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Claudia di Girolamo

Tiempo Libre

1 de Noviembre de 2025

Claudia di Girolamo y su recuerdo de Héctor Noguera: “Era un compañero perfecto: tranquilo, sin ego, sin máscara”

"Tenía una actitud notable frente al arte y la comunidad. No le interesaba estar en Providencia o Las Condes: quiso Peñalolén. Un teatro donde no había teatro, con talleres, charlas, juegos escénicos. Puro empuje y convicción", fue parte del recuerdo de Di Girolamo sobre "Tito" Noguera que entregó a The Clinic.

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Tras el fallecimiento de Héctor Noguera a los 88 años, amigos, colegas y exalumnos de este destacado actor brindaron sus testimonios a The Clinic, para retratar lo que fue la multifacética vida de “Tito”.

Y entre quienes brindaron dichos testimonios, que forman parte de un extenso reportaje de este medio, está Claudia di Girolamo. La actriz vivió su proceso formativo como alumna de Noguera y luego lo tuvo como colega en varias oportunidades.

“Hombres como Héctor Noguera y mi padre, Claudio di Girolamo, hombres que han trabajado y luchado tanto por sus convicciones artísticas, no los vence la muerte. Nos enseñaron demasiado. Van a estar siempre dentro de nosotros”, partió destacando.

En su relato, Di Girolamo recordó que “a Tito lo conocí en el Ictus cuando era cabra chica, igual que a la Amparo y a la Piedad, sus hijas, que también usaban uniforme. Conocí a Isidora Portales, su primera mujer, productora del Ictus y gestora cultural. Fue un lazo que quedó para siempre. Tito estuvo siempre en mi familia. Su casa, sus hijas, sus conversaciones fueron parte de mi formación. Con él aprendí de teatro y de su manera de entender el arte; cómo se abrió paso, cómo imaginó años después el Teatro Camino, cómo formó generaciones de actores”.

También sostuvo que Noguera “era un compañero perfecto: tranquilo, sin ego, sin máscara. Humilde, un trabajador del teatro, un artesano. Los desayunos eran como en una casa: conversar, reír, compartir. No hacía falta repasar textos: ya los tenía. Era familiar”.

Asimismo, manifestó que “tenía una actitud notable frente al arte y la comunidad. No le interesaba estar en Providencia o Las Condes: quiso Peñalolén. Un teatro donde no había teatro, con talleres, charlas, juegos escénicos. Puro empuje y convicción. Un diluvio lo botó entero y él lo levantó de nuevo. Es un espacio único, una obra arquitectónica y total”.

“Esto venía de La vida es sueño, el texto de Calderón de la Barca al que volvía siempre para entenderlo. Desde ahí desplegó todo: oratoria, dirección, actuación, comprensión de texto. Casi una escuela para espectadores. Así imaginó su teatro, y así lo empujó también”, continuó.

En la parte final de su testimonio, Claudia di Girolamo expresó que “no pude despedirme de él porque yo no estaba bien. Cuando murió mi padre, él me llamó: estaba muy afectado y me dijo palabras hermosas. Después ya no hablamos más. Creo –volviendo a lo que decía al inicio– que él, mi padre y otros de su generación son seres tocados por algo especial del arte. Nos permitieron comprender la artesanía teatral, y gracias a eso resistimos mejor: entendimos que el teatro va más allá de la fama y la crítica. Abrieron Camino como una religión existencialista. No podían vivir sin eso”.

Acá puedes leer el reportaje completo sobre los testimonios de amigos, colegas y exalumnos de Héctor Noguera.

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