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“Cada vez que se lo llevaba era un día terrible”: Los miedos de las madres destapados por el caso Isidora

Esta semana murió una niña de 2 años mientras cumplía un régimen de visitas con su padre, luego de caer de un onceavo piso. Una tragedia que ha abierto otra conversación: madres y niños que deben sufrir todo tipo de violencias, desde económica, a verbal, a padres que aparecen y desaparecen cuando lo desean. The Clinic habló con madres que sufren cada vez que deben entregar a los niños. "Hay sujetos que han llegado con botellas de alcohol abiertas en el auto a buscar a los hijos, sin la silla. Y la respuesta de las instituciones a las mujeres es, 'déjelo tranquilo, por lo menos lo está intentando'", cuentan.

Por 23 de Mayo de 2026
Sandro Baeza
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La puerta se abre, el niño sale y la madre se queda parada en el umbral mirando cómo se aleja. No sabe qué va a pasar adentro. No puede saberlo y no tiene control sobre eso. El régimen de visitas dice que ese tiempo no le pertenece, y el tribunal ya le explicó que mientras el niño esté con el padre, ella no puede intervenir. La madre cierra la puerta, y espera.

La muerte de Isidora, la niña de dos años y ocho meses que cayó de un undécimo piso mientras cumplía un régimen de visitas, centró el debate en la instalación de mallas en edificios en Santiago. De hecho, la ley Valentín, que obliga a los edificios a poner malla de seguridad y llamada así por un niño de cinco años que cayó desde un piso 13 el año pasado, fue aprobada en el Senado esta semana.

Sin embargo, este hecho deja ver un tema aún más complejo, donde hay muchos tipos de violencia: económica, sicológica, verbal y por negligencia. En el caso de Isidora, el problema no fue solo la falta de malla de seguridad en un piso alto: estaba durmiendo sola cerca de una ventana de fácil apertura. El fiscal que lleva el caso, Jorge Reyes, planteó que la muerte de la niña se debió “a la total falta de cuidado y preocupación de su padre”. El progenitor solo la tenía a su cargo 8 horas al mes. 

En 2025, ingresaron a los Juzgados de Familia 235.229 causas por vulneración de derechos, la cual contempla cualquier agresión a los derechos de niños, niñas y adolescentes, la cual puede ser constitutiva de delito o no.

En Chile, más del 12% de los hogares son monoparentales, según datos del Instituto de Estadísticas; dentro de ese porcentaje, 8 de cada 10 son mujeres jefas de hogar.  The Clinic conversó con madres que vivieron, y siguen viviendo, situaciones de negligencia parental: Deuda de pensión de alimentos, violencias y situaciones que han puesto en riesgo la vida de sus hijos. 

La punta del iceberg: la violencia más allá de lo económico

Marta Sandoval es madre de dos niñas y activista de derechos maternos. Cuenta que el tema de deuda de pensión de alimentos es algo que siempre estuvo presente en su vida. Lo vivió con su propio padre, lo vivió con el papá de sus sobrinos y lo vivió en carne propia. 

Según datos del Ministerio de la Mujer, hay casi 300 mil deudores de pensión en el país, y el 96% de ellos son hombres. En los 60 Juzgados de Familia, solo en 2025 ingresaron 1.013.741 causas. La mitad de ellas eran por materia de pensión de alimentos. 

Sin embargo, Sandoval explica que la pensión de alimentos es lo que es más cuantificable o medible en torno a la irresponsabilidad de los padres en Chile. Pero eso definitivamente no es lo más violento que viven las mujeres madres en un país que va aumentando de hogares monoparentales. 

Una madre, que prefiere mantener su identidad resguardada, contó a The Clinic que tiene un hijo de diez años. En el 2017, cuando el menor apenas tenía un año de edad, su padre la golpeó frente a él. Ella cuenta que el padre salía todos los fines de semana de fiesta, y llegaba en estado de ebriedad y habiendo consumido drogas. En una ocasión, la madre encontró a un desconocido durmiendo en el living de su casa. Al pedirle explicaciones a su pareja, la respuesta fue golpearla y tirarla por las escaleras. Además de eso, el marido la obligó a tener relaciones con él, a pesar de que el menor estaba solo y llorando en otra habitación de la casa. 

Luego de este acontecimiento, la madre fue a declarar al Tribunal de Familia y el caso fue derivado a Fiscalía. “Ese día él estaba en la audiencia, se burlaba de mí frente a todo el mundo, me expusieron delante de mucha gente que iba por otros casos, y a él solo le dieron una orden de alejamiento”, cuenta. 

Después de eso, el padre desapareció de la vida del menor, hasta que cumplió cuatro años y se lo toparon en la calle. Ella detalla que el progenitor le pidió perdón y le dijo que quería empezar a ver a su hijo.

Ambos padres fueron a mediación y se estableció un régimen de visitas: “Ahí empezó otro infierno. Las visitas eran dos sábados al mes, desde las 10 hasta las 18 hrs. Me llamaba antes de que se cumpliera el horario. Me amenazaba, me decía que si no llegaba iba a dejar al niño solo en los Carabineros y allá tendría que ir a buscarlo. Cada vez que se lo llevaba era un día terrible para mí, porque no sabía lo que iba a pasar”.  La mujer cuenta que era normal escuchar amenazas del padre, quien le dejaba mensajes llenos de agresiones, aludiendo que ella estaba de fiesta mientras él cuidaba al niño.

Luego de unos meses, el padre dejó de buscar a su hijo, hasta que hace un año la citó nuevamente a mediación. Cuenta que las visitas siempre fueron intermitentes, pero que en enero de este año, cuando el menor estaba con su papá, tuvieron una discusión por algo cotidiano: “Él hizo que el niño me llamara por teléfono y yo lo fuera a buscar. Mientras mi hijo hablaba conmigo él le gritaba ‘dile a tu mamá que vaya a tribunales a pedir el cese de visitas, no te quiero ver más’”. Y hasta ahí duró el régimen de visitas. 

Marta opina que “en el fondo a la sociedad y a la institucionalidad le falta reconocer que existe este tipo de violencia. Hasta el día de hoy, todos los supuestos en que está la ley y la forma de utilizar las atribuciones de los tribunales están basados en que no existe violencia”.

El cometa Halley

Patricia Marambio, tiene dos hijos, que fueron abandonados por su padre en el 2018, cuando apenas tenían 9 y 7 años.  El padre decidió salir del país sin avisar, cortando toda forma de comunicación con Patricia y sus hijos. Aunque ordenaron un régimen de visitas en 2012, él nunca lo cumplió: “Era el cometa Halley. Iba y venía de la vida de mis hijos”. 

Patricia es la fundadora de un colectivo llamado “Resistencia Materna”, que se encarga de acompañar a mujeres con diferentes problemas ligados a la negligencia paterna. Al día de hoy, acompañan a más de 100 mujeres. Cuenta que “todas las que estamos en Resistencia tenemos violencia económica. Todas”.

Luego de que entrara en vigencia la Ley “Papito Corazón”, Patricia pudo demandar y pedir pensión a través de la AFP y arraigo nacional para el progenitor. Desde 2024, sus hijos reciben pensión de alimentos, aunque no tienen ningún tipo de vínculo con su papá. 

Cuenta que es muy común escuchar historias de madres con miedo de dejar a sus hijos con el padre: “Hay muchas mujeres que cuentan que el padre consume, es alcohólico, que vive con otras personas, que le da miedo que vayan los niños”. Cuenta que en la mayoría de los casos se le informa al Tribunal, pero este dice que en el tiempo que está con el papá, la madre no se puede meter.

“Esto que hacen los tribunales, de decir que los problemas que tengan con el ex lo arreglen en la casa… No son problemas, son violencias. Está super normalizada y ese es el gran problema” manifiesta Patricia. 

Valentina Matulic tiene un hijo de 2 años y está separada del padre desde que está embarazada. Ella vive en Santiago con su hijo, y el progenitor vive en Copiapó. El tiempo estipulado por el Centro de Mediación de Copiapó es de una videollamada día por medio con el padre, y una visita a la capital una vez al mes, aunque, según cuenta Valentina, el padre dijo que no podía comprometerse a esto último. 

Hace unos meses, cuando el niño estaba bajo el cuidado del padre, el menor ingirió veneno para ratas. Aunque no tuvo mayores consecuencias, el evento les costó una ida al hospital y mucha angustia para la madre. “Yo no iba a dejar a mi hijo en un lugar donde no pudieran cuidarlo. Finalmente me lo llevé a la fuerza y todo terminó en peleas”, cuenta Valentina. 

Detalla también que es común que el padre de su hijo la amenace con la custodia del hijo, “yo esto lo voy a dejar bajo el poder judicial, te voy a demandar”, son las cosas que escucha constantemente: “Siempre me quiere quitar a mi hijo. Entonces uno también tiene que flexibilizar frente a cosas aunque no quiera por miedo a que me lo quiten”. 

“Déjalo tranquilo, por lo menos lo está intentando”

Luego de que la noticia de la muerte de Isidora se diera a conocer, por la gravedad del hecho, generó muchas reacciones en las personas. Marta Sandoval cuenta que vio miles de comentarios en redes sociales culpando a la madre de la menor, incluso a la pareja del padre: “‘Cómo no va a estar atenta a la niña’ decían, ‘la culpa es de la mamá por habérselo entregado a un sujeto alcoholizado’ como que ella tuviera que andar con un alcotest o tuviera las atribuciones para fiscalizar”, manifiesta. 

“Yo lo he visto a través de mi década de activismo en esta área. Sujetos que han llegado con botellas de alcohol abiertas en el auto a buscar a los hijos, sin la silla, evidentemente en estado de embriaguez. Y la respuesta de las instituciones a las mujeres es, ‘déjelo tranquilo, por lo menos lo está intentando, búsquese un pololo, no esté obsesionado con él, él tiene que aprender, déjelo que él aprenda’ como si los niños fueran como un sujeto de experimento”, agrega. 

Constanza Aguirre tiene un hijo de cuatro años. Se separó del padre de su hijo cuando el menor tenía un año, luego de mucho abuso y violencia psicológica. El padre nunca le dio dinero para cubrir los gastos del niño. Constanza cuenta que su único aporte eran pañales que llevaba a su casa muy esporádicamente. 

Un día el padre pidió ir a mediación para compartir la custodia del niño, que terminó siendo una estafa orquestada por el progenitor. Constanza empezó a recibir amenazas de muerte hacia el niño, y logró conseguir una orden de alejamiento. A pesar de esta situación, la madre accedió a que el padre hiciera videollamadas con el hijo, que, según cuenta Constanza, eran muy breves, ya que su hijo tiene un retraso de lenguaje y no habla. 

La madre detalla que recibía malos tratos constantes del papá de su hijo: “Las palabras son siempre las mismas. Dice que soy mala mamá, que yo no lo supero y por eso que lo estoy molestando con la pensión, que si mi hijo no habla es por mi culpa, que yo me preocupo de otras cosas antes de preocuparme de la crianza de mi hijo. Y así infinitas cosas que al final se excusa para no mandar pensión”. Constanza nunca pudo demandarlo, pues era un migrante en situación irregular en el país. AVive en Estados Unidos desde 2023 y desde entonces solo ha enviado dinero para su hijo en tres ocasiones.

Según las mujeres consultadas, el bajarle el perfil a situaciones de violencia es común tanto en el Poder Judicial como en la sociedad. Como sintetiza Marta Sandoval, aludiendo al caso de Isidora: “Culpar a la mamá por no haber pedido suficientes pruebas para ver que la malla estuviera, es síntoma de una sociedad y una institucionalidad que siempre le baja el perfil a lo que dicen las madres o las cuidadoras principales”.

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