La rebeldía ante el olvido de Katherine Medel, la joven baleada por su pareja que protagonizó la campaña No lo dejes pasar: “Hay que ser lo más feliz que uno pueda”
Fue rostro de la campaña “No lo dejes pasar” tras sobrevivir a un ataque que la dejó tetrapléjica. Ocho años después, Katherine Medel habla del paso de las cámaras al silencio: de su trabajo en la Municipalidad de La Florida, del apoyo estatal que reconoce pero también del abandono que siente —“te van dejando de lado”— y de una convicción que se mantiene intacta: que su historia todavía puede servir para acompañar y salvar a otras mujeres.
Sigue a The Clinic en Google News Por Sebastián Palma 18 de Abril de 2026
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Katherine Medel está sentada en su silla de ruedas, en el living de su departamento. Lleva rímel en las pestañas, sombra en las mejillas y color en los labios. Una trenza le cae por la espalda y un mechón suelto le cruza la cara, por delante de la oreja. Viste un conjunto de dos piezas: abrigo de botones dorados y cuadros escoceses blancos y negros, minifalda del mismo patrón. En los pies lleva botas largas que le cubren las rodillas. Las uñas, recién pintadas, combinan. Le gusta arreglarse.
“Yo me pinto”, dice.
No puede mover el cuerpo desde el cuello hacia abajo. Para respirar necesita un ventilador mecánico. Aun así, es ella quien elige los colores de sus pinturas. Da las instrucciones con precisión. Una de las paramédicas que la cuida ejecuta.
En 2013, el hombre con el que tenía una hija le disparó dos veces en la calle. Después caminó unos metros y se suicidó. A Katherine la dieron por muerta.
Antes de eso hubo meses infernales: celos que crecieron, amenazas, una orden de alejamiento ejecutada por la Fiscalía que no sirvió de nada. El 11 de septiembre de ese año, en una esquina de La Florida, él la alcanzó cuando ella intentaba irse. Discutieron. Sacó un arma. Disparó.
Primero dijeron que no sobreviviría. Luego, que no tendría conciencia. Después, que no podría hablar. Más tarde, que no volvería a comer. Katherine fue desmintiendo milagrosamente cada pronóstico. Recuperó la conciencia, volvió a articular palabras y, un año después, los médicos le dieron permiso para probar comida. Le llevaron un helado de chocolate. El primer bocado le supo a cielo.
Cinco años más tarde llegaron las luces.
En 2018, su rostro apareció en una campaña contra la violencia de género. “No lo dejes pasar”, decía su voz. La invitaron a actividades, a oficinas, a programas de televisión. La escucharon ministros, subsecretarios, equipos completos. Le pidieron que contara —una y otra vez— su historia. La eligieron joven líder.
“Quiero volver a abrazar a mi hija”, dijo repetidamente entonces.
Durante un tiempo dejó de ser solo Katherine Medel. Se convirtió en símbolo. Dio charlas, trabajó en la Municipalidad de La Florida, atendió llamados de mujeres que pedían ayuda.
Después, como suele ocurrir, las cámaras se fueron.
Hoy, a casi trece años del ataque y a ocho de esa campaña, Katherine dice que vive en el olvido. En su casa, vestida y maquillada, habla de sus últimos años, de la discriminación, de las ganas de volver a ayudar a otras mujeres. De su hija que hoy tiene 18 años.
—Cuanto te dispararon tu hija tenía cuatro años hoy tiene 18 ¿Cómo ha sido ver a tu hija crecer y explicarle lo que pasó con su papá?
—Mira, la verdad es que para ella igual fue difícil. A medida que iba creciendo, porque ella estaba chiquitita, pero a los 10 años ya sabía todo lo qué pasó. Y ella también ha sido una guerrera. Y desde chiquitita perder a su papá y ver a su mamá diferente. Igual ha estado ella con su ayuda psicológica, y todo, evaluándola siempre para que no la afecte tanto. Porque entre más grande, más sabe y no hay por qué mentirle.
—Ella ya es una adulta ¿Te preocupa cómo se relaciona con los hombres?
—La verdad es que con mi mamá somos muy aprensivas. Pero la verdad es que yo le digo las cosas como son: que tenga cuidado y que lamentablemente por cómo está el mundo, la gente, los hombres, entonces para que no la pasen a llevar. Pero yo no creo que todos los hombres sean iguales y jamás le he hablado mal de su papá, a pesar de todo lo que hemos vivido y la decisión que él quiso tomar conmigo.

El trabajo que espera Katherine
Katherine es elocuente. Sus palabras son precisas y resuenan. No habla mal del padre de su hija, pero dice exactamente lo que ocurrió con él cuando la atacó: “La decisión que él quiso tomar conmigo”.
El peso de esas palabras queda pegado en las paredes blancas del departamento ubicado en el primer piso de un condominio en La Florida.
La máquina que le permite respirar suena. A ratos se le va el aire, pero vuelve y se reincorpora. Habla claro. Su madre, que escucha la entrevista, le pide que hable más fuerte, con más personalidad. En ese gesto —que podría parecer duro— hay algo más simple: una forma de cuidarla, de quererla. De decirle que, a pesar de las limitaciones, ella puede con todo.
Años después del ataque, Katherine Medel volvió a trabajar. En la Municipalidad de La Florida administrada por Rodolfo Carter la contrataron para el teléfono morado, una línea donde distintas mujeres llamaban pidiendo ayuda. Escuchó historias urgentes, a veces dichas en voz baja, otras entrecortadas. Katherine respondía, intentaba orientar. Hablarles desde su propia experiencia
El trabajo, por el que recibía cerca de $400mil pesos unos años. Después vino el cambio de alcalde y, con él, su salida, explica.
—¿En qué consistió tu trabajo en La Florida?
—Después de la campaña que hice en el 2018 de “No lo dejes pasar”, estuve trabajando en la Municipalidad, me contrataron para trabajar en el teléfono morado, donde llamaban las mujeres pidiendo ayuda. Estuve ahí trabajando con la Macarena Venegas también, haciendo lives y hablando de los femicidios.
—¿Y cómo fue esa experiencia para ti?
—Buena, porque me pude expresar mejor. Y para lo que yo quiero hacer, para lo que yo quiero avanzar, me ayudó a tener más experiencia. Porque estoy en un proyecto: Quiero hacer mi ONG
—¿Y tienes un nombre pensado?
—Sí, quiero seguir con el legado de “No lo dejes pasar”. Quiero que se llame así.
—Me imagino que escuchaste historias en esos llamados ¿Te acuerdas de alguna que te haya marcado?
—Sí, una muy triste porque cuando estaba empezando con temas de charlas motivacionales y de apoyo, tuve un caso donde me llamó una chica que vivía en Chillán, para pedirme ayuda porque la iban a matar. La verdad es que traté de ayudar, traté de comunicarme con personas para que la trajeran a Santiago. Y cuando volví a llamarla, me contestó la mamá y me dijo: “No, ya no está. La mataron”. Y esa fue la historia que me sigue por no haber podido poner más de mi parte.
–Debe ser difícil para ti revisitar tu propia historia al momento de trabajar en estos casos ¿Cómo fue manejar eso?
—La verdad es que aprendí rápido. O salía rápido o me echaba a morir, entonces la verdad es que es muy complicado este tema. Hay muchas historias de que los hombres han sido súper cobardes, por decirlo así, porque no han sido capaces de aportar. Están los papitos corazón y la verdad es que es muy complicado.
—¿Qué pasó en tu trabajo en la municipalidad?
—Por cambio de alcalde cambiaron a todos. Hasta yo salí en el baile. Pero estuve como tres años trabajando ahí, ayudando a las mujeres que llegaban a la municipalidad.
—Para nadie es fácil ser despedido ¿te gustaría volver a hacer un trabajo similar?
—Sí. Estoy estudiando terapeuta en hipnosis. Voy en primer año.
—¿Resulta terapéutico para ti ayudar a otros también?
—Sí, de todas maneras. Siempre ha estado en mis planes seguir con esto, seguir defendiendo a las mujeres y que no se metan en relaciones tóxicas.

Katherine Medel y el olvido
Katherine Medel dice sentir el olvido. Aun así, intenta ser justa: reconoce que gracias a apoyos estatales cuenta con dos paramédicas que se turnan de forma permanente para su cuidado. Pero su inquietud va por otro lado. Más que lo que el Estado o cualquier institución pueda darle, le preocupa lo que ella todavía puede ofrecer: acompañar a otras mujeres, especialmente a víctimas de violencia de género.
Medel pasa sus días en casa. Ve K-dramas, recorre sus redes sociales a través de un lápiz que maneja con la boca. En ellas, últimamente, ha subido videos con inteligencia artificial: en esas imágenes se levanta de la silla, camina, dejando atrás los aparatos y el respirador.
—He visto tu Instagram y tus redes sociales. La IA abre muchas cosas ¿Cómo ha sido para ti eso? ¿Te libera en cierto sentido?
—Ayuda harto. Me veo igual en algún momento, no sé, siendo robótica.
—¿Y cómo te ves en el futuro?
—Bien, me veo bien. Seguir trabajando, seguir luchando. Igual estoy adaptada a esta vida, pero cuesta buscar trabajo y esas cosas. Y si uno no tiene igual el apoyo de las personas o de la misma gente del gobierno, pucha es difícil.
—Tras ser rostro de una de las campañas más visibles del gobierno de Sebastián Piñera, ¿cómo has sentido el apoyo estatal desde entonces?
—La verdad es que yo pienso que tenía que hacer ese comercial, tenía que dar ese mensaje de poder salvar vidas más que nada.
—¿Más por ti que por ellos?
—Sí, a pesar de que sí te van dejando de lado, te van olvidando. Hay que estar siempre haciendo trámites como para que no te olviden.
—¿Qué sientes respecto a las ayudas que recibes y al abandono que percibes?
—Sí, hay un abandono. Bueno, todos conocemos la Teletón y eso, pero imagínate que se olvida siendo que es una vez al año y no nos van a olvidar a nosotros, que no estamos en ninguna institución. Bueno yo no puedo pagar algo como más de tipo terapias y cosas así, gracias al gobierno que tengo la posibilidad de tener paramédicos e insumos, porque es caro vivir así.
—Imagino que eso también genera frustración, pese a tu fortaleza. ¿Hay días en que se siente injusto?
—Sí, sí hay muchos días. Es muy complicado a veces. Ya estar en silla de ruedas y que te miren así, que digan hay como casi “pobrecita” me carga. A veces pienso como a quién le has ganado. O sea, ojalá siempre haya una ayuda para las personas como nosotros, las personas como yo. Debería haber una ley que no nos olvidaran. La verdad es que se necesita mucho, o tener mucha plata, o si no sí o sí, y la gente empieza a olvidar.
—Ese olvido no es solo institucional, también pasa con las personas cercanas, ¿no?
—Sí, ahí se ve la gente que realmente quiere estar contigo y te quiere apoyar. Y sí, ahí se ve el interés también de las personas.
—¿Te has sentido sola en ese plano más de amigos?
—La familia siempre está, pero las amistades se pierden. Se pierde la gente y después ya no eres un aporte como antes para ellos. Pero así como se va gente, llega gente buena, empática.
—¿Qué personas han llegado a tu vida en ese tiempo?
—Ella (apunta a su paramédico). Mis paramedicos son un apoyo muy grande y no todos la tienen.
—¿Has pensado en contar tu historia sin intermediarios
—La verdad que cuando iba a hacer charlas, me llamaron para contar mi historia.
—¿Te gustaría escribirla tú misma?
—Es como el sueño de todas las personas que tenemos que superar alguna adversidad.
—A pesar de todo lo que has vivido, no pareces quedarte en el rol de víctima. ¿Es una decisión moverte así por la vida?
—Yo creo que sí. Eso es perder el tiempo. Hay que ser lo más feliz que uno pueda. Entregar amor, entregar seguridad. Yo que soy mamá, hablarle sí o sí a sus hijos las cosas que puedan pasar cuando conocen a una persona. Que no sea un tabú. Porque así estamos salvando vidas.




