Se busca: la sombra narco que salpica en la enigmática desaparición de cuatro colombianos en Casablanca
La comuna de Casablanca está en alerta. El extravío de cuatro ciudadanos colombianos, informados por la PDI a fines de noviembre, impactó en la comunidad de la Región de Valparaíso. Estos extranjeros no tenían redes en la zona y se sospecha que su desaparición está vinculada al crimen organizado local. Dos de ellos registran antecedentes por venta de marihuana en el centro de Santiago, quienes se encontraban con órdenes de detención pendiente producto del mismo delito. ¿Un castigo o ajuste de cuentas? Esas son las preguntas que dan vuelta en un equipo especial que armó la PDI para buscar a estas personas, cuyas diligencias se encuentran en una carpeta que tanto en la Fiscalía como en el Gobierno definen como “ultra” secreta.
Por Jaime Pinochet y Sebastián Palma 14 de Diciembre de 2025
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El verano casi ya se iba de Santiago. Es el último día de febrero en 2023 y el Festival de Viña había terminado hace pocos días. Los santiaguinos se preparaban para el súper lunes de Marzo y el centro de la capital lo mostraba con las ventas peak de útiles y uniformes.
En medio de ese panorama tan típico de un inicio de año laboral, los colombianos Miguel Ángel Sinisterra y Jaider García Valencia preparaban una venta de drogas en la intersección de Placer con San Francisco. Ambos habían acordado una transacción para las 16.45 con una mujer, a quien le entregarían marihuana oculta en un calcetín.
Pero la venta fracasó. En medio de una fiscalización express de carabineros, ambos ciudadanos extranjeros fueron detenidos. La labor policial detectó que había un tercer integrante en esta banda: Henry Sinisterra Pretel, a quien le encontraron dinero en efectivo y una bolsa con 176 gramos de cannabis sativa envuelta en plástico al revisarlo.
Los traficantes fueron formalizados y quedaron con diversas medidas cautelares de baja intensidad al tratarse de comercio en pequeñas cantidades de droga.
Ocho meses después, la dinámica ocurrió como un espejo. La calle Placer no era un punto aislado. Era una zona que estos colombianos usaban permanentemente como lugar para sus negocios delictuales que intentaban camuflar como comercio ambulante.
El 24 de octubre de 2023, Miguel Ángel Sinisterra fue sorprendido nuevamente con un “calcetín” con droga. En esta oportunidad, el receptor era Óscar Inostroza Pontocarrero, quien estaba adquiriendo seis bolsas con 27 gramos de marihuana. Tras esta nueva detención, el imputado pasó unos días en Santiago 1, pero fue liberado.
El Ministerio Público intentó llevarlo a juicio oral, pero nunca se presentó a las audiencias pactadas del proceso, de acuerdo a la revisión de documentos judiciales. Por eso, se decretó una orden de detención que hasta ahora nunca pudo concretarse.
Su rastro se perdió.
Y para evadir la acción de la justicia comenzó a moverse entre Santiago y algunas comunas de la Región de Valparaíso. Así estuvo hasta que su nombre volvió a entrar en los radares policiales.
Hace unas semanas, la PDI reportó que Miguel Ángel Sinisterra se encontraba extraviado junto a tres de sus compatriotas.
Todos fueron vistos por última vez en la comuna de Casablanca, donde casi nadie los conocía. Una noticia que más que acumular números de personas extraviadas, abrió un enigma que nadie ha logrado descifrar con la escasa información que hay sobre la mesa.
Ni las policías. Ni las autoridades locales, ni el Gobierno.
Todos se preguntan dónde están los cuatro colombianos.

Investigación “ultra” reservada y crimen organizado como tesis principal
Con casi 30 mil habitantes y más de 900 kilómetros cuadrados, la comuna de Casablanca pasa casi inadvertida entre la ruta que une Santiago con Valparaíso. Las señales que indican su presencia son dos: los blocks de departamentos coloridos que se ven desde la autopista 68 y la iglesia Purísima Virgen de Lo Vásquez que recibe gente a diario, pero que se hace visible cada 8 de diciembre con su famosa peregrinación.
Esta comuna no sobresale a menudo, a pesar de que es la segunda zona más grande en territorio de la Región de Valparaíso, que junta campo, ciudad y la cercanía con el mar. De forma silenciosa, como en distintos puntos rurales, el crimen organizado se ha ido colando, transformando la tranquila vida de pueblo en una con angustias, miedo y encierros tempranos cada jornada.
Esos temores se multiplicaron el pasado 24 de noviembre con un hilo en X de la Policía de Investigaciones entre las 14:45 y las 15:30 horas. Ese lunes, la policía comunicó que había cuatro extranjeros reportados como extraviados: todos colombianos, todos perdidos en Casablanca.
Un hecho nunca antes visto en esa comuna.
Se trataba de tres hombres, dos adultos y un niño, además de una mujer, de quienes se había perdido el rastro 30 días antes. Las primeras denuncias llegaron el 29 de septiembre cuando algunos familiares o conocidos –aún no se detalla– indicaron que Miguel Ángel Sinisterra Vanecilla (35 años) y Davison Oborio Angulo (37 años) no habían vuelto a sus casas y estaban incomunicados.
Cuatro días después, la sorpresa fue mayor. Dos nuevas denuncias por presunta desgracia alteraban la tranquilidad de Casablanca: J.D.S.C (15 años) y Paula Andrea García Caicedo (29 años), quien respondía al alias de “Diana” y presentaba algunos tatuajes.
Y había razones para preocuparse. Los nuevos desaparecidos tenían relación entre sí: nacionalidad y una suerte de vínculo laboral, según el relato de los familiares. Pero de acuerdo a los escáner policiales, esos nexos tendrían relación con el narcotráfico.
“Esto no es habitual en Casablanca. Es algo nuevo”, comenta a The Clinic, el concejal de la comuna, José Manuel Cartagena, quien agrega que la comunidad está muy impactada con este enigma. Sobre todo ante la baja de recursos destinados para la vigilancia.

“Hay una reducción de $150 millones en seguridad pública. Pasamos de 18 a nueve patrulleros y necesitamos más que eso e incluso 24/7”, revela el edil, que integra la comisión de seguridad territorial, donde no han analizado la desaparición de los cuatro extranjeros.
Ese temor también lo resienten las organizaciones civiles. Teresa Sandoval, presidenta de la Unión Comunal de Casablanca, advierte que los problemas del crimen organizado los han estado viviendo hace un tiempo, graficados en alza de robos a parcelas y presencia de bandas de microtraficantes.
“Somos una comunidad relativamente tranquila. Han aumentado mucho los asaltos y el tráfico sobre todo en las zonas más rurales. Tenemos un territorio sumamente extenso y la dotación de carabineros es baja”, dice Sandoval.
La dirigenta indica además que este caso lo conocieron por la prensa y las autoridades han mantenido un completo silencio, lo que a su juicio genera más temor entre los vecinos, porque no saben a qué atenerse con estas desapariciones.
La frenética búsqueda en quebradas y parcelas vinculadas a plantaciones locales
“Es importante subrayar la gravedad del patrón, ya que no estamos hablando solo de la desaparición aislada, sino de cuatro personas. Todas del mismo origen, todas de la misma nacionalidad. En pocos días, en una comuna donde ya se han detectado cultivos importantes de marihuana y también rutas de otras economías ilícitas”.
El análisis corresponde a Pablo Zeballos, investigador de Crimen Organizado y autor del reciente libro publicado “Cuando el Crimen Reza”, quien advierte que este enigma no es normal y debe tomarse con todas las alertas posibles.
“Esto no solo parece ser un problema policial, sino que también podría ser un indicador muy fuerte de gobernanza extralegal. Es decir, alguien o algún grupo se siente con poder suficiente como para sacar del mapa de circulación a un grupo de personas, mantener el silencio y enviar además un mensaje al entorno”, comenta el experto en redes criminales.
La comunicación de la PDI no fue al azar. La investigación comenzó de inmediato en el Ministerio Público. Por los antecedentes, quedó a cargo de la Unidad ECOH, especialista en Crimen Organizado, cuyas primeras diligencias fueron crear una especie de equipo multidisciplinario entre detectives de homicidios y narcóticos. Todo bajo siete llaves.
Según conocedores de los operativos, este caso se ha perfilado como un posible ajuste de cuentas, dado que dos de los desaparecidos registraban una orden de detención pendiente vinculado a causas de tráfico de drogas.
Por lo mismo, la policía hizo un barrido de algunos sospechosos y vigiló durante algunos días los puntos de venta en Casablanca. Así, lograron una orden de allanamiento contra un microtraficante chileno, pero no hubo resultados positivos. No encontraron ninguna pista de los ciudadanos colombianos y tampoco se encontró droga.
Luego, la labor investigativa trasladó a los policías a un terreno cerca de La Ligua, llamado Pedernales, cuya zona es bastante utilizada por las bandas narcos para plantaciones ilegales de marihuana local. De acuerdo a fuentes judiciales, los equipos “barrieron” distintos puntos en busca de posibles excavaciones, pues una de las tesis es que hayan sido asesinados y enterrados para no dejar rastro. Tal como ha sido la experiencia de las investigaciones ligadas al Tren de Aragua.
“No se han acercado familiares de ellos ni tampoco se han contactado. No hemos recibido tampoco un comunicado de Carabineros, la municipalidad o la de la PDI. Está todo muy herméticamente manejado, no sabemos el motivo y como dirigente eso nos tiene un poco preocupados”, asegura Teresa Sandoval, de la Unión Comunal de Casablanca.

De los ciudadanos colombianos no hay mucha información. En Casablanca no eran muy conocidos, por lo que se cree habían llegado hace poco tiempo a la comuna de Valparaíso. En el departamento de Extranjería del Ministerio de Interior aparecen con su situación migratoria en carácter de irregular.
Sin embargo, familiares de Miguel Ángel Sinisterra dejaron algunos pistas en una publicación en Facebook, en la que se reúne la comunidad de Buenaventura, una ciudad colombiana ubicada en el Valle del Cauca, que se ha caracterizado por ser el principal productor de la marihuana tipo creepy, la cual es intervenida genéticamente. Ahí, indicaron el 11 de octubre, que Miguel Ángel estaba desaparecido hace 15 días y que la última comunicación con su familia fue contarles que iba a salir con unos amigos en “Santiago de Chile”. Nada sobre una estancia en Casablanca u otro punto de la zona central del país.
En el entorno familiar han insistido que los cuatro colombianos desaparecidos tenían nexos de trabajo, pero no han querido dar más información. Por los apellidos, se podría establecer que dos de ellos serían primos.
Mujer desaparecida en Casablanca también está vinculada a causa narco
Este enigma policial apunta desde prácticamente todos los flancos a las redes del crimen organizado:el equipo investigativo está a cargo de ECOH, dos de los extranjeros desaparecidos tenían orden de captura y los principales movimientos de los detectives para encontrar pistas han estado en Petorca, uno de los puntos identificados como zonas rojas de plantaciones de marihuana de las bandas narcos chilenas.
El último informe de Crimen Organizado de la Fiscalía Nacional reportó que esos cultivos ilegales se concentran en los principales valles de Coquimbo (Elqui, Limarí y Choapa) y Valparaíso, cuyas regiones totalizaron los mayores decomisos de esta droga.
En total, la cannabis sativa fue el estupefaciente de mayor crecimiento en Chile en los últimos seis años. Si en 2018, las policías incautaron 16 toneladas, en 2024, esa cifra escaló a 45 toneladas. Todo un récord que se explica por mayores envíos desde países como Colombia y México y el boom de bandas chilenas que han incursionado como productores de marihuana.
Así, las respuestas de este puzzle policial y el paradero de los ciudadanos colombianos, los detectives las están buscando en estas redes de narcotráfico local, cuyas orgánicas están utilizando los métodos de bandas extranjeras para resolver el conflicto con sus soldados.
“Esto tiene que ver mucho con la gobernanza criminal, porque busca, además de borrar evidencia, sembrar terror en ese entorno. Generar miedo como potenciando una marca criminal que domina ese entorno. Y esa lógica es muy propia de las organizaciones internacionales”, explica Pablo Zeballos, que lleva varios años estudiando el fenómeno de estas bandas en América Latina.

La otra pista que lleva a la sombra narco es Paula García, quien integra este grupo de desaparecidos. Que tenga como chapa “Diana” no es algo que pase desapercibido en el mundo delictual. La mujer también es investigada por la justicia tras ser vinculada a una causa de microtráfico y porte ilegal de armas en Santiago.
Fue detenida en abril pasado y pasó unos días por la cárcel de San Miguel. Luego, fue liberada y quedó con firma mensual en la comisaría de Casablanca. Una dinámica que cumplió hasta septiembre, pues la firma de octubre no concurrió. Lo que fue informado al tribunal capitalino por el sargento de Carabineros Ricardo Vera, el pasado 10 de noviembre.
Falta que se volverá a reportar este mes y quizá de manera permanente, pues la certeza de la PDI es que Paula como los otros tres colombianos no solo están desaparecidos. Sino que muertos en algún recoveco de esas quebradas como castigo o ajuste de cuentas ligado a un conflicto narco.
Por ahora, la secreta búsqueda sigue, pero sin pistas claras.



