país fome, y aunque a la muchachada del Frente Amplio le duela, la verdad es que echamos de menos a Ricardo Lagos. Quizás habría que hacer una canción: “Where are you, Ricky Lakes?”
—¿Cree que este podría convertirse en el gobierno con el peor desempeño económico desde el retorno de la democracia?
—Yo creo que, sumando y restando, es el gobierno “más peor”: poco crecimiento, mucho desempleo, déficits fiscales elevados, y una inflación rebelde. Es difícil no concluir que estas cifras son peores que malitas. Pero quiero insistir: el que sea el gobierno con peor desempeño desde 1990 no significa que el país se está cayendo a pedazos.
—¿Cuál es el balance que hace del escenario político y económico del país, en un año marcado por elecciones?
—Me parece que la campaña es una mezcla de odiosidad y planitudes. Pero, ojo, el que yo me burle de los lugares comunes, no significa que no haya que implementar esas políticas. Son necesarias, desde luego; pero no son suficientes. Obvio que hay que reducir impuestos corporativos, cortar el gasto, hacer una desregulación de permisos de verdad, dinamizar el mercado laboral, controlar la frontera y, especialmente, tener mano muy dura con la delincuencia.
—¿En qué debiera enfocarse, a su juicio, la próxima administración que llegue a La Moneda, dada la situación actual del país?
—El gran desafío de corto plazo es la seguridad. Mientras no enfrentemos el problema con decisión y seriedad, y mano estrictamente dura, no saldremos del hoyo. La cuestión es muy simple: para retomar el crecimiento y la creación vigorosa de empleos hay que aumentar la alicaída, o inexistente, productividad. La gente tiene que ser más eficiente, concentrarse en su trabajo, hacerle empeño, ponerle el hombro.
Nada de eso puede suceder si mientras una persona está en la pega está preocupada y tiene miedo de que secuestren a su marido, que le roben a su hija, que quemen el colegio de su hijo con bombas molotov. Más seguridad es más productividad. El que la caída de la productividad haya sucedido cuando la inseguridad, real y percibida, fue en aumento, no es una coincidencia.
El contraste entre Chile y Argentina que hace Edwards
—En su última visita a Chile, en el marco del XXI Seminario Internacional de Inversiones de Moneda Patria Investments, usted planteó que si al presidente de Argentina, Javier Milei, le va bien, nos van a superar en materia económica. ¿Sigue creyendo que aquello podría ocurrir? ¿por qué?
—Claro, lo que dije es muy simple y es una frase que está condicionada en que a Milei le vaya bien. La repito: si a Milei le va bien, con énfasis en la palabra “si”, Argentina será imparable y nos superará con creces. La frase del complemento es que, si le va mal, eso no sucederá y será una tragedia. Creo que aún es posible que tenga éxito. Se han cometido errores, pero me parece que aún hay tiempo para rectificarlos. Si EE. UU. provee ayuda, las probabilidades de triunfo aumentan.
—¿Cómo ve la figura de Milei y las medidas que ha tomado en Argentina? ¿Cuál es su evaluación?
—Milei no canta bien. En el futuro, cuando salga de la política, definitivamente no debe dedicarse al rock.
—¿Se considera proMilei?
—Yo a los nueve años, cuando leí por primera vez la revista deportiva El Gráfico, me enamoré de Argentina. Es un amor que perdura y que solo crece. Quiero que a Argentina le vaya bien, siempre quiero eso, que le vaya bien en todos los ámbitos. En la política, en la economía, en el fútbol.



