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Negocios

10 de Junio de 2026

La historia de la mujer que aprendió a hacer papas fritas en un campamento minero y fundó una histórica marca chilena

Nacida en una pequeña fábrica instalada en el patio de una casa en Rancagua, Papas Primor se ha consolidado como uno de los snacks más queridos por los chilenos. Su receta artesanal ha trascendido a lo largo de tres generaciones de una misma familia y hoy su producto sigue presente en los priniciaples supermercados del país. “Papitas Primor es lo mejor en sabor, cada vez que las comemos nos traen recuerdos”, comenta uno de sus clientes.

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En 1973, Rosa Cáceres decidió transformar en negocio un conocimiento que había adquirido años antes en el campamento minero Sewell: preparar papas fritas para los trabajadores que ocupaban altos cargos, en su mayoría estadounidenses. Así, comenzó su emprendimiento con una pequeña fábrica que instaló en el patio de su casa en Rancagua. Lo que partió como una producción artesanal hecha entre ollas y sartenes familiares terminó convirtiéndose en Papas Primor, una marca chilena con más de medio siglo de historia que ha pasado por tres generaciones familiares.

Hace más de diez años que Jorge Ávila, nieto de Rosa, se hace cargo del negocio. A prinicipios de 2025, trató de hacer un cambio de imagen a la marca, pero su intento falló rotundamnete. “Lancé un envase, con una imagen un poco más rústica y tratando de pasar a un envase un poco más moderno y premium. Pero la gente no lo quiso. Para los primeros días de marzo, ya estaban todos pidiéndome de vuelta el envase normal”, cuenta Jorge.

“El envase les genera cierta nostalgia, y cambiarlo es como cambiar la marca”, asegura. La frase refleja el vínculo que muchos chilenos mantienen con Papas Primor, una marca que evoca recuerdos de infancia y a la que le guardan especial cariño por su característico diseño y su receta, que se ha mantenido intacta por décadas y que se basa en solo tres ingredientes: papas, aceite vegetal y sal.

“Nosotros, durante todos estos años, hemos mantenido el proceso lo más artesanal y natural posible. Se han hecho mejoras en poder aumentar el volumen, pero no se ha cambiado. La clave de todo esto, es la fritura a mano. Hoy en día tenemos una freidora gigante que tienen 400 litros de aceite, pero se sigue friendo a mano, se tira el producto a mano, se revuelve a mano y se va tanteando a mano en el minuto que ya está frito y listo para salir. Y eso mantiene el sello que le dio mi abuela hace más de 50 años“, explica su dueño.

En otra oportunidad, la marca incorporó un corte ondulado a sus papas fritas, al estilo americano, lo que tampoco fue bien recibido por los chilenos. “La gente reclamaba que era otro producto, que había un cambio de la receta y solamente habíamos hecho el cambio del cuchillo”, cuenta.

Papas Primor también cuenta con ramitas y suflés, y se pueden encontrar sus productos a través de su página web, y en los grandes supermercados del país, como Jumbo y Líder, además de cadenas regionales, como Casa Gamovi. Su clásica bolsa transparente de 230 gramos cuesta $3.190.

“Se siente una responsabilidad grande de mantener la tradición y mantener el producto como la gente lo recuerda”

Este año, la marca comenzó a potenciar sus redes sociales, con el fin de registrar un poco de su historia y que la gente recordara a Papas Primor. “Queríamos tener un poco más de presencia en las redes para poder mostrarnos, para poder mostrar que todavía existimos, que después de 50 años seguimos haciendo el mismo proceso”, relata Ávila.

“Es un honor poder seguir esta tradición y que haya tanta gente que las prefiera”, valora Ávila. Y su plan es seguir haciendo crecer su oferta a lo largo del país.

“Hoy en día estamos tratando de hacer ciertas asociaciones con distribuidores, así como tenemos en Viña y Santiago, poder empezar a hacerlo región por región, para lograr llegar con el producto a los almacenes, botillerías y a todos los locales que son del canal tradicional”, asegura.

“Se siente una responsabilidad grande de mantener la tradición y mantener el producto como la gente lo recuerda, se siente ese peso, esa responsabilidad de poder continuar con esto. Y bueno, también el orgullo de seguir con el producto que creó mi abuela hace 50 años”, sentencia Ávila.

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