A dos décadas de su primer disco, Cristóbal Briceño vuelve a mutar con una nueva banda de metal: “Estoy como desesperado por forjarme una identidad, es algo inconsciente que ya lo acepto”
A 20 años del lanzamiento de No soy uno, el primer álbum de Fother Muckers, su vocalista y frontman parece haber recorrido casi todas las formas posibles de hacer música. Fundó Ases Falsos —una de las bandas más influyentes del indie chileno—, armó proyectos paralelos en distintos géneros y hasta firmó un inesperado hit pop con Last Train to London de Electric Light Orchestra de fondo, cambiando Londres por Limache, la ciudad donde decidió vivir. Este verano incluso llegó a telonear a Chayanne. ¿Qué le faltaba? El heavy metal. Ese será su próximo paso con Navaja, una nueva banda que comenzará a tomar forma tras su presentación junto a Grupo Crisis en Lollapalooza Chile.
Por Jorge Aspillaga 7 de Marzo de 2026
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En “Tren a Limache”, uno de los éxitos recientes de Cristóbal Briceño, la canción abre con una frase de antología tomada de Jack Crowley un personaje menor de la serie “Los Simpsons”:
“El momento más hermoso de la vida. Mejor que el hecho, mejor que el recuerdo… el momento de la expectativa”.
Luego entra la música: es “Last Train to London” de Electric Light Orchestra, pero reconfigurada con sonidos tropicales propios de la cumbia. Y el coro ya no hace referencia al último tren a Londres, sino al de Limache. La frase puede funcionar como una analogía de la carrera músical de Briceño, quien año a año no para nunca de componer, ya sea con sus bandas más conocidas: Ases Falsos y Fother Muckers, la más de culto como Dúo Niagara o Los Mil Jinetes, o con su interesante propuesta en solitario donde mezcla canciones propias, tres discos de covers y sonidos instrumentales.
El hecho está ahí, a la vista: los proyectos no se detienen. Hace apenas unas semanas Briceño teloneó a Chayanne, a quien le ha hecho covers, en Viña del Mar, y el próximo fin de semana se presentará en Lollapalooza junto a Grupo Crisis. El recuerdo también existe: en los últimos meses Fother Muckers, que este año cumple dos décadas desde el lanzamiento de “No soy uno”, realizó una serie de conciertos tras su reunión en 2022, incluido uno en que la banda tocó exclusivamente canciones de The Beatles.
Pero lo que parece marcar verdaderamente el pulso de Cristóbal Briceño es la expectativa, esa energía que se proyecta hacia adelante y que se instala en cada uno de sus nuevos proyectos.¿Qué queda por hacer? La respuesta la entrega él mismo. Tras su presentación en Lollapalooza preparará el lanzamiento de un nuevo disco, ahora con una banda de metal totalmente limachina llamada Navaja.
Sobre esas novedades, vivir en Limache y más, puedes ver la conversación completa de Cristóbal Briceño con The Clinic, la puedes ver en nuestro YouTube. A continuación, algunos extractos.
Tren a Limache
Briceño lleva 10 años viviendo en Limache. Cuenta, en la entrevista que realizó junto a su hija María, que estaba de paso en Santiago, no haciendo promoción de su música o anticipando Lollapalooza, sino que “diligencias”, y luego detalla que eso incluye haber ido al cine con los Fother Muckers, a ver el concierto de Elvis que trajo de regreso el director Baz Lurhman. “Hace mucho que no hacíamos algo que no fuera ensayar o tocar. Yo diría diez años”, dice Briceño, sobre el panorama con los compañeros de banda.
–¿Son bien amigos, ustedes?
–Sí, nos conocemos hace más de veinte años. Entonces ya somos compañeros más que otra cosa. Una palabra que siempre me gustó porque tiene una etimología muy romántica que significa con quien tú compartes tu pan. Y eso es lo que somos.
En Limache, claro, no hay cine. Pero Briceño habla sobre toparse con futbolistas locales –el goleador y figura del campeonato, Popin Castro– en el McDonald’s de Quillota; sigue el fútbol, claro, pero con doble corazón: “Soy de la Cato y de Limache. Tengo doble militancia, sin ninguna vergüenza. En realidad nadie del Limache puede ser del Limache, porque Limache tiene 12 años”, explica.
Habla sobre las ferias locales, sobre escribir “Tren a Limache” entre idas y vueltas, un video que sin promoción ni nada ya suma más de 100 mil visitas.
“Más allá de cualquier sorna o burla que uno pueda hacer, hay mucho cuarzo en Limache y algo debe afectar a la gente que vive ahí. Yo te digo, yo antes de vivir en Limache me había cambiado más de 20 veces de casa. Y llevo 10 años ahí y hay algo ahí, bueno en parte porque está mi hija cierto, pero también hay algo ahí que hace que no te vayas”

—¿Te sientes limachino?
—No, para nada, soy un afuerino, por supuesto. Pero bueno, sí me siento un poblador. Ya llevo 10 años que viví, vivimos en una parte y ahora estoy en el Otro Pueblo”.
Lo invitaron al Festival del Tomate, pero no pudo ir. Pero al festival “Limache Vive el Folcklor”, televisado este año por televisión, no lo llamaron, pero usaron su canción como cortina. “Yo decía, pero si vivo a cuatro cuadras”.
—¿Te gustaría ir al Festival de Olmué?
—No, no me gustaría tocar ni Olmué, ni el Festival de Viña, ni nada de eso. Se siente para mí, cuando veo a mis colegas, que van a dar una prueba, un examen. Por ejemplo, ver al mismo Pablo Chill-E, que es una fuerza de la naturaleza y es como verlo domesticado ¿Entiendes? Porque tiene que estar engrillado al timing también, pero también a las luces, que el vídeo, que el homenaje a no sé qué y el invitado acá.
Entonces hay poco rock and roll, y para mí el trap es muy rockanrolero. De hecho es igual, siempre lo digo así, mira, el trap se basa en los singles, igual que el rock and roll. Temas de dos minutos, igual que el rock and roll. Música que divide a las familias, igual que el rock and roll; música que los padres dicen “eso no es música, ese huevón no tiene talento, eso no es un músico”; música que apela a la sensualidad y que habla de joyas, autos, y minas y rock and roll.
Pero después, claro, lo llevan al Festival de Viña y ahí es cuando lo quieras o no, el sistema te compra y te paga bien. Y tú le tienes que entregar lo que el sistema necesita. (…) Pero bueno, igual encontré que fue un buen show.
—Tu fuiste a Viña.
—Iba a ver a los Pet Shop Boys.
—¿Te gustó?
—Más o menos. La mezcla de Viña para la Quinta Vergara es muy bajita. Podríamos estar hablando así nosotros y escuchando los Pet Shop Boys. (…) Estaba bien y todo, pero no se sentía. Y las mentiras flagrantes de Karen Doggenweiler que decían, “es exactamente el mismo show que muestran en todo el mundo”. Y hay muchos temas que tocaban en la gira.
¿Mi disco favorito? Mi disco favorito se llama “Behavior”, es del año 1990. Es para mí un disco perfecto para cualquier momento de tu vida, en cualquier momento del día, siempre acompaña. Y los temas de justo ese disco que se llama “Jealously” y “Being Boring” vienen en el show mundial, no lo hicieron ese día. Y bueno, está bien, ahí perdí como en la guerra y me tuve que mamar el cover de U2, que lo odio.
La ciencia detrás de un cover
—Tú tienes hartos covers, de todo tipo. ¿Qué tiene que tener la canción para que Cristóbal Briceño le haga un cover?
—Bueno, trato de no hacer canciones que estén ultra mega probadas, eso por un lado.
—Joyitas, como el lado B.
—Sí, eso, algo que yo también pueda aportarle. Si siento que la canción ya es perfecta, trato de no echarla a perder también. Sí, eso, lo que tú dices, como aportar con quizá algo que yo sienta que merece ser un poquito más conocido, una composición que esté ahí media fondeada.
—Pero tienes muchos, hasta la canción de Dragon Ball.
—Lo que pasa es que cuando nació la María (su hija), nos encerramos en la casa, entonces grabé un disco porque estaba en la casa. Y ahí salió ese ‘Amigo de lo ajeno’, en que viene ese tema y vienen un montón de otros temas que van en contra de todo lo que acabo de decir, que son temas perfectos.
Por ejemplo ‘A medio vivir’ de Ricky Martin, tema que no necesita (nada)… pero como yo estaba en la casa y hacía frío, vivíamos en el litoral, entonces me compré una Tascam, creo que en San Antonio y me armé una esquina en la casa donde vivíamos y grabé ese disco ‘Amigo de lo ajeno’. Luego salió el dos y el tres, y ya son treinta versiones.
—¿Pero es algo que te gusta hacer?
—Yo me considero un intérprete o trato de serlo. También hago canciones, pero no soy fan de mis canciones, soy fan de las canciones de otros. Las canciones mías las hago obligado, también porque es una obsesión que tengo, una compulsión, pero no es algo que me enorgullezca. Tampoco es que me sienta orgulloso de los covers que hago, pero sí lo disfruto mucho más. Disfruto mucho más una fiesta de karaoke, que un concierto.
El drama actual de Briceño: no poder sacar música
—Hablando de Ases Falsos y Fother Muckers, acá en The Clinic hicimos una lista de los 50 mejores discos del siglo XXI; le preguntamos a más de 100 artistas, con votación espontánea, y armamos la lista.
—Yo no voté. Muy difícil hacer, aparte que hay muchas envidias.
—Bueno, había mucho que votó por sí mismo. Te diría que el 90 por ciento.
—Qué locura. Me pareció que la elección, pura obviedad. Y yo decía guau, increíble que los mismos músicos sean tan esclavos de la opinión pública. Viste, ¿cómo era la frase de Nietzsche? Opiniones públicas, perezas privadas. Cuando tú te agarras de una opinión general de la opinión pública, es una flojera tuya individual por no desarrollar tu propio pensamiento.
Oye, por ejemplo, Javiera Mena, ¿Cuál salió? ¿Esquemas Juveniles?
—Sí, primer lugar.
—Sí, es un discazo, pero para mí el “Mena”, el segundo, es superior.
— Ahí teorizábamos harto, pero yo creo que salió primero ese disco y mostró un camino, una posibilidad para los músicos de que se podía seguir un camino propio, autogestionado.
—¿No es de Quemasucabeza? Es una gran compañía, o sea, para cualquier músico.
—¿Ustedes estuvieron ahí?
—Casi, porque a ellos yo creo que les dimos medio un poco de ‘cringe’, así que ellos abrieron una subsidiaria solo para sacar nuestro disco, que se llamaba Arca. Pero eran ellos mismos. Yo pregunté por qué, a Rodrigo Santi, a quien estimo muchísimo y lo quiero mucho, pero me acuerdo que me dijo -capaz que estoy recordándolo mal- que Quemasucabeza era más como de autor, más como una curatoría.
Me pareció muy sincero, muy doloroso también que me lo haya dicho, pero muy sincero y lo agradezco. Pero claro, nosotros calificamos como Arca. Pero tienes razón, porque después el segundo disco ya sí fue Quemasucabeza. “Conducción”, de Ases Falsos, y “El hombre puede”.
—Y ahora estás en un entuerto.
—Un problema tremendo. Le he quemado la cabeza a mi familia en la casa porque todos los días estoy peleando con alguien.
—¿Con quién peleas?
—Por lo de mis derechos de distribución digital. A mí me hace mucho daño. Resulta que nuestra agregadora, que es como se llaman los que distribuyen, que no es de Chile, pero es del tercer mundo, ni siquiera es que sea un agregadora de EE.UU. Tuvieron una serie de problemas y medio que quedó a la deriva. Entonces quise sacar mi catálogo y tengo contrato, pero al mismo tiempo ellos no tienen mucho la voluntad de trabajar mi catálogo.
Sí, por cierto, de respetar el contrato, porque a ellos les sigue entrando dinero por cada vez que se escuche cualquier cosa, porque tengo todo mi catálogo ahí y el contrato es de exclusividad. Entonces no puedo sacar algo por fuera. Lo peor del asunto es que cuando yo firmé ese contrato, yo mandé a otra persona a firmarlo solamente para yo no tener que ocuparme de eso.
—¿Y encontrabas que era un buen contrato en su minuto o no?
—Ni lo leí, creo que es una hoja. Y esto lo firmó mi ex representante, con el que ahora estamos separados laboralmente. Lo sigo viendo porque tenemos una vida juntos. La figura de artista, disculpa la palabra, con representante es como un matrimonio. Ahí sí que hablas todo el día, impresionante. Y la mayoría de no duran 15 años, duran 2 años. Siempre hay un cagazo o algo, o desinterés.
Y en este caso fue porque llevamos tanto tiempo juntos, entonces nos separamos. Pero él es el titular de ese contrato. Entonces tengo ahí otro problema. Yo voy a la oficina de esta gente y medio que me dicen yo no tengo nada que hablar contigo, si tú no firmaste. Y así estoy. Entonces ahora, tengo para poder salir de ahí, tengo que pagar una plata que no tengo, tengo que pagarle a otra persona y tengo que hacer algunos bicicleteos de plata.
Entonces el disco de Fother Mockers que va a salir ahora, parece que va a salir, por lo que perdona la mala palabra, una major, un sello, que al final es lo mismo. Es una agregadora también. Porque ellos no pagaron el disco. No es como antes.
El poder del escenario para Cristóbal Briceño
—¿Cuál es tu relación con estar siendo parte del cancionero nacional de este último tiempo, del siglo XXI? ¿Cómo estar en esto?
—Creo que mi aporte, al menos así institucionalmente aceptado, igual es menor. No salgo mucho en la radio, no tengo como vídeos, pero sí me va recontra bien cuando se puede tocar, se llena en todos lados, vendo todas las entradas, entonces eso me llena de orgullo.
Y si alguna canción se logra meter en la página oficial de la historia, ¿Entiendes? Donde están la gente, las listas para mí bacán.
—Pero cómo vives tú eso. Porque eres masivo, pero al mismo tiempo de culto. ¿Crees que ha sido algo más de tu personalidad, una decisión estética? ¿Cómo fue con esa popularidad?
—Es físicamente coherente que si mientras mejor te va, peor también te va, más mierda te tiran. O sea, piensa tú en Jorge González, le siguen tirando mierda, siguen buscándole. Entonces, si le tiran mierda a Jorge González, si le tiran mierda a Felo, el estar reducido a un meme. Entonces yo tengo que aceptar cuál es la única alternativa que uno tiene, que no hablen tan mal de ti: morirte.
Si Víctor Jara hubiese vivido para convertirse en completamente lo contrario que él pregonaba, qué es lo que le pasa a casi todo el mundo. Tú no puedes ser el mismo hueón a los 20, a los 30, a los 60, a los 70, a los 40.
Pero claro, morirme, esa es la alternativa y no me quiero morir tampoco. Me gustaría vivir, no sé, qué sé yo, hasta que la María esté grande, hasta los 70 estaría bien para mí. Mientras no te mueras, te van a hacer cagar.
—¿Tu sientes que te han hecho cagar?
—Sí, me hacen cagar. Y si no lo parece para ti, créeme que lo parece para mí. Ahora, todo eso en un contexto virtual, porque en la calle nunca nadie me ha tratado mal. Hubo un momento que yo quizás andaba más a la defensiva y estaba preparado para poder enfrentarme en la realidad con alguien, pero nunca apareció nadie.
Por suerte no vivo de los fondos, no tengo que estar postulando o quejándome porque no me dieron algún fondo, porque tengo público. Y tengo público, yo pienso, porque trato de ser lo más entretenido posible, quizás no se demuestra en esta entrevista, pero ir a verme o ir a ver a las bandas es entretenido y es vital. Y pienso que es todo lo contrario a un show del festival de Viña. Por eso te digo que yo lo pasaría muy mal en el Festival de Viña porque tendría que ver cómo lo hago como para poder adaptarme.
—¿Y en el escenario cuánto de personaje hay? ¿Cuánto de Cristóbal hay?
—Uno se siente más poderoso. Pero eso es una consecuencia, no es una cuestión que uno diga, ya voy a ser más poderoso. Porque te pasan un escenario, te dicen la sala está agotada, te pasan un micrófono. Te dan un poder. Y yo lo ejerzo. Ahora, ¿personaje? Más bien mecanismo de defensa.

Navaja y el heavy metal limachino
“Entendí que como yo no tengo una identidad, entonces por eso también lo de la música y hacer tantos discos. Porque estoy como desesperado por forjarme una identidad, es algo inconsciente que ya lo acepto. Porque la gente que sabe quién es, de dónde viene, no está desesperada como por decir ‘esto soy yo’. Y también tiene mucho que ver con ser hombre, creo. Creo que los hombres somos especialmente así”.
—¿Cumplir 40 te ha pillado más lúcido, en ese sentido?
—No sé si te pareció lúcido lo que acabo de decir. En verdad no sé. Pero sí tuve una cuestión que cuando yo tenía la edad de la María, era niño o un poquito más grande, empecé a escuchar rock pesado. Primero empecé por Deep Purple porque a mi padrastro le gustaba esa onda. Led Zeppelin. Después me pasé al heavy metal y estuve en el heavy metal metido en mi adolescencia y fue increíble. Y que ahora como que lo valoro, porque lo comparto con mis hermanitos metaleros en Limache.
—¿Estás haciendo una banda?
—El disco lo acabamos de terminar de grabar, grabamos la última sesión de guitarra para el disco y lo terminamos. La banda se llama Navaja y es con un muchacho del Limache. Tengo un vecino que vive a unas cinco cuadras que se llama Javier Ortiz, él fue el productor y grabamos el disco. Estuve a punto de grabar las baterías en Santiago para que quedaran bacanes. Pero al final encontramos un estudio en Limache que se llama Raíces. Grabamos para que sea producto 100% limachino. Y es mi primer disco de Heavy Metal.
—¿Y cantas y tocas la guitarra?
—Canto y algunas guitarras: grabé algunas pocas, pero trato de dejárselo a los que saben. Yo, como te digo, tuve mi momento iniciático muy fuerte y me quedaron algunas bandas para toda la vida, pero algunas no.
Y ahora de viejo he empezado a escuchar bandas que en su momento no escuchaba. Por ejemplo Slayer, que no lo escuchaba cuando chico porque era demasiado agresivo para mí, pero ahora me parece una cuestión muy musical, muy dulce incluso, algunos discos de Slayer. Pienso que Tom Araya debiera tener una escultura y la SCD le debería hacer una cena.
Él es uno de los grandes vocalistas de la historia del heavy metal, y es chileno, tiene una pinta chileno que no se la puede sacar, más allá de que se haya ido chiquitito.
Hablaba con Javier Ortíz y él me decía, “cuando yo era pendejo y escuchaba heavy metal, me imaginaba como una nave cromada de la que salían unos misiles”. Y yo decía “la misma sensación que tenía yo”, como cuando eres pendejo empiezas a escuchar esa música y te sentís como…Yo era un cabro aproblemado como todo adolescente, problemas de identidad y escuchas heavy metal y te sientes más acogido que la mierda, y poderoso, como que todo es posible.
—¿Y qué pasó con eso?
—Me di cuenta de que tenía eso guardado dentro mío y que lo he sacado de una manera u otra a través de las otras bandas, pero que el heavy metal es el vehículo para eso. Y estoy seguro que este disco se lo van a hacer chupete los chiquillos y ojalá las chiquillas, traté de hacer un disco que no fuera ultra ñoño, como para que si hacemos alguna vez un concierto no hayan nueve hombres por cada mujer.
Pero el heavy metal que me gusta a mí es más sexual y más satánico, al menos en su simbología. En su simbología al final la música satánica es súper religiosa, tú escuchas Slayer y te fijas en las letras y están todo el rato hablando religión, o sea que ser satánico equivale a ser canuto. De alguna manera es la misma huevada, son las dos caras de la misma moneda, pero a mí me interesa mucho las figuras de Satanás porque siento que este planeta le corresponde a él.
**Cristóbal Briceño y el Grupo Crisis se presentan el domingo 15 en Lollapalooza Chile.



