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Javier Markic

Tiempo Libre

20 de Abril de 2026

De Puente Alto a Hollywood: la historia del chileno que postuló por Linkedin y llegó a trabajar para The Pitt, Taylor Swift y Coldplay

 Javier Markic se ha consolidado como uno de los talentos chilenos más destacados en la industria global de efectos visuales. Radicado en Los Ángeles (Estados Unidos), el realizador y supervisor de composición VFX ha participado en más de 56 producciones internacionales, posicionándose como un nombre clave detrás de algunas de las apuestas más ambiciosas de Hollywood.

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Cuando Javier Markic salió de cuarto medio, no tenía muy claro qué hacer con su vida. Tras pensar en su futuro, decidió estudiar técnico audiovisual. Sin saberlo, ese sería el primer paso de un camino que hoy lo tiene viviendo en Los Ángeles, trabajando en un prestigioso estudio creativo que colabora con Amazon, HBO, Netflix, Apple, Paramount, Hulu, FX, Universal y Warner Bros., y participando en títulos como “Horizon: An American Saga”, “The Pitt” y “The Terminal List”, entre muchos otros.

“Fue un poco un accidente”, reconoce. “Cuando terminé de estudiar, hice mi práctica en un estudio de postproducción. Si bien durante la carrera ya tenía interés por esa área, trabajar ahí me permitió aprender mucho más rápido y, además, apasionarme aún más por la postproducción”.

En 2020 fue reclutado por Ingenuity Studios en Canadá, donde su crecimiento fue meteórico. En pocos años ascendió a Compositing Supervisor y luego fue trasladado a Los Ángeles bajo una visa de conocimiento especializado, destinada a profesionales con experiencia y habilidades técnicas altamente específicas.

Uno de sus trabajos más recientes fue su participación en el capítulo final de la segunda temporada de “The Pitt”, la exitosa serie de sala de emergencias de HBO. “Es una combinación de lo real con efectos visuales para que cobre vida y se vea real, incluso grotesco en algunas situaciones, como tiene que ser”, explica.

“En este caso, trabajé en el último episodio, específicamente en la secuencia del bebé que aparece al final. Obviamente no es un bebé real, pero tiene que verse como si lo fuera. Ahí es donde entra nuestro trabajo, para hacerlo creíble”, detalla el oriundo de Puente Alto.

El especialista en efectos visuales también ha trabajado en videoclips de algunos de los artistas más relevantes de la industria, como “Taylor Swift – Willow” y “Coldplay x BTS – My Universe”.

“Yo creo que lo que tienen en común es que, al ser artistas de esa talla, todos requieren excelencia dentro de lo posible. Los tiempos siempre son determinantes en el resultado y, en general, los videoclips tienen un ritmo muy rápido: hay que hacer los proyectos en poco tiempo y las exigencias son altas”, explica.

Y agrega: “Visualmente, un videoclip tiene que cautivar. A veces los artistas tienen ideas muy locas, y eso es lo más complejo, porque requieren mucho trabajo y el tiempo siempre es corto. Ahí uno tiene que encontrar soluciones y atajos para poder lograrlo”.

Su camino hasta Hollywood

Su punto de partida fue Atómica, en Chile, donde comenzó a entender el oficio y donde apareció la inquietud por ir más allá. “Ya había conocido a gente en el medio, entonces dije: bueno, voy a intentar hacer freelance”. No era solo una decisión económica, sino también una apuesta por el tiempo y la autonomía: “quizás así podía ganar más y tener más tiempo libre”.

Ese salto lo llevó después a Garage VFX, también en Chile, donde permaneció más de tres años en una etapa que considera clave. “Fue donde se me abrieron los ojos”, dice. El cambio no fue solo técnico, sino también de escala: “empezamos a trabajar en series más grandes y el trabajo se volvió más complejo”.

Pero ese crecimiento trajo una pregunta inevitable: qué venía después.

“Estoy trabajando aquí en Garage, todo súper bien, pero ¿qué es lo que sigue?”, se cuestionó. Y la respuesta no estaba en Chile. “No existe una gran industria; el medio es pequeño y los estudios de efectos visuales son pocos, se cuentan con los dedos de la mano”. Ahí surgió la idea de salir: “pensé que lo mejor era buscar oportunidades fuera”.

El proceso fue menos épico de lo que parece y mucho más insistente. “Postulé a cientos de trabajos, por LinkedIn, buscando”. Hace una pausa y dimensiona el esfuerzo: “apliqué fácil a ochenta trabajos y solo uno me respondió”.

Pero fue suficiente. “Cuando las oportunidades se presentan, no hay que dejarlas pasar. Si uno no las toma en el momento, después el tren ya pasó”, dice.

Ese único correo lo llevó a una prueba contrarreloj. “Tienes una hora para resolver esto”, le dijeron. La presión fue inmediata: “estaba muy preocupado, pensaba ‘¿cómo voy a hacer esto en una hora?’”. Hizo lo mejor que pudo y lo envió. Luego vino la entrevista formal, con otra dificultad: el idioma. “Mi inglés no era el mejor, era básicamente lo que aprendí en el colegio”.

Su impresión fue negativa. “Según yo, me fue mal”. Pero al día siguiente llegó la sorpresa: una oferta laboral.

“Fue súper rápido. Me preguntaron cuándo era lo más pronto que podía ir a Canadá, y dije: el próximo mes”. Y así fue. En pocas semanas tuvo que cerrar su vida en Chile: “dejar todo, echar mis cosas en la maleta y partir”.

Primero fue Canadá, donde estuvo tres años y medio, principalmente en Vancouver. Luego vendría Los Ángeles. Pero ese primer salto —hecho de incertidumbre, apuro y una oportunidad mínima— fue el que cambió todo.

Así, con una combinación de sensibilidad artística y precisión técnica, Javier Markic representa a una nueva generación de profesionales chilenos que están abriéndose camino en la industria audiovisual global, demostrando que el talento local puede competir en los escenarios más exigentes.

“Yo creo que hay que hacer las cosas, no esperar: simplemente hacer y obsesionarse un poco. Porque eso es realmente importante. Cuando uno hace algo que le gusta, en cierto punto se obsesiona de manera sana, y eso es clave para seguir progresando”, cierra.

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