Opinión
27 de Diciembre de 2025
¿Quién contrata a una embarazada?
Por Isabel Plant
La columnista se refiere a la polémica sobre la posible contratación de Patricia Muñoz en el recién creado Servicio Nacional de Acceso a la Justicia. Contratar a una mujer embarazada no debería ser excepcional ni polémico. Que se les trate como parias es una injusticia. Pero cuando ocurre en condiciones límite —alto cargo, cambio de gobierno y fuerte simbolismo político— la pregunta deja de ser solo legal o de género, y pasa a ser estratégica: ¿este tipo de decisiones amplía realmente la empleabilidad femenina o termina convirtiendo una causa justa en un flanco innecesario?
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Solo sé de dos mujeres que fueron contratadas estando embarazadas. La primera es una ingeniera que cuando salía de la universidad fue reclutada en una empresa de minería cuando tenía cinco meses de embarazo. Era tan atípico, que fue entrevistada en una revista. Hoy -más de una década después- es gerente y líder femenina en la industria.
La otra es una amiga que, cuando fue a la entrevista para su futuro puesto de trabajo, le avisó al jefe que estaba “en campaña” para ser madre. La cosa es que una semana después, sorpresivamente, el test de embarazo salió positivo, a punto de firmar contrato.
“Entré llorando a su oficina y le dije que lo dejáramos hasta ahí, porque él necesitaba a alguien que echara a andar un área, alguien con más disponibilidad. Le dije chao, necesitas a alguien full. Y me contestó que dejara de llorar, que una guagua era una buena noticia, y que firmara el contrato”, me recuerda ella.
Dice que, agradecida por el gesto, volvió a los tres meses a la oficina (aunque asume que también fue porque le dio cargo de conciencia ausentarse más). Hoy, años después -y con segundo embarazo y posnatal mediante- ese jefe ya no está en la empresa, pero ella sigue ahí. Ahora es la segunda al mando.
Son dos ejemplos completamente fuera de norma. Lo usual, lo que le ocurre a cualquier chilena, es que si está embarazada, no le ofrecen emplearse. Luego, debe cargar con que no hay sistema de cuidados -y que se siga tramitando la Ley de Sala Cuna- para dejar al niño. Una de las quejas que tienen distintos actores del ecosistema laboral para la nueva norma, es que sería un desincentivo (otro más) para el empleo femenino.
Contratar mujeres en edad fértil es un “cacho” para algunos dueños de empresas o de pymes. No solo la ausencia, sino que el año de fuero. Según un informe reciente de Chile Mujeres, aunque el empleo femenino ha avanzado mucho en cuatro décadas, en los últimos diez años se ha estancado su avance. Y las cifras no ayudan a la crisis de natalidad: solo 54,6% de las mujeres con hijos menores de 14 años está empleada en Chile, frente a más del 75% en promedio en la OCDE.
Antes, durante y después de la guagua: un problema.
Una injusticia por donde se le mire. Pero también un debate que por estos días vuelve al ruedo, dentro de los enfrentamientos por el posible nombramiento de Patricia Muñoz en el cargo de directora del recién creado Servicio Nacional de Acceso a la Justicia. De ser ratificada, hay dos hechos que tienen a las personas discutiendo: lo primero, es que queda contratada a solo meses del cambio de gobierno, quitándole la atribución al futuro presidente de nombrar a quien considere mejor para ese cargo. Es decir, un “amarre” del Presidente Boric.
Y segundo: Muñoz tiene siete meses de embarazo. En semanas, tendría opción a su prenatal. Y luego, incluso si se toma un posnatal abreviado de tres meses con regreso progresivo, se debería ausentar los primeros meses del nuevo gobierno. Todo esto en una nueva institución. Y, por supuesto, tendría un año de protección ante despidos, por el nacimiento de su hijo.
Porque el tema que convoca a esta columna es género, la duda para plantear aquí es: ¿es válido contratar a una mujer embarazada, quien quiera que sea, para este cargo en específico y bajo esta coyuntura?
Y, ya que movimientos de este tipo hechos por el Presidente son simbólicos en más de una manera: ¿esto ayuda o aportilla la empleabilidad femenina?
El ideal sería, claro, que ninguna mujer embarazada sea discriminada de opciones laborales. Yo viví mi embarazo como independiente y los pitutos que aparecieron en el camino de 40 semanas, los agradecí de rodillas. Fue un año entero de angustias. Sabía que era imposible emplearme fijo y tuve que maniobrar mis cotizaciones y recurrir a mis ahorros -que por suerte y tenía- durante un año entero. Solo le deseo a las demás mujeres de Chile no pasar por lo mismo.
Por eso el pre y posnatal de figuras públicas debe ser respetado y celebrado: enhorabuena la ministra Vallejo fue y volvió; no debe haber sido fácil ese retorno para ella, pero sienta un precedente para las chilenas. Lo mismo la intención del Presidente Boric de pasar tiempo con su Violeta recién nacida.
En el caso específico de contratar a Muñoz estando embarazada, dos son los problemas que rondan la temporalidad. Suponiendo que es la persona más indicada para el cargo, no debería haber problema en esperarla hasta que regrese de su posnatal. Los ejemplos que abren esta columna dan fe de ello: un par de jefes visionarios confiaron en ellas, y ellas respondieron con trabajo de excelencia, que las ha llevado a destacar en sus rubros.
Pero, ¿qué habría pasado si los jefes las hubieran contratado sabiendo que ellos se iban? ¿La nueva jefatura las habría apreciado o las habría visto como un “cacho” heredado? ¿Aporta eso a la posibilidad de defender la contratación de embarazadas?
Si la respuesta a la pregunta de quién contrata a una embarazada es: el Estado, para un cargo de 8 millones de pesos en sueldo y justo para un cambio de gobierno, no estamos fomentando el empleo femenino. Una cosa es ejemplificar, la otra crear anomalías. Y eso no aporta a la causa, sino que, probablemente, la torpedea.



