“Creo que para surgir todos tenemos caminos diferentes”: El relato de los jóvenes que renunciaron al camino tradicional de PAES y universidad y se lanzaron por una ruta propia
En una semana marcada por la PAES y el nerviosismo de acceder a la carrera con que se sueña, las historias de jóvenes que han dejado atrás la idea de que un título universitario ofrece un futuro laboral más amplio y estable, marcan otra ruta. The Clinic reunió testimonios de quienes ingresaron a estudiar una carrera, pero que la abandonaron para trabajar en lo que les gustaba: desde su propia marca de ropa, a un emprendimiento de repostería, a crear aplicaciones o desempeñarse como barbero. “Los títulos no necesariamente estarían vinculados al desempeño práctico que tendrían los profesionales que egresan de las universidades”, reafirma un experto.
Sigue a The Clinic en Google News Por Agustina Carroza y Alejandra López 11 de Enero de 2026
Compartir
“No me hacía sentido invertir tanto tiempo en estudiar todas esas materias”, comenta Nicolas Pirozzi, quien después de un año y medio, dejó la carrera de Ingeniería Civil en la Pontificia Universidad Católica (PUC) para emprender. Actualmente tiene 23 años y es el cofundador de NutrIA, una aplicación de nutrición que utiliza la inteligencia artificial para analizar los valores nutricionales de las comidas.
Había elegido la profesión pensando que podía ser lo suyo, pues tenía experiencia en el mundo de la programación y llevaba años aprendiendo sobre la escritura de códigos bajo sus propios medios. Entró a la universidad para seguir la ruta tradicional.
“Tenía que estudiar mucho para cálculo, química, biología, muchas materias que a mí en verdad no me interesaban, teniendo en cuenta que yo ya sabía perfectamente lo que quería”, recuerda Pirozzi.
Una vez que tomó la decisión de dejar la universidad, su mayor inquietud era probar que era alguien empleable con las habilidades que tenía, pese a no tener un título universitario. Comenzó en una start up y después de unos meses trabajó para Ian Lee, emprendedor chileno destacado en la lista 30 Under 30 de Forbes, quien también abandonó la universidad a meses de ingresar para dedicarse al emprendimiento.
Luego Nicolás se lanzó con su primer proyecto: NutrIA. Además, es socio de otros softwares y presta sus servicios a empresas que lo quieran contratar.
“No estoy en contra de la universidad, pero para surgir creo que todos tenemos caminos diferentes”, agrega Pirozzi. No ve la universidad como una pérdida de tiempo si alguien no tiene claro qué hacer en el futuro, pero vuelve a destacar que, en su caso, no le hacía sentido.
Sin necesitar el título: “Confiaba que de alguna forma se me iba dar”
En una semana marcada por los resultados de la PAES, y cuando miles de alumnos viven el nerviosismo de poder entrar a la carrera que desean, confiando en que asegurará su futuro, hay otros quienes deciden un camino paralelo.
Dante Castillo, sociólogo y académico de la Facultad de Humanidades de Usach, sostiene que la educación superior cambió su rol de ser un ascensor social: “Esa era la promesa, independiente de la satisfacción personal o del desarrollo profesional en lo que le interesa a cada individuo”.
El experto dice que se está cuestionando la función de la universidad, así como el valor de los títulos profesionales: “De alguna forma se están devaluando. Estamos viendo, cada vez con más frecuencia, muchos éxitos de movilidad o de mejores posicionamientos en la sociedad que no necesariamente vienen explicados por la formación universitaria”.
Un ejemplo es el de Néstor Arriagada, de 23 años. Entró a estudiar Diseño en la UC, donde se mantuvo por un semestre y medio con todo aprobado. Sin embargo, antes de finalizar su primer año en 2020, desertó queriendo atender por completo a STODAK, su marca de ropa.
“Desde pequeño tenía ese bicho de tener algo propio y no tener un jefe”, comentó Néstor. Terminó la media en un liceo de Franklin, donde vendía dulces y stickers que él mismo diseñaba y mandaba a imprimir. “Le decía a mis compañeros que quería ser millonario”, bromea. “Confiaba que de alguna forma se me iba dar”.
Arriagada cuenta que desde un principio sabía que la universidad no encontraría lo que buscaba. “Lo quise intentar de igual forma por presión familiar y no querer defraudar a mi entorno, pero luego no podía seguir engañándome. Sabía que tenía que dirigir mi energía completamente en lo que me llena”.
Así fue que, entre la cuarentena y querer enfrentar el tiempo libre, surgió la idea de comenzar una marca online. “Con mi socio venimos de entornos socioeconómicos medio, por lo que las ganas de ir más allá siempre estuvieron presentes. La idea de querer entregarles a nuestras familias mucho más de lo que nos han entregado”, reflexiona.
La marca actualmente cuenta con 92K seguidores en Instagram y ha logrado vestir a famosos nacionales e internacionales de la música urbana, como Kidd Voodoo, Pablo Chill-E, y Nicki Nicole.
Con respecto a la universidad, Néstor afirma que le aportó en un sentido “social”. “En ese tiempo conocí gente muy importante para mí a día de hoy, quienes forman parte de mi equipo y han sentido la misma pasión con STODAK”.
Un mercado laboral que prioriza las habilidades
El sociólogo Dante Castillo también nombra como ejemplo a los desempleados ilustres; aquellas personas que no consiguen trabajo a pesar de tener un título universitario. “Los títulos no necesariamente estarían vinculados al desempeño práctico que tendrían los profesionales que egresan de las universidades”, añade. Hay un cambio en el campo laboral; no solo se necesita a alguien con un título, sino que tenga la habilidades necesarias para hacer el trabajo.
Además, el académico considera otro factor: la fuerza educativa que tiene Internet. “Muchas disciplinas están siendo cuestionadas por estos elementos. Una buena conexión a Internet a veces tiene más impacto que tu permanencia en la universidad”.
Por ejemplo, a Cristopher Pardo (21), desde que era un niño le interesaba el trabajo de barbero, el que había descubierto en línea: “Siempre veía vídeos de barbería, cortes de cabellos, de largo medio, de mujer, todo lo que tenía que ver con cabello me llamaba bastante la atención”.
Recuerda que desde el colegio cortaba el pelo, pero en el minuto de elegir qué hacer al salir del colegio decidió entrar a Ingeniería Mecánica Automotriz en el INACAP. “Siempre estuve convencido de entrar a esa carrera porque también me gustaba, pero por otro lado estaba convencido de que también me gustaba la barbería y que quizás me podía dedicar a eso”.
Pardo dice que desde que aprendió a cortar pelo en media supo que era el camino que quería seguir, “pero por lo que me desea mi entorno, mi familia, mi padre, mi madre, me metí a estudiar una carrera que me gustaba, que era buena, pero no me llenaba al 100%, no era feliz con eso”.

Después de estudiar un año completo en la universidad, Cristopher dejó la carrera. Recuerda que esta decisión se le hizo fácil al darse cuenta que ser barbero era lo que realmente quería, pese a que su familia levantaba preocupaciones al considerarlo una apuesta.
“Ahora llevo tres años dedicándome a esto, estoy en un buen lugar de trabajo, entonces me siento completamente feliz de estar en donde estoy hoy en día”, es la reflexión que hace Pardo sobre la decisión de dejar sus estudios para seguir su pasión.
Sin embargo, en cuanto a la universidad, afirma que no logró incorporar “nada que no haya aprendido” por su propia cuenta.
Dante Castillo reflexiona sobre la responsabilidad que tienen las universidades de la pérdida del valor de una educación superior. “El título me está aportando cada vez menos porque la institución universitaria o la formación universitaria no está sincronizada con lo que le pide o la respuesta que debería otorgarle al sistema de producción actual”.
Emprender como una alternativa a estudiar
Ángeles Martinez (23) decidió dejar de estudiar en la universidad luego de dos años y medio en Ingeniería Comercial en la PUC, para dedicarse a tiempo completo a su emprendimiento de repostería Mano de Ángeles.
El proyecto ya tenía importantes raíces. Martínez solía vender alfajores en el colegio, buscando realizar un intercambio académico que sus padres no podían costear. A medida que el negocio crecía y la dirigía a su objetivo, empezó a profesionalizarse con los pedidos y a agrandar la agenda.
En su último año de colegio, Ángeles comenta que mientras sus compañeras preparaban la prueba de admisión para la universidad, ella continuaba haciendo sus recetarios, pero con la idea de que “tenía que entrar a la universidad”, como siempre le habían dicho.
Sin estar convencida, decidió matricularse en la Universidad Católica “porque era la mejor”. “Me lancé a estudiar Comercial porque vender era lo mío, desde chica que soy emprendedora”, comenta Martínez.

Al entrar a la universidad se encontró con una malla curricular que se le hacía difícil y la desmotivaba: “Eran puros ramos científicos y yo quería algo más humanista”. El paso del tiempo no ayudaba con inquietud, “llegaban los periodos de exámenes y no estudiaba nada”.
“Para qué me estoy matando por algo que ni siquiera quiero”, fue el pensamiento que tuvo Ángeles en un momento de angustia. Se dio cuenta que no podía seguir con la carrera y la motivó a darle la oportunidad a su emprendimiento a tiempo completo.
Gracias a su experiencia, tenía pruebas de que el negocio podría funcionar. Y tal como lo esperaba, a casi dos años de haber dejado la carrera, Ángeles Martínez sustenta su vida con su emprendimiento. A sus 23 años ya pudo independizarse y comprar su propio departamento.



