Carta a la directora: El suicidio juvenil en Chile: ¿cuántos nombres más faltan para que sea una urgencia?
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El aumento del 31% en el suicidio adolescente tras la pandemia y del 68% en mujeres jóvenes no es solo una cifra: es un reflejo de una crisis estructural que Chile no está enfrentando a tiempo. El propio MINSAL ha señalado que el suicidio es la segunda causa de muerte en adolescentes. Sin embargo, la magnitud de esta tragedia tiene raíces profundas y una trayectoria alarmante: según datos expuestos por el académico Tomás Soto Aguirre, entre 2002 y 2024 el alza en los indicadores de suicidio adolescente se incrementó en un 122%, una cifra demencial que no ha tenido la difusión necesaria.
La pregunta ya no es estadística, es ética: ¿cuántos nombres más faltan para que esto sea una urgencia real? Según UNICEF, el 13,7% de los adolescentes entre 15 y 17 años se encuentra en tratamiento de salud mental. En ese contexto, la ideación suicida no debe entenderse como un gesto de atención, sino como el resultado de entornos que están fallando en proteger adecuadamente a niños, niñas y adolescentes.
Esta falla se agudiza en un sistema escolar que hoy expulsa a sus miembros: cerca de 45 mil estudiantes desertaron solo en 2025, sumándose a un preocupante 10% de alumnos de enseñanza secundaria que abandona cada año. Incluso el cuerpo docente, pilar fundamental de apoyo, se ve sobrepasado: el 10% de los profesores deja su labor profesional en sus primeros cinco años de ejercicio.
Desde el trabajo en terreno vemos una realidad repetida: familias vulnerables esperando meses por atención psiquiátrica, mientras el sufrimiento avanza sin contención. La salud mental en la infancia y adolescencia no puede depender del nivel socioeconómico ni del acceso oportuno a un sistema ya tensionado.
La prevención no comienza en la urgencia, sino antes: en hogares fortalecidos, redes de apoyo reales y un Estado que garantice salud mental con enfoque territorial y de trauma. Ningún niño, niña o adolescente debería enfrentar en silencio un dolor que condicione su vida.