Ciudad
10 de Diciembre de 2025La millonaria e indignante ola de robos que golpea al Metro —y que puede costarte la vida—: empresa denuncia decenas de desfibriladores sustraídos en estaciones de toda la red
Una ola de robos comenzó a repetirse en estaciones de toda la red del Metro: grupos organizados entran, arrancan los desfibriladores y huyen en segundos. Son delitos rápidos, millonarios y sin ningún imputado, pero sobre todo letales: cada aparato sustraído es un minuto menos en la única ventana que tiene una persona para sobrevivir a un paro cardíaco. Según información judicial a la que accedió The Clinic, solo en 2025 la empresa presentó trece querellas y perdió más de $19 millones, mientras expertos advierten que estos robos no solo violan la ley, sino que devuelven al país a un tiempo donde una emergencia cardíaca no tenía ninguna posibilidad de respuesta.
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El 21 de mayo de 2025, a las 21:45, ocurrió en la moderna estación Los Libertadores. Tres encapuchados forzaron el gabinete del desfibrilador, cortaron el sello de seguridad y huyeron en segundos.
Pasó también el 27 de marzo, a las 21:21, en Lo Vial, línea 2. A esa hora un hombre vestido enteramente de negro ingresó a la estación, fue directo al gabinete del desfibrilador y escapó por las escaleras que conectan con Gran Avenida.
En agosto, a las 20:05, volvió a repetirse la escena en la nueva estación Hospital El Pino, en San Bernardo: un hombre con ropa deportiva robó el dispositivo ubicado en el puente norte de otra estación y desapareció sin dejar rastro.
Los movimientos, en todos los casos, fueron calcados: de noche, organizados, veloces. Robos que parecen un flash, pero que en conjunto le costaron millones a Metro: $4.427.886 en pérdidas.
Otro patrón se repite en cada denuncia: ningún delincuente ha sido identificado.
Como dirían en la calle, con el robo de desfibriladores, parece estar tirado el chancho.

Un robo en el Metro que puede costar una vida
Los desfibriladores —o DEA, Desfibriladores Externos Automáticos— son aparatos capaces de entregar una descarga eléctrica al corazón para recuperar su ritmo normal. Frente a un paro cardíaco, pueden ser literalmente la diferencia entre la vida y la muerte.
Esa diferencia pesa aún más en un país como Chile, donde, según cifras del Departamento de Estadísticas e Información de Salud del Minsal, las tres principales causas de fallecimiento en los últimos años son las enfermedades cardiovasculares, el cáncer y las patologías respiratorias. En ese ranking, los infartos ocupan el primer lugar.
La gravedad del problema llevó a que el 2 de mayo de 2019 se promulgara una ley que obliga a contar con desfibriladores externos automáticos en terminales de buses, puertos, aeropuertos, estaciones de trenes —subterráneos y de superficie—, además de recintos deportivos, gimnasios y cualquier espacio con capacidad igual o superior a mil personas. La idea es simple: que el aparato esté ahí, operativo, cuando alguien caiga al suelo sin pulso.
Por eso cada estación del Metro tiene uno. Y sus ladrones lo saben. Lo buscan, lo arrancan, lo cargan bajo el brazo como un botín caro y fácilmente reducible. Así lo muestran las querellas que la empresa de transporte ha presentado durante 2025.
Según información judicial a la que accedió The Clinic, solo este año Metro ha presentado trece querellas por el robo de desfibriladores. En conjunto, estos delitos suman pérdidas por más de $19 millones, y en ninguno de los casos se ha logrado identificar a los responsables. En algunos episodios, incluso, los ladrones huyeron usando los propios trenes del Metro como vía de escape.
Las estaciones afectadas fueron Conchalí; Los Libertadores —donde el robo se repitió en dos ocasiones—; Cementerios; Rondizzoni; Monseñor Eyzaguirre; Ñuble; Chile España; Plaza Egaña; Pedro Aguirre Cerda; Lo Vial; La Granja y Hospital El Pino.

¿Cuál es el mercado de un DEA robado?
Para dimensionar el impacto real de estos robos, basta escuchar a quien lidia a diario con la instalación, capacitación y funcionamiento de estos equipos: Eduardo Mardones, director ejecutivo de DEA Chile, empresa proveedora de desfibriladores.
“En Chile, la ley 21.156 obliga a los espacios de alta afluencia de público a contar con desfibriladores y uno de esos son las estaciones terminales de buses y en este caso el Metro. Considerar que los desfibriladores, la importancia son de que por cada minuto que pasa que la víctima presenta un paro cardíaco, se pierden un 7 y un 10% de las posibilidades de vida. Por cada minuto que pasa. Entonces en 10 minutos es casi el 100% la posibilidad que tiene esa persona de sobrevivir”.
La ecuación es brutal: diez minutos sin asistencia y la vida prácticamente se extingue. No hay ambulancia que llegue a tiempo en ese margen. Por eso el aparato debe estar ahí, a la vista, disponible, intacto.
“Los desfibriladores en realidad son equipos que diagnostican y tratan arritmias que pueden provocar la muerte donde la víctima se presenta inconsciente, no respira y no tiene pulso. Y el tiempo pasa a ser determinante, por cada minuto que pasa se pierden un 7 y un 10% de las posibilidades de sobrevivir a esa persona”.
En otras palabras: los aparatos robados en el Metro no son solo un objeto caro; es el primer eslabón de una cadena de supervivencia que se rompe cuando alguien arranca el aparato del gabinete y desaparece entre andenes y escaleras mecánicas.
“Claramente es crítico, porque la ley en el fondo fue diseñada para eso, para aumentar los tiempos de respuesta. Porque si tienes una emergencia en el Metro, no va a llegar en ese tiempo y nosotros prestamos socorro en esa ventana terapéutica que tiene la víctima que pueda sobrevivir. No estando los desfibriladores volvemos al tiempo anterior a la ley donde no le podemos entregar una ayuda con lo que realmente necesita esa víctima cuando presenta un paro cardíaco y presenta esta arritmia maligna llamada fibrilación ventricular que la única posibilidad de arreglarla es con un desfibrilador”, añade el experto.
En síntesis , la idea de que un desfibrilador esté guardado bajo llave, escondido o derechamente retirado por temor a los robos, no solo anula la ley: retrocede todo el sistema de respuesta a una época donde solo quedaba rezar para que la ambulancia no tardara demasiado.
Más allá del daño sanitario, está el enigma policial: ¿para qué se roban un desfibrilador? Por su costo, sí. Pero también pareciera haber un mercado paralelo que ni los propios expertos logran comprender del todo.
“Cada desfibrilador tiene un número de serie… Hoy día no sabemos por qué se roban los desfibriladores y qué hacen con los desfibriladores”, indica Mardones. El aparato, aunque se intente adulterar, delata siempre su origen:
“Una persona que compra un desfibrilador robado se mete en un tremendo problema… dentro de su software tiene ese número de serie. Entonces no sé si estos tipos saben eso o engañan a la persona que los compra. Pero la verdad que ese es un problema. El motivo y qué es lo que hacen con los desfibriladores realmente hoy día nosotros no lo sabemos”.



