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Daniel Lumera

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20 de Abril de 2026

Daniel Lumera, biólogo italiano: “Hay muchas mujeres y hombres que prefieren recibir violencias físicas y psicológicas en lugar de dejar ir”

El conferencista italiano visitará por segunda vez Chile para dar una charla el lunes 11 de mayo en el Teatro Nescafé de las Artes. En conversación con The Clinic, Lumera comentó su experiencia de trabajar en cárceles de Italia y cómo se ordenó como monje a los 19 años.

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Dejar ir en las relaciones de pareja“, así se llama la charla que dará Daniel Lumera en el Teatro Nescafé de las Artes. Se trata de una conversación dirigida para aquellas personas que atraviesan crisis de pareja, duelos, separaciones o bien tienen miedo de enfrentar los nuevos comienzos de la ida.

En conversación con The Clinic, Lumera explica que “las temáticas que vamos a tocar son básicas en la experiencia humana. Por ejemplo, una charla es dedicada a la experiencia del dejar ir. Es realmente importantísimo porque esta es una sociedad que crea el sentido de identidad a través de la posesión. Creemos que de poseer la otra persona, los objetos, las relaciones cuando es cuestión de custodia, no de posesión”.

“Dejar ir es un tema que toca las relaciones. Darse cuenta de cuando una relación ha hecho su tiempo y es necesario, por amor, dejarla ir, liberarla de ti, de tus proyecciones, de tus exigencias, de tus necesidades. Pero al dejar ir toca también, por ejemplo, sueños que han hecho su curso y que simplemente se han acabado, proyectos, objetos, el pasado”, añade.

La importancia del dejar ir

A juicio de Lumera, “el dejar ir es una temática importantísima y existen herramientas para comprender qué es el apego, que es la posesión, cómo evitar estas toxicidades y al mismo tiempo cómo aprender a dejar de luchar en contra de las cosas que han hecho su tiempo. Es decir, comprender la naturaleza de la vida y vamos a experimentar algunos acercamientos prácticos que explican cómo aprender y comprender cómo dejar ir“.

—En relación a las parejas ¿Cómo una persona que está dudando puede estar segura de tomar la decisión correcta? ¿A qué señales debe estar atenta?

—Cuando una persona que está pasando un proceso en el que esté dudando si dejar ir o no, la primera pregunta es si esta relación te está consumiendo o te está nutriendo. Claro que en todas las relaciones hay momentos de conflictos, momentos donde las personas no se entienden, de rechazo, de falta de confianza, pero la primera pregunta es si constantemente cuando estás en contacto con esta persona vives una situación de tensión, hay una desconfianza crónica, hay una competición crónica, una conflictualidad crónica, estas son las bases para que una relación sea tóxica. Es necesario pedir ayuda, pedir ayuda, auto observarse, comenzar un recorrido de conciencia.

La segunda pregunta que hay que hacerse es si quiero dejar por miedo o porque tengo claridad absoluta. Muchas veces renunciamos y dejamos ir porque estamos asustados de la responsabilidad o de lo que de muchos factores, pero la otra pregunta que es realmente importante para comprender si la situación ha hecho su tiempo es considerar si existe algo más grande, un valor, un ideal, un proyecto por el cual es necesario intentar cuantos menos de seguir un poco entre comillas, luchando por esa situación.

Contestar estas preguntas es un mapa, una brújula que nos permite hacer claridad dentro de nosotros y comprender si estamos luchando en contra de un muro o de algo que ya ha muerto. Porque la mayoría de las personas han dejado de relacionarse con el partner, se relacionan con la idea que tienen del partner, que representa la seguridad, que representa la familia, que representa la necesidad de ser amado, atendido, cuidado. Entonces, han dejado de ver a la persona, siguen viendo la idea que tienen de la persona. Es por esto que tienen más miedo de la vacuidad que va a dejar la ausencia de esa persona respecto a la posibilidad de dejarlo ir.

Vivir el duelo

—¿Crees que las personas muchas veces se demoran en dejar ir y dilatan el proceso?

—Muchísimo, muchísimo. Nos apegamos al dolor, a la tristeza y a la depresión que una relación crea. Hay muchas mujeres y hombres que prefieren recibir violencias físicas y psicológicas en lugar de dejar ir, porque este dolor, el dolor que la presencia de la otra persona provoca en ti, se transforma en una parte de tu identidad, de tu día a día, de tu sentido de quién eres y tú te apegas al dolor y prefieres sufrir y estar mal en lugar de liberarte de esta toxicidad.

Es impresionante como el ser humano se autodefine a través del dolor, se apega al dolor y se apega a las situaciones y relaciones tóxicas. Por esto hay personas que siguen años sin despedirse, sin tener la energía, el nivel de conciencia, de claridad para dejar ir.

—También hablabas del dejar ir en el concepto del duelo ¿Cómo se debe vivir correctamente el duelo?

—El primer consejo que puedo dar es el de ritualizar el duelo. Es decir, crear momentos diarios de media hora, de 20 minutos, donde se entra en el duelo. Por ejemplo, a través de una carta de gratitud se agradece todo lo que ha sido, se entiende el don y el valor de esta vida y se comprende cómo poder aplicar este valor y este don a nuestras elecciones, proyectos, para permitir a nuestra vida de ser la persecución, el extenderse de la vida de la persona que se ha ido. Hacerla vivir a través de nosotros, de nuestras elecciones, comportamientos, proyectos.

Al mismo tiempo es muy importante no rechazar este dolor. Hay muchas técnicas que vamos a explorar presencialmente, donde entramos con la respiración consciente en un duelo, en el sentir tr isteza, en el acoger esa tristeza, en el acoger y en el sentir profundamente la incertidumbre, la soledad, la falta, la vacuidad.

Cuando nosotros aprendemos a habitar conscientemente estas cosas sin rechazarlas, somos capaces también de atravesarlas porque la respiración consciente es una de las prácticas más poderosas para poder explorar lo que sentimos poniendo ahí adentro la vida, la ciclicidad de la vida. Inspirar significa aceptar, inspirar significa coger, aceptar lo que hay, sintiéndolo hasta el fondo. Expirar significa dejar ir, abrir las manos.

La experiencia de Daniel Lumera como monje

—Tu trabajas en cárceles de Italia ¿Cómo ha sido esa experiencia?

—Es una experiencia de crecimiento maravilloso porque allí adentro las personas te piden paciencia, te piden empatía, te piden compartir dolores muy profundos, impotencia de no juzgar. Al mismo tiempo es una experiencia muy formativa, muy profunda. Yo soy voluntario. Es fuerte como experiencia, pero estas personas representan lo que somos, una expresión de la sociedad. La mayoría de estas personas son personas que no han tenido una posibilidad en la vida, han nacido en lugares violentos, no eran violentas, no sobrevivían. Entonces nosotros, el Estado, lo vamos castigando una segunda vez. Para mí ellos representan el fracaso de una sociedad, de un sistema educativo, de la incapacidad del Estado de estar presente para los ciudadanos.

Yo voy allí porque servir a estas personas, recuperar estas personas, ayudar a estas personas a que sean menos violentas, a que cuando salgan no sigan repitiendo, para mí es un servicio que yo ofrezco para la seguridad de todos. A veces yo veo que las personas cristianas que he encontrado en mi vida son las que menos tienen compasión, es una paradoja, pero es así. Para mí esta es una forma de crecimiento y cada vez que se recupera una persona, la persona que el detenido, el preso, es capaz de integrar su pasado, integrar, liberarse del dolor, transformarse, ser una persona mejor, es un éxito que me nutre y por eso lo hago.

—También leía que a los 19 años fuiste ordenado monje ¿Cómo recuerdas esa experiencia?

—Todavía vivo según líneas guías monásticas laicas, porque mi maestro fue un discípulo directo del Mahatma Gandhi. Fue una experiencia maravillosa, porque la primera vez que experimenté la meditación fue tan profunda, tan transformadora, tan enriquecedora, tan llena de amor la experiencia, que cambió radicalmente mi vida. Yo dije ‘tengo que comprender qué es esto, ir hasta el fondo’. Me inicié, cogí los votos monásticos para 11 años, fue monje laico en la tradición endovedántica y fue una experiencia de disciplina, de ardor, de consagración, de estudio, de entrega, de don, maravillosa. Fue un laboratorio de valores, de paciencia, de constancia, de humildad, de devoción, de servicio, de compasión, o sea, ha sido muy, muy importante.

Al día de hoy ha sido la experiencia más importante de toda mi vida.

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