Secciones

The Clinic
Buscar
Entender es todo
cerrar
Cerrar publicidad
Cerrar publicidad
Reportajes

Sonetos de la Muerte y Desolación: seis figuras, entre ellas el Presidente Boric, cuentan cuál es su poema favorito de Gabriela Mistral a 80 años de su Nobel

Para algunos, los versos de Gabriela Mistral marcaron sus infancias, otros aún pueden recitar de memoria más de uno. A 80 años de su Nobel, The Clinic reúne los poemas favoritos de seis figuras chilenas: el Presidente Gabriel Boric, la sobrina nieta de Mistral Carmen Gloria Valladares, la actriz Solange Lackington, la profesora y poeta Rosabetty Muñoz, el escritor y abogado Camilo Marks y el poeta Elicura Chihuailaf.

Por 7 de Diciembre de 2025
Compartir

Suscríbete al newsletter

Este 10 de diciembre se cumplen 80 años desde que Gabriela Mistral recibió —por primera vez para Chile— el Premio Nobel de Literatura. Ocho décadas después, sus versos siguen latiendo en la memoria colectiva: “Los sonetos de la muerte”, “Dame la mano”, “Ternura”, “Besos” o “Todas íbamos a ser reinas” son algunos de los más reconocidos que marcaron a generaciones de chilenos.

Para homenajearla, The Clinic reunió a los poemas favoritos de seis figuras nacionales, desde el presidente Gabriel Boric hasta actores, docentes y, por supuesto, poetas, que hoy vuelven a Mistral con la misma admiración de siempre.

Presidente Gabriel Boric

El Presidente Gabriel Boric ha manifestado en varias ocasiones su admiración por Mistral. The Clinic consultó al mandatario por su poema favorito. “La otra”, respondió el jefe de Estado.

La otra (extracto)

Una en mí maté:
yo no la amaba.

Era la flor llameando
del cactus de montaña;
era aridez y fuego;
nunca se refrescaba.

Piedra y cielo tenía
a pies y a espadas
y no bajaba nunca
a buscar «ojos de agua».

Donde hacía su siesta,
las hierbas se enroscaban
de aliento de su boca
y brasa de su cara.

En rápidas resinas
se endurecía su habla,
por no caer en linda
presa soltada.

Carmen Gloria Valladares – abogada, sobrina nieta de Mistral

FOTOS: AGENCIAUNO

“Mi abuelo materno, era primo hermano de Lucila (Gabriela Mistral), y a mí en ese espacio me ha tocado recorrer los lugares donde ella vivió y he recogido toda esa experiencia del norte de Chile, en que ella también pudo compartir con sus familiares”, cuenta Valladares.

“Muchos de sus poemas me llenan completamente el corazón, me identifican con mi infancia y mi adolescencia. Son poemas muy desgarradores del punto de vista de las emociones, pero el que más se identifica conmigo es un poema cortito que se llama ‘El placer de servir’”, agrega.

—¿Por qué se identifica con ese poema?

—“Yo llevo 42 años siendo empleada pública al servicio de mi país, al que lo amo con absoluta genuinidad, y me completa todos los aspectos de mi vida. Yo he tenido una vida muy feliz sirviendo al otro, a pesar de las excepciones respecto del resto de la gente, no tengo hijos, por ejemplo. Yo me he dedicado a servir, a servir con absoluta entrega. Para mí lo más importante en la vida es el otro”, explica la abogada.

El placer de servir (extracto)

Toda naturaleza es un anhelo de servicio.
Sirve la nube, sirve el viento, sirve el surco.
Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú;
Donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú;
Donde haya un esfuerzo que todos esquivan, acéptalo
tú.
Sé el que aparta la piedra del camino, el odio entre los
corazones y las dificultades del problema.
Hay una alegría del ser sano y la de ser justo, pero hay,
sobre todo, la hermosa, la inmensa alegría de servir.
Qué triste sería el mundo si todo estuviera hecho,
si no hubiera un rosal que plantar, una empresa que emprender.

Camilo Marks – abogado, académico y escritor

“La producción de Mistral es exigua. Pero en ella nada sobra, nada está demás, todo es perfecto: letras, sílabas, estrofas, textos narrativos logran una máxima expresividad y un ritmo que corta el aliento, desde las rondas infantiles, los sonetos, los himnos, las odas y todas las formas líricas imaginables”, expresa Marks.

Aunque considera que es muy difícil elegir solo un poema de Gabriela Mistral como su favorito, hay uno que tiene un lugar especial para él: Desolación.

“Me lo sé de memoria desde niño. Es un excelso poema, escrito cuando Gabriela era muy joven y se desempeñaba en Punta Arenas”, relata.

Desolación (extracto)

La bruma espesa, eterna, para que olvide dónde
me ha arrojado la mar en su ola de salmuera.
La tierra a la que vine no tiene primavera:
tiene su noche larga que cual madre me esconde.

El viento hace a mi casa su ronda de sollozos
y de alarido, y quiebra, como un cristal, mi grito.
Y en la llanura blanca, de horizonte infinito,
miro morir intensos ocasos dolorosos.

¿A quién podrá llamar la que hasta aquí ha venido
si más lejos que ella sólo fueron los muertos?
¡Tan sólo ellos contemplan un mar callado y yerto
crecer entre sus brazos y los brazos queridos!

Los barcos cuyas velas blanquean en el puerto
vienen de tierras donde no están los que no son míos;
sus hombres de ojos claros no conocen mis ríos
y traen frutos pálidos, sin la luz de mis huertos.

Rosabetty Muñoz – poeta y profesora. Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda

“Es difícil elegir sólo un poema de Gabriel Mistral. Durante mi infancia y adolescencia me aprendí de memoria poemas como Los Sonetos de la Muerte, El Ruego, Balada, La Oración de la maestra. Creo que toda esa masa verbal, emocional, simbólica ha sido una tierra llena de nutrientes, primordial para plantar mucha de nuestra poesía”, comenta la profesora.

“Si tuviera que apuntar uno, sería Vergüenza, porque lo aprendí muy niña, cuando algunos versos me hacían identificar un cuerpo lejos del que los otros celebraban; más tarde me pregunté por esa mirada ajena que le daba hermosura a la voz lírica ¿por qué necesita esa legitimación desde lo masculino / amoroso? Más tarde, pensé que no se trataba de una mirada cualquiera, sino de la luz / el foco divino sobre la pequeña materia que es uno. Así, el poema ha ido abriéndose y cerrando en distintos tiempos a lo largo de mi vida”, agrega.

Vergüenza

Si tú me miras, yo me vuelvo hermosa
como la hierba a que bajó el rocío,
y desconocerán mi faz gloriosa
las altas cañas cuando baje al río.

Tengo vergüenza de mi boca triste,
de mi voz rota y mis rodillas rudas.
Ahora que me miraste y que viniste,
me encontré pobre y me palpé desnuda
.

Ninguna piedra en el camino hallaste
más desnuda de luz en la alborada
que esta mujer a la que levantaste,
porque oíste su canto, la mirada.

Yo callaré para que no conozcan
mi dicha los que pasan por el llano,
en el fulgor que da a mi frente tosca
y en la tremolación que hay en mi mano…

Es noche y baja a la hierba el rocío;
mírame largo y habla con ternura,
¡que ya mañana al descender al río
la que besaste llevará hermosura!

Solange Lackington – actriz, protagonista de “Mistral, Gabriela (1945)”

Solange Lackington

“Me quedo con Los Sonetos de la Muerte por varias razones. Primero, porque es uno de los poemas que se mencionan en las dos obras donde yo interpreto a Mistral: ‘Mistral, Gabriela (1945)’ y ‘De cómo me convertí en Mistral’. Mucha gente cree que ella escribió este poema pensando en Romelio Ureta, que era un empleado ferrocarril, que fue su primer amor”, explica la actriz.

“Este poema está dividido en tres partes, hay gente que piensa que son tres poemas distintos, otros piensan que es uno solo, que está desordenado. Es bien complejo el poema, a ratos pareciera como que habla de la muerte del padre. Son versos que recuerdan de la muerte de alguien querido”, comenta.

“Por otro lado, me gusta mucho los Sonetos de la Muerte porque a raíz de este poema, ella ya no volvió a usar otro seudónimo. Se bautiza definitivamente como Gabriela Mistral. Ese es un hito súper importante, porque marca un antes y después de Gabriela. Siendo Lucila, algunas veces firmaba como Soledad, como Alma, a veces solo con una equis”, cuenta la actriz.

Los Sonetos de la Muerte (primera parte)

Del nicho helado en que los hombres te pusieron,
te bajaré a la tierra humilde y soleada.
Que he de dormirme en ella los hombres no supieron,
y que hemos de soñar sobre la misma almohada.

    Te acostaré en la tierra soleada con una
dulcedumbre de madre para el hijo dormido,
y la tierra ha de hacerse suavidades de cuna
al recibir tu cuerpo de niño dolorido.

    Luego iré espolvoreando tierra y polvo de rosas,
y en la azulada y leve polvareda de luna,
los despojos livianos irán quedando presos.

    Me alejaré cantando mis venganzas hermosas,
¡porque a ese hondor recóndito la mano de ninguna
bajará a disputarme tu puñado de huesos!

Elicura Chihuailaf – poeta. Premio Nacional de Literatura

“Son varios poemas que siempre recuerdo, como Pececitos de Niños o Los Sonetos de la Muerte. A mí me gusta mucho todo lo que tiene que ver con la narrativa de Gabriela Mistral, cuando escribe a la naturaleza o cuando asume lo que es la chilenidad profunda, de alguna manera”, cuenta. En ese sentido, su poema favorito es Musgo.

“Ese poema es también para mí una señal de asumir que no hay ningún ser humano sobre la tierra que no provenga de pueblos indígenas, de pueblos nativos de culturas nativas”, expresa el poeta.

El musgo

Aunque tus ojos, chiquillo,

rebrillaron en los álamos

y gritaste al encontrar

maitén-sombrea-ganados,

también te enamorarás

del musgo aterciopelado,


del musgo niño y enano,

humilde y aparragado.

Ellos no quieren subir

como el pino encocorado

y no pidieron ser vistos


ni doncelear de ramos.

Ellos duermen, duermen, duermen,

y callan empecinados,

dueños del tronco del coigüe,

de las moradas vacías

y el jardín abandonado.

Abájate y acarícialos,

que aman ser acariciados.

A los vivos ellos visten


y crecen con gran fervor

en donde sueñan los muertos

que están bien adormilados.

Ellos han sólo a la noche

su corona de rocío

y en subiendo el sol se acaban…

Temas relevantes

#gabriela mistral#Nobel

Notas relacionadas